Archivos de la categoría ‘Cine’

El relativismo y su relación con la inacción

Acabo de estar en un par de eventos que disfruté mucho, uno fue un coloquio de complejidad y filosofía, y otro un cine debate al que voy cada jueves, y que esta vez trató del impacto ético y ecológico del consumo de carne. El denominador común, desde doctores hasta estudiantes de licenciatura en Filosofía fue un, probablemente inconsciente, relativismo.

Así como a lo largo del coloquio nos fue imposible encontrar la frontera, o el tipping point, de lo simple a lo complejo, no por escasez de esfuerzo, me parece que la comunidad filosófica de la que ahora soy parte en Guanajuato ha perdido completamente la línea entre la apertura y el relativismo.

Pero primero voy a diferenciar los conceptos de objetivismo de relativismo para tratar de ser muy claro. El objetivismo supone que es posible encontrar lo verdadero independientemente de la opinión de las personas, en ese sentido, lo que pretende el método científico, es hacer de la ciencia algo objetivo. El relativismo supone o que el que la verdad sea inalcanzable hace igualmente válida la opinión de cualquier persona o que no existe tal cosa como la verdad o un mejor camino, por lo que cada individuo (o cultura) debe vivir acorde a su propia “verdad”.

No es la intención de este artículo abrir la discusión en ese punto sin antes explicar las implicaciones morales de ambas posturas. El objetivismo moral, entonces, asume que hay actos buenos y malos independientemente de la opinión del agente, mientras que el relativismo moral, que se divide en dos tipos, señala que lo que está bien o mal lo define cada individuo (relativismo moral individual) o cada cultura (relativismo moral cultural).

Para ejemplificarlo, utilizaré un extracto del debate en el que participé el jueves pasado. Se nos presentó una película que criticaba el consumo de los alimentos de origen animal. Cuando termina la película, la primer ronda de opiniones, va más o menos por la siguiente línea:
“es terrible lo que la industria ha provocado, antes en las granjas, la gente no era tan cruel con los animales cuando los mataba y vivían de manera sostenible con la naturaleza”
“no podemos dejar fuera las razones culturales por las que comemos carne, desde ir a los tacos hasta hacer una reunión con carne asada”
“el contexto consumista y la necesidad de reducir costos daña la integridad (sic) de los animales y hace un enorme daño ecológico”
“considero que si bien el consumo de carne es un problema, dejar de hacerlo nos llevaría a otros problemas, como los transgénicos”
“creo que el vegetarianismo ya se volvió una postura postmodernista, con esta ola new age, y ahora las empresas se aprovechan de eso para hacer más dinero”
“es más caro vivir como vegetariano, ¿qué pasa con la gente que no tiene los recursos?”
“tú puedes ser vegano ahora, pero, ¿y todo el tiempo que fuiste carnívoro?, ¿tus zapatos son de cuero?”
“ser omnívoro es una decisión personal que refleja mi relación individual con el entorno, así como todo lo demás que hago”

Intervine, genuinamente avergonzado, explicando primero que no encontraba una mayor incongruencia en mi vida que el no ser capaz todavía de volverme vegano. Expliqué que había dos hechos innegables: primero, que consumir carne era inmoral debido a que cada que lo hacíamos intercambiábamos el dolor de un ser por el placer propio; segundo, que los estudios más recientes responsabilizan a la industria de la ganadería como la segunda causa del calentamiento global. Y sí, lo dije, que esos dos puntos no son discutibles y  eliminaban el subjetivismo excesivo en el que estaba cayendo el debate.
Las reacciones fueron variadas, la que menos me preocupó fue aquella que me llamó exagerado, porque no llevó de la mano ninguna argumentación. La que más me preocupó fue de una persona que en el escaso tiempo que llevo de conocerla se ha ganado mi respeto no sólo por su inteligencia sino por su sensatez. Su discurso decía más o menos lo siguiente: “No podemos ser tan tajantes ni dogmáticos, es conocido en filosofía que la lógica propositiva no es la forma adecuada de llegar a conclusiones porque no garantiza la verdad de las premisas, no podemos ser tan matemáticos descalificando todas las opiniones, y por supuesto que todo es discutible”.

Mi respuesta fue: “De acuerdo, todo es discutible, hoy se sigue discutiendo si el calentemiento global es causado por los humanos, es discutible si algunas mujeres de medio oriente deben ser lapidadas por haber visitado al ginecólogo, pero lo que debemos entender, es que vivir eternamente en la discusión sin tomar una postura firme nos lleva a la inacción colectiva, si no somos capaces de ponernos de acuerdo entre qué es lo correcto y lo incorrecto, no de manera dogmática sino como verdad temporal hasta que es desbancada por una nueva verdad, será imposible generar los programas, los proyectos, las políticas públicas para cambiar las cosas, si algo compartimos todos los que asistimos a este cinedebate es la percepción de que las cosas no están bien, que se requiere un cambio”.

Ante esto, no hubo una respuesta relevante. Es decir, se habló de las maneras, del respeto, de la tolerancia. Pero en mi opinión, hay una enorme diferencia entre eso y el relativismo individual en el que estamos cayendo.

