Archive for the ‘Burocracia’ Category

Hoy me robaron…

… a eso de las 3 de la mañana, yo no lo presencié, pero un vecino me dijo que lo vió todo y llamó a la policía que, por supuesto, no llegó a tiempo. Un chico entró a mi auto y extrajo todo lo que consideró de valor, casi nada en realidad, excepto por la batería.

Cuando me preparaba para usar el auto y vi que la puerta estaba mal cerrada (soy algo obsesivo al respecto), supe que me habían robado. Luego vi que faltaban cosas en la cajuela, que la puerta del copiloto estaba sin seguro y pronto verifiqué lo predecible: el auto no tenía batería. Además nuestro amigo se dió a la tarea de jalar el asiento trasero hasta romperlo, tal vez con la esperanza de hallar alguna cartera o algún billete de esos que se tragan los asientos de los autos. Por mi parte, ya que rompió el asiento, espero que se halla encontrado una fortuna (yo jamás la hubiera encontrado).

En realidad lo que quería decir es que me sentí, como primera impresión, un poco asustado/frustrado/triste, algo enojado y hasta cierto punto culpable. Y eso estuvo muy bien porque me permitió entender la “inercia” de esas situaciones. Resumo el marco teórico de esa “inercia”: en un sentido, somos mucho menos libres de lo que creemos. Es decir, no solo nos es muy complicado controlar las emociones que se presentan de inmediato, sino que además, detrás de esas emociones, hay “un” discurso operando, desde la manera en que nos educaron hasta lo que los medios gritan que es verdadero. Porque tendríamos que advertir eso, no existe tal cosa como LA verdad, existe una verdad, es cierto, pero ella opera en un contexto específico, basta con cambiar las coordenadas espacio-tiempo para encontrarnos en una verdad operativa diferente.

En otras palabras, el que yo haya sentido especificamente miedo/frustración/tristeza, ira y culpa, obedece al contexto que me ha tocado vivir y no a alguna suerte de naturaleza humana; y lo intentaré demostrar.

Lo que me pregunté primero fue esto: “¿qué quiere el discurso dominante que uno haga en estas situaciones?”

Quiere, en primer lugar, que tenga miedo/frustración/tristeza. ¿Para qué le sirve?, la lista es sorprendentemente larga, pero la esquematizaré en dos grandes puntos: por un lado, quiere obtener de mí cierta disposición pasiva, por ejemplo, estar contento pagando mis impuestos que fortalezcan a la institución judicial (que en este esquema incluye a la policía, aunque pertenezca al poder ejecutivo), quiere que sea desconfiado y no desarrolle un tejido social con mi comunidad, sino que deje todo en manos del Estado. Por otro lado quiere, por supuesto, que consuma: una alarma, un seguro contra robo o hasta una psicoterapia (digo, hay gente que es realmente asaltada y debe ser mucho más traumático).

En segundo lugar, quiere que me enoje, pues eso enojo provocaría un deseo de venganza que, desde Hobbes, es una venganza de la cual tiene monopolio el Estado. Y ese monopolio espera que yo presente una denuncia que, sirva o no para atrapar al ladrón, primero se convertirá en un número. Número que se usará para muchas cosas, pero diré dos, se usará para que los medios griten que todo está muy mal y tengamos miedo (y regresemos al punto 1), y se usará también para que algún burócrata de la policía municipal muestre un informe para asegurar un aumento de presupuesto el próximo año. Recordemos que todas estas instituciones están compitiendo por nuestros impuestos, todos quieren más aunque no sepan qué hacer con ellos. Por otro lado, si con esa denuncia lo atrapan, ¿cuánto tiempo le pueden dar por robar una batería?, el necesario para aprender mejores técnicas en la cárcel, hacer más contactos, unirse al crimen organizado (si ya estuviera ahí, difícilmente vería la cárcel de todos modos). En mi opinión (y en la de Foucault), nuestro amigo tiene mucho mejores oportunidades de hacer algo útil con su vida fuera de la cárcel que en ella.

