Archive for the ‘Calentamiento global’ Category

Mi opinión sobre la peli ‘Noah’ de Aronofsky (spoilers).

Creo que a la gran mayoría no les ha gustado y creo que se debe a que difícilmente cumpliría con alguna expectativa, la peli es bastante rara y, con todo, llena de lugares comunes y cursilerías. Pero supongo que en distintos momentos de la vida uno pone más atención a distintas cosas de una película, y yo no pude evitar poner más atención a la relación discursiva, que me parece por completo pertinente, si no hasta reveladora de algo que está ocurriendo y que no ha terminado siquiera de tomar forma, pero que Aronofsky alcanzó a ver.

El problema que plantea la película, creo que es muy evidente, es ecológico: llámenle Dios o como gusten, pero se trata de un abrupto cambio climático que amenaza con extinguir la vida animal no-marina, y del cual la gente es consciente antes de que ocurra. Toda la historia se despliega alrededor de ello, la interpretación bíblica del director enfatiza la relación del hombre con su entorno. Lo interesante no son tanto las posturas originales con el entorno, sino las acciones y la justificaciones a partir de que se enteran de que corren peligro. Trataré de esquematizar entre elementos bíblicos y fílmicos:
De Adán tendríamos tres posibles linajes, que implican tres discursos diferentes. El de Caín, la película lo muestra de manera muy evidente, implica que el hombre se siente dueño de su entorno y éste debe ser transformado a su capricho, de hecho comporta la necesidad adámica de ser Dios, por lo que el linaje de Caín transforma al mundo a su imagen y semejanza: ¿cómo le llamamos?, yo le llamaría Progresismo, capitalismo también sería válido, pero no faltará quién diga que el comunismo trató al entorno de la misma manera.
El linaje de Abel, inexistente por supuesto, ¿cómo hubiera sido?, por supuesto el favorito de Dios, el consentido, por el que hubiera detenido su ira contra el hombre. Afortunadamente Caín se encargó a tiempo de un linaje que seguro todos hubiéramos detestado.
El otro es el de Set, que encarna el protagonista. No considera que el entorno esté para servirle sino que debe cuidarlo, no solo eso, sino que es él (y su familia) quien se modela a imagen y semejanza del entorno, pues sabe que, al igual que él, es Creación. Esto es importante, el linaje de Caín se considera superior al resto de la creación, una especie de demiurgo entre lo divino y lo creado, lo cual claramente el director descarta al incluir a los verdaderos demiurgos, los ángeles, algo de divino y algo de criaturas. Cuando son eliminados de “este” mundo van a la presencia de Dios, salvación que todavía no está disponible para el hombre (se necesitará de otra suerte de  ‘arca’ y de otra ‘alianza’ para ello). El discurso del linaje de Set es por demás interesante: se trata de un ambientalismo que considera que lo más justo es la extinción del hombre para que la creación retome su equilibrio. Y no saben cuántas veces lo he escuchado en los últimos años: “yo creo que lo mejor es que ya se extinga la humanidad”. Así como llamé al otro Progresismo, no sé cómo llamar a este discurso, algunos dirían que es cierto postmodernismo, en todo caso el que Aronofsky lo incluya no es gratuito y me parece interesante.
Como podrán ver, estamos ante una especie de falso dilema, si el discurso de Caín gana, la humanidad se extingue, y si el de Set lo hace, también. Por  lo tanto, el “combustible” dialéctico (la diferencia) no está ahí, lo que enfrenta a estos discursos es la ceguera del suicidio y la voluntad del suicidio. Y es ahí, entre ceguera y voluntad que se resuelve el conflicto: Noé perdona a sus nietas, ¿por ceguera? un poco (cree que de hecho comete un error), ¿por voluntad? otro poco (alguien diría, más por falta de voluntad, pero a fin de cuentas decidiendo por sí mismo), pero sobre todo por misericordia (que es lo que le pide su esposa), y según me han dicho (un profesor), hay una palabra en hebreo para expresarla que se podría traducir como amor, una especie de amor sin esperar nada a cambio, el que aplica, específicamente, el famoso “buen samaritano”.
También se puede traducir como “amabilidad” pero menos como “habilidad de recibir amor” que su opuesto “habilidad de dar amor”, y esto es justamente lo que le dice Cam a Ila, algo como “si tú vas a recomenzar la humanidad está bien, al menos habrá amabilidad (kindness)”. Entonces tenemos ahí un tercer discurso en el que se resuelve esta dialéctica a la manera hegeliana (no fichteana), comportando algo de esa ceguera y algo de esa voluntad: Connelly le dice a Crowe algo como “Dios te puso a elegir si valía o no la pena salvar al hombre”, es decir, Dios dejó que el hombre mismo eligiera. Recordemos que se trata de una alianza del pueblo judío con Dios, implica que en la Biblia (o en la Torah) Dios le dice a Noé, básicamente “tienes permiso de repoblar el mundo”, que es claramente un paralelismo al “puebla al mundo” posterior a la caída adámica. Es decir, se trata de una segunda caída del hombre ante los ojos de Dios (no es gratuito que Noé aparezca desnudo en la playa, “arrojado al mundo”, está indudablemente recordando éste paralelismo). Ése es el mensaje que pretende dar Aronofsky: ante el grave riesgo de extinguirnos que supone nuestra relación actual con el entorno, hay dos posturas que ya no podríamos tomar, una es el progresismo ciego, suicida, y otro es un ecologismo no menos autodestructivo, cargado de culpabilidad. Me parece que está diciendo que tendríamos qué buscar el tecero: tomar decisiones de las cuales podamos hacernos cargo, movidos por esa nueva ‘amabilidad’.
En fin, cursi sin duda, el punto no es tanto el valor del mensaje final (¿quién estaría en desacuerdo? el problema, como siempre, es llevarlo a cabo), en mi opinión, lo interesante es que Aronofsky alcanzara a ver a estos dos discursos en pugna, en una pugna falsa si los dos llevan al suicidio. El propio Noé lo dice “no somos diferentes a ellos”, Noé no es menos asesino que cualquiera del linaje de Caín, llámenle en defensa propia o como gusten (no es precisamente defensa propia tener los medios para salvar a mucha gente y dejarla fuera porque considero que sigo órdenes de alguna entidad superior). Me parece, de fondo, que toda la película, hablando esquemáticamente del discurso, sirve para darle voz a Conelly y a Watson, una viene del entorno de Caín, la otra del de Set (otro elemento de que sea una dialéctica hegeliana), entre ellas dos hace resonancia el discurso capaz de resolver, lo que podríamos llamar “esas necedades de hombres”.
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Antes de Spinoza y Bergson.

