Archive for the ‘Anécdotas’ Category

Hoy me robaron…

… a eso de las 3 de la mañana, yo no lo presencié, pero un vecino me dijo que lo vió todo y llamó a la policía que, por supuesto, no llegó a tiempo. Un chico entró a mi auto y extrajo todo lo que consideró de valor, casi nada en realidad, excepto por la batería.

Cuando me preparaba para usar el auto y vi que la puerta estaba mal cerrada (soy algo obsesivo al respecto), supe que me habían robado. Luego vi que faltaban cosas en la cajuela, que la puerta del copiloto estaba sin seguro y pronto verifiqué lo predecible: el auto no tenía batería. Además nuestro amigo se dió a la tarea de jalar el asiento trasero hasta romperlo, tal vez con la esperanza de hallar alguna cartera o algún billete de esos que se tragan los asientos de los autos. Por mi parte, ya que rompió el asiento, espero que se halla encontrado una fortuna (yo jamás la hubiera encontrado).

En realidad lo que quería decir es que me sentí, como primera impresión, un poco asustado/frustrado/triste, algo enojado y hasta cierto punto culpable. Y eso estuvo muy bien porque me permitió entender la “inercia” de esas situaciones. Resumo el marco teórico de esa “inercia”: en un sentido, somos mucho menos libres de lo que creemos. Es decir, no solo nos es muy complicado controlar las emociones que se presentan de inmediato, sino que además, detrás de esas emociones, hay “un” discurso operando, desde la manera en que nos educaron hasta lo que los medios gritan que es verdadero. Porque tendríamos que advertir eso, no existe tal cosa como LA verdad, existe una verdad, es cierto, pero ella opera en un contexto específico, basta con cambiar las coordenadas espacio-tiempo para encontrarnos en una verdad operativa diferente.

En otras palabras, el que yo haya sentido especificamente miedo/frustración/tristeza, ira y culpa, obedece al contexto que me ha tocado vivir y no a alguna suerte de naturaleza humana; y lo intentaré demostrar.

Lo que me pregunté primero fue esto: “¿qué quiere el discurso dominante que uno haga en estas situaciones?”

Quiere, en primer lugar, que tenga miedo/frustración/tristeza. ¿Para qué le sirve?, la lista es sorprendentemente larga, pero la esquematizaré en dos grandes puntos: por un lado, quiere obtener de mí cierta disposición pasiva, por ejemplo, estar contento pagando mis impuestos que fortalezcan a la institución judicial (que en este esquema incluye a la policía, aunque pertenezca al poder ejecutivo), quiere que sea desconfiado y no desarrolle un tejido social con mi comunidad, sino que deje todo en manos del Estado. Por otro lado quiere, por supuesto, que consuma: una alarma, un seguro contra robo o hasta una psicoterapia (digo, hay gente que es realmente asaltada y debe ser mucho más traumático).

En segundo lugar, quiere que me enoje, pues eso enojo provocaría un deseo de venganza que, desde Hobbes, es una venganza de la cual tiene monopolio el Estado. Y ese monopolio espera que yo presente una denuncia que, sirva o no para atrapar al ladrón, primero se convertirá en un número. Número que se usará para muchas cosas, pero diré dos, se usará para que los medios griten que todo está muy mal y tengamos miedo (y regresemos al punto 1), y se usará también para que algún burócrata de la policía municipal muestre un informe para asegurar un aumento de presupuesto el próximo año. Recordemos que todas estas instituciones están compitiendo por nuestros impuestos, todos quieren más aunque no sepan qué hacer con ellos. Por otro lado, si con esa denuncia lo atrapan, ¿cuánto tiempo le pueden dar por robar una batería?, el necesario para aprender mejores técnicas en la cárcel, hacer más contactos, unirse al crimen organizado (si ya estuviera ahí, difícilmente vería la cárcel de todos modos). En mi opinión (y en la de Foucault), nuestro amigo tiene mucho mejores oportunidades de hacer algo útil con su vida fuera de la cárcel que en ella.

En tercer lugar quiere que me culpabilice. Quiere que piense en el “si yo hubiera…” (verificado que quedó bien cerrado, puesto una alarma, contratado un seguro contra robos, hasta: “si tuviera un mejor trabajo podría comprar un auto más seguro, vivir en una mejor zona”), para qué, bueno, aquí tendré que usar a un teórico, Paul Ricoeur: “sentir culpa es una manera de mantenerse en la inacción política” (palabras más, palabras menos). Uno va con culpa a presentar una demanda, esperando que las “autoridades” le hagan a uno el favor de hallar sus triques. O dice, “pues nada que hacer, cagada mía, pero pinches rateros” o, el favorito del discurso dominante, uno va y compra una alarma o un seguro anti-robos o hasta uno de vida, para el susto. A las primeras tres personas que les conté que me robaron, su primera pregunta fue, “¿qué no cerraste bien?” (y no, no me conocen tanto para saber lo distraído que soy)  parece algo que opera a nivel “inconsciente colectivo”, algo como “calmemos el asunto haciéndote responsable”, pero sobre todo, “hallemos al culpable de inmediato”. Creo que es un síntoma terrible de nuestra sociedad que en situaciones angustiantes lo primero en asomarse sea la culpa.

Ahora bien, he dicho “primero, segundo y tercer lugar” y en la realidad no es así, es decir, no es más que un esquema. En la realidad todos esos elementos se encuentran perfectamente entrelazados y enmarañados. Solo que es más fácil de explicar de esta manera.

La pregunta relevante es, en todo caso: ¿qué es lo que NO quiere este discurso dominante que yo haga?

Lo que no quiere, es que sea zen. Esquemáticamente, la culpa que me inmoviliza se parece mucho a la perplejidad de la ignorancia budista, la ira a la aversión, y el miedo/frustración/tristeza responde al apego, porque esa reacción opera en el instante en que te vuelves consciente de que te pasó a ti, a tus pertenencias. Ignorancia, aversión y apego son la causas del sufrimiento según las cuatro nobles verdades. Lo que no quiere es que esto no me haga sufrir y me permita sentir compasión, pues a través de ella es más sencillo desarrollar comunidad, tejido social.

Lo que no quiere, es que sienta indiferencia (y aquí hablo del cinismo/estoicismo/epicureísmo –apatheia, aponia-). Que los vea como bienes que estuve dispuesto a regalar porque no me determinan (mis bienes no se han adueñado de mí), que vea a nuestro amigo como alguien que me puso un ejercicio de indiferencia, que vea el estado de cosas como una oportunidad para crear conciencia (awareness) colectiva (el opuesto a esa “inconciencia colectiva” que mencioné antes y que no es la de Jung).

Lo que no quiere el discurso dominante, en resumen, es no afectarme, no provocarme al menos alguna disposición que lo fortalezca. Y eso intentaré.