En tercer lugar quiere que me culpabilice. Quiere que piense en el “si yo hubiera…” (verificado que quedó bien cerrado, puesto una alarma, contratado un seguro contra robos, hasta: “si tuviera un mejor trabajo podría comprar un auto más seguro, vivir en una mejor zona”), para qué, bueno, aquí tendré que usar a un teórico, Paul Ricoeur: “sentir culpa es una manera de mantenerse en la inacción política” (palabras más, palabras menos). Uno va con culpa a presentar una demanda, esperando que las “autoridades” le hagan a uno el favor de hallar sus triques. O dice, “pues nada que hacer, cagada mía, pero pinches rateros” o, el favorito del discurso dominante, uno va y compra una alarma o un seguro anti-robos o hasta uno de vida, para el susto. A las primeras tres personas que les conté que me robaron, su primera pregunta fue, “¿qué no cerraste bien?” (y no, no me conocen tanto para saber lo distraído que soy)  parece algo que opera a nivel “inconsciente colectivo”, algo como “calmemos el asunto haciéndote responsable”, pero sobre todo, “hallemos al culpable de inmediato”. Creo que es un síntoma terrible de nuestra sociedad que en situaciones angustiantes lo primero en asomarse sea la culpa.

Ahora bien, he dicho “primero, segundo y tercer lugar” y en la realidad no es así, es decir, no es más que un esquema. En la realidad todos esos elementos se encuentran perfectamente entrelazados y enmarañados. Solo que es más fácil de explicar de esta manera.

La pregunta relevante es, en todo caso: ¿qué es lo que NO quiere este discurso dominante que yo haga?

Lo que no quiere, es que sea zen. Esquemáticamente, la culpa que me inmoviliza se parece mucho a la perplejidad de la ignorancia budista, la ira a la aversión, y el miedo/frustración/tristeza responde al apego, porque esa reacción opera en el instante en que te vuelves consciente de que te pasó a ti, a tus pertenencias. Ignorancia, aversión y apego son la causas del sufrimiento según las cuatro nobles verdades. Lo que no quiere es que esto no me haga sufrir y me permita sentir compasión, pues a través de ella es más sencillo desarrollar comunidad, tejido social.

Lo que no quiere, es que sienta indiferencia (y aquí hablo del cinismo/estoicismo/epicureísmo –apatheia, aponia-). Que los vea como bienes que estuve dispuesto a regalar porque no me determinan (mis bienes no se han adueñado de mí), que vea a nuestro amigo como alguien que me puso un ejercicio de indiferencia, que vea el estado de cosas como una oportunidad para crear conciencia (awareness) colectiva (el opuesto a esa “inconciencia colectiva” que mencioné antes y que no es la de Jung).

Lo que no quiere el discurso dominante, en resumen, es no afectarme, no provocarme al menos alguna disposición que lo fortalezca. Y eso intentaré.

“¿Por qué hombres y mujeres combaten por su servidumbre como si lucharan por su salvación? ¿Cómo es posible que se llegue a gritar: ¡queremos más impuestos! ¡menos pan!? Lo sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los hambrientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. ¿Por qué soportamos desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no solo para los demás, sino, también, para nosotros mismos?”
Félix Guattari.

Gobierno, S.A. de C.V.

Un día la gente de Gobierno, S.A. de C.V. llega a trabajar y se encuentra ante una realidad desoladora, no hay suficiente dinero para satisfacer las necesidades a las que se comprometieron con sus clientes.

Nadie ahí dentro sabe qué hacer, pero al más listo se le ocurre proponer contratar un servicio de consultoría.

Otro dice, pero tenemos que hacer licitación…

Un tercero grita desesperado, “¡no hay tiempo para eso!, ¡sólo llamemos a las primeras dos empresas que encontremos en la sección amarrilla, y a ver cuál nos convence más!”.

El jefe dice, de acuerdo, es buena la idea de Gonzalitos, a ver, tráiganme una sección amarilla.

