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Foucault en el cine

Introducción.

“[…] si megalómano es el hombre que se mete en grandes cuestiones para conseguir algo que le quedará grande y le dejará en la estacada; ¿cómo debe denominarse a quienes, una vez que se han hecho cargo de las grandes cosas, ya no las abandonan nunca jamás? Propongo llamarlos megalópatas.”
(Sloterdijk, 2002, págs. 39-40)

Hay una premisa que varios profesores de filosofía mencionan a sus alumnos: la filosofía no trata problemas urgentes. Tenemos varios indicios de que en la Antigüedad algunos filósofos ejercían una influencia directa en sus ciudades y con los gobernantes, pero con el correr de la historia tal influencia se fue diluyendo hasta que, el día de hoy, es prácticamente inexistente. Actualmente, y en el mejor de los casos, el filósofo (vivo) es citado por algún político con la ceremonia y el desdén con que se cita a un muerto. Aquellos filósofos que consiguieron algún puesto público en gobiernos o meta-gobiernos (como la ONU), no parecen incidir de ninguna manera clara en la cotidianidad, en general pareciera que son puestos otorgados más bien de manera ornamental. Bajo esta tendencia, la labor del filósofo terminará viéndose como una mera “curiosidad”, una erudición completamente inconexa de toda realidad perceptible, no me extrañaría que ya lo viera así la generalidad.

Pero este, sin embargo, no es ni con mucho el mayor problema de la filosofía como disciplina. En el marco de la ‘no-urgencia’ anteriormente señalada, encontramos que la filosofía, y la humanidad en general, se enfrenta hoy a la mayor crisis de la que se ha podido dar cuenta: un cambio climático que amenaza con extinguir a la especie. Ya no nos queda esa larga cadena de generaciones para seguir tratando los mismos problemas, si la filosofía va a hacer algo por la humanidad, ahora se torna urgente.

Para los menos informados, tal postura podrá ser fácilmente descalificada como “apocalíptica”, se podría hacer una analogía de cuando por ejemplo, en el marco de la guerra fría, se decía todo el tiempo que una guerra nuclear nos aniquilaría; tal postura hoy se ve como folclor del macartismo. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los científicos especializados en el tema están muy preocupados al respecto (y se rumora que los pocos que no, han sido bien recompensados). También la filosofía comienza a tomar conciencia del problema; hace poco presencié una conferencia de Edgar Morin, quien en la lucidez de sus últimos años, terminó su discurso diciendo: “[…] se requiere de un nuevo humanismo cuya prioridad sea salvaguardar el futuro de la humanidad”.

“La política aparece como algo equivalente a un crónico y masivo accidente de coches, en cadena, en una autopista envuelta en niebla. En una situación como ésta no puede hablarse durante mucho más tiempo de un gusto por la convivencia. La nueva grandiosidad de nuestra época aparece en el horizonte como la monstruosa Internacional de los usuarios terminales.” (Sloterdijk, 2002, págs. 77-78)

Si la intención, en este contexto, fuera reconfigurar a la filosofía para que atienda problemas urgentes y ayude a resolverlos, el primer paso tendría que ser ahorrarse toda pretensión de Verdad o exactitud. La urgencia, en mi opinión, supone dos cosas: cierta preminencia de la filosofía práctica y la apremiante necesidad de hallar nuevas maneras de abordarla. Aquí es donde considero valioso retomar a Foucault y al “[…] tríptico de su obra crítica: un estudio de los modos de veridicción (más que una epistemología de la Verdad); un análisis de las formas de gubernamentalidad (más que una teoría del Poder), y una descripción de las técnicas de subjetivación (más que una deducción del Sujeto).” [Comentario de Frédéric Gros en (Foucault, El coraje de la verdad, 2010, pág. 352), las cursivas son mías].

“Poco a poco se comprende que la actual way of life y el largo plazo son, estrictamente, dos magnitudes que se excluyen mutuamente. […] El proceso industrial a gran escala destruye más ‘reservas’ humanas y naturales de las que él mismo puede producir o regenerar. En esa medida resulta ser tan autopoiético como un cáncer, tan creador como un fuego de artificio, tan productivo como una plantación de drogas. Lo que hace más de doscientos años fuera celebrado casi sin discusión como productividad humana, se hace crecientemente visible en su carácter destructivo y creador de adicción.” (Sloterdijk, 2002, págs. 101-102)

Parresía.

