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Diálogos: parte 2.
Pasa una especie de cortina plástica con motivos florales y el rosa más feo que he visto en mi vida, a través de la cual me asomo para percatarme de que está hundiendo un vaso de plástico duro en una de esas cubetas de pintura, pero que contiene agua… o lo que parece agua; se percata de mi presencia y dice, “es lo más fuerte que tengo”, yo le digo que no hay problema y extiendo mi mano para recibir el vaso, él no atiende a ese detalle y saca un pequeño recipiente, veo cómo vierte algunas gotas de algo en mi vaso y pretende revolver el contenido con un pequeño movimiento de su mano. Finalmente me lo extiende, yo dudo por un instante, pero no es tiempo suficiente para plantear una pregunta que no pueda ser interpretada como desconfianza.
- No se preocupe, tiene un efecto similar al alcohol, sólo es más placentero y menos agresivo con el organismo, es probable que al igual que el alcohol agilice nuestra comunicación.
- Gracias, ya he probado ciertas sustancias… ilegales, y definitivamente he tenido peores experiencias con las legales.
- Sabe, todo este asunto legal me parece una de las más grandes presunciones de la humanidad, la vida de la gente es regulada y hasta juzgada por personas que ni siquiera entienden de Ética, uno quisiera ver argumentos filosóficos tanto en los palacios legislativos como en los tribunales. Muchos podrían pensar que el núcleo de las religiones es la divinidad, en todas sus formas, sin embargo, el núcleo de las religiones es la Ética.
- Veo que usted concibe particularmente una religión sin dios.
- La palabra dios como todas las palabras, son a la vez un concepto y una subjetividad. Cuando la gente es parte de una religión y la conoce bien, apega su entendimiento de la divinidad al cómo es definida por dicha religión. También debo decir que a lo largo de mi vida he conocido a mucha gente que se declara de tal o cual religión, pero su concepción de la divinidad es completamente diferente a la establecida por dicha religión. Esto es normal, históricamente se ha utilizado el sincretismo para obtener una mayor cantidad de seguidores.
- Y qué mayor sincretismo que la subjetividad que usted promueve…
- Veo que ha hecho efecto rápidamente su bebida. Efectivamente, a un nivel abstracto podría ser considerado el sincretismo supremo, sin embargo eso no ayudaría con el problema de la injusticia social…
- De alguna manera sí, primero obtiene seguidores, luego promueve sus políticas públicas.
- La historia ha demostrado que ese camino no funciona. Pasa tanto tiempo que cuando ya hay suficientes evangelizados ya murieron los evangelizadores…
- Pero no depende de ellos el mensaje…
- Por un lado sin ellos no hubiera sido posible transmitirlo, imagínese en el siglo dieciséis convenciendo a un nativo que habla otro idioma de raíces completamente desconocidas, que su forma de vida no es la más adecuada, eso no ocurre con palabras, sino con obras, aquellos evangelizadores tuvieron qué evidenciar que vivir de manera diferente era mejor…
- Pero de manera tramposa…
- Por supuesto usaron “espejitos”, pero aquellos nativos no eran tontos, también tenían qué ver un beneficio personal o comunitario al adoptar nuevas prácticas religiosas…
- Tomaron sus prácticas y las adaptaron, para después destruir sus tradiciones…
- ¿Ahora lo ve? La Ética es el núcleo de las religiones, estos manipuladores profesionales pensaban en un bien mayor, y así es en la vida diaria, todos hemos hecho actos cuestionables pensando en un bien mayor, evidentemente subjetivo.
- ¿Y cómo saber si estamos equivocados?
- Fácil, asumamos siempre que estamos equivocados, es lo más probable, pero aún así persigamos humildemente el conjunto de principios que para nosotros hace sentido.