Últimamente me he relacionado con dos grupos de personas que, para “bien” o para “mal”, están influyendo en que cuestione mis principios positivistas, de lógica simbólica, euclidianos y, como entendí ayer, mecanicistas. Con lo que me conozco, sé que no me va a salir barato. Cuando entienda mejor lo que ronda por mi mente haré un post al respecto, por lo pronto, sólo estableceré que concibo una frontera antropocéntrica que nos da reflejos de una realidad subjetiva como especie (o metasubjetiva pues), que puede alcanzarse a través de dos vías. Una que en los últimos siglos hemos considerado de menor riesgo, llamada ciencia; y otra que, a los más positivistas tiende a parecernos de alto riesgo, llamada misticismo.

Antes de tomar consciencia de que esta dualidad nos llevaba a lo mismo, un ejercicio de un proyecto editorial en el que estoy participando me llevó a retratar mi interpretación de la situación actual y a describir mis motivaciones en la vida. Como algo dentro de mí parece advertir que está a punto de cambiar, creo que es importante dar cuenta del saldo al corte.

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Vivo en un dilema, si debo hacer lo necesario para ser feliz, independientemente del mundo; o si debo hacer todo lo que pueda por tratar de mejorar las condiciones del mundo. No lo he resuelto, así que mientras tanto me dedico a combinarlo. Trato de hacer cosas que disfrute pero con un sentido de tratar de mejorar la situación.

Pero no por eso soy un optimista, de hecho, no creo que consiga nada, sin embargo, queda una posibilidad ínfima de que sí. Y las consecuencias me parecen tan graves, que no me queda más remedio que intentarlo. Sinceramente creo que la humanidad se va a acabar en este siglo. Aunque no puedo negar que probablemente sea mejor que así ocurra, me cuesta mucho trabajo digerir lo que yo llamo “el valor perdido”.

Por un lado, desde la injusticia social, no sólo me molesta todo el sufrimiento innecesario que vive la gran mayoría de las personas (sin ignorar el dolor absurdo que causamos a otras especies); sino que es particularmente frustrante observar la brecha o la diferencia entre lo bien que podrían(podríamos) estar y cómo están(estamos). Sin embargo, admito que enmedio de todo este sufrimiento absurdo de tantos han existido los Borges, los Cortázar, los Buñuel, los Lynch. Eso me lleva al segundo punto, el cambio climático como disparador de la extinción de la especie, me molesta el “valor perdido” pues dentro de lo poco que sabemos, la evolución no ha registrado con otras especies la capacidad creativa que permita la existencia de un Borges. Me pregunto si el mensaje que le queremos dar a la vida es que lo más equivocado que puede hacer es permitir la evolución de los cerebros, pues sólo nos hace más aptos para ser una plaga autodestructiva.

Nomás por esa incomodidad que me produce el valor perdido no me vale madre. Lo gacho es que como me parece tan difícil cambiar las cosas, admito que lo que me queda se parece mucho a la esperanza. Y la defino como la creencia de que algo ocurrirá sólo porque así se desea. Y me parece una tortura mental terrible, pensar que lo que hago es por esperanza, me genera una náusea, en el sentido de Sartre. Y esa sería mi primera propuesta de nombre para la revista: la náusea.

Pero eso me lleva a que el admitir, más allá de mis mecanismos de defensa, que se siente nauseabundo, el hacerlo consciente es una especie de desahogo terapéutico. Y ese desahogo se parece un montón a los “dos minutos de odio” orwellianos en 1984, pues si bien no todos podríamos asegurar que vivimos en una distopía, si armamos una escalita de grises de la utopía a la distopía, apostaría a que todos (nosotros) concordaríamos en que estamos bastante más cerca de la segunda. “Distopía” es el segundo nombre que propondría. “Dos minutos de odio” no suena chido como nombre, no es suficientemente simple para mi gusto, así que moviéndome hacia otras distopías, el equivalente conceptual sería el “soma” del mundo feliz o el “prozium” (prozac + valium) de Equilibrium.

