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Foucault en el cine

Introducción.

“[…] si megalómano es el hombre que se mete en grandes cuestiones para conseguir algo que le quedará grande y le dejará en la estacada; ¿cómo debe denominarse a quienes, una vez que se han hecho cargo de las grandes cosas, ya no las abandonan nunca jamás? Propongo llamarlos megalópatas.”
(Sloterdijk, 2002, págs. 39-40)

Hay una premisa que varios profesores de filosofía mencionan a sus alumnos: la filosofía no trata problemas urgentes. Tenemos varios indicios de que en la Antigüedad algunos filósofos ejercían una influencia directa en sus ciudades y con los gobernantes, pero con el correr de la historia tal influencia se fue diluyendo hasta que, el día de hoy, es prácticamente inexistente. Actualmente, y en el mejor de los casos, el filósofo (vivo) es citado por algún político con la ceremonia y el desdén con que se cita a un muerto. Aquellos filósofos que consiguieron algún puesto público en gobiernos o meta-gobiernos (como la ONU), no parecen incidir de ninguna manera clara en la cotidianidad, en general pareciera que son puestos otorgados más bien de manera ornamental. Bajo esta tendencia, la labor del filósofo terminará viéndose como una mera “curiosidad”, una erudición completamente inconexa de toda realidad perceptible, no me extrañaría que ya lo viera así la generalidad.

Pero este, sin embargo, no es ni con mucho el mayor problema de la filosofía como disciplina. En el marco de la ‘no-urgencia’ anteriormente señalada, encontramos que la filosofía, y la humanidad en general, se enfrenta hoy a la mayor crisis de la que se ha podido dar cuenta: un cambio climático que amenaza con extinguir a la especie. Ya no nos queda esa larga cadena de generaciones para seguir tratando los mismos problemas, si la filosofía va a hacer algo por la humanidad, ahora se torna urgente.

Para los menos informados, tal postura podrá ser fácilmente descalificada como “apocalíptica”, se podría hacer una analogía de cuando por ejemplo, en el marco de la guerra fría, se decía todo el tiempo que una guerra nuclear nos aniquilaría; tal postura hoy se ve como folclor del macartismo. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los científicos especializados en el tema están muy preocupados al respecto (y se rumora que los pocos que no, han sido bien recompensados). También la filosofía comienza a tomar conciencia del problema; hace poco presencié una conferencia de Edgar Morin, quien en la lucidez de sus últimos años, terminó su discurso diciendo: “[…] se requiere de un nuevo humanismo cuya prioridad sea salvaguardar el futuro de la humanidad”.

“La política aparece como algo equivalente a un crónico y masivo accidente de coches, en cadena, en una autopista envuelta en niebla. En una situación como ésta no puede hablarse durante mucho más tiempo de un gusto por la convivencia. La nueva grandiosidad de nuestra época aparece en el horizonte como la monstruosa Internacional de los usuarios terminales.” (Sloterdijk, 2002, págs. 77-78)

Si la intención, en este contexto, fuera reconfigurar a la filosofía para que atienda problemas urgentes y ayude a resolverlos, el primer paso tendría que ser ahorrarse toda pretensión de Verdad o exactitud. La urgencia, en mi opinión, supone dos cosas: cierta preminencia de la filosofía práctica y la apremiante necesidad de hallar nuevas maneras de abordarla. Aquí es donde considero valioso retomar a Foucault y al “[…] tríptico de su obra crítica: un estudio de los modos de veridicción (más que una epistemología de la Verdad); un análisis de las formas de gubernamentalidad (más que una teoría del Poder), y una descripción de las técnicas de subjetivación (más que una deducción del Sujeto).” [Comentario de Frédéric Gros en (Foucault, El coraje de la verdad, 2010, pág. 352), las cursivas son mías].

“Poco a poco se comprende que la actual way of life y el largo plazo son, estrictamente, dos magnitudes que se excluyen mutuamente. […] El proceso industrial a gran escala destruye más ‘reservas’ humanas y naturales de las que él mismo puede producir o regenerar. En esa medida resulta ser tan autopoiético como un cáncer, tan creador como un fuego de artificio, tan productivo como una plantación de drogas. Lo que hace más de doscientos años fuera celebrado casi sin discusión como productividad humana, se hace crecientemente visible en su carácter destructivo y creador de adicción.” (Sloterdijk, 2002, págs. 101-102)

Parresía.