- “Hagamos lo que creemos incorrecto…”
- Es mucho más complicado que eso. Hoy jugamos con dualidades éticas, el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo luminoso y lo sombrío. En la realidad, dependiendo de la sociedad que juzgue, puede haber personajes que se vuelvan íconos de la bondad o de la maldad, Gandhi y Hitler por ejemplo, pero, ¿es posible aseverar que todo lo que decía el primero era correcto y el segundo incorrecto?, sin embargo, al considerarlos símbolos, es posible que mis principios sean más influidos por el primero que por el segundo, luego al ser parte de un paradigma, es posible que la mayoría se vea más influida por el primero que por el segundo. Pero el mayor reto no es encontrar los principios que nos satisfagan más que otros, sino seguirlos, ser congruentes.
- ¿No es exactamente lo que ocurre hoy en día?, las mayorías prefieren ser como Gandhi que como Hitler…
- No, hoy no identificamos nuestros propios principios, hoy seguimos los que nos enseña el contexto social, religioso, incluso legal. No se trata de tomar a cada símbolo como ejemplo, se trata de entender que nadie mejor que nosotros mismos para tener voz y voto respecto a qué nos hace más sentido en términos éticos. Los símbolos son inspiraciones pero, ¿cuántos seguidores de Gandhi se han convertido en Gandhi?
- Ninguno. Pero quiero terminar de entender algo, por un lado, la verdad se vuelve un asunto democrático en la medida que existe un paradigma, por otro lado usted invita a que no sigamos los paradigmas sino que ubiquemos principios individuales.
- ¿Lo ve? La comunicación se aceleró de manera importante. Acaba de tocar el punto medular. El gran paradigma que promuevo es el cuestionamiento de los paradigmas, la aceptación autocompasiva, en un contexto budista, de la inmensa probabilidad de que estemos equivocados, pero el apego congruente a lo que nos hace sentido personalmente.
- Seguro ya le han preguntado antes… ¿qué pasa cuando el principio le dice a alguien que matar es correcto?
- Ya me lo han preguntado antes pero nadie se ha atrevido a publicarlo. Yo hoy no me siento capaz de juzgar un acto sin un contexto, la teoría legal se ha encargado por un lado de darle una serie de connotaciones al asesinato y las sociedades también han tenido un punto de vista mucho más flexible de lo que se pudiera creer. Una inocente ama de casa durante la Segunda Guerra Mundial pudo el mismo día sentir felicidad por enterarse del encarcelamiento del tipo que asesinó al tendero y recibir como héroe a su esposo que siendo piloto de un bombardero mató a miles de personas. Y desde una perspectiva sociológica, si exclusivamente la gente que creyera correcto matar matara, seguramente se perderían menos vidas todos los días, y aún así, si lo apegáramos estrictamente a la religión o paradigma que promuevo, al menos cada uno de esos asesinos sabría que lo más probable es que esté equivocado y tendría la apertura de escuchar argumentos que podrían hacer que cambie de opinión.
- ¿No se vuelve utópica su propuesta?
- Cuando pensamos en utopías, tendemos a imaginar el mundo que queda como resultado de la propuesta utópica, de hecho la palabra Utopía comienza significando un lugar, una isla, una especie de paraíso. Estoy convencido que un mundo que siguiera este paradigma sería un mundo mejor, pero no visualizo ese mundo, ahora mismo lo que veo de valor es el camino hacia lo inalcanzable, el comenzar a entender cuáles son nuestros principios, el empezar a ser congruentes, entender que lo más probable es que estemos equivocados y mantener nuestras mentes abiertas a ideas diferentes, ir superando nuestras propias fronteras, irnos volviendo ilimitados en la medida que nos comunicamos con otros seres.
- ¿Humanos?
- Sería limitante decir eso para aquél capaz de comunicarse con cualquier otro ente.
- Entiendo. También entiendo que si bajo cierto contexto matar puede ser un acto congruente basado en un principio, en la religión que propone no se plantea un premio o castigo.
- Efectivamente, pensar que todo lo que se hace en esta vida se paga es la manera simplista de entender un fenómeno completamente diferente; que todos encuentran sus razones y sinrazones para hacer las cosas. Siempre será aventurado calificar algo de malo cuando no se tiene todo el contexto, y siempre será imposible tenerlo por completo.