“[La política como] El arte de lo posible a gran escala[,] gira en torno a ese acto forzado que consiste en presentar lo improbable como ineludible. La figura política del imperio opta por la idea de que lo dificultoso es voluntad de Dios y adecuado al ser: hace valer como natural lo que es casi imposible.”
(Sloterdijk, 2002, pág. 37)

Decía Kant que la humanidad no ha llegado a su mayoría de edad. Tal será alcanzada hasta que sea capaz de gobernarse a sí misma, hasta ahora somos adolescentes que requerimos de tutores, los gobernantes [1]. Esta no es una idea nueva, al inicio de La Hermenéutica del sujeto, un curso dictado por Michel Foucault en el Collège de France en 1982, el autor señala la conformación de un proto-sujeto pre-moderno, particularmente visible en Platón y en la filosofía helenística, un “sujeto” que, a diferencia del moderno, no va a buscar someter a la naturaleza para que ésta revele sus misterios, sino que asumirá que es el propio sujeto quien debe transformarse para dar cuenta de la verdad [2]. Este pre-sujeto debe realizar un conjunto de prácticas que lo lleven al ‘gobierno de sí’ y sólo entonces podrá dar cuenta de la verdad. 

En su último curso (1984, año de su muerte), El coraje de la verdad, Foucault señala que hay cuatro formas de veridicción en la antigüedad, la del profeta (verdad sobre el futuro), la del sabio (verdad sobre el ser de la naturaleza y de las cosas), la del sofista o el maestro de retórica (técnicas de verdad) y la del parresiasta (verdad sobre el ethos) [3]. El término parresía (παρρησία) es comúnmente traducido como ‘franqueza’, sin embargo Foucault hace notar repetidamente que sería más preciso entenderlo como un ‘coraje de la verdad’, pues ejercer la parresía siempre supone un riesgo, siempre implica decir una verdad que puede molestar al interlocutor, y comúnmente el interlocutor es alguien más poderoso que el parresiasta. La madurez de la que habla Kant es precisamente esta, la del hijo adolescente que expresa a sus padres que ha llegado el momento de manejar su propia vida, que dejará de depender de ellos pues ya no necesita de su gobierno, ahora es capaz de gobernarse a sí mismo; tal sería un ejemplo de parresía.

Sin embargo no debemos entender en la parresía un mero ejercicio de honestidad, no se trata de la intención de decir una verdad que se considera subjetiva, se trata de que el parresiasta (individuo, sujeto o persona son términos ya inadecuados) efectivamente conoce la verdad, es consciente de ello y sabe que su función (deber y obligación son también inadecuados) es decirla. “[…] ‘parrèsiázesthai’ significa ‘decir la verdad’. Pero ¿el parresiasta dice lo que él piensa que es la verdad o dice lo que es realmente la verdad? Para mí, el parresiasta dice lo que es verdad porque sabe que es verdad. Y sabe que es verdad porque es realmente verdad. El parresiasta no es solamente sincero y dice su opinión sino que su opinión es realmente verdad.” (Foucault, Coraje y verdad, 2003, págs. 267-268)

A primera vista, cuando leí ambos aspectos de Foucault, me parecía que se estaba contradiciendo. Primero dice que el parresiasta es el que dice la verdad de un ethos, luego que dice esa verdad, porque conoce realmente la verdad, pero tal no es una Verdad sino un modo de veridicción. En este sentido cabía regresar al Foucault arqueológico para entender que la verdad es aquello que está inserto en un discurso suficientemente articulado que luego constituirá a los objetos. Esto es, vivimos en un mundo en el que las cosas son símbolos, su significado se ha ido insertando en ellas de acuerdo a las reglas articuladas de diversos ‘juegos de verdad’ cuyo estadio es el poder mismo. Para el parresiasta tales “juegos” son transparentes, ve con claridad los significados y los dice. En este sentido, verdad, y verdad del ethos, son lo mismo.

V for Vendetta.

