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Los dos gascas.
Hace tiempo concluí que yo era mi principal enemigo, incluso es muy posible que yo sea mi único enemigo. Me di cuenta que tengo muchos miedos pero que todos son hijos del gran miedo que tengo hacia mi mismo.
No sé si literalmente mi superyo mutó en una especie de personalidad múltiple al más clásico estilo de Sméagol, o si es un mecanismo de defensa que se ha ido fortaleciendo en la medida que ha “facilitado” aparentemente mi supervivencia.
Hace media vida tuve tendencias claramente suicidas, y no sólo como cuando un adolescente se cuestiona “cómo reaccionaría el mundo si me suicidara”, no sólo porque tomé un cuchillo de cocina y voltée a ver las venas de mis muñecas; pienso que lo que realmente me hizo suicida era ser tan profundamente creyente en la religión católica y rezar con toda mi fe pidiendo mi muerte.
Lo cierto es que cuando me encontré inminentemente deseoso de pasar, mi fe decía que literalmente, a mejor vida, fue cuando me percaté que ya no tenía nada que perder. Es decir, si estaba dispuesto a dar mi vida, entonces ya era momento de empezar a tomar riesgos.
El cambio que identifiqué claramente ayer en un ejercicio de reflexión, es que de ser alguien que atraía con amabilidad y cortesía el afecto y la confianza de los demás, me convertí en alguien autoritario, de muy mal carácter, que dicta como autoridad moral lo que es correcto y sobre todo, lo que no lo es.
Me parece que es a partir de ese momento que no sólo dejo de solicitar mi muerte, sino que dejo de solicitar cualquier cosa, y empiezo a creer que lo que quiera conseguir va a depender exclusivamente de mi. Eso me vuelve casi automáticamente egoísta. De ser una persona escencialmente sumisa me vuelvo rebelde y autoritario, comienzo a respaldar de manera tramposa mis principios a través de mis escasas lecturas de Lógica y Filosofía.
Mientras más lo pienso más convencido estoy que dado que no podía competir con mi padre en el campo ni del intelecto ni de la amabilidad, porque con esos recursos no obtenía nada, me ponía a su nivel de autoritarismo. Y ciertamente comenzó a dar resultados para mi. Estoy seguro que algunas veces ante la alternativa de una gran discusión, decidió ceder. Por otro lado, aún cuando no funcionara, la forma de ir desahogando mi dolor ante lo que yo veía como una gran injusticia, era llenarme de ira y aventársela a la cara. El que empezara a ser funcional esta práctica me llevó a repetirla ante otras personas, se reflejó claramente en mi relación con la autoridad, y me volví un alumno que o bien tenía una muy buena relación con los pocos profesores a los que respetaba, o bien era odiado por intentar hacerlos quedar mal, o estar casi siempre en contra de sus argumentos.
Me convertí en una persona que encontró placer en la discusión, sobre todo por pensar que mis argumentos siempre ganaban, aunque seguramente no fue así.
Después me voy de mi casa a los dieciocho, y como por arte de magia mi enojo con el mundo comienza a desaparecer. Por otro lado, la rebeldía no sólo no desaparece, sino que comienzo a cuestionar todo, a abrir mi mente al grado de romper con varios de los más “aprobados” paradigmas sociales. Dejo de creer en dios, en la familia, en el matrimonio, en tener hijos, en que las personas seamos parte de la naturaleza, en el concepto estandarizado de éxito, en el famoso “ser para los demás” inculcado por los jesuitas.
Con el tiempo volvió a surgir la versión amable, cortés y sobre todo confiable que necesitaba para obtener aceptación y afecto de los demás.
Pero es entonces que ocurrió una mezcla interesante y compleja. A través de mi parte confiable doy un mensaje de “rebeldía”, que por supuesto debe estar respaldada por un supuesto intelectualismo. Al hacer que otros crean que tengo los argumentos, ellos me retroalimentan que los tengo, y es a través de esa retroalimentación que yo vivo creyendo… que los tengo.
Y es en el momento que creo mi propia mentira, cuando sale mi superyo mutante o mi mecanismo de defensa reforzado, es en ese momento cuando aparece el gasca arrogante, que regaña al otro gasca al preocuparse por si es aceptado o rechazado, por si hay qué aprender tal o cual cosa, por si está haciendo algo que disfruta o si está satisfecho con su vida. Para el gasca arrogante, nada de eso importa, en la medida en que se pueda mantener distraído con bienes materiales y con gente que lo quiere y no lo cuestiona, es decir, con satisfactores de los primeros tres niveles de Maslow, lo demás no importa.
Un hot dog por un mes de oración (“La Oración es la debilidad de Dios”).
(¡Ahora sí es personal!: Parte 1).
No supe cuál de los dos títulos elegir. El primero tiene toda la carga de ridiculez necesaria para descalificar éste tipo de iniciativas de la sociedad de ultraderecha. El segundo expone un absurdo filosófico que tal vez de manera no tan directa la Iglesia Católica ha estado utilizando desde que recuerdo. ¿Cuál es la finalidad de esta basura? Evangelizar, increíblemente evangelizar. No importa cuántas patrañas te digo con tal de que te unas a mi causa. ¿Cuál es la diferencia con la promesas de campaña de un político deshonesto? No la encuentro. ¿Recuerdan cuando el PRI regalaba tortas a cambio de votos?, ¿Hay una analogía más clara?