- ¿Tiene más de su… agua?
La Sociedad de Hiperconsumo.
Con este nombre, Gilles Lipovetsky presentó una plática hace unos meses en el ITESM y decidí acudir.
Es un filósofo reconocido y fue muy interesante, principalmente, cómo estructuró el tema para presentarlo, organizado y metódico, transmitió conocimiento al alcance de cualquiera.
El punto focal fue un análisis en torno a cómo la sociedad ha reaccionado al consumo. Lo divide en tres etapas:
1. Siglo XIX a finales de la Segunda Guerra Mundial. Aquí el tipo de consumo es completamente ad-hoc a la clase social y hay diferenciaciones sumamente claras, se notaba cuando alguien de una clase social pretendía tener mejores cosas (incongruentes con su poder económico) y era fuertemente presionado por el resto de su grupo social.
2. Segunda mitad de los cuarentas a finales de los setentas. El consumo se vuelve de competencia en un contexto familiar, para las amas de casa es importante alimentar mejor a su familia, para los “jefes de familia” es importante ir a mejores lugares de vacaciones, tener una mejor televisión para reunir a la familia.
3. Final de los setentas a la actualidad. El consumo se vuelve individualizado, ahora ya es importante tener una televisión para cada miembro de la familia, un teléfono celular, ropa que los distinga de acuerdo a su personalidad. En esta tercera etapa el consumo se vuelve masivo y el crecimiento exponencial.
A esta sociedad Lipovetsky la llama “de hiperconsumo”. El individualismo de consumo que la caracteriza, tiende a relacionarse directamente con lo que llamamos “necesidades personales”. Nos es imposible casi imaginar una vida sin demasiadas cosas, sin celular, sin computadora, sin internet, sin televisión por cable, sin lector de dvd’s, sin consola de videojuegos. Las necesidades personales cada vez son más, y la libertad de elección entre una infinidad de opciones que presenta el mercado, no parece estarnos satisfaciendo.
La principal conclusión a la que llega, es que el consumo no nos está dando la felicidad.
¿Parece obvio?, parece que casi todos creemos que el dinero no garantiza la felicidad, pero él además se esfuerza en demostrarlo, diciendo que los estudios sociológicos muestran que ni siquiera ayuda (claro, el contexto es clase media, son estudios europeos, supongo que hablando de pobreza el dinero tiene un efecto determinante).
Y si no ayuda a que seamos felices, ¿cuál es la razón por la que nuestra vida gira en torno a nuestros ingresos?
Pregúntate el día de hoy, ¿cuántas horas del día pasas pensando en tu trabajo?, ¿cuántas horas de tu “tiempo libre” pasas consumiendo y pensando en lo que quieres comprar?, el lugar en el que vives, la ciudad, la zona, la casa en donde habitas, ¿cómo se relaciona con tu fuente de ingresos?
¿Cuántas actividades en el día realizas que no tengan nada qué ver con ingreso y consumo?
Les voy a platicar la vida que estoy viviendo.
Llevo cinco semanas viviendo fuera de mi ciudad participando en diversos proyectos de trabajo. Durante la mañana visito a mi cliente y en resumidas cuentas, le aconsejo respecto a formas de reducir costos operativos. Salgo de la oficina del cliente y mi preocupación es dónde comer que me puedan dar factura para que quede cubierto por los viáticos. Salgo de comer y me tomo un par de horas en autocapacitarme para mañana dar mejores consejos. Termino y ahora pienso cómo evadirme de la realidad, si juego Fifa08 en mi PSP o si veo una película en la laptop de la empresa. Si el internet funciona me meto a ver qué juegos o qué películas quiero comprar. Chateo y juego risk en Facebook. Si no funciona me recuerdo que es urgente contratar algún servicio de internet cuanto antes. Busco qué cenar en el Seven Eleven cerca de la casa que nos renta la compañía que nos invitó al proyecto. Antes de dormirme leo un poco.