La primera empresa que aparece se llama Consultores Profesionales, A.C., llaman y planean una cita para ese mismo día en la tarde.

Llega el consultor, entra a una especie de auditorio lujosamente adornado, lo acomodan en un podio y lo primero que hace es preguntarles de qué manera les puede ayudar, el jefe contesta:

–          Pues mire, el día de hoy llegamos y viendo los números nos dimos cuenta que de ninguna manera vamos a poder cumplir con lo que le prometimos a nuestros clientes con el presupuesto que tenemos.

–          Entiendo, pero para valorar más claramente la situación, me gustaría que aclarara, ¿cuáles son las consecuencias que vislumbra al no poder cumplir dichas promesas?

–          ¡Estarían descontentos! -responde apresuradamente Gonzalitos.

–          ¡Ya están descontentos! -menciona Pérez.

–          Bueno, supongo que podrían demandarnos… -menciona el licenciado Gutiérrez.

–          Ya veo, entonces ustedes tienen dos problemas, la forma en la que operan es tan cara que no les alcanza para satisfacer las necesidades mínimas de sus clientes y es tan mala que sus clientes están descontentos.

–          ¿Qué podemos hacer? -pregunta un por demás angustiado Gonzalitos.

–          Hay una forma de resolver los dos problemas, un rediseño de sus procesos puede hacer no sólo que se eliminen gastos innecesarios, sino que además se puede dar un mejor servicio a los clientes.

–          ¿Y qué necesitamos para eso? -pregunta Pérez.

–          Bien, pues, aparentemente son bastante burocráticos, en esta misma reunión veo a unos 500 altos funcionarios, varios dormidos, supongo que con un pequeño vistazo a su organigrama y una evaluación del desempeño muy ligera, nada más en sueldos de gente  de alto nivel que no agrega suficiente valor saldría el presupuesto suficiente para pagar un rediseño completo de su empresa…

–          No se diga más, eso es lo que se debe hacer –interrumpe Pérez.

–          ¡De ninguna manera! ¿Está usted insinuando que este HONORABLE consejo tiene a gente innecesaria?

Se desata entonces una discusión que ya no es posible entender para el consultor, después de treinta minutos, el jefe se para y con su voz autoritaria dice “¡Basta!”, luego voltea hacia el consultor diciendo:

–          Muchas gracias señor consultor, ¿cuánto le debemos?

–          Nada, la verdad es que yo también soy un cliente de ustedes, y bastante descontento. No les cobraré por esta hora de servicios, sólo le pido a este consejo…

–          ¡HONORABLE consejo! -señala un centenar de funcionarios a coro.

–          Sólo le pido a este honorable consejo que si deciden trabajar en este rediseño de su operación, consideren a mi organización para llevarlo a cabo.

–          Gracias señor consultor, puede retirarse. Por cierto, a la entrada se encontrará a otro consultor, pídale que pase por favor.

La segunda empresa a la que llamaron fue Patito Consultores, S.A. de C.V., la cita quedó una hora más tarde que la de los Consultores Profesionales.

Aparece en el auditorio el segundo consultor y el jefe le dice: “mire usted, hoy amanecimos con un problema, vimos todo lo que tenemos qué hacer para tener a nuestros clientes más o menos satisfechos, bueno, para no tenerlos descontentos, bueno, para que no nos demanden, y pues no lo podemos hacer”.

–          ¿Y eso por qué?

–          No tenemos suficiente dinero. -Responde un frustrado Pérez.

–          Entiendo, es un problema común, ¿se les ha ocurrido una solución?

–          A decir verdad, sólo se nos ocurrió llamarle a algún consultor, si usted nos da la solución que buscamos, estamos dispuestos a retribuirle… -Se apresura a decir el nervioso Gonzalitos.

–          Comprendo perfectamente… bien, pues la solución es sencilla, suban sus precios.

–          ¿Subir los precios? ¡Pero eso no les va a gustar a los clientes! -Dice Pérez.