Resulta que hace unas semanas, cambiando de canal en la televisión, me encontré con un par de tipas, cuya forma de vestir y acento gritaba por cada uno de sus poros, que eran señoras “bien”, sí, de esas que nacieron para casarse, que estudiaron en colegios religiosos (privados) y que ahora son mantenidas y no encuentran qué hacer con su tiempo libre, que siempre es mucho. Parece que en ocasiones su forma de brillar es tener este tipo de iniciativas que además son degradantes, como cuando llegan con una niña de la calle y le dicen “¿quieres un hot dog? te lo damos a cambio de que reces un padrenuestro durante un mes”. Después de sobornar a dos o tres niños, van a comerciales, y entonces aparece en la pantalla: “La Oración es la debilidad de Dios”.
Hace quince años comencé a cuestionar mis creencias religiosas, yo era un católico de convicciones profundas, pero con el tiempo el ir obteniendo conocimiento científico fue poco a poco diluyendo la fe que tenía en ese momento.
Durante los siguientes ocho años posiblemente, encontré fundamentos muy sólidos para ir descalificando cada una de las doctrinas, tradiciones e ideología de la Iglesia que fui conociendo. Al grado que me siento tranquilo de retar a cualquiera que defienda dichas doctrinas a un debate en línea, a través de los comentarios de éste o de cualquier blog. El único requisito sería olvidar los aspectos mágicos y enfocarnos a la razón, de otra forma el límite es nuestra imaginación, y vaya que hasta ahora la Iglesia ha tenido bastante.
Pero antes de que ocurriera todo eso, era un firmísimo creyente. Si en ese momento alguien me hubiera dicho que a cambio de un hot dog rezara un mes, les hubiera contestado algo como; “ya rezo el rosario todos los días, un padrenuestro me parece poco, no es necesario sobornar mi culto al Señor”. Estoy seguro que hubiera contestado algo así, no obstante, hubiese sido incongruente, porque estaba convencido que el rezar me hacía no sólo mejor persona, sino que ayudaba a que mi vida fuera mejor, es decir, yo sobornaba a dios con mi oración, lo cuál significaba, literalmente, que la oración es la debilidad de dios.
Pero vamos a explicar el razonamiento de la incongruencia:
Si los católicos creen que su dios es perfecto, o para decirlo de otra forma, infalible. ¿Eso no significa que cualquier “decisión” que tome será correcta? Es decir, ¿cuál es el punto de pedirle algo si al final hará lo que sea correcto? La única respuesta posible sería que la oración “convierta” las cosas incorrectas en correctas. Eso constituye un grave problema. La oración sería una herramienta de flexibilidad ética que podría ser blandida por cualquiera; por ejemplo, la oración podría hacer de la violación, el asesinato, la corrupción, la tortura, la mentira, algo correcto.
¿Les parece absurdo? A mi sí, sin embargo, a muchos no:
Hace varios años un buen amigo y maestro me mostró evidencia fotográfica de una investigación sociológica que realizó en la iglesia de San Juan de los Lagos (el segundo destino de turismo religioso en México, después de la Basílica de Guadalupe) algunas de esas fotografías mostraban “milagritos” que le colgaban a la virgen, y tenían el agradecimiento en texto. Algunos textos decían cosas como “gracias virgencita porque después del robo no me atraparon”.
Así que, si es así como funciona, la oración es literalmente la debilidad de dios, la única arma que podemos blandir en contra de sus decisiones correctas previas. Gracias a ella, por ejemplo, dios permite que haya más delincuencia. ¿No sería socialmente correcto que mejor empezáramos a promover que la oración no se use a la ligera? (como, por ejemplo, a cambio de un hot dog).
Cuando muere mi papá, mi mamá me invitó a las nueve misas que le mandó “decir”. Yo por supuesto no fui a ninguna, pero lo interesante fue la conversación con mi mamá, ya que le pregunté: “¿por qué se hacen estas nueve misas?” y su respuesta fue, “para que su alma descanse con Dios”. Luego pregunté: “eso significa que, ¿sin las misas no descansaría su alma al lado de dios? digo, sólo para entender”. “No lo sé, pero las misas son una ayuda”, respondió. Le dije, “¿me estás diciendo que si dios iba a enviar su alma al purgatorio o al infierno, estas nueve misas lo cuestionan y tal vez lo hagan cambiar de opinión?”. Y luego agregué, “¿cuál sería la diferencia entonces entre tu dios y un burócrata corrupto?”. Y entonces aceptó que tenía razón y que era un tradicionalismo con poco sentido, pero igual pagó las costosas nueve misas en un momento que ella necesitaba ahorrar cada centavo… en fin; la Iglesia no sólo evangeliza con esta idea, sino que se ha enriquecido históricamente a costa del dolor, de la ignorancia, pero sobre todo de la esperanza, de los ingenuos creyentes.
Vocación.
La palabra política, la ética de muchos, se ha relacionado desde siempre con el bien común, o más específicamente, con el gobierno (gobierno político), la administración del poder en beneficio de una comunidad.
