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El relativismo y su relación con la inacción

Acabo de estar en un par de eventos que disfruté mucho, uno fue un coloquio de complejidad y filosofía, y otro un cine debate al que voy cada jueves, y que esta vez trató del impacto ético y ecológico del consumo de carne. El denominador común, desde doctores hasta estudiantes de licenciatura en Filosofía fue un, probablemente inconsciente, relativismo.

Así como a lo largo del coloquio nos fue imposible encontrar la frontera, o el tipping point, de lo simple a lo complejo, no por escasez de esfuerzo, me parece que la comunidad filosófica de la que ahora soy parte en Guanajuato ha perdido completamente la línea entre la apertura y el relativismo.

Pero primero voy a diferenciar los conceptos de objetivismo de relativismo para tratar de ser muy claro. El objetivismo supone que es posible encontrar lo verdadero independientemente de la opinión de las personas, en ese sentido, lo que pretende el método científico, es hacer de la ciencia algo objetivo. El relativismo supone o que el que la verdad sea inalcanzable hace igualmente válida la opinión de cualquier persona o que no existe tal cosa como la verdad o un mejor camino, por lo que cada individuo (o cultura) debe vivir acorde a su propia “verdad”.

No es la intención de este artículo abrir la discusión en ese punto sin antes explicar las implicaciones morales de ambas posturas. El objetivismo moral, entonces, asume que hay actos buenos y malos independientemente de la opinión del agente, mientras que el relativismo moral, que se divide en dos tipos, señala que lo que está bien o mal lo define cada individuo (relativismo moral individual) o cada cultura (relativismo moral cultural).

Para ejemplificarlo, utilizaré un extracto del debate en el que participé el jueves pasado. Se nos presentó una película que criticaba el consumo de los alimentos de origen animal. Cuando termina la película, la primer ronda de opiniones, va más o menos por la siguiente línea:
“es terrible lo que la industria ha provocado, antes en las granjas, la gente no era tan cruel con los animales cuando los mataba y vivían de manera sostenible con la naturaleza”
“no podemos dejar fuera las razones culturales por las que comemos carne, desde ir a los tacos hasta hacer una reunión con carne asada”
“el contexto consumista y la necesidad de reducir costos daña la integridad (sic) de los animales y hace un enorme daño ecológico”
“considero que si bien el consumo de carne es un problema, dejar de hacerlo nos llevaría a otros problemas, como los transgénicos”
“creo que el vegetarianismo ya se volvió una postura postmodernista, con esta ola new age, y ahora las empresas se aprovechan de eso para hacer más dinero”
“es más caro vivir como vegetariano, ¿qué pasa con la gente que no tiene los recursos?”
“tú puedes ser vegano ahora, pero, ¿y todo el tiempo que fuiste carnívoro?, ¿tus zapatos son de cuero?”
“ser omnívoro es una decisión personal que refleja mi relación individual con el entorno, así como todo lo demás que hago”

Intervine, genuinamente avergonzado, explicando primero que no encontraba una mayor incongruencia en mi vida que el no ser capaz todavía de volverme vegano. Expliqué que había dos hechos innegables: primero, que consumir carne era inmoral debido a que cada que lo hacíamos intercambiábamos el dolor de un ser por el placer propio; segundo, que los estudios más recientes responsabilizan a la industria de la ganadería como la segunda causa del calentamiento global. Y sí, lo dije, que esos dos puntos no son discutibles y  eliminaban el subjetivismo excesivo en el que estaba cayendo el debate.
Las reacciones fueron variadas, la que menos me preocupó fue aquella que me llamó exagerado, porque no llevó de la mano ninguna argumentación. La que más me preocupó fue de una persona que en el escaso tiempo que llevo de conocerla se ha ganado mi respeto no sólo por su inteligencia sino por su sensatez. Su discurso decía más o menos lo siguiente: “No podemos ser tan tajantes ni dogmáticos, es conocido en filosofía que la lógica propositiva no es la forma adecuada de llegar a conclusiones porque no garantiza la verdad de las premisas, no podemos ser tan matemáticos descalificando todas las opiniones, y por supuesto que todo es discutible”.