No quiero ser malinterpretado como que hoy el quehacer filosófico es sumamente relevante en la realidad humana. Tristemente no lo creo, pero mi razón de vida para estar acá es tratar de cambiarlo. Y es que lo que sí creo, es que el lugar conceptual que ocupa la filosofía en la estructura del conocimiento humano, la responsabiliza de encontrar cada vez mejores maneras de entender la realidad. Y de ninguna manera quiero decir que no sea una responsabilidad también de, por ejemplo, la física, pero es a la filosofía y a sus ramas a quienes les ha tocado históricamente hacer esta labor transdisciplinaria de darle a cada una de las áreas la orientación respecto a qué metalíneas (si se me permite la expresión) de investigación son no sólo interesantes, sino las más relevantes. Yo no tengo duda que estamos en una crisis, y en mi opinión es la más grande a la que se ha enfrentado la especie humana, lo cual hace urgente que la filosofía retome e instrumente esa responsabilidad.

Mi preocupación del relativismo durante el debate no fue tanta, hasta que ví durante el coloquio que el mismo patrón había alcanzado también a mucha gente con doctorado, de distintas partes del país. No es la importancia individualista que yo le dé a un título académico, sino la influencia muy diferente que el sistema permite a estas personas en comparación con la que permite a los estudiantes de una licenciatura. Salvo escasas excepciones, el conocimiento y la brillantez mostrada durante el coloquio son dignos de resaltar, pero el ser tan ceremoniosos, el despliegue de egos y la indudable necesidad de networking con la finalidad de obtener presupuestos para sus distintos proyectos, son en mi opinión las principales causas de que en ninguna de las mesas en las que estuve presente haya sido posible cerrar los diferentes huecos que se abrieron llegando a conclusiones que hayan estado “listas” para de ahí generar planes tácticos. Y conste que no creo que esto se deba a lo abstracto del tema, porque ya en las mesas se habló de innovación, del método científico, de la tecnología, del papel actual de la epistemología, de los sistemas complejos, de la simulación, en fin, de temas que realmente pudieron ser aterrizados en agendas de trabajo. Cuando un doctor preguntó por la utilidad de la lógica difusa para el análisis de sistemas complejos, como los sociales, la respuesta fue negativa y… difusa; cuando pregunté por la posible efectividad del diseño de mecanismos, el conferencista “magistral” no estaba familiarizado con el tema, pero al menos le pareció interesante y dijo que leerá al respecto. Que conste que no estoy criticando el desconocimiento del conferencista, ya quisiera saber lo que sabe, es un doctor en física y fue muy enriquecedor que el coloquio fuera interdisciplinario, lo que digo es que las personas preocupadas por estos temas no parecen estar en contacto con teorías que tengan finalidades prácticas en la modificación de la realidad tangible. Sólo un plan táctico fue mencionado… a ver si les parece tan gracioso como a mí: una agenda de trabajo para la definición de temas que permitan crear una filosofía formal de la complejidad. Mastubación mental diría mi exjefe. A esa propuesta le siguió subirla a la red de CONACYT para acceder a recursos necesarios, “por si es necesario discutir algunos puntos en persona, ya saben, nosotros estamos en el DF”, creo que les gustó Guanajuato, más aún en Cervantino.

En resumen, eso provoca el relativismo, la inacción, o como en este caso, inacciones disfrazadas de acciones. Eternos debates. Y es que tomar una postura significa tomar riesgos y enfrentarnos a nuestra congruencia, pensar que todo es posible es mucho más cómodo y, en mi opinión, tiene un papel protagónico en la situación que enfrenta la humanidad.

The Zeitgeist Movement.

Hace varias semanas escribí un post llamado diálogos, como resultado de una visión que tuve hace varios meses. Dicha visión tenía qué ver con un concepto que me pareció extremadamente poderoso: “todos somos uno”.

A pesar de que la visión me llegó con una certeza sin precedentes, a diferencia de lo que estoy acostumbrado, no encontré los suficientes argumentos lógicos para respaldar dicha visión.

Generalmente recurro a diálogos internos para llegar a conclusiones, y aún cuando cargo con argumentos que me parecen bastante sólidos, es difícil encontrar tal sensación de certeza.

Esto puede significar nada para cualquier lector, sin embargo trato de transmitir el gran impacto que tuvo la idea en mi interior.

Es entonces que decidí crear una serie de artículos llamados diálogos para enfrentar a mis argumentos, ir llenando huecos y terminar con una conclusión mejor fundada.

Escribí la segunda parte y por cuestiones de insatisfacción en el estilo no lo he publicado, sin embargo hoy tuve la grata sorpresa de ver un documental llamado Zeitgeist: Addendum.

No pude sentirme menos que profundamente conmovido al ver reflejada con precisión clínica la idea de religión que quise plantear a través de mis diálogos.

Y la razón es que al no encontrar todos los argumentos, todo queda perfectamente acomodado para pensar en una religión, porque los huecos, mientras no son resueltos con argumentación, son resueltos con algo que hoy conocemos como fe.

El documental de Zeitgeist, por otro lado, al tener una clara postura hacia la palabra religión y todo lo que representa, acude a una forma diferente de engaño. Y vaya que me duele escribir esa palabra y mezclarla con el movimiento.

El engaño del documental radica en deliberadamente no llenar los huecos, sesgar cierta información y muy posiblemente provocar una polarización de puntos de vista.