–          ¡Déjelo terminar! -Increpa el jefe, mientras intenta acomodar su enorme trasero en el lujoso asiento principal.

–          Sin duda no les va a encantar, pero tampoco tienen alternativa… mire usted, ya han llegado en servicio al nivel más bajo posible, ya no hay más necesidades que no puedan satisfacer sin ser demandados, ahora les toca intentarlo por el lado de los precios, todavía les queda un rango que pueden exprimir sin que los clientes los demanden.

–          A mí me parece perfecto. -Se adelanta a decir un ahora optimista jefe.

–          Pero, ¿no podríamos reducir costos mejorando nuestros procesos? -Insiste Pérez.

–          Eso es complicadísimo, además, eso sería como aceptar que se están haciendo mal las cosas, eso no les conviene, lo único que mantiene a sus clientes, además de que son un monopolio, pues es la credibilidad que les queda debido a la inversión que realizan en publicidad.

–          No se diga más, ¿cuánto le debemos? – pregunta el jefe.

–          Considerando la cantidad de trabajo que les estoy ahorrando… más la devaluación… la inflación… lo caro de sus productos… deme, no sé… ¿cuánto gastan en publicidad en promedio al día?

–          9 millones de pesos -Responde el contador Godínez.

–          De acuerdo, pues a mí me parece razonable, finalmente, les hice el día, ¿no es así?

Un centenar suelta una carcajada y dice finalmente el Jefe:

–          Bastante justo señor consultor, entréguele su factura a la señorita Susana. Puede retirarse.

Luego, volteando hacia el auditorio dice:

–          Bueno, pues no sé qué opine este HONORABLE consejo, pero a mí me parece que ha sido un día bastante productivo, aún nos quedan meses de respiro para decidir en cuánto aumentamos los precios, así que me parece que podemos dar esta sesión por terminada.

Una alborotada respuesta afirmativa de la mayoría despierta a los dormidos y empiezan a salir del auditorio. Sólo uno se queda, pensativo, tratando de entender cuáles eran sus argumentos para pensar que podía mejorar las cosas cuando empezó todo esto. Ahora se siente ingenuo y humillado, envuelto en el circo más bizarro que jamás imaginó.

La desgastada maquinaria social.

Visualizo a la sociedad como una compleja maquinaria, que tiene tres áreas, todas gobernadas por un sistema, pero con niveles de control descendentes; por un lado podemos ver la maquinaria nueva, o al menos en continuo mantenimiento, sus engranes funcionan a la perfección, la inmensa mayoría de los obreros desean laborar en esta zona. Representa las metas estandarizadas, lo que el sistema hace creer que es éxito. En el área intermedia, donde están la mayor parte de los obreros, la maquinaria es vieja y ocurren muchos accidentes, sin embargo continuamente la están pintando para que aparente encontrarse en buenas condiciones, algunos miembros laboran por aquí con la firme creencia de que pertenecen a la primer área, otros creen que están justo a un paso de ella; pero la verdad son quienes la sostienen. Representa a personas “wannabe” que a través de engaño y/o autoengaño, y a causa de severos traumas, recurren a subsistemas como el crédito (tarjetas, casas de empeño, usureros), o se convierten en servidores públicos de bajo nivel, o en soldados o sacerdotes; el sistema promueve enormemente la elección de estas formas de vida; el capitalismo, la burocracia, el imperialismo y el ritualismo se sostienen aquí; la esperanza, la ignorancia y la manipulación son los instrumentos que mantienen la energía en esta zona. Por último existe un área con la maquinaria gastada, al sistema no le importa darle mantenimiento ni hacer que parezca nueva, con la finalidad de que la inmensa mayoría que se encuentra en las otras dos áreas no desee visitar esta última; además los obreros se encargan de su funcionamiento aunque no de su apariencia, que no les importa mucho, por esta razón no les interesa cambiar de área. Yo me veo claramente en la parte gastada de la maquinaria social. Desdeño alcanzar una forma de vida estandarizada que implique (dependiendo de las instalaciones de la fábrica, es decir, el entorno cultural) estudiar de manera escolarizada hasta donde más puedas, con la finalidad de conseguir un buen empleo, casarte por todas las leyes que se requieran para dar una buena impresión a tu juicioso entorno, tener 2.5 hijos y un perro. Retirarte cuando te jubilen y dedicarte a ver televisión. Vivir con los ojos vendados por paradigmas morales, creyendo que el valor de las personas radica en ellos. Seguir corrientes ritualistas y mágicas. Desdeño ese comportamiento, y del desarrollo de mi congruencia dependerá que con el tiempo me vaya limpiando de los salpicones y la peste que obtuve al pasar por las otras áreas que, a causa de mi educación conservadora, mancharon mi racionalidad. Independencia y libertad son conceptos que pueden ser alcanzados hasta que fundamentas en algo tu comportamiento, la corriente te va a atraer hacia el núcleo, donde se amontonan las masas de manera por demás irracional; añoro alcanzar el momento en que me visualice, efectivamente independiente, en la periferia.