Salvo pequeñas diferencias, esa ha sido mi vida las últimas cinco semanas. No recuerdo una sola actividad que esté alejada de la cultura consumista, posiblemente alguien diría que leer, pero ese libro no lo regalan… me baño con cierto champú (Pantene con acondicionador y especializado en, no sé, rizos o cabello “normal”, o lo que sea), me rasuro con Mach 3 de Gillette, me lavo los dientes con un cepillo que me avisa (háganme el favor) cuándo debo cambiarlo, y una pasta que me permite sólo lavarme dos veces al día mientras me blanquea los dientes. Consumo fútbol, lo que me hace consumidor de televisión (cable y sky), me hace consumir apuestas por internet, en fin.
Y estoy completamente consciente que mi felicidad nada tiene qué ver con todo esto. Pero mi vida se sigue centrando en esto. Si hay una métrica para la vida es el tiempo, y yo estoy consumiendo el 100% de ella en producir ingreso, en comprar con ese ingreso y en utilizar lo que compro.
Si vivimos 75 años y de eso quitáramos el tiempo relacionado con consumo y las horas de sueño, ¿cuánto dura realmente nuestra vida?
Lo que Lipovetsky nos dijo ese día, es lo que el budismo nos ha dicho por siglos, al final, las propiedades acaban apropiándose de ti (se apropian del tiempo de tu vida). Así que aunque nos parezca obvio lo repito, si vivimos para consumir, no nos quejemos de que no somos felices.
Desinteligencia (Unintelligence).
Hace como tres años un pseudomentor me invitó a leer a un autor quesque famoso que se hace llamar Osho, porque “vio en mí algo que le hacía pensar que me gustaría mucho”.
Yo en ese momento (raro raro) no estaba leyendo un carajo, así que me metí a amazon y compré un libro de él, que se llama “Intelligence: The Creative response to now”.
Encontré poco de valor real en ese libro, la forma en que escribe es además impresionantemente aburrida, lo rescatable fueron algunas citas de historias Zen. Pero dentro de toda la mierda exagerada, idealista y recetoide (o sea, con los ingredientes para ser feliz en la vida); encontré una premisa muy interesante. Cuando Osho habla de inteligencia, dice que nacemos inteligentes, pero que lo que nos rodea se esfuerza en hacernos “desinteligentes” (él habla de “unintelligence”).
Resulta que cuando nacemos, tenemos a nuestro alcance todo un mundo de conocimiento, que llega a nosotros de dos maneras: 1. Con un raciocinio propio, apoyado en lo que en Lógica se conoce como “sentido común” y, 2. Guiados por el conocimiento y desconocimiento de otros.
A mi me bautizaron (no es canción de Arjona) antes de cumplir un año, tomó la decisión una persona que ahora no puede sostener una discusión con un solo argumento sólido respecto a la importancia ya no digamos del sacramento, sino de toda la base doctrinal de su religión. Los argumentos éticos con los que crecí, lejos de tener un fundamento filosófico, se basaron completamente en supuestas mejores prácticas dictadas por una tradición lejana de ser un caso de éxito.
A los 6 años pensaba que los mayores merecían más respeto que yo, a los 8 yo ya era feliz de tener una primera comunión, a los 10 de rezar el rosario todos los días, y a los 12 pensaba que masturbarse era malo. Me llevó unos 4 años más comenzar a “deseducarme” para pretender regresar al camino de la “inteligencia”.
En el caso de las relaciones de pareja, nos encontramos con una serie de supuestos sociales que en un momento me pudieron parecer “naturales” y algunas ahora me causan náuseas.