En realidad, para el mexicano promedio, las palabras política y gobierno están mucho más relacionadas el día de hoy con robo, con suciedad, con deshonestidad; por supuesto dichos calificativos son racionalmente negativos, es decir, la gente sabe que así no debería ser el gobierno político, eventualmente inclusive nos podremos acostumbrar (nos dejará de sorprender enterarnos de ciertas cosas), pero lo cierto es que nunca nos dejará de parecer incorrecto que así sea; es decir, por más acostumbrados que estemos, esperaríamos idealmente que cada uno de los políticos y gobernantes se preocupara primero por el bien común, antes que por el personal. La escala de valores, en teoría, debiera ser la siguiente:
1. Mi comunidad.
2. Mi partido político (los valores que representa)
3. Yo y mis seres queridos.
El resto de los civiles, por otro lado, no sentimos, en general, una obligación hacia el bien común, debido a que no decidimos tomar esa carrera, nos preocupamos por hacer que nuestro negocio sea exitoso, o ir escalando puestos dentro de nuestro trabajo.
Sin embargo, hoy casi todos podríamos asegurar que la escala de valores de la inmensa mayoría de los políticos es exactamente inversa, y muchas veces ignorando incluso los valores que presume el partido al que pertenecen.
El punto es que si visualizamos a todos y cada uno de los servidores públicos como individuos independientes de la política, nos sería más sencillo comprender por qué (la mayoría) hacen su trabajo con la sola finalidad de acceder a mejores puestos y a más poder, lo cual deseamos en general el resto de los mortales en nuestros trabajos dentro de la iniciativa privada, entre otras cosas. Y es entonces que decimos, ¿para qué se dedican a ser servidores públicos si su principal preocupación son ellos como individuos (y su familia y amigos en todo caso)?
También algunos podrían señalar que ganan más, que tienen más prestaciones, que tienen acceso a información privilegiada y a trámites expeditos por el sólo hecho de ser servidores públicos y que ese extra debiera compensar el que se preocupen más por la comunidad a la que atienden que por ellos mismos; por el contrario, pareciera que el servicio público es el templo de la corrupción, aquella que va desde el oficial de tránsito que te ofrece una “alternativa” a la infracción hasta el político de alto rango que administra “favores”. Esto no significa que la corrupción sea un mal inherente ni exclusivo del servicio público, los “compadrazgos” se pueden ver en muchas empresas privadas. La diferencia está en que la corrupción está conceptualmente más alejada del término “bien común” que del individualismo que carga inherentemente el sector privado.
Al final llegaríamos a un concepto que a mi me parece controversial y subjetivo, que es la “vocación”. Idealmente quisiéramos que todos los servidores públicos tuvieran la “vocación de servicio” para poner por encima de sus intereses particulares, el de la ciudadanía; que renunciaran por ejemplo a muchas de las ventajas que les dan sus sindicatos de los mandos medios hacia abajo, que rechazaran vacaciones (que no tenemos en la iniciativa privada) con tal de trabajar más días por la ciudadanía. O en el caso de los altos puestos, que renunciaran a ciertas ventajas que les da el poder que tienen para por supuesto no transgredir libertades de otros o no beneficiarse directamente (o indirectamente con compadrazgos) con el erario público.
El punto es que cuando reconozcamos que esto no va a ocurrir, pondremos los pies en la tierra, cambiará nuestra percepción y comprenderemos que no podemos esperar mucho más del servicio público, entenderemos que si de todos modos el meollo del asunto se centra en un concepto tan subjetivo como la “vocación”, más nos convendría privatizar los servicios públicos y no sólo eso, sino abrir el mercado para que al menos la competencia presione a dar un mejor servicio. Utópico y nihilista por supuesto, no pierdo la costumbre.
Analicémoslo ahora desde una perspectiva diferente; cuando hablamos de un sacerdote, asumimos que es una persona que no se preocupa por el individuo en primer lugar sino por un conjunto de feligreses que son su comunidad (en el caso de un papa, su preocupación sería toda la Iglesia). Asumimos que deseará el bien a su prójimo (cuando menos el bien que plantea la Biblia) y que difícilmente transgredirá la libertad de otros con la “facilidad” que lo hacemos el resto de los mortales. Entonces aparecen casos de sacerdotes que abusan sexualmente de menores y al común de la población le cuesta trabajo comprender. O mucho menos grave, nos cuesta a veces comprender que los sacerdotes tengan pareja, y muchos seguramente preguntarán, ¿entonces por qué se hizo sacerdote y dentro de una religión donde está prohibido que tengan pareja? Y de nuevo responderán muchos, los he escuchado, “es que no tenía verdadera vocación”.
En ambas perspectivas estamos hablando de lo mismo. estamos idealizando a partir de un paradigma que debería haber cierto comportamiento menos egoísta por el sólo hecho de haber elegido cierta forma de vida. Y así como los servidores públicos tienen ciertos beneficios, los sacerdotes (católicos, hablando de México) también los tienen, no sólo cargan con el poder de impartir los sacramentos que pueden significar eternidades de paraíso o infierno para el resto de los mortales, sino que en esta vida mortal reciben cierto trato prioritario de la comunidad (también lo he visto), particularmente en países como México, que tiene más del 90% de ciudadanos católicos.
Pero de alguna forma olvidamos que también son individuos humanos que viven dentro de un sistema (capitalista y reprimido sexualmente, en general). Si recordamos esto, ¿no sería de esperarse que en el gobierno al menos haya tanta gente corrupta como en el resto de las funciones (del sector privado) que reciben una remuneración?; ¿no sería de esperarse que al menos haya el mismo porcentaje de violadores entre los sacerdotes que entre el resto de la población?