“¿Por qué hombres y mujeres combaten por su servidumbre como si lucharan por su salvación? ¿Cómo es posible que se llegue a gritar: ¡queremos más impuestos! ¡menos pan!? Lo sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los hambrientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. ¿Por qué soportamos desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no solo para los demás, sino, también, para nosotros mismos?”
Félix Guattari.

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El relativismo y su relación con la inacción

Acabo de estar en un par de eventos que disfruté mucho, uno fue un coloquio de complejidad y filosofía, y otro un cine debate al que voy cada jueves, y que esta vez trató del impacto ético y ecológico del consumo de carne. El denominador común, desde doctores hasta estudiantes de licenciatura en Filosofía fue un, probablemente inconsciente, relativismo.

Así como a lo largo del coloquio nos fue imposible encontrar la frontera, o el tipping point, de lo simple a lo complejo, no por escasez de esfuerzo, me parece que la comunidad filosófica de la que ahora soy parte en Guanajuato ha perdido completamente la línea entre la apertura y el relativismo.

Pero primero voy a diferenciar los conceptos de objetivismo de relativismo para tratar de ser muy claro. El objetivismo supone que es posible encontrar lo verdadero independientemente de la opinión de las personas, en ese sentido, lo que pretende el método científico, es hacer de la ciencia algo objetivo. El relativismo supone o que el que la verdad sea inalcanzable hace igualmente válida la opinión de cualquier persona o que no existe tal cosa como la verdad o un mejor camino, por lo que cada individuo (o cultura) debe vivir acorde a su propia “verdad”.

No es la intención de este artículo abrir la discusión en ese punto sin antes explicar las implicaciones morales de ambas posturas. El objetivismo moral, entonces, asume que hay actos buenos y malos independientemente de la opinión del agente, mientras que el relativismo moral, que se divide en dos tipos, señala que lo que está bien o mal lo define cada individuo (relativismo moral individual) o cada cultura (relativismo moral cultural).

Para ejemplificarlo, utilizaré un extracto del debate en el que participé el jueves pasado. Se nos presentó una película que criticaba el consumo de los alimentos de origen animal. Cuando termina la película, la primer ronda de opiniones, va más o menos por la siguiente línea:
“es terrible lo que la industria ha provocado, antes en las granjas, la gente no era tan cruel con los animales cuando los mataba y vivían de manera sostenible con la naturaleza”
“no podemos dejar fuera las razones culturales por las que comemos carne, desde ir a los tacos hasta hacer una reunión con carne asada”
“el contexto consumista y la necesidad de reducir costos daña la integridad (sic) de los animales y hace un enorme daño ecológico”
“considero que si bien el consumo de carne es un problema, dejar de hacerlo nos llevaría a otros problemas, como los transgénicos”
“creo que el vegetarianismo ya se volvió una postura postmodernista, con esta ola new age, y ahora las empresas se aprovechan de eso para hacer más dinero”
“es más caro vivir como vegetariano, ¿qué pasa con la gente que no tiene los recursos?”
“tú puedes ser vegano ahora, pero, ¿y todo el tiempo que fuiste carnívoro?, ¿tus zapatos son de cuero?”
“ser omnívoro es una decisión personal que refleja mi relación individual con el entorno, así como todo lo demás que hago”

Intervine, genuinamente avergonzado, explicando primero que no encontraba una mayor incongruencia en mi vida que el no ser capaz todavía de volverme vegano. Expliqué que había dos hechos innegables: primero, que consumir carne era inmoral debido a que cada que lo hacíamos intercambiábamos el dolor de un ser por el placer propio; segundo, que los estudios más recientes responsabilizan a la industria de la ganadería como la segunda causa del calentamiento global. Y sí, lo dije, que esos dos puntos no son discutibles y  eliminaban el subjetivismo excesivo en el que estaba cayendo el debate.
Las reacciones fueron variadas, la que menos me preocupó fue aquella que me llamó exagerado, porque no llevó de la mano ninguna argumentación. La que más me preocupó fue de una persona que en el escaso tiempo que llevo de conocerla se ha ganado mi respeto no sólo por su inteligencia sino por su sensatez. Su discurso decía más o menos lo siguiente: “No podemos ser tan tajantes ni dogmáticos, es conocido en filosofía que la lógica propositiva no es la forma adecuada de llegar a conclusiones porque no garantiza la verdad de las premisas, no podemos ser tan matemáticos descalificando todas las opiniones, y por supuesto que todo es discutible”.

Mi respuesta fue: “De acuerdo, todo es discutible, hoy se sigue discutiendo si el calentemiento global es causado por los humanos, es discutible si algunas mujeres de medio oriente deben ser lapidadas por haber visitado al ginecólogo, pero lo que debemos entender, es que vivir eternamente en la discusión sin tomar una postura firme nos lleva a la inacción colectiva, si no somos capaces de ponernos de acuerdo entre qué es lo correcto y lo incorrecto, no de manera dogmática sino como verdad temporal hasta que es desbancada por una nueva verdad, será imposible generar los programas, los proyectos, las políticas públicas para cambiar las cosas, si algo compartimos todos los que asistimos a este cinedebate es la percepción de que las cosas no están bien, que se requiere un cambio”.

Ante esto, no hubo una respuesta relevante. Es decir, se habló de las maneras, del respeto, de la tolerancia. Pero en mi opinión, hay una enorme diferencia entre eso y el relativismo individual en el que estamos cayendo.

No quiero ser malinterpretado como que hoy el quehacer filosófico es sumamente relevante en la realidad humana. Tristemente no lo creo, pero mi razón de vida para estar acá es tratar de cambiarlo. Y es que lo que sí creo, es que el lugar conceptual que ocupa la filosofía en la estructura del conocimiento humano, la responsabiliza de encontrar cada vez mejores maneras de entender la realidad. Y de ninguna manera quiero decir que no sea una responsabilidad también de, por ejemplo, la física, pero es a la filosofía y a sus ramas a quienes les ha tocado históricamente hacer esta labor transdisciplinaria de darle a cada una de las áreas la orientación respecto a qué metalíneas (si se me permite la expresión) de investigación son no sólo interesantes, sino las más relevantes. Yo no tengo duda que estamos en una crisis, y en mi opinión es la más grande a la que se ha enfrentado la especie humana, lo cual hace urgente que la filosofía retome e instrumente esa responsabilidad.