« Vi Veri Veniversum Vivus Vici ». –Evey
“By the power of truth, I, while living, have conquered the universe.” –V
“Personal motto?” -Evey
“From Faust.”
-V [4]
(Wachowski & Wachowski, 2006, 00:43:55)

Evey es una mujer joven, huérfana, acostumbrada desde niña a sobrevivir siendo amable, yendo con la corriente; sus padres fueron arrancados de su vida por subversivos, así que ella entendió pronto que la mejor manera de sobrevivir es la sumisión. Tal es el juego dialéctico a lo largo de la película, un poder domina gracias a la sumisión de las mayorías, mientras que una idea, dramatizada por una suerte de Übermensch (es muy evidente en la película que Dios ha muerto), va reduciendo tal dominio a través de la subversión, con su pura voluntad de poder. En el núcleo del juego dialéctico se halla la verdad, a muy distintas escalas: a una escala pequeñita, verdad maquillada con mentiras; a una escala intermedia, verdad como confianza entre amigos; y a gran escala, parresía, con todas sus letras.

Evey va a encarnar esta transición, el paso de la sumisión a la neutralidad y de la neutralidad a la subversión a través de su ejercicio de la verdad. Para dar el primer paso necesita conquistar sus miedos, obtener el ‘dominio de sí’. Mientras es sumisa, vive en una mentira que a su vez la hace mentir para sobrevivir. Esto es fundamental, porque la película va a ser muy clara al poner a la mentira en la cara de la sumisión (miedo), y a la verdad en la cara de la subversión (valentía). Valentía de la verdad es justamente parresía.

V como parresiasta se convierte en el maestro de Evey, quien a su vez, a través de distintas prácticas, alcanzará el ejercicio de la parresía. Es entonces puesta a prueba, su ‘maestro’ [5], que además de parresiasta es un artista, la engaña para mostrarle la verdad. El maestro reproduce una tragedia, provocando una κάθαρσις [6] en Evey quien termina superando sus miedos. En tales condiciones, su autodominio reactivará su capacidad de sobrevivir en un contexto caótico, pero ahora sin sumisión, será libre [7]. Se ha transformado, ya puede ver la verdad sobre sí, pero aún no sobre los otros. Para dar el siguiente paso requiere volverse parresiasta, requiere ser capaz de tomar el riesgo de decir esa verdad, y de llevar a la acción esa verdad que dice [8]; debe tomar un riesgo moral y político: colocan en sus manos la posibilidad de eliminar al poder de la sumisión y posibilitar el poder de la subversión. Tal decisión ya no tiene que ver con el ‘cuidado de sí’, sino de los demás, ella superó la sumisión, ahora le toca actuar congruentemente para ayudar a que los demás la superen.

Por una línea alternativa, Finch, el investigador que trabaja para el gobierno, representa al sujeto moderno. Comienza en un marco axiomático, “el gobierno es bueno”, “protegemos a la gente”, “hacemos cosas que son un mal necesario”; está envuelto, al igual que la primera Evey, en la sumisión: en su primera intervención dice una opinión, en un tímido intento de parresía, Sutler lo regaña y Finch se disculpa y agacha la cabeza, luego dice Sutler (el supremo canciller): “To fail is to invite doubt into everything we believe…” [9] (Wachowski & Wachowski, 2006, 00:12:47), con esta línea anuncia la aparición del sujeto cartesiano: el humanismo moderno es una respuesta al fallido intento de conocer a través de la fe, de aquellos axiomas metafísicos; nace entonces la duda metódica. Finch comienza a investigar, pero la duda se va apoderando de él, hasta que dice a su compañero, muy concretamente: “no me importa que no respondas, pero tengo que decir una pregunta en voz alta… ¿y si el gobierno fuera malvado?” Parece una clara analogía a Descartes preguntándose “¿y si Dios fuera un genio maligno?”[10].

Pero al igual que Descartes, eso no logra arrebatarle por completo la fe en los axiomas previos (Descartes después explicará, al final de la Tercera Meditación por qué Dios no puede ser un genio maligno [11]), y sigue adelante con su investigación. Este sujeto no hace una transformación interna para percibir la verdad del ethos, y lo pudo haber hecho, le faltó en todo caso, diría un estoico romano, un maestro (como Evey tuvo a V). Le “preguntó” a la naturaleza (a lo Bacon), usó el método adecuado (a lo Descartes) y los objetos de conocimiento no lograron decirle la verdad.