Si ya entendimos esto, les tengo malas noticias, ojalá fuera así. Desgraciadamente el ambiente del servidor público es la perfecta invitación a la corrupción, ya que hay un conjunto de condiciones que dan un premio superior a todos aquellos que deciden hacerlo, recordemos que “el poder corrompe, (y el poder absoluto, corrompe absolutamente)”. Y en el caso de los sacerdotes, lamento decirles que un ambiente de represión sexual, es el perfecto anfitrión de las principales patologías psicosexuales. Así que dudo que los porcentajes no sean mucho mayores si se toma una muestra en estos campos y se compara con el resto de los ciudadanos.
Así que acostumbrémonos, que nos deje de sorprender, que nos parezca lógico y de esperarse este tipo de comportamiento; que finalmente entendamos que el cambio debe ser a nivel sistema, el cambio debe ser en los paradigmas, poco se podrá hacer tomando medidas tradicionales, tendríamos qué trabajar más en la causa que meramente reaccionar al efecto.
Desinteligencia (Unintelligence).
Hace como tres años un pseudomentor me invitó a leer a un autor quesque famoso que se hace llamar Osho, porque “vio en mí algo que le hacía pensar que me gustaría mucho”.
Yo en ese momento (raro raro) no estaba leyendo un carajo, así que me metí a amazon y compré un libro de él, que se llama “Intelligence: The Creative response to now”.
Encontré poco de valor real en ese libro, la forma en que escribe es además impresionantemente aburrida, lo rescatable fueron algunas citas de historias Zen. Pero dentro de toda la mierda exagerada, idealista y recetoide (o sea, con los ingredientes para ser feliz en la vida); encontré una premisa muy interesante. Cuando Osho habla de inteligencia, dice que nacemos inteligentes, pero que lo que nos rodea se esfuerza en hacernos “desinteligentes” (él habla de “unintelligence”).
Resulta que cuando nacemos, tenemos a nuestro alcance todo un mundo de conocimiento, que llega a nosotros de dos maneras: 1. Con un raciocinio propio, apoyado en lo que en Lógica se conoce como “sentido común” y, 2. Guiados por el conocimiento y desconocimiento de otros.
A mi me bautizaron (no es canción de Arjona) antes de cumplir un año, tomó la decisión una persona que ahora no puede sostener una discusión con un solo argumento sólido respecto a la importancia ya no digamos del sacramento, sino de toda la base doctrinal de su religión. Los argumentos éticos con los que crecí, lejos de tener un fundamento filosófico, se basaron completamente en supuestas mejores prácticas dictadas por una tradición lejana de ser un caso de éxito.
A los 6 años pensaba que los mayores merecían más respeto que yo, a los 8 yo ya era feliz de tener una primera comunión, a los 10 de rezar el rosario todos los días, y a los 12 pensaba que masturbarse era malo. Me llevó unos 4 años más comenzar a “deseducarme” para pretender regresar al camino de la “inteligencia”.
En el caso de las relaciones de pareja, nos encontramos con una serie de supuestos sociales que en un momento me pudieron parecer “naturales” y algunas ahora me causan náuseas.
A los 14 años pensaba que algún día me casaría (seguramente antes de los 24), con una mujer más o menos sumisa, que tendría un par de hijos, que todos dependerían económicamente de mi, que ambos seríamos fieles (en lo próspero y en lo adverso) y que sería una relación para toda la vida. Pensaba también que la autoridad radicaba en el hombre, aunque era manipulable mediante artimañas femeninas, que los celos eran algo completamente normal y hasta bueno (eran una demostración de amor), que había un elemento de propiedad (“cuando seas mía”), y que por supuesto estar en una relación de pareja implicaba sacrificios (ceder).
Un día estaba con una amiga que me contaba sus penas de amor en una relación totalmente disfuncional, él era casado, machista, celoso; y curiosamente era lo que ella buscaba, un estereotípico macho que la celara, pero el defecto era la esposa de él. Y le empecé a hablar de un amor independiente, honesto, limpio, le platiqué de lo fundamental que era la confianza en una relación y cómo eso era todo lo contrario a los celos. Lo más interesante para mi fue que no lo comprendió, es decir, entendió cada una de mis palabras, pero no comprendió el sentido completo, no supo de qué demonios le estaba hablando. Entonces entendí que ella era una mujer educada, desinteligente en el sentido de Osho.
Le conté a este pseudomentor y me “regañó”. “¿Cómo le dices a alguien como ella que existe esa clase de relación? Acabas de ser el causante de su infelicidad. Ella aspiraba a una relación fácil de obtener, abundan esa clase de hombres, ahora sí se la complicaste, ojalá que olvide tus palabras.”
Le expliqué que ella ni siquiera había entendido, me platicó que él lo entendió muy tarde, era casado y con dos hijos, con un relativo alto puesto en un trabajo que carcomía diariamente su energía, con el sueño idealista de emigrar a oriente a meditar en busca de la “inteligencia”.