Mi preocupación del relativismo durante el debate no fue tanta, hasta que ví durante el coloquio que el mismo patrón había alcanzado también a mucha gente con doctorado, de distintas partes del país. No es la importancia individualista que yo le dé a un título académico, sino la influencia muy diferente que el sistema permite a estas personas en comparación con la que permite a los estudiantes de una licenciatura. Salvo escasas excepciones, el conocimiento y la brillantez mostrada durante el coloquio son dignos de resaltar, pero el ser tan ceremoniosos, el despliegue de egos y la indudable necesidad de networking con la finalidad de obtener presupuestos para sus distintos proyectos, son en mi opinión las principales causas de que en ninguna de las mesas en las que estuve presente haya sido posible cerrar los diferentes huecos que se abrieron llegando a conclusiones que hayan estado “listas” para de ahí generar planes tácticos. Y conste que no creo que esto se deba a lo abstracto del tema, porque ya en las mesas se habló de innovación, del método científico, de la tecnología, del papel actual de la epistemología, de los sistemas complejos, de la simulación, en fin, de temas que realmente pudieron ser aterrizados en agendas de trabajo. Cuando un doctor preguntó por la utilidad de la lógica difusa para el análisis de sistemas complejos, como los sociales, la respuesta fue negativa y… difusa; cuando pregunté por la posible efectividad del diseño de mecanismos, el conferencista “magistral” no estaba familiarizado con el tema, pero al menos le pareció interesante y dijo que leerá al respecto. Que conste que no estoy criticando el desconocimiento del conferencista, ya quisiera saber lo que sabe, es un doctor en física y fue muy enriquecedor que el coloquio fuera interdisciplinario, lo que digo es que las personas preocupadas por estos temas no parecen estar en contacto con teorías que tengan finalidades prácticas en la modificación de la realidad tangible. Sólo un plan táctico fue mencionado… a ver si les parece tan gracioso como a mí: una agenda de trabajo para la definición de temas que permitan crear una filosofía formal de la complejidad. Mastubación mental diría mi exjefe. A esa propuesta le siguió subirla a la red de CONACYT para acceder a recursos necesarios, “por si es necesario discutir algunos puntos en persona, ya saben, nosotros estamos en el DF”, creo que les gustó Guanajuato, más aún en Cervantino.

En resumen, eso provoca el relativismo, la inacción, o como en este caso, inacciones disfrazadas de acciones. Eternos debates. Y es que tomar una postura significa tomar riesgos y enfrentarnos a nuestra congruencia, pensar que todo es posible es mucho más cómodo y, en mi opinión, tiene un papel protagónico en la situación que enfrenta la humanidad.

Ajedrez para cuatro.

Hace unos 10 años, después de meses de estar pensando, junto con un amigo, en algún producto o servicio nuevo que fuera revolucionario en el mercado, se le ocurrió, enmedio de una aburrida clase de Economía, que sería interesante diseñar un ajedrez para cuatro jugadores.

Cuando ves el diseño te parece lo más obvio del mundo, pero no cuando empiezas de cero y sin ser precisamente un buen jugador de ajedrez, así que los primeros diseños eran particularmente absurdos, simplifiqué las ideas y entonces apareció el diseño ideal, o para ser menos presuntuoso, el diseño que permitiría la transición más sencilla desde el ajedrez tradicional.

Emocionados, mandamos a hacer el tablero para jugarlo lo antes posible, tener las reglas y, por supuesto, patentarlo.


Desde el primer juego nos dimos cuenta que era oooootra cosa realmente, por más que nos apegamos a las reglas hay significados fundamentales que cambian y las posibilidades aumentan exponencialmente. El sólo hecho de decir “ahora no me protejo de un jugador sino de tres”, hace que cambie completamente la perspectiva. Sin excepción les encantó a todos los que lo jugaron, así que el siguiente paso era colocar todo en un papel y patentarlo.

Fue en ese momento que la situación en mi casa se puso más complicada y me vi obligado a salir de ahí, llegó la universidad, me separé un poco de este amigo y entré a otros proyectos, el juego quedó en el olvido, nunca encontramos el empuje de hacer el maldito trámite de patentarlo.

Seis años después abrí con otro amigo un negocio de juegos de estrategia y un año después decidí retomar lo del ajedrez de cuatro, así que cargué con el tablero, reuní los cuatro juegos de piezas y volví a jugar. Volvió a ser un éxito y me dije, “ahora sí lo tengo qué patentar y no sólo eso, lo voy a comercializar aunque sea empezando por Ebay”.

No recuerdo a quién le platiqué que ya estaba decidido y me dijo, “lo curioso es que a nadie más se le haya ocurrido”. Ahí fue donde mis ánimos se vinieron abajo y en cuanto pude me metí a internet a buscar en Ebay “Chess 4 players”…

Pues sí, por tan sólo 35 dólares más envío podía adquirir el juego que inventé diez años atrás. Lo que más me llamó la atención fue que el diseño era exactamente igual al mío en la mayoría de las marcas que lo ofrecían, e incluso había una marca que ofrecía un diseño por el que yo también pasé pero que descarté por complicar el juego innecesariamente.

Este fin de semana fui a San Antonio y encontré el juego en 30 dólares… decidí comprarlo por tres razones, la primera porque mi tablero se quedó en mi ciudad natal y como es bastante grande y pesado no lo cargué conmigo, la segunda porque tenía curiosidad por ver cómo resolvían ciertas complejidades de las reglas (por cierto me decepcionaron) y la tercer razón y más importante, para que me estuviera recordando siempre que aquí ya no basta con que se te ocurran las cosas, hay qué encontrar la manera de hacerlas.

Este es el que compré en 30 dólares más tax, y para acabar mal la historia, faltó una torre negra :@ .

De amor y de firmas.

Hace un par de años, un buen amigo me informó: “me caso”; mi reacción inmediata fue preguntar “¿por qué?”. Afortunadamente fue por chat, de tal manera que no se pudo percatar del frustrado tono que acompañaba al “¿por qué?”. Resulta que mi amigo era (y espero que siga siendo, hace mucho que no sé de él) feliz, viviendo en unión libre con su ahora esposa, llevaban al menos varios meses, así que no dejó de sorprenderme negativamente su anuncio.

Cuando finalmente me explicó que le iba a facilitar la vida esa decisión, debido a que le permitiría obtener la ciudadanía estadounidense, comprar casa y viajar sin problemas, entendí la verdadera razón de su matrimonio, y es entonces que lo felicité. No me entiendan mal, él la amaba (espero que se sigan amando), pero el matrimonio era algo innecesario, excepto porque las condiciones legales le facilitaban la vida. Después que me explicó eso, finalmente le dije “felicidades”; a él le dió mucha risa y me dijo “es la felicitación que más trabajo me ha costado”.