Mi respuesta fue: “De acuerdo, todo es discutible, hoy se sigue discutiendo si el calentemiento global es causado por los humanos, es discutible si algunas mujeres de medio oriente deben ser lapidadas por haber visitado al ginecólogo, pero lo que debemos entender, es que vivir eternamente en la discusión sin tomar una postura firme nos lleva a la inacción colectiva, si no somos capaces de ponernos de acuerdo entre qué es lo correcto y lo incorrecto, no de manera dogmática sino como verdad temporal hasta que es desbancada por una nueva verdad, será imposible generar los programas, los proyectos, las políticas públicas para cambiar las cosas, si algo compartimos todos los que asistimos a este cinedebate es la percepción de que las cosas no están bien, que se requiere un cambio”.

Ante esto, no hubo una respuesta relevante. Es decir, se habló de las maneras, del respeto, de la tolerancia. Pero en mi opinión, hay una enorme diferencia entre eso y el relativismo individual en el que estamos cayendo.

No quiero ser malinterpretado como que hoy el quehacer filosófico es sumamente relevante en la realidad humana. Tristemente no lo creo, pero mi razón de vida para estar acá es tratar de cambiarlo. Y es que lo que sí creo, es que el lugar conceptual que ocupa la filosofía en la estructura del conocimiento humano, la responsabiliza de encontrar cada vez mejores maneras de entender la realidad. Y de ninguna manera quiero decir que no sea una responsabilidad también de, por ejemplo, la física, pero es a la filosofía y a sus ramas a quienes les ha tocado históricamente hacer esta labor transdisciplinaria de darle a cada una de las áreas la orientación respecto a qué metalíneas (si se me permite la expresión) de investigación son no sólo interesantes, sino las más relevantes. Yo no tengo duda que estamos en una crisis, y en mi opinión es la más grande a la que se ha enfrentado la especie humana, lo cual hace urgente que la filosofía retome e instrumente esa responsabilidad.

Mi preocupación del relativismo durante el debate no fue tanta, hasta que ví durante el coloquio que el mismo patrón había alcanzado también a mucha gente con doctorado, de distintas partes del país. No es la importancia individualista que yo le dé a un título académico, sino la influencia muy diferente que el sistema permite a estas personas en comparación con la que permite a los estudiantes de una licenciatura. Salvo escasas excepciones, el conocimiento y la brillantez mostrada durante el coloquio son dignos de resaltar, pero el ser tan ceremoniosos, el despliegue de egos y la indudable necesidad de networking con la finalidad de obtener presupuestos para sus distintos proyectos, son en mi opinión las principales causas de que en ninguna de las mesas en las que estuve presente haya sido posible cerrar los diferentes huecos que se abrieron llegando a conclusiones que hayan estado “listas” para de ahí generar planes tácticos. Y conste que no creo que esto se deba a lo abstracto del tema, porque ya en las mesas se habló de innovación, del método científico, de la tecnología, del papel actual de la epistemología, de los sistemas complejos, de la simulación, en fin, de temas que realmente pudieron ser aterrizados en agendas de trabajo. Cuando un doctor preguntó por la utilidad de la lógica difusa para el análisis de sistemas complejos, como los sociales, la respuesta fue negativa y… difusa; cuando pregunté por la posible efectividad del diseño de mecanismos, el conferencista “magistral” no estaba familiarizado con el tema, pero al menos le pareció interesante y dijo que leerá al respecto. Que conste que no estoy criticando el desconocimiento del conferencista, ya quisiera saber lo que sabe, es un doctor en física y fue muy enriquecedor que el coloquio fuera interdisciplinario, lo que digo es que las personas preocupadas por estos temas no parecen estar en contacto con teorías que tengan finalidades prácticas en la modificación de la realidad tangible. Sólo un plan táctico fue mencionado… a ver si les parece tan gracioso como a mí: una agenda de trabajo para la definición de temas que permitan crear una filosofía formal de la complejidad. Mastubación mental diría mi exjefe. A esa propuesta le siguió subirla a la red de CONACYT para acceder a recursos necesarios, “por si es necesario discutir algunos puntos en persona, ya saben, nosotros estamos en el DF”, creo que les gustó Guanajuato, más aún en Cervantino.