Creo que para muchas personas se vuelve más importante el día a día, resolver los pequeños o grandes problemas que encaran rutinariamente. Por eso es mucho más sencillo dar por hecho una serie de premisas sociales con tonalidades de Ética, y así es como surge la Moral. Se convierten en principios más democráticos que ciertos, y el “qué dirán” gana un importante peso específico en la estandarizada vida de estas personas. El resto de la sociedad se convierte en un grupo de jueces que aplican una ley de extraños castigos psicológicos ante unos principios que no analizan ni comprenden.
El Topo.
Ayer vi, después de una larga espera, una película de Jodorowsky. El Topo fue la segunda que dirigió, la que más le han aclamado, dicen que John Lennon alguna vez declaró que era su película favorita, y gracias a él y a Yoko Ono se pudo distribuir en E.U.; mi escaso conocimiento de cine surrealista se ha visto reducido a una decena de películas de Buñuel y David Lynch, por lo que El Topo me pareció una radicalización del surrealismo. Por supuesto no lo digo peyorativamente, la película significó tanto y más de lo que esperaba, con excesivo simbolismo y una fotografía impresionante, me envió más mensajes ella sola que el conjunto de películas surrealistas que había visto. Mi película surrealista favorita es Le Fantôme de la Liberté de Buñuel, que de una manera por demás fina, hace una profunda crítica a la sociedad burguesa. El Topo no es fina, es descarada, sucia, sangrienta, pervertida (es de las pocas películas no pornográficas que presentan escenas sexuales reales), además la edición de sonido es terrible e inmediatamente te percatas de los pocos verdaderos actores que participan; Buñuel se enfocó en un tema y lo desarrolló con genialidad cinematográfica y Jodorowsky se esforzó por abarcar todos los temas posibles, el desarrollo cinematográfico se hizo en un contexto por demás experimental; un ejemplo es Mara Lorenzio, quien actuó el principal rol femenino (un personaje que también se llama Mara), dicen que un día lo visitó porque se “malviajó” con LSD (Jodorowsky es terapeuta alternativo en Psicología, con influencias Lacanianas -psicoanalíticas-, el propio Erich Fromm -famoso psicólogo, crítico de Freud- le mandaba a sus alumnos de la UNAM) y después de ayudarla le dijo “serás la principal actriz de mi película”, después del rodaje no volvió a verla. En este entorno de “surrealismo mexicano”, donde lo que serían Samuráis para China son vaqueros y charros; los pobres cargan literalmente en su espalda a los burgueses, los líderes militares no son vistos como otra cosa que cerdos y el mal es representado por una sensual morena que jamás usa sostén. Creo además que los revólveres representan al ego en toda la película.
Es un filme extremadamente religioso, desde el punto que el orden de la historia pretende ser bíblico, (génesis, profetas, “psalmos“) critica profundamente la religión occidental (aunque le da un lugar de respeto a la verdadera fe), y hasta cierto punto enaltece a los maestros de la religión oriental, a quienes se enfrenta el Topo, intelectual y físicamente. Enmedio del inmenso entorno y simbolismo religioso, en el que incluye de manera por demás misógina (congruente con la biblia), el papel de la mujer como representante y literalmente amante del demonio (o del mal), causa de la perdición del hombre-dios; observa de cerca la voluntad y los vicios personales. Después que el hombre cae alcanza la inmortalidad y la iluminación. Esta caída representa al Antiguo Testamento, la iluminación al Nuevo. Critica tambén al poderoso capitalista, a la sociedad hipócrita de ultraderecha, no los califica de menos que asesinos y esclavizadores.
La recomiendo mucho, particularmente si desean hacer temblar sus propios paradigmas, aquellos de los que no se habían percatado que ahí seguían. Vayan con actitud receptiva, la película ha sido comparada con un “malviaje” alucinógeno, pero realmente no es necesario meterse algo para entenderle, al olvidarse de la sutileza, Jodorowsky consigue darles bastante claridad a sus múltiples mensajes.
Fe de erratas.
NesP.
Como ya lo había mencionado, estuve leyendo a Jodorowsky, medio libro explica una terapia surrealista llamada Psicomagia (la persona que trató de explicarla en Wikipedia, no se basó en publicaciones de Jodorowsky, quien creó esta terapia). Ahora estoy leyendo The End of Faith de Sam Harris, (aún no me llega The God Delusion). De Jodorowsky a Sam Harris y desde un punto de vista que va de lo artístico/poético a lo científico/positivista, el punto focal es un concepto que entendemos (o mejor dicho, no entendemos) como fe. Para que la fe exista se requieren dos cosas, la primera es que no haya algún fundamento lógico que la respalde, la segunda es que exista algún elemento externo en el que se vea inspirada. Jodorowsky habla por ejemplo de una fe en el psicomago, si el consultante no lo cree capaz de ayudarle difícilmente obtendrá un resultado. El catolicismo habla de fe en muchos seres superiores (un dios, varias vírgenes y cientos de santos; y se dicen monoteístas…), de fe en los rituales en torno a ellos. Conocemos cientos de ejemplos de la fe católica, yo mismo les puedo decir que algún día tuve fe en el dios católico y obtuve resultados innegables, ¿milagrosamente?, por supuesto que no, lo que me atrae de la fe no es algún tipo de conexión con un ente espiritual, sino lo que internamente tenemos, que no comprendemos y que provoca que funcione. Les voy a platicar algunos ejemplos psicomágicos:
Un hombre se siente avergonzado de su sangre, ya que es un hijo incestuoso después de que su abuelo, que además es su padre, violó a su mamá. Jodorowsky le propone bañarse con dos litros de sangre de vaca, vestirse con un buen traje estando aún empapado en sangre, salir a la calle y asumir una posición de orgullo ante las miradas. El hombre que realizó el ejercicio escribió agradecido a Jodorowsky, diciendo que perdió la vergüenza por su pasado.