Cuando V realiza el “efecto dominó”, al final queda una ficha de pie. Como el universo de V es simbólico, es decir, ve la verdad a través de los símbolos, sabe que la ficha que no cayó “ni para un lado ni para el otro” significa que al final habrá un aspecto aún no resuelto, aún impredecible. Un efecto imposible de ver: es el encuentro entre los dos sujetos, Evey y Finch. Tal encuentro, en el tercer acto, refleja el culmen de la parresía. El poderoso es Finch, tiene un arma y amenaza con usarla contra Evey a cambio de que no actúe de la manera que ella considera correcta. Ella debe recurrir al coraje de la verdad y a la congruencia típica del parresiasta, lo logra y con ello escapa finalmente de la sumisión y realiza un acto de subversión consciente, la transición terminó. Evey pregunta a Finchdo you like music?”, y con ello los directores nos dicen que se repite el ciclo, que ahora ella será la maestra de Finch, pues fue exactamente la frase de apertura con la que V se convirtió en maestro de ella. Uno de los mensajes de la película podría ser que el sujeto de conocimiento moderno debe aprender del pre-sujeto de la antigüedad si quiere alcanzar la verdad.

Consideraciones finales.

“Artists use lies to tell the truth, while politicians use them to cover the truth up.” [12]
(Wachowski & Wachowski, 2006, 00:41:11) 

El Estado representa en la película a la mentira y la manipulación, V como parresiasta va a evidenciar esa mentira ante todos los ciudadanos. Es un parresiasta porque lo que dice y lo que hace están en armonía. Es un parresiasta porque dice la verdad a y de los más poderosos que él. Es un parresiasta porque todo el tiempo está en riesgo de morir y no se detiene. Es un parresiasta porque evidenciando lo verdadero, pone en duda lo que la gente cree que es y lo que cree saber, y haciendo eso los transforma. Para Foucault, precisamente los parresiastas por excelencia fueron Sócrates y Diógenes el cínico, el primero ponía a dudar a la gente respecto a lo que creía que sabía, el segundo respecto a lo que la gente creía que era. Entonces V, como parresiasta non plus ultra, aporta una nueva ‘técnica de sí’, aporta el arte, como una “mentira que dice la verdad” en un sentido práctico. Está muy claro que el arte no es parresía como tal, pues esta última debe ser lo más clara posible, no oculta nada, pero sí es una práctica para volverse parresiasta. [13]

Lo que V entiende es que estamos en un mundo simbólico, y que la gente “coloca” significado en dichos símbolos, les transfiere distintas formas de poder. Esto es casi exactamente lo que plantea Foucault. Su mayor interés es entender la relación entre sujeto y verdad, porque sabe que a lo largo de la historia los ‘juegos de verdad’ han dependido en buena medida de los modos de subjetivación en cada momento, y viceversa. De esta manera, conocer la verdad otorga un poder transformador en un sentido ético, pero especialmente político [14]. El poder de V radica en que conoce el significado de los símbolos, y como parresiasta, su voluntad de poder radica en decir la verdad con las palabras adecuadas, que a su vez son símbolos, y al actuar en consonancia, sus poderosas palabras devienen poderosos actos simbólicos: sabe qué edificios destruir para incidir en destruir la sumisión (miedo, mentira) y en potenciar la subversión (voluntad de poder, verdad). [15]

No obstante, yo no puedo saber si los directores (además guionistas) y/o el escritor del cómic, leyeron a Foucault. Sin embargo, el decidir hacer la película, el darle cierta estructura desde el guión hasta la edición, el utilizar ciertos elementos simbólicos; nada de esto es gratuito. Los directores de esta, y de otras muchas películas, pretenden incidir en la audiencia. Es claro que la protagonista es Evey, y es en el papel protagónico donde los directores colocan la transición que esperan que tenga la audiencia. Los directores, en este caso, están asumiendo que los espectadores, en general, somos gente sumisa con el potencial de la subversión. Pretendieron, a su vez, a un siguiente nivel de abstracción, crear una mentira (una distopía de ficción) que nos transmitiera una meta-verdad. La verdad respecto a la verdad. La verdad respecto a la verdad es que ésta nos otorga un poder transformador, un poder para gobernarnos a nosotros mismos e incidir en los demás para que sean capaces de gobernarse a sí mismos. Los directores pues, lo sepan o no, llevaron a cabo un acto de parresía.

Notas al pie.

[1] Cf. Kant, Immanuel. Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración? Disponible en Internet.

[2] Cf. Foucault, La hermenéutica del sujeto, 2011, págs. 33-35

[3] Cf. Foucault, El coraje de la verdad, 2010, págs. 34-38

[4] « Vi Veri Veniversum Vivus Vici ». –Evey. ”Por el poder de la verdad, yo, viviendo, he conquistado el universo”. –V. “¿Es tu lema personal?” –Evey. “No, es de Fausto.” –V. [Traducción propia].