En resumen, eso provoca el relativismo, la inacción, o como en este caso, inacciones disfrazadas de acciones. Eternos debates. Y es que tomar una postura significa tomar riesgos y enfrentarnos a nuestra congruencia, pensar que todo es posible es mucho más cómodo y, en mi opinión, tiene un papel protagónico en la situación que enfrenta la humanidad.

Confesiones: El postmodernismo como adicción a la disidencia esnob.

Casi todo está mal. De verdad, “los números no mienten”.
Todo es criticable, sobre todo destructivamente.
Esta carne es perfecta con este vino, con este acid jazz, con este paisaje… con esta compañía la charla es exquisita, Dalí, Buñuel, Tarkovsky, Lynch.
No soy un hedonista, y si lo soy no es porque persigo este placer. Soy sólo un sobreviviente, y estos son los pequeños premios que merezco por sobrevivir.
De acuerdo, pero no soy materialista, en este mundo me tocó vivir, es afortunado que tenga los medios para acceder a estos pequeños placeres.
Bueno, nunca pretendí que mi posibilidad de acceder a estas ventajas provoque indirectamente que otros no puedan acceder a las mínimas.
El vino… el vino no es tan malo como la nicotina, mientras tomo no afecto a otros.
No, es que si tomo manejo mejor, al menos más lento. Es un problema que se resolvería si todos usáramos transporte público, claro, si hubiera uno realmente bueno.
Sé que la carne es la principal causa del calentamiento global, de muerte por problemas cardiacos y de maltrato animal pero, si yo dejo de comer carne nada de esto cambiará. Apoyaría una ley que prohibiera el consumo de carne.
¿Me estás diciendo que se vuelve ridícula mi crítica si soy parte del problema?, explícame cómo es posible dejar de serlo…
… sabes que mi mente está lista para encontrar decenas de rutas de salida que justifiquen mis placeres.
Sí, entiendo las ventajas de ahorrarme ese procesamiento y simplemente aceptarme como soy, aunque eso me haga concluir…
…no soy mejor que otros sólo por tener adicciones más sofisticadas.

Ajedrez para cuatro.

Hace unos 10 años, después de meses de estar pensando, junto con un amigo, en algún producto o servicio nuevo que fuera revolucionario en el mercado, se le ocurrió, enmedio de una aburrida clase de Economía, que sería interesante diseñar un ajedrez para cuatro jugadores.

Cuando ves el diseño te parece lo más obvio del mundo, pero no cuando empiezas de cero y sin ser precisamente un buen jugador de ajedrez, así que los primeros diseños eran particularmente absurdos, simplifiqué las ideas y entonces apareció el diseño ideal, o para ser menos presuntuoso, el diseño que permitiría la transición más sencilla desde el ajedrez tradicional.

Emocionados, mandamos a hacer el tablero para jugarlo lo antes posible, tener las reglas y, por supuesto, patentarlo.


Desde el primer juego nos dimos cuenta que era oooootra cosa realmente, por más que nos apegamos a las reglas hay significados fundamentales que cambian y las posibilidades aumentan exponencialmente. El sólo hecho de decir “ahora no me protejo de un jugador sino de tres”, hace que cambie completamente la perspectiva. Sin excepción les encantó a todos los que lo jugaron, así que el siguiente paso era colocar todo en un papel y patentarlo.

Fue en ese momento que la situación en mi casa se puso más complicada y me vi obligado a salir de ahí, llegó la universidad, me separé un poco de este amigo y entré a otros proyectos, el juego quedó en el olvido, nunca encontramos el empuje de hacer el maldito trámite de patentarlo.