Maravilloso en cualquier caso, imposible en estos temas no polarizar, entiendo y justifico si cualquier información fue sesgada (si esto ayuda a llegar a una masa crítica menos informada) y si muchos de los evidentes huecos se le dejan al futuro del movimiento. Excelente que arrancaron y le dieron ese mensaje al mundo.

Si son capaces de ignorar estas imperfecciones y llegan a la segunda mitad del documental, me parece encontrarán un mensaje extremadamente valioso.

Los invito a verlo.

http://www.zeitgeistmovie.com/add_spanish.htm

Hoy…

Hoy es un día excepcional, no magnífico, sólo diferente. Hoy el lenguaje poético toma completo sentido en mi consciente. Los silogismos se vuelven meros juegos de palabras, mis principios se vuelven secundarios y lo ornamental se transforma en un metalenguaje.

Hoy me doy cuenta que llevo más de una década siendo insignificante porque no he cargado con mi significado, y no me refiero a una definición, porque hoy no soy un concepto, quizás lo sea para los dioses o los multiversos pero hoy no para los sociólogos, los filósofos ni los políticos, es muy posible que mañana lo sea, pero hoy no.

Porque hoy poseo la verdad y es esperanzadora, y es por lo mismo patética, hoy tengo a la verdad de la misma manera que tengo a mi televisión, en un mundo que va cínicamente en sentido contrario, mi televisión me posee tanto como mi verdad.

Y es que hoy lo inexplicable es preciso y lo abstracto es claro, como el ruido es relajante y el murmullo intolerable.

Hoy mis respuestas son sensaciones y no explicaciones, son recuerdos vividos no conceptos leídos, hoy no concibo lo abstracto, hoy soy una secreción de lo abstracto en sí mismo.

Hoy vivo más en el pasado que en un presente escurridizo y escencialmente inexistente, hoy es más real el recuerdo inventado y el sueño provocado y el trance alucinado que el latir de mis entrañas ante mi paso acelerado por el parque.

Hoy sé lo que digo y presiento que mañana no sabré a qué demonios me refería. Me quedo con eso, no voy a dejarme pistas, hoy no voy a justificarme, hoy me permitiré escupirlo.

Hoy me quitaré por un momento la armadura y la colgaré lo más lejos que pueda, con la ilusión de mañana olvidar ponerla en su lugar, de mañana sentirme ligero y fluir. Que de una vez por todas me deje de pelear conmigo mismo.

Hoy estoy en trance y el arte es mi lenguaje nativo, hoy entiendo por qué Lynch prefiere no explicar su obra, visualizo claramente que Jodorowsky es coloquial, que Baudelaire es mi más precisa definición de poesía y que Borges es el humano más brillante que ha pasado por mi juicio. Hoy cualquier pensador, científico o tecnócrata me parece sutilmente inexistente si en su vida fue incapaz de rozar el arte.

Hoy “sutilmente inexistente” es la más grande ofensa que puedo concebir. Pero hoy la ofensa no pretende ofender sino inspirar.

Hoy entiendo finalmente que la inspiración no construye al artista, que las musas son mitológicas, que lo requerido es dominar ese metalenguaje y luego ser capaz de traducirlo a algún idioma con la técnica que más le acomode al intérprete para que apenas con un ápice de entendimiento los espectadores insignificantes pongamos una pieza más en nuestro rompecabezas.

Hoy parece que la imagen de mi rompecabezas es un sinsentido inherente a la vida porque sólo entiendo más en la medida que acepto mi ignorancia.

Cobrador: In god we trust.

Estoy en Guadalajara, es el XXIII Festival Internacional de Cine de Guadalajara, y acabo de salir de una película cuyo nombre es el mismo que el de este post.

No es una película sencilla de ver, ni sencilla de entender, detalle que en mi opinión es una pista fundamental para diferenciar el cine de arte del comercial.

La película tiene muchos detalles que merecen ser resaltados, el primero de ellos es cómo transmite que es una producción multinacional, porque ves una parte en Estados Unidos y realmente crees que es producción norteamericana, ves la parte de México y te recuerda elementos de cierto cine mexicano , la parte brasileña igual, me recordó Carandiru y Cidade de Deus; incluso el pequeño segmento argentino. Hubo una secuencia que me recordó la cinematografía de El Padrino, y luego entendí que cobrar un adeudo con la vida embona perfectamente en un contexto de mafia siciliana.

Esta mezcla de culturas cinematográficas es algo que no había visto antes, sin mucho esfuerzo uno podría imaginar que fueron cuatro directores diferentes que fusionaron sus visiones en una línea de historia entrecortada, pero lo que parece más obvio al final es que se trata de un director que conoce a profundidad qué cine se ha estado haciendo en estos países, cómo en estas culturas muy diversas se aborda el mismo problema y cómo los seres humanos más allá de tener una nacionalidad estamos comenzando a asumirnos de una misma especie, la especie humana que en el contexto de la película se divide en tres grupos: los que debemos, a quienes les debemos, y los cobradores. Luego te enteras que el director es Paul Leduc (y lees de él, al menos eso hice yo) y queda perfectamente claro que haya conseguido contar exitosamente una historia como esta con escasas palabras (ni una sola del protagonista) pero con imágenes poderosas. Es sin duda una historia que se pudo haber contado en fotografía.