“[La política como] El arte de lo posible a gran escala[,] gira en torno a ese acto forzado que consiste en presentar lo improbable como ineludible. La figura política del imperio opta por la idea de que lo dificultoso es voluntad de Dios y adecuado al ser: hace valer como natural lo que es casi imposible.”
(Sloterdijk, 2002, pág. 37)

Decía Kant que la humanidad no ha llegado a su mayoría de edad. Tal será alcanzada hasta que sea capaz de gobernarse a sí misma, hasta ahora somos adolescentes que requerimos de tutores, los gobernantes [1]. Esta no es una idea nueva, al inicio de La Hermenéutica del sujeto, un curso dictado por Michel Foucault en el Collège de France en 1982, el autor señala la conformación de un proto-sujeto pre-moderno, particularmente visible en Platón y en la filosofía helenística, un “sujeto” que, a diferencia del moderno, no va a buscar someter a la naturaleza para que ésta revele sus misterios, sino que asumirá que es el propio sujeto quien debe transformarse para dar cuenta de la verdad [2]. Este pre-sujeto debe realizar un conjunto de prácticas que lo lleven al ‘gobierno de sí’ y sólo entonces podrá dar cuenta de la verdad. 

En su último curso (1984, año de su muerte), El coraje de la verdad, Foucault señala que hay cuatro formas de veridicción en la antigüedad, la del profeta (verdad sobre el futuro), la del sabio (verdad sobre el ser de la naturaleza y de las cosas), la del sofista o el maestro de retórica (técnicas de verdad) y la del parresiasta (verdad sobre el ethos) [3]. El término parresía (παρρησία) es comúnmente traducido como ‘franqueza’, sin embargo Foucault hace notar repetidamente que sería más preciso entenderlo como un ‘coraje de la verdad’, pues ejercer la parresía siempre supone un riesgo, siempre implica decir una verdad que puede molestar al interlocutor, y comúnmente el interlocutor es alguien más poderoso que el parresiasta. La madurez de la que habla Kant es precisamente esta, la del hijo adolescente que expresa a sus padres que ha llegado el momento de manejar su propia vida, que dejará de depender de ellos pues ya no necesita de su gobierno, ahora es capaz de gobernarse a sí mismo; tal sería un ejemplo de parresía.

Sin embargo no debemos entender en la parresía un mero ejercicio de honestidad, no se trata de la intención de decir una verdad que se considera subjetiva, se trata de que el parresiasta (individuo, sujeto o persona son términos ya inadecuados) efectivamente conoce la verdad, es consciente de ello y sabe que su función (deber y obligación son también inadecuados) es decirla. “[…] ‘parrèsiázesthai’ significa ‘decir la verdad’. Pero ¿el parresiasta dice lo que él piensa que es la verdad o dice lo que es realmente la verdad? Para mí, el parresiasta dice lo que es verdad porque sabe que es verdad. Y sabe que es verdad porque es realmente verdad. El parresiasta no es solamente sincero y dice su opinión sino que su opinión es realmente verdad.” (Foucault, Coraje y verdad, 2003, págs. 267-268)

A primera vista, cuando leí ambos aspectos de Foucault, me parecía que se estaba contradiciendo. Primero dice que el parresiasta es el que dice la verdad de un ethos, luego que dice esa verdad, porque conoce realmente la verdad, pero tal no es una Verdad sino un modo de veridicción. En este sentido cabía regresar al Foucault arqueológico para entender que la verdad es aquello que está inserto en un discurso suficientemente articulado que luego constituirá a los objetos. Esto es, vivimos en un mundo en el que las cosas son símbolos, su significado se ha ido insertando en ellas de acuerdo a las reglas articuladas de diversos ‘juegos de verdad’ cuyo estadio es el poder mismo. Para el parresiasta tales “juegos” son transparentes, ve con claridad los significados y los dice. En este sentido, verdad, y verdad del ethos, son lo mismo.

V for Vendetta.

« Vi Veri Veniversum Vivus Vici ». –Evey
“By the power of truth, I, while living, have conquered the universe.” –V
“Personal motto?” -Evey
“From Faust.”
-V [4]
(Wachowski & Wachowski, 2006, 00:43:55)

Evey es una mujer joven, huérfana, acostumbrada desde niña a sobrevivir siendo amable, yendo con la corriente; sus padres fueron arrancados de su vida por subversivos, así que ella entendió pronto que la mejor manera de sobrevivir es la sumisión. Tal es el juego dialéctico a lo largo de la película, un poder domina gracias a la sumisión de las mayorías, mientras que una idea, dramatizada por una suerte de Übermensch (es muy evidente en la película que Dios ha muerto), va reduciendo tal dominio a través de la subversión, con su pura voluntad de poder. En el núcleo del juego dialéctico se halla la verdad, a muy distintas escalas: a una escala pequeñita, verdad maquillada con mentiras; a una escala intermedia, verdad como confianza entre amigos; y a gran escala, parresía, con todas sus letras.