Entonces, aunque no era la finalidad de la tarea, aprovecho para proponer nombres, pues veo en la revista el desahogo terapéutico que supone la admisión de “la náusea”; el evidenciar los elementos distópicos o que nos llevan de la mano, derechito y sin escalas, a la “distopía”; y que sirva de distractor como un “soma” o un “prozium”, en parte burlándonos de nosotros mismos. Preferiría un hilo conductor que signifique todas esas cosas, pero no se me ocurre.

Hay razones para dejar de tomar Coca-Cola.

Tenía casi un mes sin ver televisión a partir de que decidí empezar a hacer cambios en mi vida que tienden a lo que un amigo me explicó que llaman “simplicidad voluntaria“. Sin embargo, dado que el día de ayer dormí en casa de mi mamá y ahí hay televisión con cable, no pude evitar encenderla un rato. Todo iba mal, es decir, en una hora había recibido al menos un centenar de mensajes respecto a cómo debería estar viviendo mi vida para ser una persona exitosa… así que todo iba mal pero repentinamente se puso peor cuando vi este comercial de Coca-Cola:
El comercial me pareció eterno y honestamente de inicio me asusté mucho sin entender exactamente por qué. Apenas empecé a darle vueltas y comprendí que era el discurso corporativo perfecto, era de manera precisa lo que los dueños del mundo quieren que el resto pensemos. No, me estoy quedando corto, el mensaje no sólo era perfecto para sus fines, además cada ejemplo particular que usan constituye un engaño cruel, una manipulación cínica hacia todos aquellos que viven preocupados por la situación actual pero no han conseguido entender cuáles son los cimientos de la putrefacción que prácticamente vivimos obligados a construir.
1. Basado en un estudio realizado en el 2010 sobre la situación actual del mundo.
Con los colores institucionales del producto, el comercial abre con este mensaje, en algún momento del desarrollo creativo les pareció fundamental que la gente recibiera esta información con la apertura de que está sustentado en una profunda investigación. Veamos qué resultados fundamentales para el futuro de la humanidad arrojó dicho estudio.
2.  Whatever.
Sí, esa es la canción de fondo que niños felices de todas las razas empiezan a cantar. La canción en resumidas cuentas, resalta en su letra la libertad de hacer y decir. Claro, la libertad de hacer que tenga el 80% de la humanidad que vive con menos de 10 dólares al día, o los 22,000 niños que mueren diario debido a la pobreza. La libertad de decir lo que quieran los casi mil millones de personas que no saben leer ni escribir.
Con todo esto empiezan casi gritando: “I’m freeee!”, y entonces pasan a la siguiente idea…
3. Por cada tanque que se fabrica en el mundo… se fabrican 131 mil peluches.
Lo cual no es sólo gratamente sorpresivo, sino además esperanzador, porque hay una evidente relación entre tanques y peluches, la relación es… ejem… pues sí, que los niños que extrañan a sus padres que están en las guerras, pueden consolarse con un peluche… y… los niños víctimas de esos tanques pues… no, realmente ellos difícilmente se consolarán con un peluche. Pero bueno, es comprensible, no es como que Coca-Cola se beneficie económicamente de países que son víctimas de la guerra… ¿o si?
Me parece mucho más relevante mencionar que con menos del 1% de lo que el mundo gasta anualmente en armamento sería suficiente para hacer viable que todos los niños del mundo tengan educación.
4. Por cada bolsa de valores que se desploma… hay 10 versiones de “What a Wonderful World”
En otras palabras… cada vez que el sistema se descubre insostenible y decenas de miles de personas pierden sus empleos mientras un centenar protegen o elevan su ya obscena fortuna… 10 artistas nos consuelan con nuevas versiones de una canción que nos describe los colores del árbol, las rosas y el cielo como si fuésemos daltónicos. Sí, desde mi casa tengo una hermosa vista y amo a mis amigos y también me encantan los bebés, pero eso no evita en ninguna medida que el mundo se está yendo al carajo.
5. Por cada persona corrupta… hay 8 mil donando sangre.
Éstas sí son excelentes noticias, no sólo ya se delimitaron con claridad los parámetros de la corrupción sino que además se hizo el censo mundial. Ahora ya sabemos quiénes son y dónde viven.
Un dato interesante a investigar sería determinar cuántos de los donadores de sangre son requeridos directamente por efectos del sistema, sí, por heridos de guerra… o por personas que sufren problemas del corazón por la pésima alimentación que provocan las grandes cadenas de restoranes y la industria de la alimentación. Cuántas unidades de sangre se requerirán al día para niños que son víctimas de enfermedades por la contaminación de ríos y bosques cercanos a su comunidad. Cuántas para personas que bajo ninguna circunstancia tienen la más mínima posibilidad de atención médica.
6. Por cada muro que existe… se ponen 200 mil tapetes de “Bienvenido”.
Con este ejemplo y el de los peluches entendí que la parte fundamental del mensaje que quiere dar Coca-Cola es que consumir está bien, consumir cosas que no se necesitan siempre y cuando contengan un símbolo de bondad. Es decir, dar peluches a los niños, comprar tapetes de “bienvenido” y tomar Coca-Cola, son cosas intrínsecamente buenas, entonces hay qué ser consumistas de cosas que contienen esta clase de simbolismos.