Habemos ciudadanos privilegiados que tenemos un adeudo que nunca pagamos con los ciudadanos de segunda clase, y hay cobradores que son la mayor preocupación de los endeudados. Los cobradores son sin duda los más interesantes de la especie, son quienes mejor entienden el sistema y no temen pasar por encima de él. Son una especie de iluminados pero no necesariamente sabios, decadentes sin ser nihilistas, son hedonistas pero nunca consumidores. Son quienes mejor entienden a la naturaleza, quienes mejor pueden sentirla e imitarla, pero reconocen su humanidad bizarra y destructiva, y son capaces de dormir con ello.

Se saben eternos y es posible que por eso sean el grupo más valiente de la especie. Se saben animales y eso permite que no haya vergüenza o arrepentimiento en sus actos. Se saben libres sin ignorar que están limitados, pero les cuesta trabajo comprender cómo el resto de la especie decidimos, a veces hasta racionalmente ser muchísimo más limitados. Trabajar todos los días en construir nuestras barreras. Poner todo nuestro empeño en levantar el polvo necesario para nublar constantemente nuestra visión. Encontrar el mayor placer en actos que directamente erosionan nuestra inteligencia. Son seguramente los cobradores quienes mejor pueden entender el arte, el abstracto; pero “están podridos de que les hablen en abstracto”.

El concepto de venganza, de revancha, se queda corto para explicar los cobros. Dos males no hacen un bien, la ley del Talión sólo hace interminable la cadena de daño, es imposible entender qué es justo, es la teoría del caos.

El concepto de cobro está mucho más relacionado con el desahogo psicosocial, no te destruyo por lo que me hiciste, te destruyo porque es lo que necesito para sentir que vale la pena seguir con vida.

Si este contexto lo aislamos lo podríamos definir como maldad pura. Pero lo cierto es que no es otra cosa que un dilema moral. No disfrutan con el dolor, no son torturadores, pero definitivamente no sienten un respeto especial por la vida humana, incluyendo la suya propia. Porque para ellos sólo es cómodo destruir a los deudores, por eso son cobradores; pero el rol con sus clientes, todos aquellos a quienes debemos, es dar lo mejor de sí para sembrarles felicidad. Y eso los hace seres sumamente empáticos.

Si aislamos el concepto de buscar hacer feliz a quien lleva una vida miserable, lo podríamos definir como bondad pura. Esto transmite que sin duda, los cobradores están, literalmente, más allá del bien y del mal. Son jueces de lo evidente, pero no pueden ser evidentemente juzgados.

Recomiendo ampliamente esta película si quieren sentirse cuestionados. Si les molesta ser cuestionados, es posible que les parezca aburrida, es el mecanismo de defensa más común.

De Jodorowsky a Aronofsky.

Así como el año pasado mi película favorita fue Babel y representó (obviamente desde mi punto de vista) la consolidación del cine de este subgénero de las historias separadas en espacio y/o tiempo y que de alguna manera se conectan; este año, bueno, específicamente, esta semana, me ha tocado ver dos películas que parece que traen de regreso el cine surrealista.

Jodorowsky en El Topo hace un esfuerzo extraordinario por disparar decenas de mensajes diferentes a la audiencia, olvidándose de sutilezas, de manera ecléctica y saturada de escenas punzantes para agitar a las mentes más frías y calculadoras. Jodorowsky representa para mí, en el cine, el extremo del surrealismo, siendo el centro posiblemente Buñuel. Aronofsky estaría en el extremo contrario. Hace pocos días vi The Fountain esperando ver algo de la calidad de Requiem for a Dream. Son películas muy diferentes, en The Fountain mantiene la calidad visual de Requiem (aunque sin la misma calidad de música), pero es una historia que se preocupa por asuntos de mayor profundidad.

El surrealismo es claro y a la vez sutil, la historia es contada de manera ingeniosa de tal suerte que toma de los hombros al protagonista y lo agita violentamente inyectando de manera precisa el mensaje en la mente del espectador más distraído, un mensaje de vida eterna, sin pretender que esto suene evangélico, aunque si algo tienen en común El Topo y The Fountain es la referencia continua al budismo Zen.

Bueno, pues cuando la vi sólo pensé que quién mejor que Aronofsky para hablar en un idioma surrealista contemporáneo (que parecía monopolizado por David Lynch), mayor fue mi sorpresa cuando vi, con mucho menor expectativa Stranger than Fiction.

Hay varias formas de contar el humor negro en cine, está por ejemplo el humor inglés como en Snatch, el humor negro hollywoodense como en Very Bad Things, el humor negro de terror como en Dawn of the DeadShaun of the Dead es humor inglés burlándose de ella, muy recomendable). Pues lo que vi en Stranger than Fiction fue humor negro de muy buena calidad contado de manera surrealista. (

Con un muy buen reparto que incluye a Dustin Huffman, Emma Thompson, Will Ferrell (sí, el de SNL, pero tambíen el de Melinda and Melinda) y Maggie Gyllenhaal, entre otros; Marc Forster dirige una historia sumamente creativa que al final decae por la gran promesa incumplida, el argumento hasta tres cuartos de la película genera tal expectativa que me parece era imposible cumplir bajo ese contexto.