El matrimonio es un acto social y legal, que tiene implicaciones respecto a una serie de reglas, escritas y no escritas, que afectan en una medida más o menos estándar a los individuos que deciden dar el paso. Psicológicamente tiene una mayor implicación en la parte de inconsciente colectivo que carga el individuo, que en sentimientos específicos, es decir, si yo necesito estar casado para amar a alguien, entonces estoy imponiendo una condición contractual en un estatus superior al amor, y si para mi es más importante dicha condición contractual, es porque un efecto social así me lo impuso. El amor es un sentimiento que rige de manera individual a cualquier ser humano, incluso si no vive en una sociedad que acostumbre el matrimonio; así que lo digo nuevamente, la necesidad de amor es un sentimiento inherente al ser humano mientras que la necesidad de matrimonio es parte de un aprendizaje social. Y ni menciono al matrimonio religioso.

¿Esto hace que el matrimonio sea malo? no, sólo confunde a las personas de lo que es y no es amor, y de lo que hace funcional y no a una relación de pareja. Aproximadamente el 50% de los matrimonios terminan en divorcio en esta parte del mundo. Cuando un amigo me dice “me caso”, me cuesta mucho trabajo contestar con un honesto “felicidades”; cuando un amigo me dice “me divorcio”, inmediatamente contesto “felicidades”. Esto porque es muchísimo más probable tomar una buena decisión de divorcio que de matrimonio, desde el instante que consideras divorciarte, hay una serie de efectos sociales/legales que te amarran, hasta el momento de la firma en que alcanzas tu libertad en ese contexto; esas cosas que te limitan de alguna forma, no son inherentes al ser humano. En el momento que amas a alguien puedes continuar amándolo de manera independiente a que haya o no un acto social que lo “avale”, lo que es inherente no necesita validez; por ejemplo, ¿de qué ha servido que la Constitución dicte la igualdad de las personas, si sigue habiendo diferenciaciones de género, raza, estatus económico, preferencia sexual?, se nace igual de manera inherente, que socialmente ocurra es otra cosa. Se puede amar de manera inherente, que se avale con un matrimonio no garantiza absolutamente nada.

Estoy convencido de que el amor es un estado mental con caducidad, por supuesto creo que esa caducidad depende en cierta medida de la pareja, la caducidad puede ser en algunos casos de 200 años y tal vez no alcanzamos a verla, pero existe. Lo que realmente creo que debe sostener a una relación de pareja es la confianza, aquello que te permite estar cómodo con ella, dejar de reprimir a tu verdadero yo, compartirle todo lo que eres y lo que tienes porque esa persona es una extensión de tu propio ser, obtener felicidad al ver la suya porque no eres otra cosa que una extensión de su ser; y más importante que todo, la confianza te da el poder de decir en el momento adecuado “se acabó el amor”, y evitar herir profundamente a esa persona importante en tu vida. Por supuesto que el amor es un estado mental, pero es sumamente placentero, y sin duda le da una perspectiva de plenitud a tu propia vida, es el significado de sinergia integral de dos individuos. Me pueden decir intolerante (las razones por las que termino una relación) y excesivamente exigente (para elegir pareja); pero tengo un indicador que me enorgullece, soy un buen amigo de cada una de las parejas que he tenido, para la mitad de ellas soy su mejor amigo.

Un día, en bachillerato, un profesor me pidió que definiera el amor, construí algo como de cinco renglones que me convenció bastante en ese momento (recuerdo que su punto era la imposibilidad de definirlo, y al menos sé que mi definición cumplía las reglas lógicas). No recuerdo qué demonios escribí, pero si ahora lo tuviera qué definir, sería algo como “amor de pareja es el estado mental que te permite alcanzar un estado de sinergia emocional placentera con otro individuo en cada uno de los aspectos que comparten”; claro que en ese momento amaba a alguien, tal vez por eso se extendió innecesariamente a cinco renglones. 😉

¿Estaría dispuesto a casarme? si encuentro la suficiente conveniencia legal/social, que compense a dos trámites súper engorrosos, sí. ¿Estoy dispuesto a casarme por la Iglesia? no. Si mi pareja está convencida de que es un ritual importante en su vida, por un significado divino (qué miedo), su ritual perdería validez al instante en que yo me pare a su lado a decir una serie de cosas en las que no creo. Y si mi pareja lo hace para quedar bien con su familia, pues no es la clase de espíritu (sic) independiente que estoy buscando.

Desinteligencia (Unintelligence).

Hace como tres años un pseudomentor me invitó a leer a un autor quesque famoso que se hace llamar Osho, porque “vio en mí algo que le hacía pensar que me gustaría mucho”.

Yo en ese momento (raro raro) no estaba leyendo un carajo, así que me metí a amazon y compré un libro de él, que se llama “Intelligence: The Creative response to now”.

Encontré poco de valor real en ese libro, la forma en que escribe es además impresionantemente aburrida, lo rescatable fueron algunas citas de historias Zen. Pero dentro de toda la mierda exagerada, idealista y recetoide (o sea, con los ingredientes para ser feliz en la vida); encontré una premisa muy interesante. Cuando Osho habla de inteligencia, dice que nacemos inteligentes, pero que lo que nos rodea se esfuerza en hacernos “desinteligentes” (él habla de “unintelligence”).

Resulta que cuando nacemos, tenemos a nuestro alcance todo un mundo de conocimiento, que llega a nosotros de dos maneras: 1. Con un raciocinio propio, apoyado en lo que en Lógica se conoce como “sentido común” y, 2. Guiados por el conocimiento y desconocimiento de otros.

A mi me bautizaron (no es canción de Arjona) antes de cumplir un año, tomó la decisión una persona que ahora no puede sostener una discusión con un solo argumento sólido respecto a la importancia ya no digamos del sacramento, sino de toda la base doctrinal de su religión. Los argumentos éticos con los que crecí, lejos de tener un fundamento filosófico, se basaron completamente en supuestas mejores prácticas dictadas por una tradición lejana de ser un caso de éxito.

A los 6 años pensaba que los mayores merecían más respeto que yo, a los 8 yo ya era feliz de tener una primera comunión, a los 10 de rezar el rosario todos los días, y a los 12 pensaba que masturbarse era malo. Me llevó unos 4 años más comenzar a “deseducarme” para pretender regresar al camino de la “inteligencia”.

En el caso de las relaciones de pareja, nos encontramos con una serie de supuestos sociales que en un momento me pudieron parecer “naturales” y algunas ahora me causan náuseas.

A los 14 años pensaba que algún día me casaría (seguramente antes de los 24), con una mujer más o menos sumisa, que tendría un par de hijos, que todos dependerían económicamente de mi, que ambos seríamos fieles (en lo próspero y en lo adverso) y que sería una relación para toda la vida. Pensaba también que la autoridad radicaba en el hombre, aunque era manipulable mediante artimañas femeninas, que los celos eran algo completamente normal y hasta bueno (eran una demostración de amor), que había un elemento de propiedad (“cuando seas mía”), y que por supuesto estar en una relación de pareja implicaba sacrificios (ceder).