Seis años después abrí con otro amigo un negocio de juegos de estrategia y un año después decidí retomar lo del ajedrez de cuatro, así que cargué con el tablero, reuní los cuatro juegos de piezas y volví a jugar. Volvió a ser un éxito y me dije, “ahora sí lo tengo qué patentar y no sólo eso, lo voy a comercializar aunque sea empezando por Ebay”.

No recuerdo a quién le platiqué que ya estaba decidido y me dijo, “lo curioso es que a nadie más se le haya ocurrido”. Ahí fue donde mis ánimos se vinieron abajo y en cuanto pude me metí a internet a buscar en Ebay “Chess 4 players”…

Pues sí, por tan sólo 35 dólares más envío podía adquirir el juego que inventé diez años atrás. Lo que más me llamó la atención fue que el diseño era exactamente igual al mío en la mayoría de las marcas que lo ofrecían, e incluso había una marca que ofrecía un diseño por el que yo también pasé pero que descarté por complicar el juego innecesariamente.

Este fin de semana fui a San Antonio y encontré el juego en 30 dólares… decidí comprarlo por tres razones, la primera porque mi tablero se quedó en mi ciudad natal y como es bastante grande y pesado no lo cargué conmigo, la segunda porque tenía curiosidad por ver cómo resolvían ciertas complejidades de las reglas (por cierto me decepcionaron) y la tercer razón y más importante, para que me estuviera recordando siempre que aquí ya no basta con que se te ocurran las cosas, hay qué encontrar la manera de hacerlas.

Este es el que compré en 30 dólares más tax, y para acabar mal la historia, faltó una torre negra :@ .

Leer el futuro.

Hace algunos días me preguntó una amiga cuál fue el primer libro que leí, con la intención de que le recomendara alguno adecuado para inducir la lectura en sus sobrinos; esto me hizo reflexionar respecto a la influencia que tuvo la lectura en mi vida. Comencé a recordar entonces que fue Around the World in Eighty Days el primer libro que leí, a los 6 años, quedé tan fascinado que me puse a buscar libros en mi casa y el siguiente que encontré fue “Fray Escoba”, que me parece era la biografía de San Martín de Porres. No encontré nunca otro libro en esa casa, que era de mi abuelo. Mi necesidad de lectura se vio de esta manera frenada y entonces comencé a leer comics, de G.I. Joe particularmente, que fue una fascinación para mi, las historias eran bastante creativas, pero lo que realmente me cautivaba eran las referencias a momentos históricos reales, a la Guerra de Vietnam por ejemplo, o el que mencionaran los modelos de las armas, ahora me doy cuenta que era mi necesidad por obtener conocimiento real y que me generó por mucho tiempo un apasionamiento por lo militar. Si nos detenemos en este punto fácilmente podemos analizar que mi formación intelectual pudo depender mucho de mi familia, que si en vez, o además de, acercarme comics hubiera tenido la visión de acercarme más libros de Julio Verne, mi interés hacia la ciencia se hubiera visto más desarrollado que hacia lo militar. Actualmente la guerra me parece algo absurdo y atroz, pero las raíces de mi infancia me siguen haciendo disfrutar mucho la estética de las armas por ejemplo, o las películas de guerra. Yo creo que pasaron años hasta leer mi siguiente libro, debió ser a los 9 cuando me encontré, ya en la casa de mi padrastro, un libro que se llama “¿Cómo proteger su dinero?”, honestamente ni recuerdo el autor, pero como se imaginarán ahora mi apasionamiento fue hacia las finanzas, a los 9 años yo ya sabía el significado del efecto de Espiral Inflacionaria, qué es el PIB y cómo funciona la Bolsa de Valores. Durante mucho tiempo estuve interesado en todo lo financiero por ese libro, ahora me percato que fue determinante para que 8 años después optara por estudiar Contabilidad Pública (de la cual por cierto deserté). Como a los 10 años entré finalmente a una escuela donde sí se preocupaban por la lectura, he leído a partir de entonces decenas de libros, que ahora me hacen interesarme en temas como la Filosofía, la Sociología, la Psicología. Sin embargo, en aspectos muy claros, y otros muchos de los que seguro no me he percatado, lo que leí entre los 6 y los 10 años fue fundamental en mi vida, mis aficiones, mis conocimientos, mis intereses están directamente relacionados. No pretendo de mi ejemplo crear una regla universal, tampoco decir que solo con libros determinas el futuro de un niño. Pero si quiero invitar a reflexionar; en México, de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Lectura, se leen 2.9 libros al año por habitante (en edad de leer), pero el 33.5% de los encuestados declaró no haber leído ningún libro en el año, y el 40% no pudo recordar el título del libro que leyó. Los libros que más se declararon haber leído son los de texto de la escuela, después la Biblia, luego libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, háganme el favor. Pero el problema no termina ahí, la principal educadora en México, la televisión, que en la inmensa mayoría es nacional, además de no dedicar tiempo comercial a la cultura, envía mensajes de estupidización masiva con programas como el “Chavo del Ocho”; o promueve la estandarización de ideas superficiales y visiones recortadas con las telenovelas. La desinformación de los noticiarios ya es un tema muy largo. Con todo lo que se gasta en dar a conocer los programas del gobierno, para hacernos pensar que todo va de maravilla, mejor deberían poner los pies en la tierra, aceptar que en cultura estamos muy retrasados, y pagar en horarios comerciales cápsulas educativas, si no tenemos la capacidad de hacer que los ciudadanos lean, al menos aprovechemos la certeza de que verán televisión.