La agradable sorpresa fueron las excelentes actuaciones, de nuevo el excelente mensaje (que por cierto se relaciona también con la muerte) y los sentimientos que transmite al espectador. Y como cereza del pastel (o del helado, lo que les guste más) algunas críticas sutiles al cine comercial que me generaron muchas sonrisas.

Muy recomendables las dos, ansío ver la película que en tres o cuatro años consolide esta tendencia de regreso al surrealismo que parece ir a la alza, si es que tengo razón.

Personas morales light.

Hace algunos años, cuando visitaba a un amigo en Guadalajara, una actividad que invariablemente hacíamos era visitar la librería Gandhi, ya que en mi ciudad no había. Pasábamos un par de horas, yo siempre como niño en dulcería, no sólo por los libros, sino por las películas. Hace algunos meses cambié mi ciudad de residencia justo cuando llegó la Gandhi a ella. Afortunadamente en la ciudad en que vivo ahora, también hay y el fin de semana pasado fui con otro amigo.

Mi primer decisión de compra, y sencilla, fue Shichinin No Samurai, porque es un clásico y siempre la había visto mucho más cara de lo que la conseguí. Mi segunda decisión fue The Corporation, un documental que anunciaba falsamente ser de Michael Moore y que me decepcionó mucho. Mi tercer decisión fue, Wilbur Wants to Kill Himself, una comedia negra/drama muy interesante que vi hace mucho en un festival de cine. Además mi amigo llevó Acid House, basada en una novela del mismo escritor de Trainspotting; y Dune de David Lynch (interesantísima por cierto), ya se imaginarán nuestro productivo fin de semana.

The Corporation es un documental que critica severamente a las grandes empresas. El planteamiento es; hace ya muchos años que a estas empresas se les dió el papel legal de “personas”, por ejemplo en México las conocemos como “personas morales“. De manera creativa en comparación al desarrollo general (nefasto), comienzan a desarrollar un perfil psicológico de ciertas corporaciones, partiendo de que son “personas”. Las encuentran irresponsables, mentirosas, con problemas para comprometerse, excesivamente ambiciosas y hasta genocidas.

Creo que, al analizar sólo una cara de la moneda, en prácticamente cualquier tema, sólo vas a encontrar cosas que favorezcan el sentido de tu búsqueda. Pero vamos a pensar en algún “avatar del bien” que sea difícil de encontrarle un aspecto negativo… digamos un monje Zen.

Ahora digamos que partiendo de que las corporaciones son personas, las convirtiéramos a todas ellas en monjes Zen… no tendríamos algo llamado mercado, ni algo llamado tecnología, ni algo llamado empresa por principio de cuentas… el concepto de economía sería algo medio surreal también.

¿Es posible remontar nuestra cotidianidad a un entorno en que el poder esté en manos de monjes Zen? no, difícilmente se me puede ocurrir algo más utópico. Si mañana todos despertáramos en el sendero de la iluminación encontrando la felicidad efímera y eterna al mismo tiempo en cada una de nuestras limitantes haciéndolas desaparecer a su vez, sería maravilloso, pero tenemos el impedimento cultural de cientos de generaciones que han optado por la ambición y el desarollo primero individual, luego de sus seres queridos y finalmente de su versión limitada de “comunidad”.

¿Significa que está mal? en absoluto, porque es el camino realista, desgraciadamente termina obligándonos a competir, y al final el problema que percibo es la incapacidad de muchos de encontrar un límite satisfactor.

Hace ya varios años fui a dar una plática a un campus del Tec de Monterrey, a algunos alumnos de preparatoria que estaban a punto de vivir la experiencia del servicio social. Un amigo (quien por cierto es teólogo y nos aventábamos unas discusiones de religión muy interesantes) me pidió que les platicara de la “cultura light”, ya que los veía muy desmotivados respecto al servicio social y él lo estaba coordinando.

Mi estrategia fue repartir a algunos de ellos (a 54, con jokers) un mazo de cartas inglesas. No les expliqué en un inicio para qué eran y les comencé a hablar de lo que podía significar el servicio social, les expliqué que la “cultura light” era un comportamiento superficial y desinteresado que limitaba el desarrollo personal. Los invité a hablar en cualquier momento y les decía “muéstrame qué carta te tocó”, “una reina”, “ah muy bien, imagínense que como la compañera tiene una reina puede opinar, pero que quienes tuvieran algo menor al Jack no pudieran”. A la mayoría no les gustó la idea por supuesto y entonces les expliqué que en realidad así es como funcionaba el mundo. Les dije que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que con el sólo hecho de estudiar preparatoria, en una escuela como el Tec de Monterrey, significaba que al nacer les había tocado algo así como un Rey. Con el tono más fresa que he oído en mi vida, un muchacho me preguntó “¿y tenemos la culpa de haber nacido con un Rey?, ¿somos malos por eso?”. Le expliqué que por supuesto no, pero que la “cultura light” podía provocar que su visión se redujera a dos números, el Rey y el As, y que prácticas como el servicio social podían extender su visión hacia el resto de las cartas, y que tener una visión más amplia era fundamental para desarrollarnos más integralmente.