Un día estaba con una amiga que me contaba sus penas de amor en una relación totalmente disfuncional, él era casado, machista, celoso; y curiosamente era lo que ella buscaba, un estereotípico macho que la celara, pero el defecto era la esposa de él. Y le empecé a hablar de un amor independiente, honesto, limpio, le platiqué de lo fundamental que era la confianza en una relación y cómo eso era todo lo contrario a los celos. Lo más interesante para mi fue que no lo comprendió, es decir, entendió cada una de mis palabras, pero no comprendió el sentido completo, no supo de qué demonios le estaba hablando. Entonces entendí que ella era una mujer educada, desinteligente en el sentido de Osho.

Le conté a este pseudomentor y me “regañó”. “¿Cómo le dices a alguien como ella que existe esa clase de relación? Acabas de ser el causante de su infelicidad. Ella aspiraba a una relación fácil de obtener, abundan esa clase de hombres, ahora sí se la complicaste, ojalá que olvide tus palabras.”

Le expliqué que ella ni siquiera había entendido, me platicó que él lo entendió muy tarde, era casado y con dos hijos, con un relativo alto puesto en un trabajo que carcomía diariamente su energía, con el sueño idealista de emigrar a oriente a meditar en busca de la “inteligencia”.

Creo que para muchas personas se vuelve más importante el día a día, resolver los pequeños o grandes problemas que encaran rutinariamente. Por eso es mucho más sencillo dar por hecho una serie de premisas sociales con tonalidades de Ética, y así es como surge la Moral. Se convierten en principios más democráticos que ciertos, y el “qué dirán” gana un importante peso específico en la estandarizada vida de estas personas. El resto de la sociedad se convierte en un grupo de jueces que aplican una ley de extraños castigos psicológicos ante unos principios que no analizan ni comprenden.

Personas morales light.

Hace algunos años, cuando visitaba a un amigo en Guadalajara, una actividad que invariablemente hacíamos era visitar la librería Gandhi, ya que en mi ciudad no había. Pasábamos un par de horas, yo siempre como niño en dulcería, no sólo por los libros, sino por las películas. Hace algunos meses cambié mi ciudad de residencia justo cuando llegó la Gandhi a ella. Afortunadamente en la ciudad en que vivo ahora, también hay y el fin de semana pasado fui con otro amigo.

Mi primer decisión de compra, y sencilla, fue Shichinin No Samurai, porque es un clásico y siempre la había visto mucho más cara de lo que la conseguí. Mi segunda decisión fue The Corporation, un documental que anunciaba falsamente ser de Michael Moore y que me decepcionó mucho. Mi tercer decisión fue, Wilbur Wants to Kill Himself, una comedia negra/drama muy interesante que vi hace mucho en un festival de cine. Además mi amigo llevó Acid House, basada en una novela del mismo escritor de Trainspotting; y Dune de David Lynch (interesantísima por cierto), ya se imaginarán nuestro productivo fin de semana.

The Corporation es un documental que critica severamente a las grandes empresas. El planteamiento es; hace ya muchos años que a estas empresas se les dió el papel legal de “personas”, por ejemplo en México las conocemos como “personas morales“. De manera creativa en comparación al desarrollo general (nefasto), comienzan a desarrollar un perfil psicológico de ciertas corporaciones, partiendo de que son “personas”. Las encuentran irresponsables, mentirosas, con problemas para comprometerse, excesivamente ambiciosas y hasta genocidas.

Creo que, al analizar sólo una cara de la moneda, en prácticamente cualquier tema, sólo vas a encontrar cosas que favorezcan el sentido de tu búsqueda. Pero vamos a pensar en algún “avatar del bien” que sea difícil de encontrarle un aspecto negativo… digamos un monje Zen.

Ahora digamos que partiendo de que las corporaciones son personas, las convirtiéramos a todas ellas en monjes Zen… no tendríamos algo llamado mercado, ni algo llamado tecnología, ni algo llamado empresa por principio de cuentas… el concepto de economía sería algo medio surreal también.

¿Es posible remontar nuestra cotidianidad a un entorno en que el poder esté en manos de monjes Zen? no, difícilmente se me puede ocurrir algo más utópico. Si mañana todos despertáramos en el sendero de la iluminación encontrando la felicidad efímera y eterna al mismo tiempo en cada una de nuestras limitantes haciéndolas desaparecer a su vez, sería maravilloso, pero tenemos el impedimento cultural de cientos de generaciones que han optado por la ambición y el desarollo primero individual, luego de sus seres queridos y finalmente de su versión limitada de “comunidad”.

¿Significa que está mal? en absoluto, porque es el camino realista, desgraciadamente termina obligándonos a competir, y al final el problema que percibo es la incapacidad de muchos de encontrar un límite satisfactor.

Hace ya varios años fui a dar una plática a un campus del Tec de Monterrey, a algunos alumnos de preparatoria que estaban a punto de vivir la experiencia del servicio social. Un amigo (quien por cierto es teólogo y nos aventábamos unas discusiones de religión muy interesantes) me pidió que les platicara de la “cultura light”, ya que los veía muy desmotivados respecto al servicio social y él lo estaba coordinando.

Mi estrategia fue repartir a algunos de ellos (a 54, con jokers) un mazo de cartas inglesas. No les expliqué en un inicio para qué eran y les comencé a hablar de lo que podía significar el servicio social, les expliqué que la “cultura light” era un comportamiento superficial y desinteresado que limitaba el desarrollo personal. Los invité a hablar en cualquier momento y les decía “muéstrame qué carta te tocó”, “una reina”, “ah muy bien, imagínense que como la compañera tiene una reina puede opinar, pero que quienes tuvieran algo menor al Jack no pudieran”. A la mayoría no les gustó la idea por supuesto y entonces les expliqué que en realidad así es como funcionaba el mundo. Les dije que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que con el sólo hecho de estudiar preparatoria, en una escuela como el Tec de Monterrey, significaba que al nacer les había tocado algo así como un Rey. Con el tono más fresa que he oído en mi vida, un muchacho me preguntó “¿y tenemos la culpa de haber nacido con un Rey?, ¿somos malos por eso?”. Le expliqué que por supuesto no, pero que la “cultura light” podía provocar que su visión se redujera a dos números, el Rey y el As, y que prácticas como el servicio social podían extender su visión hacia el resto de las cartas, y que tener una visión más amplia era fundamental para desarrollarnos más integralmente.