Evey va a encarnar esta transición, el paso de la sumisión a la neutralidad y de la neutralidad a la subversión a través de su ejercicio de la verdad. Para dar el primer paso necesita conquistar sus miedos, obtener el ‘dominio de sí’. Mientras es sumisa, vive en una mentira que a su vez la hace mentir para sobrevivir. Esto es fundamental, porque la película va a ser muy clara al poner a la mentira en la cara de la sumisión (miedo), y a la verdad en la cara de la subversión (valentía). Valentía de la verdad es justamente parresía.

V como parresiasta se convierte en el maestro de Evey, quien a su vez, a través de distintas prácticas, alcanzará el ejercicio de la parresía. Es entonces puesta a prueba, su ‘maestro’ [5], que además de parresiasta es un artista, la engaña para mostrarle la verdad. El maestro reproduce una tragedia, provocando una κάθαρσις [6] en Evey quien termina superando sus miedos. En tales condiciones, su autodominio reactivará su capacidad de sobrevivir en un contexto caótico, pero ahora sin sumisión, será libre [7]. Se ha transformado, ya puede ver la verdad sobre sí, pero aún no sobre los otros. Para dar el siguiente paso requiere volverse parresiasta, requiere ser capaz de tomar el riesgo de decir esa verdad, y de llevar a la acción esa verdad que dice [8]; debe tomar un riesgo moral y político: colocan en sus manos la posibilidad de eliminar al poder de la sumisión y posibilitar el poder de la subversión. Tal decisión ya no tiene que ver con el ‘cuidado de sí’, sino de los demás, ella superó la sumisión, ahora le toca actuar congruentemente para ayudar a que los demás la superen.

Por una línea alternativa, Finch, el investigador que trabaja para el gobierno, representa al sujeto moderno. Comienza en un marco axiomático, “el gobierno es bueno”, “protegemos a la gente”, “hacemos cosas que son un mal necesario”; está envuelto, al igual que la primera Evey, en la sumisión: en su primera intervención dice una opinión, en un tímido intento de parresía, Sutler lo regaña y Finch se disculpa y agacha la cabeza, luego dice Sutler (el supremo canciller): “To fail is to invite doubt into everything we believe…” [9] (Wachowski & Wachowski, 2006, 00:12:47), con esta línea anuncia la aparición del sujeto cartesiano: el humanismo moderno es una respuesta al fallido intento de conocer a través de la fe, de aquellos axiomas metafísicos; nace entonces la duda metódica. Finch comienza a investigar, pero la duda se va apoderando de él, hasta que dice a su compañero, muy concretamente: “no me importa que no respondas, pero tengo que decir una pregunta en voz alta… ¿y si el gobierno fuera malvado?” Parece una clara analogía a Descartes preguntándose “¿y si Dios fuera un genio maligno?”[10].

Pero al igual que Descartes, eso no logra arrebatarle por completo la fe en los axiomas previos (Descartes después explicará, al final de la Tercera Meditación por qué Dios no puede ser un genio maligno [11]), y sigue adelante con su investigación. Este sujeto no hace una transformación interna para percibir la verdad del ethos, y lo pudo haber hecho, le faltó en todo caso, diría un estoico romano, un maestro (como Evey tuvo a V). Le “preguntó” a la naturaleza (a lo Bacon), usó el método adecuado (a lo Descartes) y los objetos de conocimiento no lograron decirle la verdad.

Cuando V realiza el “efecto dominó”, al final queda una ficha de pie. Como el universo de V es simbólico, es decir, ve la verdad a través de los símbolos, sabe que la ficha que no cayó “ni para un lado ni para el otro” significa que al final habrá un aspecto aún no resuelto, aún impredecible. Un efecto imposible de ver: es el encuentro entre los dos sujetos, Evey y Finch. Tal encuentro, en el tercer acto, refleja el culmen de la parresía. El poderoso es Finch, tiene un arma y amenaza con usarla contra Evey a cambio de que no actúe de la manera que ella considera correcta. Ella debe recurrir al coraje de la verdad y a la congruencia típica del parresiasta, lo logra y con ello escapa finalmente de la sumisión y realiza un acto de subversión consciente, la transición terminó. Evey pregunta a Finchdo you like music?”, y con ello los directores nos dicen que se repite el ciclo, que ahora ella será la maestra de Finch, pues fue exactamente la frase de apertura con la que V se convirtió en maestro de ella. Uno de los mensajes de la película podría ser que el sujeto de conocimiento moderno debe aprender del pre-sujeto de la antigüedad si quiere alcanzar la verdad.