Poco a poco hubo más apertura y empezaron a entender el concepto. La vida en general y la Microeconomía en particular pueden resultar extremadamente complejos, el sistema socialista ha requerido ser opresor para desarrollarse, y poco a poco han ido cayendo al capitalismo los países de raíces comunistas. El capitalismo, como lo conocemos, difícilmente será eternamente sostenible porque la excesiva riqueza de pocos tiene un reflejo en la extrema pobreza de muchos. Todos los humanos somos iguales en términos de concepto, pero la verdad es que pocos tenemos mucho más oportunidades que la mayoría. ¿Cuál es entonces la tercer vía?, sentarnos a criticar a las corporaciones sin hacer una propuesta no lo es, criticar la opresión del socialismo, del fascismo y hasta del absolutismo, tampoco resuelve nada.

La verdadera tercera vía (en términos históricos ya estamos viviendo una) tendría qué ser promovida por la gente que tiene el poder para que pueda surtir efecto, pero ellos están siendo directamente beneficiados por el esquema actual, difícilmente querrán un cambio verdaderamente significativo. La única respuesta viable parece entonces que debe venir de aquellos que aún no hemos sido corruptos por el poder (o por la cultura o por lo que sea) y que de alguna manera podríamos acceder a él. Pareciera que entonces todos los que no hemos optado por ser parte de la “cultura light” tenemos una responsabilidad latente, que casi siempre hacemos a un lado porque ya tenemos suficientes cosas en qué pensar respecto a nuestra propia vida. Si decidimos no incidir deberemos esperar a ver cómo lo resuelve alguien más o cómo llega a ser insostenible (qué efectos sociales arrastrará).

An inconvenient truth.

La semana pasada vi en el cine, después de la recomendación de un amigo, un documental que se llama An Inconvenient Truth.

Al Gore, ex-vicepresidente de Estados Unidos tiene varios años siendo tal vez el más famoso activista que ha advertido al mundo respecto al calentamiento global y su relación directa con el cambio climático. No tengo, por supuesto, el conocimiento científico necesario para respaldar lo que se dice en el documental, pero puedo decir, con toda seguridad, que lo que se plantea parece bastante creíble y temible. El que sea creíble nos debiera dar una razón para sentarnos a leer al respecto, hasta que tengamos una idea más clara de si es cierto. El que sea temible nos debiera hacer actuar inmediatamente. Bien, esto era justamente lo que esperaba de la película antes de entrar al cine, sin embargo, hubo un aspecto que no consideré previamente.

Al Gore propone una serie de medidas, desde reformas a la política ambiental hasta pequeñas modificaciones en los hábitos personales. Lo que no había considerado es que en realidad todos esos cambios significan a mayor o menor nivel una optimización de las actuales prácticas, que en general tienen beneficios independientes además del esfuerzo por desacelerar y hasta frenar el calentamiento global. Y llego a la conclusión de que las personas estamos acostumbradas a que nos asusten de alguna forma para ser mejores, para optimizarnos, para alinearnos. Algo que desde hace mucho he platicado con varios amigos es el patrón de la mayoría de las personas de no ser buenas en su trabajo, no he tenido experiencias laborales en el extranjero, pero en México tengo la perspectiva clara de que la mayoría de los empleados tratan de realizar el mínimo esfuerzo necesario para seguir recibiendo su cheque. En esa recepción del cheque es donde se fincan mecanismos de coerción, de generación de temor para hacer las cosas. No nos optimizamos porque es lo correcto, sino para evitar consecuencias nefastas.

Otro amigo me platicó hace poco, que discutía con otra persona que el mejor ejemplo de alineación ocurría con la religión. Parte de que las personas realmente se “ponen la camiseta”, tienen una visión compartida y el empuje para realizar actividades que no necesariamente les dan un beneficio a corto plazo (como un sueldo), sino una visión superior a largo plazo (el paraíso). Después me explica que con el fútbol llega a ocurrir lo mismo, los aficionados a un equipo se alinean, llenan estadios, se ponen literalmente la camiseta, luchan literalmente por su equipo. Mi respuesta fue “¿estamos hablando de fanatismo?”.

Como mencioné anteriormente, estoy leyendo The End of Faith de Sam Harris. El hombre se esfuerza realmente por llenar un libro de fundamentos filosóficos, psicológicos, sociológicos, históricos, científicos (“ciencias duras“), para no tener una fe religiosa. Al Gore se esfuerza realmente por gritarle al mundo que abran los ojos respecto al calentamiento global. Tanto Sam Harris como Al Gore buscan un cambio que optimice el comportamiento y la vida de las personas; cuando Al Gore habla del apocalipsis que vivirán nuestros hijos por el cambio climático y el derretimiento de los polos, y Sam Harris demuestra que la mayoría de las guerras y genocidios han sido a causa de la fe religiosa; están buscando un cambio positivo para la humanidad, independientemente de que haya un apocalipsis o que las próximas guerras vayan a tener motivos religiosos. La razón para el cambio, la razón para la alineación y la optimización no debieran ser factores de miedo. Es el miedo lo que me ha hecho tomar las peores decisiones.

La razón que debiera bastar para el cambio, es nuestro crecimiento como personas, para provocar a su vez y con el valor agregado que sólo ofrece la sinergia, un crecimiento social.