Un hombre tenía eyaculación precoz, por lo que estaba muy angustiado, tan sólo duraba veinte segundos. Jodorowsky le pidió que pusiera un cronómetro esa noche y se propusiera a romper su propio récord; que le dijera a su esposa “te haré el amor más rápido que nunca, tardaré tan solo diez segundos”. El hombre regresó al otro día agradecidísimo, no pudo romper su récord, por el contrario, cuando al terminar vio el cronómetro, se percató que estuvo teniendo sexo por media hora.
Así hay decenas de ejemplos, que por más absurdos que parezcan tienden a resultar efectivos. El tema que me ha estado rondando desde hace un mes es que si por ejemplo partiéramos de que lo que creemos que es el alma en realidad fuera el inconciente freudiano, a través de su estudio podríamos llegar a comprender los mecanismos de la fe, para desarrollar un concepto del que se habla pero que en realidad no existe, la “fe en uno mismo”, que pudiera ser confundida con “la fuerza de voluntad“, pero la verdad es que la gente que realmente tiene fe acude a ella hasta que enfrenta situaciones que sobrepasan (o creen que sobrepasan) su voluntad, mi hipótesis es que con una “autofé” extenderíamos la frontera que hasta ahora es delimitada por los paradigmas y daría pie a la eliminación de creencias obsoletas como las del catolicismo y charlatanería creativa como la de Jodorowsky. ¿Creen que tiene fundamento lógico bañarse en sangre de vaca?, ¿que un eyaculador precoz deba forzarse a terminar cada vez más rápido?; ¿que repetir un mantra (rezar el rosario por ejemplo) pueda mejorar mi vida?; no son este tipo de actos los que tienen la fuerza de solucionar o mejorar una condición, es la fe en dichos actos.
Evolución: Hoy es 13 de noviembre de 2008 y puedo decir que cambio de opinión de algunas ideas que expresé en este post. Particularmente ahora entiendo mejor cómo funciona la Psicomagia, es una terapia que a través de un guía sumamente intuitivo, o sensible, como lo entiendan mejor, se comunica en un lenguaje complejo con el inconsciente del tratado. Ahí en el inconsciente es donde se encuentra encerrado el trauma. El acto psicomágico funciona como una llave que abre el cerrojo lo que provoca que el trauma pase al consciente y se pueda racionalizar como cualquier problema cotidiano.
Eutanasia.
No es personal.
Ayer vi la película Mar Adentro, así que la mayoría se imaginará el tema que quiero tratar. Me gustó mucho el argumento, la actuación de Javier Bardem y el extraordinario esfuerzo de la producción en abrir mentes a través del mensaje. Actualmente existen dos factores que limitan la práctica de la eutanasia, por un lado el factor legal, ya que en muchos países el suicidio es efectivamente un crimen de asesinato en primer grado. Seguramente al muerto no le preocupa esto, pero por ejemplo, la mayoría de los seguros de vida no cubren el suicidio. La situación que se presenta en Mar Adentro es diferente, ya que el protagonista está imposibilitado a mover un músculo que no sea de la cara, por lo que le es prácticamente imposible suicidarse. Ante esto sugiere que un médico se asegure de darle una muerte segura y sin dolor, una “muerte digna”; sin embargo las leyes de muchos países considerarían asesino al médico que lo hiciera. El segundo factor es el religioso, por ejemplo en la religión católica se cree que el cuerpo humano es “templo del Espíritu Santo”, en resumen, que nuestro cuerpo le pertenece a su dios, no a cada uno de nosotros. La cuestión es que al tener posesión, mas no propiedad de nuestro cuerpo, es un pecado mortal (sic) decidir la muerte (destrucción de propiedad ajena supongo). Un amigo me dijo hace mucho tiempo “la vida es un regalo, si el regalo no te gusta lo puedes tirar”, creo que tiene razón. El factor fundamental en términos legales, debiera ser la decisión, es decir, el estado no debe respaldar mi decisión de matar a alguien, siempre y cuando lo haga en contra de su voluntad, pero si esa persona decide morir, y lo hace constar con algún procedimiento que indique la ley, no encuentro justificación racional que debiera impedirlo. La cuestión religiosa es muy secundaria, ya que al no creer en el pecado no me preocupa decidir mi muerte, que los que están dentro del club se preocupen, sin embargo quiero señalar la hipocresía eclesiástica al sostener tal postura. La Inquisición es el ejemplo vulgar al que podemos acudir para señalar prácticamente cualquier incongruencia de la Iglesia, no me gustaría simplemente cuestionar el respeto por la vida de una institución que mató a miles, porque como sea Juan Pablo II tomó la sabia decisión de pedir perdón al respecto. Pero vamos entonces a analizar ciertas prácticas promovidas o respaldadas por la Iglesia. Cada año, por ahí de enero, por mi ciudad natal pasan miles de fieles que van a visitar a la “Virgen de San Juan”, se les denomina “sanjuaneros”, cada año sin excepción mueren algunos, sin mencionar los que deciden caminar con un nopal en la espalda. En general todas las prácticas relacionadas con autoflagelación que implican algunos “ejercicios espirituales” y practican una enorme cantidad de sacerdotes y creyentes, representan una total falta de respeto por un cuerpo que le pertenece a su dios. Lo fundamental es que es su decisión, al igual que la eutanasia, y es algo que debe estar respaldado por la ley, pero al mismo tiempo refleja la incongruencia e hipocresía de la Iglesia. Lo que siempre he pedido personalmente es, si algún día mi vida está en sus manos, si estoy sufriendo y es más probable que no sobreviva, si no puedo comunicarme y alguien puede hablar por mí, pidan para mi la eutanasia, y espero este post en ese futuro cercano o lejano pudiera ser un respaldo legal que refleje mi decisión y proteja a quien me ayude.