Consideraciones finales.

“Artists use lies to tell the truth, while politicians use them to cover the truth up.” [12]
(Wachowski & Wachowski, 2006, 00:41:11) 

El Estado representa en la película a la mentira y la manipulación, V como parresiasta va a evidenciar esa mentira ante todos los ciudadanos. Es un parresiasta porque lo que dice y lo que hace están en armonía. Es un parresiasta porque dice la verdad a y de los más poderosos que él. Es un parresiasta porque todo el tiempo está en riesgo de morir y no se detiene. Es un parresiasta porque evidenciando lo verdadero, pone en duda lo que la gente cree que es y lo que cree saber, y haciendo eso los transforma. Para Foucault, precisamente los parresiastas por excelencia fueron Sócrates y Diógenes el cínico, el primero ponía a dudar a la gente respecto a lo que creía que sabía, el segundo respecto a lo que la gente creía que era. Entonces V, como parresiasta non plus ultra, aporta una nueva ‘técnica de sí’, aporta el arte, como una “mentira que dice la verdad” en un sentido práctico. Está muy claro que el arte no es parresía como tal, pues esta última debe ser lo más clara posible, no oculta nada, pero sí es una práctica para volverse parresiasta. [13]

Lo que V entiende es que estamos en un mundo simbólico, y que la gente “coloca” significado en dichos símbolos, les transfiere distintas formas de poder. Esto es casi exactamente lo que plantea Foucault. Su mayor interés es entender la relación entre sujeto y verdad, porque sabe que a lo largo de la historia los ‘juegos de verdad’ han dependido en buena medida de los modos de subjetivación en cada momento, y viceversa. De esta manera, conocer la verdad otorga un poder transformador en un sentido ético, pero especialmente político [14]. El poder de V radica en que conoce el significado de los símbolos, y como parresiasta, su voluntad de poder radica en decir la verdad con las palabras adecuadas, que a su vez son símbolos, y al actuar en consonancia, sus poderosas palabras devienen poderosos actos simbólicos: sabe qué edificios destruir para incidir en destruir la sumisión (miedo, mentira) y en potenciar la subversión (voluntad de poder, verdad). [15]

No obstante, yo no puedo saber si los directores (además guionistas) y/o el escritor del cómic, leyeron a Foucault. Sin embargo, el decidir hacer la película, el darle cierta estructura desde el guión hasta la edición, el utilizar ciertos elementos simbólicos; nada de esto es gratuito. Los directores de esta, y de otras muchas películas, pretenden incidir en la audiencia. Es claro que la protagonista es Evey, y es en el papel protagónico donde los directores colocan la transición que esperan que tenga la audiencia. Los directores, en este caso, están asumiendo que los espectadores, en general, somos gente sumisa con el potencial de la subversión. Pretendieron, a su vez, a un siguiente nivel de abstracción, crear una mentira (una distopía de ficción) que nos transmitiera una meta-verdad. La verdad respecto a la verdad. La verdad respecto a la verdad es que ésta nos otorga un poder transformador, un poder para gobernarnos a nosotros mismos e incidir en los demás para que sean capaces de gobernarse a sí mismos. Los directores pues, lo sepan o no, llevaron a cabo un acto de parresía.

Notas al pie.

[1] Cf. Kant, Immanuel. Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración? Disponible en Internet.

[2] Cf. Foucault, La hermenéutica del sujeto, 2011, págs. 33-35

[3] Cf. Foucault, El coraje de la verdad, 2010, págs. 34-38

[4] « Vi Veri Veniversum Vivus Vici ». –Evey. ”Por el poder de la verdad, yo, viviendo, he conquistado el universo”. –V. “¿Es tu lema personal?” –Evey. “No, es de Fausto.” –V. [Traducción propia].

[5] Para los estoicos romanos se requería de un maestro para aprender y realizar las ‘técnicas de sí’ necesarias para el ‘gobierno de sí’. Cf. Foucault, op.cit., 2011, págs. 132-150

[6] Catarsis, en el sentido más griego posible: quienes presencian una obra trágica padecen una suerte de empatía que los purifica del miedo. Esto que ocurre con Evey es justamente lo que estos directores pretenden que ocurra con el espectador. Pero abundaré más delante en ello.