Poco a poco hubo más apertura y empezaron a entender el concepto. La vida en general y la Microeconomía en particular pueden resultar extremadamente complejos, el sistema socialista ha requerido ser opresor para desarrollarse, y poco a poco han ido cayendo al capitalismo los países de raíces comunistas. El capitalismo, como lo conocemos, difícilmente será eternamente sostenible porque la excesiva riqueza de pocos tiene un reflejo en la extrema pobreza de muchos. Todos los humanos somos iguales en términos de concepto, pero la verdad es que pocos tenemos mucho más oportunidades que la mayoría. ¿Cuál es entonces la tercer vía?, sentarnos a criticar a las corporaciones sin hacer una propuesta no lo es, criticar la opresión del socialismo, del fascismo y hasta del absolutismo, tampoco resuelve nada.

La verdadera tercera vía (en términos históricos ya estamos viviendo una) tendría qué ser promovida por la gente que tiene el poder para que pueda surtir efecto, pero ellos están siendo directamente beneficiados por el esquema actual, difícilmente querrán un cambio verdaderamente significativo. La única respuesta viable parece entonces que debe venir de aquellos que aún no hemos sido corruptos por el poder (o por la cultura o por lo que sea) y que de alguna manera podríamos acceder a él. Pareciera que entonces todos los que no hemos optado por ser parte de la “cultura light” tenemos una responsabilidad latente, que casi siempre hacemos a un lado porque ya tenemos suficientes cosas en qué pensar respecto a nuestra propia vida. Si decidimos no incidir deberemos esperar a ver cómo lo resuelve alguien más o cómo llega a ser insostenible (qué efectos sociales arrastrará).

El perfume.

Si alguno de los lectores no me ha visto desde la universidad, o desde prepa, les confieso algo: ya no soy Gasca “el tilico”. En siete años mi masa muscular (claramente en reposo) y mis tallas han aumentado como en un 20%.

Bueno, pues en ese afán de desaparición de lonja, hace algunas semanas que estoy saliendo a correr, y particularmente las últimas veces que he salido, cada vez corro más. Esto no es precisamente debido a que rápidamente esté obteniendo una mejor condición física, se debe a que además de correr, salgo a pensar, ya saben, mi vida, planes, proyectos.

Y cuando me doy cuenta, llevo tres kilómetros, pero mi trote es tan lento que gente caminando a buena velocidad puede rebasarme. Cada vez corro más, pero porque lo hago más lento, entonces es claramente menos esfuerzo.

Pues el día de ayer, en ese recorrer lentamente el parque haciéndome toda clase de chaquetas mentales, cuando ya llevaba varias vueltas, el ruido de un trote rápido acercándose me sacó de mi nirvana portátil. Apenas volteé, una chica me rebasó sin mayor preocupación. Bajo condiciones normales, no me hubiera importado, de verdad que ni siquiera era tan guapa. La cuestión es que tenía un aroma que inundó de recuerdos a mi subconsciente: era exactamente el mismo aroma que tenía una de mis ex.

Empecé a aumentar el ritmo de mi trote para seguir tal perfume; resulta que ésta ex, quien además es una buena amiga, era particularmente… bueno, no tiene sentido darle vueltas, era particularmente cachonda (no tiene nada de malo, disfrutan más de la cuestión física del amor, es como disfrutar más de la comida o del vino).

Entonces, racionalmente, ¿no pasa nada no?, “ah si, esa mujer huele como una de mis ex”, y sanseacabó. Si hubiera quedado obsesionado con ella, comprendería ir detrás de la otra como baboso a velocidades que no recordaba que podía alcanzar. Lo cierto es que casi siempre nuestros recuerdos placenteros son visuales o auditivos y creo que no utilizamos (al menos yo no) lo suficiente al resto de los sentidos. Imaginen que cada que recordamos algo pudiéramos, además de visualizar el momento, sentir lo que estábamos sintiendo, tener el gusto que teníamos, escuchar de manera precisa los sonidos más remotos del momento y oler de nuevo lo que se olía en ese ambiente; con suficiente concentración tal vez sea posible, tal vez en eso consisten las regresiones.

Bueno, pues la cuestión es que yo iba como galgo detrás de su carnada, hasta que me sentí acosador y decidí rebasarla, sin mayor esfuerzo la pasé, enmedio de mi éxtasis por mis recuerdos olfativos. Hasta que finalmente me alejé y perdí su aroma, me di cuenta: “puta qué cansado estoy, ¡no mames!”, de plano me dolían las piernas de tal forma que no sólo no podía seguir corriendo, no podía caminar, no podía mantenerme en pie, de verdad temí desplomarme.

Me detuve, masajeé un poco mis piernas, nada más esperando que me diera un calambre, afortunadamente no llegó y poco a poco pude seguir caminando, en eso me vuelve a rebasar y mi primer impulso fue seguir detrás de ella pero… no, espero que nos encontremos otro día en el parque, espero encontrarla todos los días porque difícilmente voy a encontrar una mejor motivación para alcanzar mi límite.

Anecdotado.

Esta idea la estoy copiando de un buen amigo que en su blog incluyó una serie de frases célebres bastante buenas. Y al igual que en su idea, éste post se irá extendiendo conforme recuerde y me ayuden a recordar otras frases y diálogos chuscos.

Voy a ir depurando este post porque ya quedó inmenso.

Honestidad radical.
“¡Estás bien pero bien pendejo!”. Ka, Robert’s place, 2000.

“¡Eres un cerdo!”. Una amiga, al Beto, Gasca’s Place, 2001.

“Yo podría ser doble [stunt]” Beto.
“¡Podrías ser hasta triple o cuádruple!” Gasca, Monchocombi, 2002.

“¿Qué parte de NO, no entiendes?” Chángaro, La Media Luna, 2003.

“Chángaro si el principio es el fin y el fin es el principio, pues a dónde vamos mejor aqui nos quedamos”. Ka, impresionantemente sobrio, La Media Luna, 1998.

En el cuarto de un cuate, éste discute con una amiga, él quiere tener sexo oral y ella no parece dispuesta. Finalmente bajan, molestos, a la sala, donde estaban varios amigos.
Uno de los amigos pregunta, “¿Por qué están enojados?”
Ella, sin pensarlo mucho, responde: “Por una mamada”.

Un cuate le dice a una amiga:
“Te voy a contar un chiste que se te van a caer las nalgas”.
Se asoma deliberadamente a su trasero, y continúa:
“Ahhh, ya te lo contaron…”.

Lo que hace el alcohol.
“Un threesome, tú y yo y tu escote”. Erminio a una tal Lucha.
“Jajajajaja, ya oyeron, que un threesome, Erminio, yo, ¡y yo escocojo!”. La tal Lucha. Erminio’s Birthday Party, 2006.

Según el Gabo era un experto en constelaciones entonces yo le pregunté cuál era la constelación que se encontraba entre la osa mayor e insurgentes. A lo cual el empezó “Pérame… esa sí me la sé…. ¡déjame acordarme!”
Corregida por Cabamán; Chamela, 2003.