No es personal (NesP).
Tengo planeado hablar muchas veces de temas religiosos, así que ya simplemente lo voy a decir de una forma: “No es personal”. Significará que no tengo la menor intención de ofender, pero entiendo que alguien se pueda sentir ofendido, así que cuando esa frase anteceda a algún post, si alguien cree que podría sentirse negativamente aludido, únicamente detenga ahí su lectura.
No es personal.
Hoy es el día religioso más importante del país, tal vez es el segundo día más importante después de navidad para la gente de clase media y alta, pero para el 60% de la población, los semipobres, pobres y paupérrimos de México, el doce de diciembre es sin duda más importante que el veinticinco. La creencia en la Virgen de Guadalupe, me parece que ha tenido en los últimos años un “efecto Santa Claus”, para muchos católicos cultos. Bien, pues era el siglo XVI, los misioneros requerían de un poderoso símbolo religioso que finalmente consolidara el catolicismo de grupos indígenas que ante los problemas graves (que no veían solucionados con la nueva religión) volvían a acudir a sus antiguos dioses. Una diosa en particular, Tonantzin (en castellano, “nuestra verdadera madre”), dio a luz (dentro de la mitología azteca), a Huitzilopochtli, quien en cuanto salió del útero asesinó a todos sus hermanos (eran cuatrocientos), dando origen a las estrellas (las cuales podemos ver en el manto guadalupano). Bueno, pues el lugar donde se apareció, y donde ahora está la basílica, es precisamente donde los indígenas rendían culto a Tonantzin. Pero en los milagros no hay coincidencias, así que vamos a los documentos históricos: resulta que al famoso Obispo Juan de Zumárraga nunca se le ocurrió dejar un documento que mencionara el hecho, dejó muchos más, con trivialidades en comparación con la aparición de la madre de su dios, ¿por qué?, la historia nos responde, algunos años después, el Provincial de los Franciscanos, Francisco de Bustamante, critica en un sermón “la devoción que ha crecido en una capilla dedicada a Nuestra Señora, llamada de Guadalupe, en esta ciudad es en gran manera dañina para los nativos, pues les hace creer que la imagen pintada por Marcos el indio es de alguna forma milagrosa”; luego en 1569, Martín Enríquez de Almanza, cuarto virrey, denominó el culto de la Virgen de Guadalupe como una impostura dañina, como una adoración disfrazada de la deidad azteca Tonantzin. Nada de esto es extraño si consideramos que los indígenas la llamaban de hecho “Virgen de Guadalupe Tonantzin”. Ya en nuestros días Guillermo Schulenburg realizó una serie de estudios, varios años después declaró que la beatificación de Juan Diego era hacia un símbolo, no hacia alguien real; un día, en mi ciudad natal vi, pintado en una pared, “Muera Schulenburg, Viva la Virgen de Guadalupe”, creo que hasta ese día no me había percatado de la magnitud del fanatismo religioso en esa ciudad; en fin, los elementos de falsedad no es algo a lo que debí dar tanta importancia, el punto al que quiero llegar, es que la imagen ha sido utilizada históricamente en México para “inspirar” primero, la Guerra de Independencia a manos de Hidalgo quien por cierto no creía en la virginidad de María de acuerdo a documentos históricos; y luego en la Revolución Mexicana por parte de Emiliano Zapata quien consiguió un numeroso ejército de campesinos, que con un arma en sus manos se convirtieron en violadores, saqueadores, etc. El uso de este símbolo provocó el derramamiento de sangre de miles, que no vieron una mejora en sus condiciones de vida cuando esas guerras terminaron. ¿Cómo impulsas un movimiento revolucionario con un símbolo que representa la ignorancia de la derecha?, ah, pues de tal forma que mantengas a la derecha en el poder, gane quien gane. Voy a citar a un amigo que comúnmente dice: “al mexicano dale cerveza, fútbol y virgen de guadalupe y lo mantienes controlado”. Para mi, lejos de ser un símbolo de inspiración revolucionaria, me parece el símbolo más significativo de la esperanza del mexicano, de que ante los problemas graves lo que se requiere son milagros.
Malos pensamientos.