[7] “Then you have no fear any more. You’re completely free.” (Wachowski & Wachowski, 2006) Le dice el interrogador cuando ella se niega a contestar, optando por su muerte: “Entonces ya no tienes miedo. Eres completamente libre.” [Traducción propia]

[8] “[…] hay una relación armónica entre lo que Sócrates dice y lo que Sócrates hace, entre sus palabras (logoi) y sus acciones (erga). En consecuencia, no sólo Sócrates es él mismo capaz de dar cuenta de su propia vida, sino que tal acuerdo es ya visible en su comportamiento en tanto no hay la más leve discrepancia entre lo que dice y lo que hace. Es un ‘mousikós aner’. En la cultura griega, y en la mayoría de los otros diálogos platónicos, ‘mousikós aner’ denota a una persona consagrada a las Musas -una persona culta en las artes liberales-. Aquí la frase se refiere a alguien que exhibe una clase de armonía ontológica donde logos y bíos de tal persona están en un acuerdo armónico.” (Foucault, Coraje y verdad, 2003, págs. 334-335) Sócrates, junto con Diógenes, son considerados por Foucault los parresiastas par excellence.

[9] “Fallar es una invitación a insertar la duda en todo lo que creemos.” [Traducción propia].

[10] “I wanna ask a question Dominic. I don’t care if you answer me or not. I just wanna say this aloud. But I need to know that this question will not leave this office […] If our own government was responsible for the deaths of almost 100,000 people, would you really wanna know?” (Wachowski & Wachowski, 2006, 01:02:10) “Quiero hacer una pregunta Dominic. No me importa si me respondes.  Sólo quiero decirlo en voz alta. Pero necesito saber que la pregunta no saldrá de esta oficina [confianza con el amigo, miedo y sumisión con el exterior, confianza como primer paso subversivo] […] Si nuestro gobierno fuera el responsable de la muerte de casi 100,000 personas, ¿de verdad querrías saberlo?” [Traducción propia]

[11] “Dios, […] posee todas esas altas perfecciones […] no tiene ningún defecto ni nada que sea señal de imperfección. Por lo que es evidente que no puede ser un engañador, puesto que la luz natural nos enseña que el engaño depende de algún defecto.” (Descartes, 1977, pág. 44)

[12] “Los artistas usan mentiras para decir la verdad, mientras que los políticos las usan para encubrirla.” [Traducción propia]

[13] Lo mismo podríamos decir del resto de las ‘técnicas de sí’, el examen de conciencia pre-cristiano, por ejemplo, no es un ejercicio de parresía, es una práctica para volverse parresiasta. Cf. Foucault, op.cit., 2011, págs. 61-73

[14] Para entender esto con mayor detalle, recomiendo la nota de Foucault y la primera parte del comentario de Frédéric Gros en Foucault, op. cit., 2010, págs. 348-353

[15] “The building is a symbol, as is the act of destroying it. Symbols are given power by people. Alone, a symbol is meaningless, but with enough people blowing up a building can change the world.” (Wachowski & Wachowski, 2006, 00:33:14) “El edificio es un símbolo, como lo es el acto de destruirlo. La gente le otorga el poder a los símbolos. Por sí solo, el símbolo es insignificante, pero con suficiente gente, volar un edificio puede cambiar el mundo.” [Traducción propia].

Bibliografía y película.

Badiou, A. (2004). El cine como experimentación filosófica. En G. Yoel, Pensar el cine 1 (págs. 23-90). Buenos Aires: Manantial.

Descartes, R. (1977). Meditaciones metafísicas. (Vidal Peña, Trad.) Madrid: Alfaguara.

Foucault, M. (2003). Coraje y verdad. En T. Abraham, El último Foucault (págs. 263-400). Buenos Aires: Sudamericana.

Foucault, M. (2009). El gobierno de sí y de los otros. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2010). El coraje de la verdad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2011). La hermenéutica del sujeto. México: Fondo de Cultura Económica.

Kant, I. (s.f.). Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? Recuperado el 10 de Marzo de 2012, de I.E.S. Francisco Giner de los Ríos: http://www.ginersg.org/FILOSOFIA/textos/KANT.Respuesta%20a%20la%20pregunta.pdf

Sloterdijk, P. (2002). En el mismo barco. Madrid: Siruela.

Wachowski, A., & Wachowski, L. (Dirección). (2006). V for Vendetta [Película].

Marco sensorial.

I. Descripción.

La intensidad del tiempo a tus espaldas
merodeando entre lunas de silencios
que convergen distancias insustanciales
y remueven sutilmente mis preceptos.

Las líneas insumisas de tus brazos,
lo suave de los trazos impregnados,
las sórdidas pupilas dilatadas
e incesantes palpitares desangrando.