A los 14 años pensaba que algún día me casaría (seguramente antes de los 24), con una mujer más o menos sumisa, que tendría un par de hijos, que todos dependerían económicamente de mi, que ambos seríamos fieles (en lo próspero y en lo adverso) y que sería una relación para toda la vida. Pensaba también que la autoridad radicaba en el hombre, aunque era manipulable mediante artimañas femeninas, que los celos eran algo completamente normal y hasta bueno (eran una demostración de amor), que había un elemento de propiedad (“cuando seas mía”), y que por supuesto estar en una relación de pareja implicaba sacrificios (ceder).
Un día estaba con una amiga que me contaba sus penas de amor en una relación totalmente disfuncional, él era casado, machista, celoso; y curiosamente era lo que ella buscaba, un estereotípico macho que la celara, pero el defecto era la esposa de él. Y le empecé a hablar de un amor independiente, honesto, limpio, le platiqué de lo fundamental que era la confianza en una relación y cómo eso era todo lo contrario a los celos. Lo más interesante para mi fue que no lo comprendió, es decir, entendió cada una de mis palabras, pero no comprendió el sentido completo, no supo de qué demonios le estaba hablando. Entonces entendí que ella era una mujer educada, desinteligente en el sentido de Osho.
Le conté a este pseudomentor y me “regañó”. “¿Cómo le dices a alguien como ella que existe esa clase de relación? Acabas de ser el causante de su infelicidad. Ella aspiraba a una relación fácil de obtener, abundan esa clase de hombres, ahora sí se la complicaste, ojalá que olvide tus palabras.”
Le expliqué que ella ni siquiera había entendido, me platicó que él lo entendió muy tarde, era casado y con dos hijos, con un relativo alto puesto en un trabajo que carcomía diariamente su energía, con el sueño idealista de emigrar a oriente a meditar en busca de la “inteligencia”.
Creo que para muchas personas se vuelve más importante el día a día, resolver los pequeños o grandes problemas que encaran rutinariamente. Por eso es mucho más sencillo dar por hecho una serie de premisas sociales con tonalidades de Ética, y así es como surge la Moral. Se convierten en principios más democráticos que ciertos, y el “qué dirán” gana un importante peso específico en la estandarizada vida de estas personas. El resto de la sociedad se convierte en un grupo de jueces que aplican una ley de extraños castigos psicológicos ante unos principios que no analizan ni comprenden.
Personas morales light.
Hace algunos años, cuando visitaba a un amigo en Guadalajara, una actividad que invariablemente hacíamos era visitar la librería Gandhi, ya que en mi ciudad no había. Pasábamos un par de horas, yo siempre como niño en dulcería, no sólo por los libros, sino por las películas. Hace algunos meses cambié mi ciudad de residencia justo cuando llegó la Gandhi a ella. Afortunadamente en la ciudad en que vivo ahora, también hay y el fin de semana pasado fui con otro amigo.
Mi primer decisión de compra, y sencilla, fue Shichinin No Samurai, porque es un clásico y siempre la había visto mucho más cara de lo que la conseguí. Mi segunda decisión fue The Corporation, un documental que anunciaba falsamente ser de Michael Moore y que me decepcionó mucho. Mi tercer decisión fue, Wilbur Wants to Kill Himself, una comedia negra/drama muy interesante que vi hace mucho en un festival de cine. Además mi amigo llevó Acid House, basada en una novela del mismo escritor de Trainspotting; y Dune de David Lynch (interesantísima por cierto), ya se imaginarán nuestro productivo fin de semana.
The Corporation es un documental que critica severamente a las grandes empresas. El planteamiento es; hace ya muchos años que a estas empresas se les dió el papel legal de “personas”, por ejemplo en México las conocemos como “personas morales“. De manera creativa en comparación al desarrollo general (nefasto), comienzan a desarrollar un perfil psicológico de ciertas corporaciones, partiendo de que son “personas”. Las encuentran irresponsables, mentirosas, con problemas para comprometerse, excesivamente ambiciosas y hasta genocidas.
Creo que, al analizar sólo una cara de la moneda, en prácticamente cualquier tema, sólo vas a encontrar cosas que favorezcan el sentido de tu búsqueda. Pero vamos a pensar en algún “avatar del bien” que sea difícil de encontrarle un aspecto negativo… digamos un monje Zen.