En este ejemplo mi miedo se hizo latente porque me dí cuenta de que cínicamente apuestan a una retórica simplista, a una demagogia dirigida a gente muy desinformada. Tengo un tapete que no dice “bienvenido” y hoy sé que no lo necesito, mucho menos para hacer sentir a mis invitados que son bienvenidos. Si con los tapetes pudiéramos hacer que cada estadounidense le diera la bienvenida a los mexicanos ilegales o que cada musulmán se contentara con la presencia de judíos… este mensaje fue tan vacío que me reflejó la imagen cruel de gente muy poderosa burlándose de quienes consideran sus esclavos, gente tonta, una subespecie inferior.
7. Mientras un científico diseña un arma nueva… hay 1 millón de mamás haciendo pasteles de chocolate.
Aquí evidentemente tocamos el extremo de lo arbitrario. Ni siquiera son mamás diseñando nuevos postres. Acompaña conceptualmente a los peluches, a los tapetes y al refresco, pero le añade un nuevo ingrediente, la mala alimentación. Si queremos a nuestras mamás porque nos hacen pastel de chocolate entonces también las queremos porque nos compran Coca-Cola. En obesidad infantil México tiene el primer lugar, y en consumo de Coca-Cola per cápita, casualidad, México tiene el primer lugar; mientras fui obrero conocí a varios niños cuya primer palabra fue “coca”. Hace 10 años se consideraba que más de 36 millones de personas mueren al año de causas prevenibles, dos terceras partes de ellas por causas comúnmente asociadas a problemas de alimentación, mientras que por la guerra morían “sólo” 550 mil al año. Es decir, sin exagerar, hoy algunos hábitos alimenticios promovidos por algunas mamás están matando a más gente que cualquier arma nueva diseñada por científicos… quienes deberían considerar seriamente dedicarse a la gastronomía.
8. En el mundo se imprime más dinero de Monopoly que dólares.
Por juegos como el Monopoly (en México el Turista) es que yo siempre me sentí atraído por las finanzas. De verdad, no exagero. El Monopoly, probablemente sin intención, es un juego que adoctrina a los niños respecto al sistema. En el juego lo importante es tener ambición, y es muy revelador cómo cuando los demás están envueltos en problemas para pagar sus deudas comienzan a hipotecar sus propiedades hasta el grado de perderlas. Es un simple juego, pero el mensaje es muy claro, la debilidad del perdedor es la fortaleza del ganador. Si juegan cinco, cuatro pierden y uno solo se vuelve extremadamente rico. Me preocupa este mensaje, que el Monopoly tenga tanta popularidad sólo hace más difícil convencer a generaciones futuras que lo importante es colaborar, ser compasivos y que acaparar no tiene ningún sentido.
9. Hay más videos divertidos en intenet… que malas noticias en todo el mundo.
Suerte que “divertido” y “malo” no sean términos subjetivos. También es importante considerar que al ser humano no le entretiene la desgracia de otros. Y por supuesto el tiempo está mejor invertido en ver videos “divertidos” que en informarse de la situación actual.
10. AMOR tiene más resultados que MIEDO.
Amor incondicional: 576,000 resultados.
Amor al dinero: 13,300,000 resultados.
11. Por cada persona que dice que todo va a estar peor… hay 100 parejas buscando un hijo.
Bien, este es el mensaje climático… sí, de clímax, aunque por supuesto señalan “GLOBAL WARMING” justo debajo de “Por cada persona que dice que todo va a estar peor…”,  éste es el mensaje que más me hizo enojar, por varias razones:
a) Quienes promovemos la atención al cambio climático, para este comercial, somos unos alarmistas en el mejor de los casos.
b) Se promueve el crecimiento demográfico, cuando los estudios reflejan que al planeta le es imposible mantener de manera sostenible a la cantidad de personas que somos hoy.
c) El mensaje superficial es: “afortunadamente la gente no cree que la situación empeorará y deciden tener hijos”, ¡es extremadamente irresponsable ignorar la evidencia científica y promover factores que agravarán el problema!
d) Pero lo peor es el mensaje de fondo apoyado por las imágenes: “Maquilla tu entorno inmediato, ignora la información externa y serás feliz”. Es decir, un claro “construye tu burbuja y vive en ella”.
12. Por cada arma que se vende en el mundo… 20 mil personas comparten una Coca-Cola.
La idea original en este mensaje era desplegar los daños económicos, sociales y ecológicos que ha causado como empresa la Coca-Cola al mundo, pero son tantos que mejor les compartiré un enlace, o busquen en google “daño coca cola”  (240,000 resultados). Simplemente regresaré al ejemplo del pastel y me aventuraré a decir que hoy mueren y enferman mucho más personas por los hábitos alimenticios que incluyen una Coca-Cola, que por violencia con armas.
13. Hay razones para creer en un mundo mejor.
Tal vez las haya, yo no conozco ninguna y definitivamente este comercial no aportó ninguna.
14. 125 años destapando felicidad… y muerte.

El relativismo y su relación con la inacción

Acabo de estar en un par de eventos que disfruté mucho, uno fue un coloquio de complejidad y filosofía, y otro un cine debate al que voy cada jueves, y que esta vez trató del impacto ético y ecológico del consumo de carne. El denominador común, desde doctores hasta estudiantes de licenciatura en Filosofía fue un, probablemente inconsciente, relativismo.