[5] Para los estoicos romanos se requería de un maestro para aprender y realizar las ‘técnicas de sí’ necesarias para el ‘gobierno de sí’. Cf. Foucault, op.cit., 2011, págs. 132-150

[6] Catarsis, en el sentido más griego posible: quienes presencian una obra trágica padecen una suerte de empatía que los purifica del miedo. Esto que ocurre con Evey es justamente lo que estos directores pretenden que ocurra con el espectador. Pero abundaré más delante en ello.

[7] “Then you have no fear any more. You’re completely free.” (Wachowski & Wachowski, 2006) Le dice el interrogador cuando ella se niega a contestar, optando por su muerte: “Entonces ya no tienes miedo. Eres completamente libre.” [Traducción propia]

[8] “[…] hay una relación armónica entre lo que Sócrates dice y lo que Sócrates hace, entre sus palabras (logoi) y sus acciones (erga). En consecuencia, no sólo Sócrates es él mismo capaz de dar cuenta de su propia vida, sino que tal acuerdo es ya visible en su comportamiento en tanto no hay la más leve discrepancia entre lo que dice y lo que hace. Es un ‘mousikós aner’. En la cultura griega, y en la mayoría de los otros diálogos platónicos, ‘mousikós aner’ denota a una persona consagrada a las Musas -una persona culta en las artes liberales-. Aquí la frase se refiere a alguien que exhibe una clase de armonía ontológica donde logos y bíos de tal persona están en un acuerdo armónico.” (Foucault, Coraje y verdad, 2003, págs. 334-335) Sócrates, junto con Diógenes, son considerados por Foucault los parresiastas par excellence.

[9] “Fallar es una invitación a insertar la duda en todo lo que creemos.” [Traducción propia].

[10] “I wanna ask a question Dominic. I don’t care if you answer me or not. I just wanna say this aloud. But I need to know that this question will not leave this office […] If our own government was responsible for the deaths of almost 100,000 people, would you really wanna know?” (Wachowski & Wachowski, 2006, 01:02:10) “Quiero hacer una pregunta Dominic. No me importa si me respondes.  Sólo quiero decirlo en voz alta. Pero necesito saber que la pregunta no saldrá de esta oficina [confianza con el amigo, miedo y sumisión con el exterior, confianza como primer paso subversivo] […] Si nuestro gobierno fuera el responsable de la muerte de casi 100,000 personas, ¿de verdad querrías saberlo?” [Traducción propia]

[11] “Dios, […] posee todas esas altas perfecciones […] no tiene ningún defecto ni nada que sea señal de imperfección. Por lo que es evidente que no puede ser un engañador, puesto que la luz natural nos enseña que el engaño depende de algún defecto.” (Descartes, 1977, pág. 44)

[12] “Los artistas usan mentiras para decir la verdad, mientras que los políticos las usan para encubrirla.” [Traducción propia]

[13] Lo mismo podríamos decir del resto de las ‘técnicas de sí’, el examen de conciencia pre-cristiano, por ejemplo, no es un ejercicio de parresía, es una práctica para volverse parresiasta. Cf. Foucault, op.cit., 2011, págs. 61-73

[14] Para entender esto con mayor detalle, recomiendo la nota de Foucault y la primera parte del comentario de Frédéric Gros en Foucault, op. cit., 2010, págs. 348-353

[15] “The building is a symbol, as is the act of destroying it. Symbols are given power by people. Alone, a symbol is meaningless, but with enough people blowing up a building can change the world.” (Wachowski & Wachowski, 2006, 00:33:14) “El edificio es un símbolo, como lo es el acto de destruirlo. La gente le otorga el poder a los símbolos. Por sí solo, el símbolo es insignificante, pero con suficiente gente, volar un edificio puede cambiar el mundo.” [Traducción propia].

Bibliografía y película.

Badiou, A. (2004). El cine como experimentación filosófica. En G. Yoel, Pensar el cine 1 (págs. 23-90). Buenos Aires: Manantial.

Descartes, R. (1977). Meditaciones metafísicas. (Vidal Peña, Trad.) Madrid: Alfaguara.

Foucault, M. (2003). Coraje y verdad. En T. Abraham, El último Foucault (págs. 263-400). Buenos Aires: Sudamericana.

Foucault, M. (2009). El gobierno de sí y de los otros. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2010). El coraje de la verdad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2011). La hermenéutica del sujeto. México: Fondo de Cultura Económica.