La Torre de Borat.

Hace poco vi Borat y recordé un efecto que he tenido con otras películas. Resulta que empiezo a verla y digo “es genial”, me transmite no sólo lo que visualmente ocurre, no únicamente lo creativo de la idea o de la historia, hay una sensación de placer adicional que me hace pensar, sin poder explicarlo, que “es arte”. Hay una minoría de películas que me lo transmiten todo el tiempo, y con mayor intensidad si las veo en el cine, el último ejemplo que tengo es Babel. El sentido de la genialidad de Borat era la crítica a los paradigmas, particularmente en las sociedades capitalistas y específicamente la cultura del estadounidense. Sin embargo llega a un punto en que para mi gusto (posiblemente tocó a mis propios paradigmas) sobrepasa la profundidad de una crítica y se convierte en humor bizarro y tonto a la vez, sin mayor propuesta. Hace mucho que no me reía tanto con una película, y la idea original me parece una genialidad, pero en mi opinión hubo varias escenas que por su escasísima estética visual me sacaron completamente del contexto placentero en el que me había hundido. Algo similar me pasó con From Hell, la primera mitad me pareció excepcional, la segunda mitad parece escrita por un guionista diferente, de tal manera que al final queda un sabor que no sobrepasa al de “otra película mediocre”.

En el caso de Babel, me preguntó un amigo por qué me había gustado. Independientemente de los elementos visuales y de sonido que me parecen geniales, me transmite eso que me hace distinguir arte de una película para pasar un buen momento. Por ejemplo Crash me pareció genial (en este mismo contexto de historias separadas que de alguna manera se conectan, creo que la mamá de este género es Pulp Fiction), pero no me dió ese extra que me ofreció Babel. Amores Perros me gustó mucho y es una película que puedo ver cualquier cantidad de veces, luego 21 Grams me parece que visual y sonoramente tiene muchas mejoras respecto a Amores Perros, pero la historia no tiene la cohesión para mantener al espectador atento a los detalles durante las dos horas. Babel combina (y además supera) la profundidad de las historias de Amores Perros, con la calidad cinematográfica de 21 Grams. Las comparo directamente porque es la trilogía González Iñárritu/Arriaga.

La historia de Babel trata de los problemas de comunicación, parece obvio por el título, pero es tan sutil en la historia que estoy seguro que mucha gente no se percata. Es una película de malos resultados de buenas intenciones. Los humanos no solamente hablamos diferentes lenguas, también hablamos diferentes culturas, diferentes paradigmas. Nuestros contextos y traumas llegan a ser tan diferentes, que un rifle de cacería puede llegar sin mala intención a las manos de un niño marroquí que por lo que le ha tocado vivir, se enfrenta a una adolescencia prematura (valga la expresión) y sin mala intención dispara para mantener el respeto de su hermano; una mujer norteamericana casi muere y se califica internacionalmente de terrorismo. Una sordomuda no encuentra los elementos de comunicación para satisfacer su necesidad de contacto físico, por el suicidio de su madre. Algunos niños mexicanos pueden disfrutar que maten a una gallina, le corten la cabeza y el cuerpo siga caminando; para un niño estadounidense puede ser una pesadilla surrealista.

Borat, finalmente se burla de estos problemas de comunicación, pero se queda en una crítica barata que no parece profundizar por ninguna vía. Para mi sorpresa y desencanto, ambas están calificadas igual, 7.8 en la International Movie Database que es donde generalmente me ayudo a tomar decisiones respecto a qué debo ver en el cine. Por cierto Amores Perros y Crash (y por supuesto Pulp Fiction), están en el Top 250.

El Topo.

Ayer vi, después de una larga espera, una película de Jodorowsky. El Topo fue la segunda que dirigió, la que más le han aclamado, dicen que John Lennon alguna vez declaró que era su película favorita, y gracias a él y a Yoko Ono se pudo distribuir en E.U.;  mi escaso conocimiento de cine surrealista se ha visto reducido a una decena de películas de Buñuel y David Lynch, por lo que El Topo me pareció una radicalización del surrealismo. Por supuesto no lo digo peyorativamente, la película significó tanto y más de lo que esperaba, con excesivo simbolismo y una fotografía impresionante, me envió más mensajes ella sola que el conjunto de películas surrealistas que había visto. Mi película surrealista favorita es Le Fantôme de la Liberté de Buñuel, que de una manera por demás fina, hace una profunda crítica a la sociedad burguesa. El Topo no es fina, es descarada, sucia, sangrienta, pervertida (es de las pocas películas no pornográficas que presentan escenas sexuales reales), además la edición de sonido es terrible e inmediatamente te percatas de los pocos verdaderos actores que participan; Buñuel se enfocó en un tema y lo desarrolló con genialidad cinematográfica y Jodorowsky se esforzó por abarcar todos los temas posibles, el desarrollo cinematográfico se hizo en un contexto por demás experimental; un ejemplo es Mara Lorenzio, quien actuó el principal rol femenino (un personaje que también se llama Mara), dicen que un día lo visitó porque se “malviajó” con LSD (Jodorowsky es terapeuta alternativo en Psicología, con influencias Lacanianas -psicoanalíticas-, el propio Erich Fromm -famoso psicólogo, crítico de Freud- le mandaba a sus alumnos de la UNAM) y después de ayudarla le dijo “serás la principal actriz de mi película”, después del rodaje no volvió a verla. En este entorno de “surrealismo mexicano”, donde lo que serían Samuráis para China son vaqueros y charros; los pobres cargan literalmente en su espalda a los burgueses, los líderes militares no son vistos como otra cosa que cerdos y el mal es representado por una sensual morena que jamás usa sostén. Creo además que los revólveres representan al ego en toda la película.