Ahora digamos que partiendo de que las corporaciones son personas, las convirtiéramos a todas ellas en monjes Zen… no tendríamos algo llamado mercado, ni algo llamado tecnología, ni algo llamado empresa por principio de cuentas… el concepto de economía sería algo medio surreal también.
¿Es posible remontar nuestra cotidianidad a un entorno en que el poder esté en manos de monjes Zen? no, difícilmente se me puede ocurrir algo más utópico. Si mañana todos despertáramos en el sendero de la iluminación encontrando la felicidad efímera y eterna al mismo tiempo en cada una de nuestras limitantes haciéndolas desaparecer a su vez, sería maravilloso, pero tenemos el impedimento cultural de cientos de generaciones que han optado por la ambición y el desarollo primero individual, luego de sus seres queridos y finalmente de su versión limitada de “comunidad”.
¿Significa que está mal? en absoluto, porque es el camino realista, desgraciadamente termina obligándonos a competir, y al final el problema que percibo es la incapacidad de muchos de encontrar un límite satisfactor.
Hace ya varios años fui a dar una plática a un campus del Tec de Monterrey, a algunos alumnos de preparatoria que estaban a punto de vivir la experiencia del servicio social. Un amigo (quien por cierto es teólogo y nos aventábamos unas discusiones de religión muy interesantes) me pidió que les platicara de la “cultura light”, ya que los veía muy desmotivados respecto al servicio social y él lo estaba coordinando.
Mi estrategia fue repartir a algunos de ellos (a 54, con jokers) un mazo de cartas inglesas. No les expliqué en un inicio para qué eran y les comencé a hablar de lo que podía significar el servicio social, les expliqué que la “cultura light” era un comportamiento superficial y desinteresado que limitaba el desarrollo personal. Los invité a hablar en cualquier momento y les decía “muéstrame qué carta te tocó”, “una reina”, “ah muy bien, imagínense que como la compañera tiene una reina puede opinar, pero que quienes tuvieran algo menor al Jack no pudieran”. A la mayoría no les gustó la idea por supuesto y entonces les expliqué que en realidad así es como funcionaba el mundo. Les dije que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que con el sólo hecho de estudiar preparatoria, en una escuela como el Tec de Monterrey, significaba que al nacer les había tocado algo así como un Rey. Con el tono más fresa que he oído en mi vida, un muchacho me preguntó “¿y tenemos la culpa de haber nacido con un Rey?, ¿somos malos por eso?”. Le expliqué que por supuesto no, pero que la “cultura light” podía provocar que su visión se redujera a dos números, el Rey y el As, y que prácticas como el servicio social podían extender su visión hacia el resto de las cartas, y que tener una visión más amplia era fundamental para desarrollarnos más integralmente.
Poco a poco hubo más apertura y empezaron a entender el concepto. La vida en general y la Microeconomía en particular pueden resultar extremadamente complejos, el sistema socialista ha requerido ser opresor para desarrollarse, y poco a poco han ido cayendo al capitalismo los países de raíces comunistas. El capitalismo, como lo conocemos, difícilmente será eternamente sostenible porque la excesiva riqueza de pocos tiene un reflejo en la extrema pobreza de muchos. Todos los humanos somos iguales en términos de concepto, pero la verdad es que pocos tenemos mucho más oportunidades que la mayoría. ¿Cuál es entonces la tercer vía?, sentarnos a criticar a las corporaciones sin hacer una propuesta no lo es, criticar la opresión del socialismo, del fascismo y hasta del absolutismo, tampoco resuelve nada.