Así como a lo largo del coloquio nos fue imposible encontrar la frontera, o el tipping point, de lo simple a lo complejo, no por escasez de esfuerzo, me parece que la comunidad filosófica de la que ahora soy parte en Guanajuato ha perdido completamente la línea entre la apertura y el relativismo.

Pero primero voy a diferenciar los conceptos de objetivismo de relativismo para tratar de ser muy claro. El objetivismo supone que es posible encontrar lo verdadero independientemente de la opinión de las personas, en ese sentido, lo que pretende el método científico, es hacer de la ciencia algo objetivo. El relativismo supone o que el que la verdad sea inalcanzable hace igualmente válida la opinión de cualquier persona o que no existe tal cosa como la verdad o un mejor camino, por lo que cada individuo (o cultura) debe vivir acorde a su propia “verdad”.

No es la intención de este artículo abrir la discusión en ese punto sin antes explicar las implicaciones morales de ambas posturas. El objetivismo moral, entonces, asume que hay actos buenos y malos independientemente de la opinión del agente, mientras que el relativismo moral, que se divide en dos tipos, señala que lo que está bien o mal lo define cada individuo (relativismo moral individual) o cada cultura (relativismo moral cultural).

Para ejemplificarlo, utilizaré un extracto del debate en el que participé el jueves pasado. Se nos presentó una película que criticaba el consumo de los alimentos de origen animal. Cuando termina la película, la primer ronda de opiniones, va más o menos por la siguiente línea:
“es terrible lo que la industria ha provocado, antes en las granjas, la gente no era tan cruel con los animales cuando los mataba y vivían de manera sostenible con la naturaleza”
“no podemos dejar fuera las razones culturales por las que comemos carne, desde ir a los tacos hasta hacer una reunión con carne asada”
“el contexto consumista y la necesidad de reducir costos daña la integridad (sic) de los animales y hace un enorme daño ecológico”
“considero que si bien el consumo de carne es un problema, dejar de hacerlo nos llevaría a otros problemas, como los transgénicos”
“creo que el vegetarianismo ya se volvió una postura postmodernista, con esta ola new age, y ahora las empresas se aprovechan de eso para hacer más dinero”
“es más caro vivir como vegetariano, ¿qué pasa con la gente que no tiene los recursos?”
“tú puedes ser vegano ahora, pero, ¿y todo el tiempo que fuiste carnívoro?, ¿tus zapatos son de cuero?”
“ser omnívoro es una decisión personal que refleja mi relación individual con el entorno, así como todo lo demás que hago”

Intervine, genuinamente avergonzado, explicando primero que no encontraba una mayor incongruencia en mi vida que el no ser capaz todavía de volverme vegano. Expliqué que había dos hechos innegables: primero, que consumir carne era inmoral debido a que cada que lo hacíamos intercambiábamos el dolor de un ser por el placer propio; segundo, que los estudios más recientes responsabilizan a la industria de la ganadería como la segunda causa del calentamiento global. Y sí, lo dije, que esos dos puntos no son discutibles y  eliminaban el subjetivismo excesivo en el que estaba cayendo el debate.
Las reacciones fueron variadas, la que menos me preocupó fue aquella que me llamó exagerado, porque no llevó de la mano ninguna argumentación. La que más me preocupó fue de una persona que en el escaso tiempo que llevo de conocerla se ha ganado mi respeto no sólo por su inteligencia sino por su sensatez. Su discurso decía más o menos lo siguiente: “No podemos ser tan tajantes ni dogmáticos, es conocido en filosofía que la lógica propositiva no es la forma adecuada de llegar a conclusiones porque no garantiza la verdad de las premisas, no podemos ser tan matemáticos descalificando todas las opiniones, y por supuesto que todo es discutible”.

Mi respuesta fue: “De acuerdo, todo es discutible, hoy se sigue discutiendo si el calentemiento global es causado por los humanos, es discutible si algunas mujeres de medio oriente deben ser lapidadas por haber visitado al ginecólogo, pero lo que debemos entender, es que vivir eternamente en la discusión sin tomar una postura firme nos lleva a la inacción colectiva, si no somos capaces de ponernos de acuerdo entre qué es lo correcto y lo incorrecto, no de manera dogmática sino como verdad temporal hasta que es desbancada por una nueva verdad, será imposible generar los programas, los proyectos, las políticas públicas para cambiar las cosas, si algo compartimos todos los que asistimos a este cinedebate es la percepción de que las cosas no están bien, que se requiere un cambio”.

Ante esto, no hubo una respuesta relevante. Es decir, se habló de las maneras, del respeto, de la tolerancia. Pero en mi opinión, hay una enorme diferencia entre eso y el relativismo individual en el que estamos cayendo.

No quiero ser malinterpretado como que hoy el quehacer filosófico es sumamente relevante en la realidad humana. Tristemente no lo creo, pero mi razón de vida para estar acá es tratar de cambiarlo. Y es que lo que sí creo, es que el lugar conceptual que ocupa la filosofía en la estructura del conocimiento humano, la responsabiliza de encontrar cada vez mejores maneras de entender la realidad. Y de ninguna manera quiero decir que no sea una responsabilidad también de, por ejemplo, la física, pero es a la filosofía y a sus ramas a quienes les ha tocado históricamente hacer esta labor transdisciplinaria de darle a cada una de las áreas la orientación respecto a qué metalíneas (si se me permite la expresión) de investigación son no sólo interesantes, sino las más relevantes. Yo no tengo duda que estamos en una crisis, y en mi opinión es la más grande a la que se ha enfrentado la especie humana, lo cual hace urgente que la filosofía retome e instrumente esa responsabilidad.