Durante la primaria estuve en un lugar de oscuridad llamado “Constancia y Trabajo”. En este sitio la tortura mental y física era cosa de todos los días, podías ver a niños hincados en medio del patio central, bajo el sol, con las manos en alto sosteniendo pesados libros. Platicar en clase o sacar mala calificación en algún examen implicaba necesariamente ser golpeado en la mano extendida con un metro de madera o con un borrador. La educación además era excesivamente católica, nos llevaban a misa cada viernes primero de mes, antes del cual nos hacían confesarnos (de manera obligatoria) con uno de dos padres, el que te regañaba o el que estaba literalmente dormido mientras hablabas. Yo tenía mi bloque de pecados “seguros”, los confesaba siempre para rellenar, porque aunque les cueste trabajo creerlo, yo era demasiado buen niño y realmente eran pocas las veces que necesitaba confesarme. Así que cada que me confesaba de manera obligada el script era: “Sinpecadoconcebida (respuesta a un ‘avemaríapurísima’)”, “hace un mes que no me confieso” (respuesta a ‘¿cuándo fue la última vez que te confesaste?)”. “Confieso padre que a veces (1.) no pongo atención en misa, (2.) tengo malos pensamientos y (3.) me enojo con mis papás”. Cabe señalar que a mi grupo (éramos el “A”) siempre nos tocaba el padre que se estaba durmiendo, entonces su respuesta invariable a mis pecados era “trs pahs nstros y trs avs mahias”. Entonces yo iba y me hincaba y empezaba a rezar devotamente. Pero un día, se enfermó este padre, quien ya era bastante viejo y nos tocó confesarnos a todos con el padre que regañaba. Recuerdo que todos los de mi grupo se acercaban asustados, y definitivamente no ayudaba mucho ver a los niños que salían llorando del cuarto que usaban como confesionario. Finalmente me tocó a mi, así que me acerqué y entegué mi paquete de pecados seguros. El padre se tomó un tiempo para responderme, éste era joven y tenía cara de malo. Me dijo “¿qué clase de malos pensamientos?” a lo cual respondí “pues ya sabe, cuando uno le desea malas cosas a otros”. “¿Pero no son pensamientos impuros?”. Cuando ocurrió esto yo estaba en cuarto de primaria, tendría unos 8 años, mi concepto de pensamientos impuros era por ejemplo, desear que mi papá se muriera cuando me obligaba a comer fruta o imaginarme golpear a algún compañero que me caía mal o ganarle una discusión a la maestra. Así que pensándolo un poco le dije “sí”. Alzando un poco el tono de voz me preguntó “¿te has masturbado?”. Y pues yo respondí “yo creo que no padre” pero ahora sí realmente nervioso. “¿Lo has hecho o no lo has hecho?”, “Padre, no sé qué es eso”. Entonces el padre abrió los ojos a su máxima capacidad y se dio cuenta que acababa de cometer un grave error. Me dijo que rezara un padre nuestro y un ave maría. Lo primero que hice después de rezar, como se han de imaginar, fue buscar “masturbación” en este pésimo diccionario que se llamaba “Sopeña”. Es de esos diccionarios en los que buscas por ejemplo, “castraltor” y te dice “el que castralta”. Te vas entonces a “castralta” y te dice “remancería”, te vas entonces a “remancería” y dice: “dícese del lugar donde trabaja el castraltor”. No recuerdo qué demonios decía en masturbación, creo que mis dudas fueron resueltas preguntando a amigos. La cuestión es que un año después yo ya me estaba masturbando, y lo único que decía en el confesionario era “Padre, he tenido malos pensamientos”.
Omnimpotencia divina.
Cuando tenía unos 5 o 6 años le pregunté a mi mamá un día: “si Dios lo sabe todo, ¿por qué puso a Adán y a Eva en el paraíso sabiendo que lo iban a traicionar?” En ese momento de mi vida veía como un gravísimo error que por culpa de una manzana (siempre he odiado las frutas) estuviéramos condenados a vivir en la tierra en vez del “Paraíso Terrenal”, lo que sea que eso significara. Mi mamá lo pensó por un momento y entonces dijo “hay muchas cosas que no podemos saber de la religión porque son misterios”. Así que desde muy temprana edad mi subconsciente se percató que contra la fe era imposible discutir.
Unos 10 años después, ya en la preparatoria, mi profesor de Lógica nos explicaba: “un amigo mío hizo una tesis muy interesante, que explica la omnipotencia divina”. “Resulta que efectivamente Dios no puede hacer una piedra que no pueda cargar, porque se crearía una paradoja, por lo tanto Su omnipotencia se limita a lo posible”. Después de ser católico toda mi infancia, durante la adolescencia comencé a cuestionarme muchas cosas respecto a la religión, cuando esta información llegó a mi, finalmente pude contestar la pregunta que hice a mi mamá. En ese momento llegué a la conclusión que si dios decide darte algo que conocemos como “libre albedrío” eso hace imposible, para él, para cualquiera dentro de nuestro contexto limitado, saber lo que va a ocurrir. Las nuevas creencias de destino (según he visto en varios amigos) se refieren a canales de decisión que te van a llevar a ciertas opciones contadas. En mi opinión la causas que no podemos determinar, al ser tantas, confluyen con los actos (causas) de los infinitos elementos de un entorno, de manera caótica (es decir, que no comprendemos); esto en Física se conoce como “Teoría del Caos” y a la vez provoca dos cosas, que efectivamente el “libre albedrío” es mucho más limitado de lo que se cree (por la dependencia de una inmensa causalidad) y que el destino, como es comúnmente conocido y como lo define la RAE “encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal”, es inexistente.
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