La verdadera tercera vía (en términos históricos ya estamos viviendo una) tendría qué ser promovida por la gente que tiene el poder para que pueda surtir efecto, pero ellos están siendo directamente beneficiados por el esquema actual, difícilmente querrán un cambio verdaderamente significativo. La única respuesta viable parece entonces que debe venir de aquellos que aún no hemos sido corruptos por el poder (o por la cultura o por lo que sea) y que de alguna manera podríamos acceder a él. Pareciera que entonces todos los que no hemos optado por ser parte de la “cultura light” tenemos una responsabilidad latente, que casi siempre hacemos a un lado porque ya tenemos suficientes cosas en qué pensar respecto a nuestra propia vida. Si decidimos no incidir deberemos esperar a ver cómo lo resuelve alguien más o cómo llega a ser insostenible (qué efectos sociales arrastrará).
El Topo.
Ayer vi, después de una larga espera, una película de Jodorowsky. El Topo fue la segunda que dirigió, la que más le han aclamado, dicen que John Lennon alguna vez declaró que era su película favorita, y gracias a él y a Yoko Ono se pudo distribuir en E.U.; mi escaso conocimiento de cine surrealista se ha visto reducido a una decena de películas de Buñuel y David Lynch, por lo que El Topo me pareció una radicalización del surrealismo. Por supuesto no lo digo peyorativamente, la película significó tanto y más de lo que esperaba, con excesivo simbolismo y una fotografía impresionante, me envió más mensajes ella sola que el conjunto de películas surrealistas que había visto. Mi película surrealista favorita es Le Fantôme de la Liberté de Buñuel, que de una manera por demás fina, hace una profunda crítica a la sociedad burguesa. El Topo no es fina, es descarada, sucia, sangrienta, pervertida (es de las pocas películas no pornográficas que presentan escenas sexuales reales), además la edición de sonido es terrible e inmediatamente te percatas de los pocos verdaderos actores que participan; Buñuel se enfocó en un tema y lo desarrolló con genialidad cinematográfica y Jodorowsky se esforzó por abarcar todos los temas posibles, el desarrollo cinematográfico se hizo en un contexto por demás experimental; un ejemplo es Mara Lorenzio, quien actuó el principal rol femenino (un personaje que también se llama Mara), dicen que un día lo visitó porque se “malviajó” con LSD (Jodorowsky es terapeuta alternativo en Psicología, con influencias Lacanianas -psicoanalíticas-, el propio Erich Fromm -famoso psicólogo, crítico de Freud- le mandaba a sus alumnos de la UNAM) y después de ayudarla le dijo “serás la principal actriz de mi película”, después del rodaje no volvió a verla. En este entorno de “surrealismo mexicano”, donde lo que serían Samuráis para China son vaqueros y charros; los pobres cargan literalmente en su espalda a los burgueses, los líderes militares no son vistos como otra cosa que cerdos y el mal es representado por una sensual morena que jamás usa sostén. Creo además que los revólveres representan al ego en toda la película.
Es un filme extremadamente religioso, desde el punto que el orden de la historia pretende ser bíblico, (génesis, profetas, “psalmos“) critica profundamente la religión occidental (aunque le da un lugar de respeto a la verdadera fe), y hasta cierto punto enaltece a los maestros de la religión oriental, a quienes se enfrenta el Topo, intelectual y físicamente. Enmedio del inmenso entorno y simbolismo religioso, en el que incluye de manera por demás misógina (congruente con la biblia), el papel de la mujer como representante y literalmente amante del demonio (o del mal), causa de la perdición del hombre-dios; observa de cerca la voluntad y los vicios personales. Después que el hombre cae alcanza la inmortalidad y la iluminación. Esta caída representa al Antiguo Testamento, la iluminación al Nuevo. Critica tambén al poderoso capitalista, a la sociedad hipócrita de ultraderecha, no los califica de menos que asesinos y esclavizadores.
La recomiendo mucho, particularmente si desean hacer temblar sus propios paradigmas, aquellos de los que no se habían percatado que ahí seguían. Vayan con actitud receptiva, la película ha sido comparada con un “malviaje” alucinógeno, pero realmente no es necesario meterse algo para entenderle, al olvidarse de la sutileza, Jodorowsky consigue darles bastante claridad a sus múltiples mensajes.
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