II. Interacción.

Converso con tu escencia enmarañada
que va minando la voluntad absurda
de reconocer en cada uno de mis actos
la avaricia y el desquiciado ego
que contrae gradualmente mi pasado.

Trato de sustraer verdades exprimiendo piedras,
sólo lo imposible es imprescindible,
ante el terror de hallar respuestas útiles
que succionen congruencia de mi ser.

Ensayo entre líneas insospechadas
que ensanchen expectativas
y sometan influjos de verdades
y certezas viviendo en monotonía.

III. Fusión.

Engaños de luces y de sombras,
de proyectos y epitafios,
de sinsabores y amarguras,
de complejidades y de atajos.

Memorias de pasiones infundadas
arremeten entre sábanas de angustias
y proyectan los bastones corroídos
que amarrados a mis manos dislocadas
son guías de caminos metafísicos.

Oleadas de sangre de cometas
de sueños y trances malogrados
de metauniversos infinitos
y otras tantas nimiedades
que sobotean el silencio añorado.

Convergen en la unidad demacrada,
en la belleza simple y matemática
que reúne esperanzas fútiles
respecto a mañanas predecibles,
respecto a mañanas indeseables.

Confesiones: El postmodernismo como adicción a la disidencia esnob.

Casi todo está mal. De verdad, “los números no mienten”.
Todo es criticable, sobre todo destructivamente.
Esta carne es perfecta con este vino, con este acid jazz, con este paisaje… con esta compañía la charla es exquisita, Dalí, Buñuel, Tarkovsky, Lynch.
No soy un hedonista, y si lo soy no es porque persigo este placer. Soy sólo un sobreviviente, y estos son los pequeños premios que merezco por sobrevivir.
De acuerdo, pero no soy materialista, en este mundo me tocó vivir, es afortunado que tenga los medios para acceder a estos pequeños placeres.
Bueno, nunca pretendí que mi posibilidad de acceder a estas ventajas provoque indirectamente que otros no puedan acceder a las mínimas.
El vino… el vino no es tan malo como la nicotina, mientras tomo no afecto a otros.
No, es que si tomo manejo mejor, al menos más lento. Es un problema que se resolvería si todos usáramos transporte público, claro, si hubiera uno realmente bueno.
Sé que la carne es la principal causa del calentamiento global, de muerte por problemas cardiacos y de maltrato animal pero, si yo dejo de comer carne nada de esto cambiará. Apoyaría una ley que prohibiera el consumo de carne.
¿Me estás diciendo que se vuelve ridícula mi crítica si soy parte del problema?, explícame cómo es posible dejar de serlo…
… sabes que mi mente está lista para encontrar decenas de rutas de salida que justifiquen mis placeres.
Sí, entiendo las ventajas de ahorrarme ese procesamiento y simplemente aceptarme como soy, aunque eso me haga concluir…
…no soy mejor que otros sólo por tener adicciones más sofisticadas.

Hoy…

Hoy es un día excepcional, no magnífico, sólo diferente. Hoy el lenguaje poético toma completo sentido en mi consciente. Los silogismos se vuelven meros juegos de palabras, mis principios se vuelven secundarios y lo ornamental se transforma en un metalenguaje.

Hoy me doy cuenta que llevo más de una década siendo insignificante porque no he cargado con mi significado, y no me refiero a una definición, porque hoy no soy un concepto, quizás lo sea para los dioses o los multiversos pero hoy no para los sociólogos, los filósofos ni los políticos, es muy posible que mañana lo sea, pero hoy no.

Porque hoy poseo la verdad y es esperanzadora, y es por lo mismo patética, hoy tengo a la verdad de la misma manera que tengo a mi televisión, en un mundo que va cínicamente en sentido contrario, mi televisión me posee tanto como mi verdad.

Y es que hoy lo inexplicable es preciso y lo abstracto es claro, como el ruido es relajante y el murmullo intolerable.

Hoy mis respuestas son sensaciones y no explicaciones, son recuerdos vividos no conceptos leídos, hoy no concibo lo abstracto, hoy soy una secreción de lo abstracto en sí mismo.

Hoy vivo más en el pasado que en un presente escurridizo y escencialmente inexistente, hoy es más real el recuerdo inventado y el sueño provocado y el trance alucinado que el latir de mis entrañas ante mi paso acelerado por el parque.

Hoy sé lo que digo y presiento que mañana no sabré a qué demonios me refería. Me quedo con eso, no voy a dejarme pistas, hoy no voy a justificarme, hoy me permitiré escupirlo.