“Es que no vieron, había alemanas, holandesas, suecas…” Chángaro, ebrio.
“¡En tu estado debiste ver hasta marcianas y elfas!” Gasca, medio ebrio, Chamela 2002.

“¿Gasca, qué es un déjà vu?”
10 minutos después:
“Gasca, qué es un déjà vu?” Totti, medio ebrio, Ricky’s place, 2002.

“Yo no speak English, pero mi amigo si”. Ka, muy ebrio, tratando de ligarse (jajajaja) a una francesa. Boligoma’s Wedding, 2002.

Contextuales.
“¿Dónde puedo conectar esto?” Mariscal, en La Media Luna (¡de campamento! jajajajaja), mostrando su secadora de pelo.
“Búscale por ahí en un árbol… ¡pendejo!”. Ka, mil novecientos noventa y algo…

“Ahorita llego jui x tu cel…” Mensaje a mi cel, que un día anterior olvidé en una casa y mi amiga Dexter fue a recoger :D.

“¡Ya me le aventé!” Beto
“¿Y qué te dijo?” Ray
“Le dijo: ‘¡AAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAHHHHHH!”. Gasca, Juanito’s Place, 2002.

“¿Pues que pague la vaca no?” [vaquita: dinero que se junta entre varios con un propósito.]
“¡Nooo, yo por qué!” Gabo, en alguna gasolinera, de algún punto de la carretera entre León y La Media Luna. 2002.

“¿Por qué no vino?” Viejito.
“Porque fue a echar mandril.” [“echar mandil”: pasar tiempo con tu novia, ser mandilón.] Gasca, con influencia de Juanito, Ka’s Place, 2004.

“¡Llegaron los Reyes Magos!” [Beto cargando a Cabamán -qué es más negro que moreno-] Juanito, Juanito’s Place, Navidad 2004.

Sexuales.
“No pues, como así… [señalando cierta longitud con los dedos]”. [Censurado, pero ahora le apodamos el “Tiny”], Ka’s birthday, 2003.

“Noooo es que no la viste Gasca, porque yo me bañé con él, la tenía, haz de cuenta, así como tu vaso de cuba”. [Censurado], Top Music, 2004.

“Sí, Chamela es una playa virgen”. Chángaro.
Entonces llegamos y nos encontramos con una playa llena de carros y gente.
“¿Este es tu concepto de virginidad?”. Gasca, Chamela 2002.

Homosexuales.
“No, pues a mi nomás que me lo practiquen”. [respuesta a la pregunta: “¿Te gusta el sexo anal?”]. [Censurado, pero en su defensa estaba ebrio y el tema anterior fue sexo oral.] Chamela, 2002.

Ka, molesto:
“¡Pues yo me cambio de bando y les disparo!”
Wassa:
“Muy bien, el Ka sale del clóset y nos dispara”.

“No, pues si con esta vieja no se hace, yo si me hago gay”. [Censurado, pero poco tiempo después terminó con ella, y aparentemente sigue heterosexual]; Pre-Boligoma’s Wedding, 2002.

Las de fantasía.
“A ver cómo reacciona la gente cuando se muera Gandalf”. Erminio, en voz alta, mientras nos sentábamos para ver la Premier de “The Fellowship of the Ring”.

“Pero mi piloto no está muerto, eyectó antes de que explotara el robot” Gabo
“Bueno, pues cuando caiga, mi robot lo pisa”. Ka
“No, ¡porque yo eyecto hasta el espacio!” Gabo, La Media Luna, 2002.

En el mundo de Star Wars:
“¡Quiero ser un Ewok con un Bowcaster!” [Ewok: Una especie de osito de peluche; Bowcaster: el arma personal más grande y pesada] Erminio, Sanborn’s, 2001.

“Estás entrando a la atmósfera” Ray.
“¡Eyecto!” Chojojoi, Ray’s Place, 2001.

“Pues lo ataco con mi lightsaber”. Gabo.
“Pero está a cuatro metros”. Ray.
“¡Ah, pero es que mi lightsaber es de cuatro metros!”. Gabo, being serious about that, Sanborn’s, 1999.

“Y les pagarían por ese trabajo 20 pesos”. Storyteller (Ricky).
“¿Quién es Benito Juárez?” [Si, bueno… en el mundo de Star Wars no se usan pesos] Gasca, Ricky’s Place, 2002.

“Van caminando y ven a lo lejos árboles chiquitos”. Storyteller (Cabamán).
“¿Bonsáis?” Wassa, en un juego de Twilight: 2000, Ray’s Place, 2001.

“Su mejor amigo ha de ser imaginario”. Ricky.
“No, ya lo abandonó también”. Gasca. Monchocombi. 2004.

Las clásicas de Juanito.
“Al rato les caigo”. Beto.
“No compadre, no nos haga eso, imagínese”.

“¡Están de la fregada los exámenes!”. Beto.
“Usted échele los kilos compadre, no vaya a ser que pase de panzazo”.

“¡Ni al cazo Beto!”.

“En la escuela me dicen Cheque”. Beto [que además se llama Ezequiel].
“¿Por qué compadre, porque rebota?”.

“Pues juego de portero, pero me expulsaron”. Beto.
“¿Por qué? ¿Por cochino?”.

Aquella vez que Beto platicaba que jugaba futbol…
Beto: “¡Es que méndigos, salí todo golpeado!”
Ray a Juanito: “Es que nadie llevaba balón”.
Enviado por Ray.

“¡Cuidado con el poste!” Ray, medio segundo antes de que Juanito chocara contra el poste.

“No, porque es pecado [rostro elevado al cielo en señal de contemplación]” Juanito, cada que se le propone hacer una orgifiesta en su Quinta.

“¡Dios es un Yanqui!” Juanito, cada que pierde, en lo que sea que pierda.

“Ha de estar con la brujer”. Juanito, haciendo referencia a que tenían “hechizado” a un amigo.

“¡El ataque de los clones!”. Juanito, haciendo referencia a unos amigos que son cinco hermanos que se parecen mucho físicamente.

Pirámide Psicosexual.