Mi preocupación del relativismo durante el debate no fue tanta, hasta que ví durante el coloquio que el mismo patrón había alcanzado también a mucha gente con doctorado, de distintas partes del país. No es la importancia individualista que yo le dé a un título académico, sino la influencia muy diferente que el sistema permite a estas personas en comparación con la que permite a los estudiantes de una licenciatura. Salvo escasas excepciones, el conocimiento y la brillantez mostrada durante el coloquio son dignos de resaltar, pero el ser tan ceremoniosos, el despliegue de egos y la indudable necesidad de networking con la finalidad de obtener presupuestos para sus distintos proyectos, son en mi opinión las principales causas de que en ninguna de las mesas en las que estuve presente haya sido posible cerrar los diferentes huecos que se abrieron llegando a conclusiones que hayan estado “listas” para de ahí generar planes tácticos. Y conste que no creo que esto se deba a lo abstracto del tema, porque ya en las mesas se habló de innovación, del método científico, de la tecnología, del papel actual de la epistemología, de los sistemas complejos, de la simulación, en fin, de temas que realmente pudieron ser aterrizados en agendas de trabajo. Cuando un doctor preguntó por la utilidad de la lógica difusa para el análisis de sistemas complejos, como los sociales, la respuesta fue negativa y… difusa; cuando pregunté por la posible efectividad del diseño de mecanismos, el conferencista “magistral” no estaba familiarizado con el tema, pero al menos le pareció interesante y dijo que leerá al respecto. Que conste que no estoy criticando el desconocimiento del conferencista, ya quisiera saber lo que sabe, es un doctor en física y fue muy enriquecedor que el coloquio fuera interdisciplinario, lo que digo es que las personas preocupadas por estos temas no parecen estar en contacto con teorías que tengan finalidades prácticas en la modificación de la realidad tangible. Sólo un plan táctico fue mencionado… a ver si les parece tan gracioso como a mí: una agenda de trabajo para la definición de temas que permitan crear una filosofía formal de la complejidad. Mastubación mental diría mi exjefe. A esa propuesta le siguió subirla a la red de CONACYT para acceder a recursos necesarios, “por si es necesario discutir algunos puntos en persona, ya saben, nosotros estamos en el DF”, creo que les gustó Guanajuato, más aún en Cervantino.

En resumen, eso provoca el relativismo, la inacción, o como en este caso, inacciones disfrazadas de acciones. Eternos debates. Y es que tomar una postura significa tomar riesgos y enfrentarnos a nuestra congruencia, pensar que todo es posible es mucho más cómodo y, en mi opinión, tiene un papel protagónico en la situación que enfrenta la humanidad.

La silla más cómoda del mundo.

En mi inexperta opinión, la razón por la que hoy vivimos en un sistema insostenible se debe a un paradigma simple, que aunque muchos están tratando, no se ha conseguido desmentir por completo.

Para tratar de ser claro, voy a invitar a que imaginen lo siguiente:

Vives en el año cero y eres carpintero. Perteneces a una tribu que se estableció en una zona y, como pudiste, construiste tu pequeña casa/taller.
Un día un vecino decide que quiere una silla y te pide que la hagas. A pesar de que lo más probable es que ni tu vecino/cliente ni tú, lo hagan conciente, ocurren distintas cosas:
1. Es muy probable que ambos tengan acceso al árbol de donde se puede obtener la madera para hacer la silla.
2. Ambos, por razones culturales/religiosas, creen que dicho árbol está al servicio de ustedes, y tienen todo el derecho a utilizar su madera, tomar sus frutos, etcétera.
3. La razón por la que tu vecino no va y obtiene la madera del árbol y la convierte en silla, es porque posiblemente no tiene el tiempo o el conocimiento para hacerlo.
4. Tu valor como carpintero, es que tienes el conocimiento, la técnica, las herramientas y el tiempo para convertir madera en una silla.
Tu vecino te ofrece, a cambio de la silla, una cabra, lo cual te parece buena idea porque te agrada el supuesto de poder consumir leche más seguido o venderla. Evidentemente por los mismos motivos culturales/religiosos, consideran inconcientemente a la cabra y a sus productos, objetos de intercambio comercial.
Este intercambio comercial parte del paradigma del que hablé antes, de la siguiente manera:
Tu vecino en realidad necesita cuatro sillas, pero sólo tiene una cabra.
Tú no necesitas la cabra, pero si te regalaran/heredaran cuatro cabras, las aceptarías, es decir, prefieres tener cuatro que una, cinco que cuatro, y bajo esa línea, podríamos deducir que prefieres tener un número ilimitado de cabras, que sólo una. Dado que es ilimitado, no te preocupas por sus cuidados, podrían morir de hambre, siempre habrá otra para darte leche. (Patrón interesante si nos ha pasado que la ropa es tan barata, que a veces, por alguna razón no lavamos y simplemente decidimos comprar más ropa, que muy posiblemente fabricaron niños en un país tercermundista por un sueldo miserable).
El paradigma es que la gente ha venido pensando durante milenios, que los recursos son escasos, pero pensémoslo por un minuto.
¿Para qué sirve una silla?
De acuerdo, una silla sirve para sentarnos, lo cual nos permite estar en una posición de descanso, pero estando medianamente erguidos, para realizar otras actividades mientras descansamos.
¿Qué otra especie animal necesita una silla?
Ninguna otra, por supuesto, todas encuentran maneras de descansar que no requieren de una.
Entonces, ¿es posible vivir sin sillas?
Sin duda, la tierra nos da espacio ILIMITADO (suficiente) para sentarnos.
¿Pero no es mucho más cómoda una silla?
En primer lugar, sería muy aventurado decir que la silla más incómoda del mundo, es más cómoda que cualquier lugar natural para sentarnos que nos brinde el planeta. Lo cual significa que la comodidad no es un factor que alcance a diferenciar por completo al concepto de silla del suelo.
En segundo lugar, vamos a suponer que es un objeto de primera necesidad y que hoy existe una silla por cada persona en el mundo. Si la razón de ser de la silla es la comodidad, nos enfrentamos al mismo problema: sólo hay una silla más cómoda que el resto.
La razón por la que esta conclusión es importante, se debe a que lo que nos ofrece la tierra para sentarnos, implica que cada persona encontraría la manera de estar lo más cómoda posible en el suelo, pero dado que existe un objeto silla, sumado a la cultura en que vivimos, crea la necesidad inconsciente en todos, de tener la silla más cómoda del mundo. De hecho, desde la perspectiva consumista, crea la necesidad de tener un número ilimitado de la mejor silla del mundo.
Ahora bien, sillas o cabras ilimitadas requieren espacio ilimitado, cierta cantidad de sillas, revendiéndolas, pueden comprar espacio. Esto es cierto hasta el momento en que ya nadie quiere sillas, sin importar cuán cómodas sean. También esta línea argumental se rompe con el gran recurso limitado, el tiempo, en este caso, para vender sillas.
Esta argumentación demuestra que el sistema en el que vivimos provoca una especie de disonancia cognitiva en la gente, debido a que por un lado casi todos deseamos (en el sentido mágico de wish) tener lo mejor de manera ilimitada, mientras que no tendríamos ni siquiera la capacidad o el tiempo de aprovecharlo al máximo. Considero que esta es la razón por la que vivimos en una cultura del desperdicio. También creo que esta es la razón por la que la mayoría de la gente no sabe lo que quiere, en todos los sentidos.
Esto, evidentemente, no es una crítica a la existencia de las sillas, ni a ningún otro utensilio o herramienta inventado por el hombre. De hecho, una silla, o más específicamente, la madera, es un commodity, es decir, es un objeto que utiliza la generalidad de las personas en el mundo, cada día, para muy variadas finalidades. El hecho de que las economías del mundo tengan (tuvieran) como base el oro, un objeto prácticamente inútil, o más inútil, el papel moneda, supone, y sé que no voy a decir nada nuevo, que no vivimos en una economía real, si la economía estuviera basada en commodities, sería mucho más cercana a la realidad.
Este objeto inútil, el dólar, que vive principalmente en computadoras, ya ni siquiera en papel moneda, tiene el poder para adquirir objetos reales, como una silla. Hoy los millones de dólares que vale, por ejemplo, una marca, (sí, un nombre con un logotipo, que no es más que una concepción que no sirve para nada práctico en la vida de las personas), se puede convertir a dinero que puede comprar cosas reales y útiles. Ese dinero permite que un particular, por ejemplo, se adueñe de un bosque y lo tale, para hacer sillas más cómodas o más cercanas a una cantidad ilimitada, lo cual tiene implicaciones, ya el día de hoy, para todo el mundo. Si fuera tan simplemente medible como que la tala de un bosque destruye una ciudad dos años después a través de un huracán, ¿cuál sería el valor real de talar ese bosque? ¿quién pagaría el precio de una ciudad por hacer cualquier cantidad de sillas? Eso suponiendo que la vida de las personas, víctimas del huracán, fuese cuantificable e intercambiable económicamente.

La razón por la que los recursos se consideran escasos, es porque nuestra mente tiene la capacidad de ambicionar lo “mejor” y lo “ilimitado”. Pero si entendemos que lo ilimitado no es la tendencia a lo infinito sino lo suficiente, y más aún, que lo “mejor” de la vida nada tiene que ver con objetos intercambiables comercialmente, entonces ese paradigma quedaría destruido. ¿Si secuestran a una persona que amas no darías tu objeto favorito a cambio de que te la regresaran?, ¿cuántas personas de clase media, o hasta media alta, terminan en la pobreza tratando de curar el cáncer de un ser amado? El problema del mundo es axiológico. Si hoy el esfuerzo intelectual humano se dedicara a innovar con respecto a la suficiencia de los recursos para todos y a la multiplicación de posibilidades de crear momentos de felicidad para todos, llegaríamos a una era muy diferente, donde el siguiente paso cultural y tecnológico apuesto a que sería realmente asombroso. Los límites actuales del sistema provocan que no tengamos ni idea de lo que somos capaces. Pero me extenderé al respecto en otro post.
Evidentemente el mensaje del sistema es exactamente el opuesto. Tú y tu vida son mejores si consumes más, de lo “bueno”.
Reflexiónenlo por un momento, desde su silla mediocre.