Hoy me quitaré por un momento la armadura y la colgaré lo más lejos que pueda, con la ilusión de mañana olvidar ponerla en su lugar, de mañana sentirme ligero y fluir. Que de una vez por todas me deje de pelear conmigo mismo.

Hoy estoy en trance y el arte es mi lenguaje nativo, hoy entiendo por qué Lynch prefiere no explicar su obra, visualizo claramente que Jodorowsky es coloquial, que Baudelaire es mi más precisa definición de poesía y que Borges es el humano más brillante que ha pasado por mi juicio. Hoy cualquier pensador, científico o tecnócrata me parece sutilmente inexistente si en su vida fue incapaz de rozar el arte.

Hoy “sutilmente inexistente” es la más grande ofensa que puedo concebir. Pero hoy la ofensa no pretende ofender sino inspirar.

Hoy entiendo finalmente que la inspiración no construye al artista, que las musas son mitológicas, que lo requerido es dominar ese metalenguaje y luego ser capaz de traducirlo a algún idioma con la técnica que más le acomode al intérprete para que apenas con un ápice de entendimiento los espectadores insignificantes pongamos una pieza más en nuestro rompecabezas.

Hoy parece que la imagen de mi rompecabezas es un sinsentido inherente a la vida porque sólo entiendo más en la medida que acepto mi ignorancia.

Leer el futuro.

Hace algunos días me preguntó una amiga cuál fue el primer libro que leí, con la intención de que le recomendara alguno adecuado para inducir la lectura en sus sobrinos; esto me hizo reflexionar respecto a la influencia que tuvo la lectura en mi vida. Comencé a recordar entonces que fue Around the World in Eighty Days el primer libro que leí, a los 6 años, quedé tan fascinado que me puse a buscar libros en mi casa y el siguiente que encontré fue “Fray Escoba”, que me parece era la biografía de San Martín de Porres. No encontré nunca otro libro en esa casa, que era de mi abuelo. Mi necesidad de lectura se vio de esta manera frenada y entonces comencé a leer comics, de G.I. Joe particularmente, que fue una fascinación para mi, las historias eran bastante creativas, pero lo que realmente me cautivaba eran las referencias a momentos históricos reales, a la Guerra de Vietnam por ejemplo, o el que mencionaran los modelos de las armas, ahora me doy cuenta que era mi necesidad por obtener conocimiento real y que me generó por mucho tiempo un apasionamiento por lo militar. Si nos detenemos en este punto fácilmente podemos analizar que mi formación intelectual pudo depender mucho de mi familia, que si en vez, o además de, acercarme comics hubiera tenido la visión de acercarme más libros de Julio Verne, mi interés hacia la ciencia se hubiera visto más desarrollado que hacia lo militar. Actualmente la guerra me parece algo absurdo y atroz, pero las raíces de mi infancia me siguen haciendo disfrutar mucho la estética de las armas por ejemplo, o las películas de guerra. Yo creo que pasaron años hasta leer mi siguiente libro, debió ser a los 9 cuando me encontré, ya en la casa de mi padrastro, un libro que se llama “¿Cómo proteger su dinero?”, honestamente ni recuerdo el autor, pero como se imaginarán ahora mi apasionamiento fue hacia las finanzas, a los 9 años yo ya sabía el significado del efecto de Espiral Inflacionaria, qué es el PIB y cómo funciona la Bolsa de Valores. Durante mucho tiempo estuve interesado en todo lo financiero por ese libro, ahora me percato que fue determinante para que 8 años después optara por estudiar Contabilidad Pública (de la cual por cierto deserté). Como a los 10 años entré finalmente a una escuela donde sí se preocupaban por la lectura, he leído a partir de entonces decenas de libros, que ahora me hacen interesarme en temas como la Filosofía, la Sociología, la Psicología. Sin embargo, en aspectos muy claros, y otros muchos de los que seguro no me he percatado, lo que leí entre los 6 y los 10 años fue fundamental en mi vida, mis aficiones, mis conocimientos, mis intereses están directamente relacionados. No pretendo de mi ejemplo crear una regla universal, tampoco decir que solo con libros determinas el futuro de un niño. Pero si quiero invitar a reflexionar; en México, de acuerdo a la última Encuesta Nacional de Lectura, se leen 2.9 libros al año por habitante (en edad de leer), pero el 33.5% de los encuestados declaró no haber leído ningún libro en el año, y el 40% no pudo recordar el título del libro que leyó. Los libros que más se declararon haber leído son los de texto de la escuela, después la Biblia, luego libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez, háganme el favor. Pero el problema no termina ahí, la principal educadora en México, la televisión, que en la inmensa mayoría es nacional, además de no dedicar tiempo comercial a la cultura, envía mensajes de estupidización masiva con programas como el “Chavo del Ocho”; o promueve la estandarización de ideas superficiales y visiones recortadas con las telenovelas. La desinformación de los noticiarios ya es un tema muy largo. Con todo lo que se gasta en dar a conocer los programas del gobierno, para hacernos pensar que todo va de maravilla, mejor deberían poner los pies en la tierra, aceptar que en cultura estamos muy retrasados, y pagar en horarios comerciales cápsulas educativas, si no tenemos la capacidad de hacer que los ciudadanos lean, al menos aprovechemos la certeza de que verán televisión.