A mi edad, y a la de la mayoría de mis lectores, el proceso de cumplir años casi siempre implica el efecto “estoy envejeciendo”, en algunos a un nivel muy superficial como “me estoy quedando calvo” o “me estoy arrugando”, y otros a nivel de “yo creía que cuando tuviera 30 años iba a tener dos doctorados, un Ferrari y una linda familia”. Abraham Maslow generó su famosa pirámide de necesidades, enlistando con una regla a la que podemos llamar trascendencia, de abajo hacia arriba: necesidades fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, de estima y de autorrealización. Hace algunos meses discutía con un buen amigo si dicha pirámide sería congruente con algo que podríamos llamar “pirámide de madurez”, es decir, mientras más alta tu necesidad, mayor tu madurez mental. En aquel momento no teníamos mucha información a la mano, pero yo comencé a relacionar la pirámide de Maslow con las etapas psicosexuales de Freud, debido a que un par de meses antes una prominente psicóloga de mi ciudad natal me explicó que las lesbianas se habían quedado en la fase oral, los homosexuales (hombres) en la fase anal y la mayoría de los heterosexuales en la fálica (o uretral), de tal manera que reducía las causas de la homosexualidad a un problema de madurez. Yo inmediatamente salté diciendo que el promedio de mis amigos homosexuales es claramente más maduro que el promedio de mis amigos heterosexuales. Le dije además que no me parecía un problema psicológico ser homosexual debido a que era parte de la naturaleza, le comenté que por ejemplo todos habíamos visto a perros del mismo sexo lamiéndose sus partes nobles. Su respuesta que destruyó mi defensa fue “¿y cuál te gusta que sea la edad mental de los perros?”. Hace poco menos de un mes discutía con un amigo (biólogo) que tiende a animalizar excesivamente el comportamiento humano, que de acuerdo a la pirámide de Maslow los animales en general iban a tener necesidades de primer nivel (fisiológicas), y que las investigaciones que emiten los juicios más aventurados de comportamiento animal muestran necesidades de cuarto nivel (de estima) como máximo; conseguí que finalmente cediera un poco en su necesidad de hacer paralelismos con animales todo el tiempo y entonces volvió a conectarse en mi mente la relación en un inicio ecléctica entre la pirámide de Maslow y las etapas psicosexuales de Freud.

Después Maslow agregó el nivel cognitivo y finalmente el estético. Entonces tenemos, en ese orden, si consiguió cumplir su necesidad, al:
1. Artista
2. Científico
3. Emprendedor/Genital (Después de la pubertad): Aquí se generan los problemas de relaciones insatisfactorias, frigidez e impotencia.
4. Rompecorazones/Latencia (6 años a pubertad): Aquí se generan las bases de posteriores problemas de insatisfacción sexual.
5. Popular/Fálica o Uretral (3 a 6 años): Complejos de Edipo/Electra (competencia con el padre del mismo sexo para aceptación del padre de diferente sexo).
6. Sensato/Anal (18 a 36 meses): Aquí se generan los primeros elementos que muestran si la persona será excesivamente ordenada y cuidadosa o lo contrario.
7. Animal/Oral (0 a 18 meses): Aquí se generan las bases de posteriores dependencias fisiológicas (comer en exceso, tabaquismo).

Por supuesto este paralelismo no pretende decir que los niveles de Maslow se dan en la misma temporalidad que las etapas de Freud, sólo muestran que al menos en este sentido si se podría considerar una “pirámide de madurez mental”.

Leer el futuro.

Hace algunos días me preguntó una amiga cuál fue el primer libro que leí, con la intención de que le recomendara alguno adecuado para inducir la lectura en sus sobrinos; esto me hizo reflexionar respecto a la influencia que tuvo la lectura en mi vida. Comencé a recordar entonces que fue Around the World in Eighty Days el primer libro que leí, a los 6 años, quedé tan fascinado que me puse a buscar libros en mi casa y el siguiente que encontré fue “Fray Escoba”, que me parece era la biografía de San Martín de Porres. No encontré nunca otro libro en esa casa, que era de mi abuelo. Mi necesidad de lectura se vio de esta manera frenada y entonces comencé a leer comics, de G.I. Joe particularmente, que fue una fascinación para mi, las historias eran bastante creativas, pero lo que realmente me cautivaba eran las referencias a momentos históricos reales, a la Guerra de Vietnam por ejemplo, o el que mencionaran los modelos de las armas, ahora me doy cuenta que era mi necesidad por obtener conocimiento real y que me generó por mucho tiempo un apasionamiento por lo militar. Si nos detenemos en este punto fácilmente podemos analizar que mi formación intelectual pudo depender mucho de mi familia, que si en vez, o además de, acercarme comics hubiera tenido la visión de acercarme más libros de Julio Verne, mi interés hacia la ciencia se hubiera visto más desarrollado que hacia lo militar. Actualmente la guerra me parece algo absurdo y atroz, pero las raíces de mi infancia me siguen haciendo disfrutar mucho la estética de las armas por ejemplo, o las películas de guerra. Yo creo que pasaron años hasta leer mi siguiente libro, debió ser a los 9 cuando me encontré, ya en la casa de mi padrastro, un libro que se llama “¿Cómo proteger su dinero?”, honestamente ni recuerdo el autor, pero como se imaginarán ahora mi apasionamiento fue hacia las finanzas, a los 9 años yo ya sabía el significado del efecto de Espiral Inflacionaria, qué es el PIB y cómo funciona la Bolsa de Valores. Durante mucho tiempo estuve interesado en todo lo financiero por ese libro, ahora me percato que fue determinante para que 8 años después optara por estudiar Contabilidad Pública (de la cual por cierto deserté). Como a los 10 años entré finalmente a una escuela donde sí se preocupaban por la lectura, he leído a partir de entonces decenas de libros, que ahora me hacen interesarme en temas como la Filosofía, la Sociología, la Psicología. Sin embargo, en aspectos muy claros, y otros muchos de los que seguro no me he percatado, lo que leí entre los 6 y los 10 años fue fundamental en mi vida, mis aficiones, mis conocimientos, mis intereses están directamente relacionados. No pretendo de mi ejemplo crear una regla universal, tampoco decir que solo con libros determinas el futuro de un niño. Pero si quiero invitar a reflexionar; en México, de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Lectura, se leen 2.9 libros al año por habitante (en edad de leer), pero el 33.5% de los encuestados declaró no haber leído ningún libro en el año, y el 40% no pudo recordar el título del libro que leyó. Los libros que más se declararon haber leído son los de texto de la escuela, después la Biblia, luego libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, háganme el favor. Pero el problema no termina ahí, la principal educadora en México, la televisión, que en la inmensa mayoría es nacional, además de no dedicar tiempo comercial a la cultura, envía mensajes de estupidización masiva con programas como el “Chavo del Ocho”; o promueve la estandarización de ideas superficiales y visiones recortadas con las telenovelas. La desinformación de los noticiarios ya es un tema muy largo. Con todo lo que se gasta en dar a conocer los programas del gobierno, para hacernos pensar que todo va de maravilla, mejor deberían poner los pies en la tierra, aceptar que en cultura estamos muy retrasados, y pagar en horarios comerciales cápsulas educativas, si no tenemos la capacidad de hacer que los ciudadanos lean, al menos aprovechemos la certeza de que verán televisión.