La danza de la (sur)realidad.

Posiblemente ya han visto en algunos comentarios que estuve leyendo un libro interesantísimo que se llama Nineteen Eighty-Four de George Orwell, quien fue un crítico social y político prominente durante y después de la Segunda Guerra Mundial; hace algunos días lo terminé, y a la espera de The God Delusion de Richard Dawkins, estoy leyendo un libro extraordinario, que después de mucha búsqueda, finalmente encontré en Monterrey, se llama La Danza de la Realidad, de Alejandro Jodorowsky. La historia de Orwell plantea una visión futurista del mundo, con una ficción distópica, donde a través del protagonista que está lejos de ser un héroe te van explicando la situación política, económica y social. Resulta que un partido comunistoide ha asegurado su posición eterna e “inmortal” mediante un control social individualizado (con telepantallas), a partir de un concepto fundamental al cual llaman “doblepensar“, que es una forma (bastante bien fundamentada) de creer, pensar y obedecer a dos conceptos antónimos al mismo tiempo. Por ejemplo, el pasado ya ocurrió naturalmente, pero es cambiante, continuamente reescriben los hechos, construyendo la historia tanto hacia el pasado como en el presente, para que la gente recuerde lo que el partido quiere. No es tan ficticio si damos una ojeada a los libros de texto de Historia de México de primaria y secundaria. Este doblepensar está soportado por una nueva forma de lenguaje, llamada neolengua, es una excepción de todos los lenguajes que han existido, porque en vez de crecer en cantidad de palabras, se va continuamente reduciendo (conforme crece se reduce, por ejemplo se crea la palabra “neolengua” y se elimina “nuevo” y “lenguaje”). Un amigo hizo un comentario hace poco donde menciona que está ocurriendo en cierto sentido lo que plantea el libro; el gobierno (el partido) cuenta con tres organismos al servicio del pueblo (o sea, al servicio del partido), Ministerio de la Paz, Ministerio del Amor y Ministerio de la Verdad; que de hecho se dedican a la guerra, la tortura (y castidad, que como sea es una forma de tortura) y a la mentira, respectivamente. Comentó muy atinadamente que por ejemplo el organismo militar estadounidense se llama “Departamento de Defensa“, sus acciones “defensivas” y “liberadoras” en realidad son ataques e invasiones. Nuestro Ministerio del Amor bien podría ser la Iglesia, que a través de su doctrina hace creer a las masas que el amor a su dios implica ofrecerle el sufrimiento de esta vida para obtener la felicidad de la siguiente, otro ejemplo son los Centros de Readaptación Social (las cárceles), que en realidad son centros de aprendizaje para el delincuente. Nuestro Ministerio de la Verdad serían los medios informativos, que lo que buscan es encontrar la noticia que vende sin que en realidad sea cierta, de tal manera que al informar desinforman, otro ejemplo descarado sería la campaña populista de AMLO (¿tienen idea de a qué nivel es imposible su pseudoproyecto para subir el sueldo a la mitad de la población?) o los correos electrónicos terroristas del PAN durante la campaña presidencial (por ejemplo, la mayoría de la gente que conozco cree que la deuda que AMLO dejó al D.F. es impresionante cuando en realidad es la menor que ha tenido esa ciudad desde que se rige por un Jefe de Gobierno). Son ejemplos de organismos, tanto gubernamentales como no gubernamentales, pero que tienen en común una posición de poder, una influencia masiva. Muy relacionado con el uso inadecuado del lenguaje es algo que acabo de leer de Jodorowsky, quien propone un cambio en el sentido de ciertas palabras, por ejemplo invita a usar “usualmente” en vez de “siempre”, o “creo” en vez de “sé” y luego explica el significado de ciertas palabras, por ejemplo a la poesía la percibe como el excremento luminoso de una rana que se comió a una luciérnaga; pero perdería el sentido de este post al ahondar en esta clase de surrealismo, así que en otro les comentaré al respecto.