Es un filme extremadamente religioso, desde el punto que el orden de la historia pretende ser bíblico, (génesis, profetas, “psalmos“) critica profundamente la religión occidental (aunque le da un lugar de respeto a la verdadera fe), y hasta cierto punto enaltece a los maestros de la religión oriental, a quienes se enfrenta el Topo, intelectual y físicamente. Enmedio del inmenso entorno y simbolismo religioso, en el que incluye de manera por demás misógina (congruente con la biblia), el papel de la mujer como representante y literalmente amante del demonio (o del mal), causa de la perdición del hombre-dios; observa de cerca la voluntad y los vicios personales. Después que el hombre cae alcanza la inmortalidad y la iluminación. Esta caída representa al Antiguo Testamento, la iluminación al Nuevo. Critica tambén al poderoso capitalista, a la sociedad hipócrita de ultraderecha, no los califica de menos que asesinos y esclavizadores.

La recomiendo mucho, particularmente si desean hacer temblar sus propios paradigmas, aquellos de los que no se habían percatado que ahí seguían. Vayan con actitud receptiva, la película ha sido comparada con un “malviaje” alucinógeno, pero realmente no es necesario meterse algo para entenderle, al olvidarse de la sutileza, Jodorowsky consigue darles bastante claridad a sus múltiples mensajes.

Eutanasia.

No es personal.
Ayer vi la película Mar Adentro, así que la mayoría se imaginará el tema que quiero tratar. Me gustó mucho el argumento, la actuación de Javier Bardem y el extraordinario esfuerzo de la producción en abrir mentes a través del mensaje. Actualmente existen dos factores que limitan la práctica de la eutanasia, por un lado el factor legal, ya que en muchos países el suicidio es efectivamente un crimen de asesinato en primer grado. Seguramente al muerto no le preocupa esto, pero por ejemplo, la mayoría de los seguros de vida no cubren el suicidio. La situación que se presenta en Mar Adentro es diferente, ya que el protagonista está imposibilitado a mover un músculo que no sea de la cara, por lo que le es prácticamente imposible suicidarse. Ante esto sugiere que un médico se asegure de darle una muerte segura y sin dolor, una “muerte digna”; sin embargo las leyes de muchos países considerarían asesino al médico que lo hiciera. El segundo factor es el religioso, por ejemplo en la religión católica se cree que el cuerpo humano es “templo del Espíritu Santo”, en resumen, que nuestro cuerpo le pertenece a su dios, no a cada uno de nosotros. La cuestión es que al tener posesión, mas no propiedad de nuestro cuerpo, es un pecado mortal (sic) decidir la muerte (destrucción de propiedad ajena supongo). Un amigo me dijo hace mucho tiempo “la vida es un regalo, si el regalo no te gusta lo puedes tirar”, creo que tiene razón. El factor fundamental en términos legales, debiera ser la decisión, es decir, el estado no debe respaldar mi decisión de matar a alguien, siempre y cuando lo haga en contra de su voluntad, pero si esa persona decide morir, y lo hace constar con algún procedimiento que indique la ley, no encuentro justificación racional que debiera impedirlo. La cuestión religiosa es muy secundaria, ya que al no creer en el pecado no me preocupa decidir mi muerte, que los que están dentro del club se preocupen, sin embargo quiero señalar la hipocresía eclesiástica al sostener tal postura. La Inquisición es el ejemplo vulgar al que podemos acudir para señalar prácticamente cualquier incongruencia de la Iglesia, no me gustaría simplemente cuestionar el respeto por la vida de una institución que mató a miles, porque como sea Juan Pablo II tomó la sabia decisión de pedir perdón al respecto. Pero vamos entonces a analizar ciertas prácticas promovidas o respaldadas por la Iglesia. Cada año, por ahí de enero, por mi ciudad natal pasan miles de fieles que van a visitar a la “Virgen de San Juan”, se les denomina “sanjuaneros”, cada año sin excepción mueren algunos, sin mencionar los que deciden caminar con un nopal en la espalda. En general todas las prácticas relacionadas con autoflagelación que implican algunos “ejercicios espirituales” y practican una enorme cantidad de sacerdotes y creyentes, representan una total falta de respeto por un cuerpo que le pertenece a su dios. Lo fundamental es que es su decisión, al igual que la eutanasia, y es algo que debe estar respaldado por la ley, pero al mismo tiempo refleja la incongruencia e hipocresía de la Iglesia. Lo que siempre he pedido personalmente es, si algún día mi vida está en sus manos, si estoy sufriendo y es más probable que no sobreviva, si no puedo comunicarme y alguien puede hablar por mí, pidan para mi la eutanasia, y espero este post en ese futuro cercano o lejano pudiera ser un respaldo legal que refleje mi decisión y proteja a quien me ayude.

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.