Malos pensamientos.

Durante la primaria estuve en un lugar de oscuridad llamado “Constancia y Trabajo”. En este sitio la tortura mental y física era cosa de todos los días, podías ver a niños hincados en medio del patio central, bajo el sol, con las manos en alto sosteniendo pesados libros. Platicar en clase o sacar mala calificación en algún examen implicaba necesariamente ser golpeado en la mano extendida con un metro de madera o con un borrador. La educación además era excesivamente católica, nos llevaban a misa cada viernes primero de mes, antes del cual nos hacían confesarnos (de manera obligatoria) con uno de dos padres, el que te regañaba o el que estaba literalmente dormido mientras hablabas. Yo tenía mi bloque de pecados “seguros”, los confesaba siempre para rellenar, porque aunque les cueste trabajo creerlo, yo era demasiado buen niño y realmente eran pocas las veces que necesitaba confesarme. Así que cada que me confesaba de manera obligada el script era: “Sinpecadoconcebida (respuesta a un ‘avemaríapurísima’)”, “hace un mes que no me confieso” (respuesta a ‘¿cuándo fue la última vez que te confesaste?)”. “Confieso padre que a veces (1.) no pongo atención en misa, (2.) tengo malos pensamientos y (3.) me enojo con mis papás”. Cabe señalar que a mi grupo (éramos el “A”) siempre nos tocaba el padre que se estaba durmiendo, entonces su respuesta invariable a mis pecados era “trs pahs nstros y trs avs mahias”. Entonces yo iba y me hincaba y empezaba a rezar devotamente. Pero un día, se enfermó este padre, quien ya era bastante viejo y nos tocó confesarnos a todos con el padre que regañaba. Recuerdo que todos los de mi grupo se acercaban asustados, y definitivamente no ayudaba mucho ver a los niños que salían llorando del cuarto que usaban como confesionario. Finalmente me tocó a mi, así que me acerqué y entegué mi paquete de pecados seguros. El padre se tomó un tiempo para responderme, éste era joven y tenía cara de malo. Me dijo “¿qué clase de malos pensamientos?” a lo cual respondí “pues ya sabe, cuando uno le desea malas cosas a otros”. “¿Pero no son pensamientos impuros?”. Cuando ocurrió esto yo estaba en cuarto de primaria, tendría unos 8 años, mi concepto de pensamientos impuros era por ejemplo, desear que mi papá se muriera cuando me obligaba a comer fruta o imaginarme golpear a algún compañero que me caía mal o ganarle una discusión a la maestra. Así que pensándolo un poco le dije “sí”. Alzando un poco el tono de voz me preguntó “¿te has masturbado?”. Y pues yo respondí “yo creo que no padre” pero ahora sí realmente nervioso. “¿Lo has hecho o no lo has hecho?”, “Padre, no sé qué es eso”. Entonces el padre abrió los ojos a su máxima capacidad y se dio cuenta que acababa de cometer un grave error. Me dijo que rezara un padre nuestro y un ave maría. Lo primero que hice después de rezar, como se han de imaginar, fue buscar “masturbación” en este pésimo diccionario que se llamaba “Sopeña”. Es de esos diccionarios en los que buscas por ejemplo, “castraltor” y te dice “el que castralta”. Te vas entonces a “castralta” y te dice “remancería”, te vas entonces a “remancería” y dice: “dícese del lugar donde trabaja el castraltor”. No recuerdo qué demonios decía en masturbación, creo que mis dudas fueron resueltas preguntando a amigos. La cuestión es que un año después yo ya me estaba masturbando, y lo único que decía en el confesionario era “Padre, he tenido malos pensamientos”.