Sociedades de convivencia.

Antier me preguntó una amiga cuál era mi opinión de la “Ley de Sociedades de Convivencia”. Yo no tenía la menor idea de lo que me hablaba. Resulta que esta ley va a reconocer a aquellas personas que decidan tener una vida de pareja, pero que no decidan (o puedan) casarse y que no se conformen (o no se les reconozca) con las leyes que regulan el concubinato. Yo de plano le digo, “oye, qué interesante, ¿y de quién fue la idea?, obviamente no fue del PAN” y me dice “¡Claro que no! esto viene de Patricia Mercado”, y entonces a mi me encanta la idea, esta mujer me parece que representa a uno de los pocos rastros de izquierda congruente en el país. Entonces mi amiga me explicó con muy buenos argumentos por qué había sido incorrecto que se aprobara esa ley. Les platico rápidamente, el matrimonio no es para mi, me molesta hacer un trámite para algo que pretenda regular la conexión sentimental con una pareja y como bien ella me explicó la ley no tiene por qué contemplar mis sentimientos. El concubinato es para mi porque no requiere de trámites, sin embargo limita a una convivencia de cinco años bajo el mismo techo (esto lo leí hace años, si ya cambió alguien dígame), hasta que transcurre este tiempo la pareja (de diferente sexo) puede tener ciertos beneficios. No existía una ley intermedia porque aparentemente no se necesitaba, pero resulta que actualmente el 10% de la población en México es homosexual, que este porcentaje ni siquiera considera a los bisexuales y que en conjunto ya son una minoría bastante considerable. Entonces imagina que un día naces, junto con otros 9 bebés, y por genética o por decisión resulta que te gusta alguien del mismo sexo. Un día decides tener una pareja de acuerdo a tu tendencia y otro día deciden vivir juntos. Ambos son empleados, si fueran heterosexuales al casarse podrían juntar sus puntos de INFONAVIT para comprarse una casa, como son homosexuales esto no es factible. O el caso más típico, tu pareja se muere y la herencia la reclaman sus familiares y tu no tienes derecho a nada. Vives en un país cuyas leyes no te reconocen. Mi amiga tiene razón en una cosa, no se debe hacer una ley que se supone general en base a una minoría, por ejemplo la Ley de los Derechos y Cultura Indígena beneficia directamente a esta minoría. Los homosexuales no necesitan leyes intermedias, no se trata de hacerles un favor. Necesitan poder casarse, poder vivir en concubinato, poder adoptar hijos. Lo merecen sólo por una cosa, por ser humanos y dentro de nuestro contexto, lo merecen nomás por ser mexicanos. No tienen por qué seguir siendo ciudadanos de segunda clase. ¿Antinatural? Se ha observado comportamiento homosexual en 1500 especies animales. ¿Contra la familia? No encuentro nada en una pareja gay que afecte al concepto de familia. Afecta por supuesto a los paradigmas de la familia retrógada mexicana, pero saben qué, eso es bueno, lo que menos necesitamos es seguir cargando con lo que ha quedado obsoleto.