La danza de la (sur)realidad.

Posiblemente ya han visto en algunos comentarios que estuve leyendo un libro interesantísimo que se llama Nineteen Eighty-Four de George Orwell, quien fue un crítico social y político prominente durante y después de la Segunda Guerra Mundial; hace algunos días lo terminé, y a la espera de The God Delusion de Richard Dawkins, estoy leyendo un libro extraordinario, que después de mucha búsqueda, finalmente encontré en Monterrey, se llama La Danza de la Realidad, de Alejandro Jodorowsky. La historia de Orwell plantea una visión futurista del mundo, con una ficción distópica, donde a través del protagonista que está lejos de ser un héroe te van explicando la situación política, económica y social. Resulta que un partido comunistoide ha asegurado su posición eterna e “inmortal” mediante un control social individualizado (con telepantallas), a partir de un concepto fundamental al cual llaman “doblepensar“, que es una forma (bastante bien fundamentada) de creer, pensar y obedecer a dos conceptos antónimos al mismo tiempo. Por ejemplo, el pasado ya ocurrió naturalmente, pero es cambiante, continuamente reescriben los hechos, construyendo la historia tanto hacia el pasado como en el presente, para que la gente recuerde lo que el partido quiere. No es tan ficticio si damos una ojeada a los libros de texto de Historia de México de primaria y secundaria. Este doblepensar está soportado por una nueva forma de lenguaje, llamada neolengua, es una excepción de todos los lenguajes que han existido, porque en vez de crecer en cantidad de palabras, se va continuamente reduciendo (conforme crece se reduce, por ejemplo se crea la palabra “neolengua” y se elimina “nuevo” y “lenguaje”). Un amigo hizo un comentario hace poco donde menciona que está ocurriendo en cierto sentido lo que plantea el libro; el gobierno (el partido) cuenta con tres organismos al servicio del pueblo (o sea, al servicio del partido), Ministerio de la Paz, Ministerio del Amor y Ministerio de la Verdad; que de hecho se dedican a la guerra, la tortura (y castidad, que como sea es una forma de tortura) y a la mentira, respectivamente. Comentó muy atinadamente que por ejemplo el organismo militar estadounidense se llama “Departamento de Defensa“, sus acciones “defensivas” y “liberadoras” en realidad son ataques e invasiones. Nuestro Ministerio del Amor bien podría ser la Iglesia, que a través de su doctrina hace creer a las masas que el amor a su dios implica ofrecerle el sufrimiento de esta vida para obtener la felicidad de la siguiente, otro ejemplo son los Centros de Readaptación Social (las cárceles), que en realidad son centros de aprendizaje para el delincuente. Nuestro Ministerio de la Verdad serían los medios informativos, que lo que buscan es encontrar la noticia que vende sin que en realidad sea cierta, de tal manera que al informar desinforman, otro ejemplo descarado sería la campaña populista de AMLO (¿tienen idea de a qué nivel es imposible su pseudoproyecto para subir el sueldo a la mitad de la población?) o los correos electrónicos terroristas del PAN durante la campaña presidencial (por ejemplo, la mayoría de la gente que conozco cree que la deuda que AMLO dejó al D.F. es impresionante cuando en realidad es la menor que ha tenido esa ciudad desde que se rige por un Jefe de Gobierno). Son ejemplos de organismos, tanto gubernamentales como no gubernamentales, pero que tienen en común una posición de poder, una influencia masiva. Muy relacionado con el uso inadecuado del lenguaje es algo que acabo de leer de Jodorowsky, quien propone un cambio en el sentido de ciertas palabras, por ejemplo invita a usar “usualmente” en vez de “siempre”, o “creo” en vez de “sé” y luego explica el significado de ciertas palabras, por ejemplo a la poesía la percibe como el excremento luminoso de una rana que se comió a una luciérnaga; pero perdería el sentido de este post al ahondar en esta clase de surrealismo, así que en otro les comentaré al respecto.