El príncipe azul y la princesa rosa.

Acabo de recibir un correo de una amiga. La verdad me hizo reir, se los comparto:
“El cuento más corto y más bonito que has leído en tu vida: Había una vez una muchacha que le preguntó a un chico si se queria casar con ella, el chico dijo ‘no’… Y la muchacha vivió feliz para siempre, sin lavar, cocinar, planchar para nadie, saliendo con sus amigas, tirándose al que le daba la gana, gastando su dinero en si misma y sin trabajar para ninguno. FIN”. “El problema es que de chiquitas, no nos contaban estos cuentos ¡Y NOS JODIERON CON EL PRÍNCIPE AZUL!”
Lo que me hizo reir no fue la lista de “ventajas” de las mujeres cuando no se casan sino la parte final, el concepto de príncipe azul que es una historia rosa. Ese rosa pálido que supuestamente representa feminidad pero que yo siempre leo entre líneas superficialidad, debilidad, dependencia. Este nivel de feminidad, desde mi punto de vista, promueve a un antagonista bizarro: el machismo. Un chico y una chica se conocen en un bar, intercambian miradas y sonrisas, hay atracción física. ¿Quién se debe acercar? el primer paradigma que nos encontramos es que el hombre debe dar el primer paso. Se acerca y tratan de conversar, para eliminar el nivel de riesgo de ideas diferentes, la plática se queda en la superficie. Así sin conocer ninguna idea deciden hacerse pareja y es entonces que empiezan a conocerse. Algunas necesidades son cubiertas por la relación pero como no conocieron sus ideas profundas tal vez estén en desacuerdo con muchas cosas. El proceso de “conquista” que ocurrió antes de ser novios y camino al matrimonio implica que ambas personas van a hacer una serie de cosas para agradar y convencer. El ser congruentes con estas cosas es secundario, el objetivo es uno: conquistar. Y entonces cuando aparecen los desacuerdos piensan “yo puedo cambiar eso” o “yo puedo hacer que cambie eso”.

Hasta ahora tenemos dos factores, atracción física y convivencia; el resto son ideas que construyeron ellas a partir de un príncipe azul caballeroso, atento, etc., y lo que él piensa es que ya casada no habrá vuelta de hoja, lo verdadero saldrá a relucir y ya lo irán superando juntos. La atracción física se pudo resolver con simplemente tener sexo, la convivencia en este caso no es más que la costumbre de cubrir algunas necesidades con otra persona, que se resuelve con una amistad. Nada de esto es amor ni conexión profunda ni nada de eso… eventualmente decidirán casarse y tal vez hasta tener hijos.

En todo este contexto la parte machista es utilizar factores de conquista y caballerosidad que te hagan compatible con un paradigma de “príncipe azul” que le sembraron a la chica desde niña. La conquista no tendría por qué ser un proceso, si dos personas son compatibles lo son y ya, sin mayor esfuerzo ni hipocresía. La caballerosidad lejos de ser simple amabilidad tiene un contexto de sobreprotección a las mujeres con la única finalidad de agradarles. Ojo chicas, lo que necesitan es honestidad, congruencia y madurez más que flores, serenatas y que les abran la puerta.