Confesiones: El postmodernismo como adicción a la disidencia esnob.

Casi todo está mal. De verdad, “los números no mienten”.
Todo es criticable, sobre todo destructivamente.
Esta carne es perfecta con este vino, con este acid jazz, con este paisaje… con esta compañía la charla es exquisita, Dalí, Buñuel, Tarkovsky, Lynch.
No soy un hedonista, y si lo soy no es porque persigo este placer. Soy sólo un sobreviviente, y estos son los pequeños premios que merezco por sobrevivir.
De acuerdo, pero no soy materialista, en este mundo me tocó vivir, es afortunado que tenga los medios para acceder a estos pequeños placeres.
Bueno, nunca pretendí que mi posibilidad de acceder a estas ventajas provoque indirectamente que otros no puedan acceder a las mínimas.
El vino… el vino no es tan malo como la nicotina, mientras tomo no afecto a otros.
No, es que si tomo manejo mejor, al menos más lento. Es un problema que se resolvería si todos usáramos transporte público, claro, si hubiera uno realmente bueno.
Sé que la carne es la principal causa del calentamiento global, de muerte por problemas cardiacos y de maltrato animal pero, si yo dejo de comer carne nada de esto cambiará. Apoyaría una ley que prohibiera el consumo de carne.
¿Me estás diciendo que se vuelve ridícula mi crítica si soy parte del problema?, explícame cómo es posible dejar de serlo…
… sabes que mi mente está lista para encontrar decenas de rutas de salida que justifiquen mis placeres.
Sí, entiendo las ventajas de ahorrarme ese procesamiento y simplemente aceptarme como soy, aunque eso me haga concluir…
…no soy mejor que otros sólo por tener adicciones más sofisticadas.

An inconvenient truth.

La semana pasada vi en el cine, después de la recomendación de un amigo, un documental que se llama An Inconvenient Truth.

Al Gore, ex-vicepresidente de Estados Unidos tiene varios años siendo tal vez el más famoso activista que ha advertido al mundo respecto al calentamiento global y su relación directa con el cambio climático. No tengo, por supuesto, el conocimiento científico necesario para respaldar lo que se dice en el documental, pero puedo decir, con toda seguridad, que lo que se plantea parece bastante creíble y temible. El que sea creíble nos debiera dar una razón para sentarnos a leer al respecto, hasta que tengamos una idea más clara de si es cierto. El que sea temible nos debiera hacer actuar inmediatamente. Bien, esto era justamente lo que esperaba de la película antes de entrar al cine, sin embargo, hubo un aspecto que no consideré previamente.

Al Gore propone una serie de medidas, desde reformas a la política ambiental hasta pequeñas modificaciones en los hábitos personales. Lo que no había considerado es que en realidad todos esos cambios significan a mayor o menor nivel una optimización de las actuales prácticas, que en general tienen beneficios independientes además del esfuerzo por desacelerar y hasta frenar el calentamiento global. Y llego a la conclusión de que las personas estamos acostumbradas a que nos asusten de alguna forma para ser mejores, para optimizarnos, para alinearnos. Algo que desde hace mucho he platicado con varios amigos es el patrón de la mayoría de las personas de no ser buenas en su trabajo, no he tenido experiencias laborales en el extranjero, pero en México tengo la perspectiva clara de que la mayoría de los empleados tratan de realizar el mínimo esfuerzo necesario para seguir recibiendo su cheque. En esa recepción del cheque es donde se fincan mecanismos de coerción, de generación de temor para hacer las cosas. No nos optimizamos porque es lo correcto, sino para evitar consecuencias nefastas.

Otro amigo me platicó hace poco, que discutía con otra persona que el mejor ejemplo de alineación ocurría con la religión. Parte de que las personas realmente se “ponen la camiseta”, tienen una visión compartida y el empuje para realizar actividades que no necesariamente les dan un beneficio a corto plazo (como un sueldo), sino una visión superior a largo plazo (el paraíso). Después me explica que con el fútbol llega a ocurrir lo mismo, los aficionados a un equipo se alinean, llenan estadios, se ponen literalmente la camiseta, luchan literalmente por su equipo. Mi respuesta fue “¿estamos hablando de fanatismo?”.

Como mencioné anteriormente, estoy leyendo The End of Faith de Sam Harris. El hombre se esfuerza realmente por llenar un libro de fundamentos filosóficos, psicológicos, sociológicos, históricos, científicos (“ciencias duras“), para no tener una fe religiosa. Al Gore se esfuerza realmente por gritarle al mundo que abran los ojos respecto al calentamiento global. Tanto Sam Harris como Al Gore buscan un cambio que optimice el comportamiento y la vida de las personas; cuando Al Gore habla del apocalipsis que vivirán nuestros hijos por el cambio climático y el derretimiento de los polos, y Sam Harris demuestra que la mayoría de las guerras y genocidios han sido a causa de la fe religiosa; están buscando un cambio positivo para la humanidad, independientemente de que haya un apocalipsis o que las próximas guerras vayan a tener motivos religiosos. La razón para el cambio, la razón para la alineación y la optimización no debieran ser factores de miedo. Es el miedo lo que me ha hecho tomar las peores decisiones.

La razón que debiera bastar para el cambio, es nuestro crecimiento como personas, para provocar a su vez y con el valor agregado que sólo ofrece la sinergia, un crecimiento social.