Omnimpotencia divina.

Cuando tenía unos 5 o 6 años le pregunté a mi mamá un día: “si Dios lo sabe todo, ¿por qué puso a Adán y a Eva en el paraíso sabiendo que lo iban a traicionar?” En ese momento de mi vida veía como un gravísimo error que por culpa de una manzana (siempre he odiado las frutas) estuviéramos condenados a vivir en la tierra en vez del “Paraíso Terrenal”, lo que sea que eso significara. Mi mamá lo pensó por un momento y entonces dijo “hay muchas cosas que no podemos saber de la religión porque son misterios”. Así que desde muy temprana edad mi subconsciente se percató que contra la fe era imposible discutir.

Unos 10 años después, ya en la preparatoria, mi profesor de Lógica nos explicaba: “un amigo mío hizo una tesis muy interesante, que explica la omnipotencia divina”. “Resulta que efectivamente Dios no puede hacer una piedra que no pueda cargar, porque se crearía una paradoja, por lo tanto Su omnipotencia se limita a lo posible”. Después de ser católico toda mi infancia, durante la adolescencia comencé a cuestionarme muchas cosas respecto a la religión, cuando esta información llegó a mi, finalmente pude contestar la pregunta que hice a mi mamá. En ese momento llegué a la conclusión que si dios decide darte algo que conocemos como “libre albedrío” eso hace imposible, para él, para cualquiera dentro de nuestro contexto limitado, saber lo que va a ocurrir. Las nuevas creencias de destino (según he visto en varios amigos) se refieren a canales de decisión que te van a llevar a ciertas opciones contadas. En mi opinión la causas que no podemos determinar, al ser tantas, confluyen con los actos (causas) de los infinitos elementos de un entorno, de manera caótica (es decir, que no comprendemos); esto en Física se conoce como “Teoría del Caos” y a la vez provoca dos cosas, que efectivamente el “libre albedrío” es mucho más limitado de lo que se cree (por la dependencia de una inmensa causalidad) y que el destino, como es comúnmente conocido y como lo define la RAE “encadenamiento de los sucesos considerado como necesario y fatal”, es inexistente.

Mujeres insumisas.

En mi vida ha habido algunas mujeres, no puedo decir que suficientes porque me he quedado con ganas de varias, tampoco puedo decir que pocas porque incluso hubo algunas inesperadas. Entre estas mujeres, partiendo de una cantidad x, la que quieran imaginarse o calcular, alrededor del 70% han sido conservadoras y hasta recatadas. Algunas por convicción pero la gran mayoría porque vienen de una familia con estas características. Siempre ha sido mi teoría, sin embargo, que lo conservador y lo recatado son limitantes, que además son paradigmas y que sin importar cuánto te lo hayan inculcado y en ocasiones cuánto lo creas personalmente, el verdadero deseo algunas veces y el enamoramiento casi siempre, tienden a hacer a un lado todas estas ideas. Bajo este contexto, recordaba en la mañana a una de mis exnovias, definitivamente una de las más recatadas, que un día nos quedamos de ver en un antro y me sorprendió mucho que cuando llegué, prácticamente saltó de donde estaba a mis brazos me dió un beso impresionante y hasta una nalga me agarró. Recuerdo que lo primero que pasó por mi mente fue “¿por fin ocurrió? ¿por fin se enamoró de mi?”, me llevó unos 2 minutos darme cuenta que ella estaba en un ligero estado de ebriedad y entonces entendí que la combinación enamoramiento + deseo da un resultado muy similar al de alcohol + deseo. En fin, un tanto desilusionado hice consciente que venía de probar unos 7 vinos de mesa diferentes, que por cierto no se cruzan, pero la cantidad era interesante, me di cuenta que mi estado melancólico por la situación había sido provocado en buena medida por el alcohol en mis venas, mi decepción me había alejado un poco de ella, así que sin pensarlo mucho más, me lancé a sus brazos, le di un gran beso y hasta le agarré una nalga…

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