Kant, I. (s.f.). Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? Recuperado el 10 de Marzo de 2012, de I.E.S. Francisco Giner de los Ríos: http://www.ginersg.org/FILOSOFIA/textos/KANT.Respuesta%20a%20la%20pregunta.pdf

Sloterdijk, P. (2002). En el mismo barco. Madrid: Siruela.

Wachowski, A., & Wachowski, L. (Dirección). (2006). V for Vendetta [Película].

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Antes de Spinoza y Bergson.

Últimamente me he relacionado con dos grupos de personas que, para “bien” o para “mal”, están influyendo en que cuestione mis principios positivistas, de lógica simbólica, euclidianos y, como entendí ayer, mecanicistas. Con lo que me conozco, sé que no me va a salir barato. Cuando entienda mejor lo que ronda por mi mente haré un post al respecto, por lo pronto, sólo estableceré que concibo una frontera antropocéntrica que nos da reflejos de una realidad subjetiva como especie (o metasubjetiva pues), que puede alcanzarse a través de dos vías. Una que en los últimos siglos hemos considerado de menor riesgo, llamada ciencia; y otra que, a los más positivistas tiende a parecernos de alto riesgo, llamada misticismo.

Antes de tomar consciencia de que esta dualidad nos llevaba a lo mismo, un ejercicio de un proyecto editorial en el que estoy participando me llevó a retratar mi interpretación de la situación actual y a describir mis motivaciones en la vida. Como algo dentro de mí parece advertir que está a punto de cambiar, creo que es importante dar cuenta del saldo al corte.

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Vivo en un dilema, si debo hacer lo necesario para ser feliz, independientemente del mundo; o si debo hacer todo lo que pueda por tratar de mejorar las condiciones del mundo. No lo he resuelto, así que mientras tanto me dedico a combinarlo. Trato de hacer cosas que disfrute pero con un sentido de tratar de mejorar la situación.

Pero no por eso soy un optimista, de hecho, no creo que consiga nada, sin embargo, queda una posibilidad ínfima de que sí. Y las consecuencias me parecen tan graves, que no me queda más remedio que intentarlo. Sinceramente creo que la humanidad se va a acabar en este siglo. Aunque no puedo negar que probablemente sea mejor que así ocurra, me cuesta mucho trabajo digerir lo que yo llamo “el valor perdido”.

Por un lado, desde la injusticia social, no sólo me molesta todo el sufrimiento innecesario que vive la gran mayoría de las personas (sin ignorar el dolor absurdo que causamos a otras especies); sino que es particularmente frustrante observar la brecha o la diferencia entre lo bien que podrían(podríamos) estar y cómo están(estamos). Sin embargo, admito que enmedio de todo este sufrimiento absurdo de tantos han existido los Borges, los Cortázar, los Buñuel, los Lynch. Eso me lleva al segundo punto, el cambio climático como disparador de la extinción de la especie, me molesta el “valor perdido” pues dentro de lo poco que sabemos, la evolución no ha registrado con otras especies la capacidad creativa que permita la existencia de un Borges. Me pregunto si el mensaje que le queremos dar a la vida es que lo más equivocado que puede hacer es permitir la evolución de los cerebros, pues sólo nos hace más aptos para ser una plaga autodestructiva.

Nomás por esa incomodidad que me produce el valor perdido no me vale madre. Lo gacho es que como me parece tan difícil cambiar las cosas, admito que lo que me queda se parece mucho a la esperanza. Y la defino como la creencia de que algo ocurrirá sólo porque así se desea. Y me parece una tortura mental terrible, pensar que lo que hago es por esperanza, me genera una náusea, en el sentido de Sartre. Y esa sería mi primera propuesta de nombre para la revista: la náusea.

Pero eso me lleva a que el admitir, más allá de mis mecanismos de defensa, que se siente nauseabundo, el hacerlo consciente es una especie de desahogo terapéutico. Y ese desahogo se parece un montón a los “dos minutos de odio” orwellianos en 1984, pues si bien no todos podríamos asegurar que vivimos en una distopía, si armamos una escalita de grises de la utopía a la distopía, apostaría a que todos (nosotros) concordaríamos en que estamos bastante más cerca de la segunda. “Distopía” es el segundo nombre que propondría. “Dos minutos de odio” no suena chido como nombre, no es suficientemente simple para mi gusto, así que moviéndome hacia otras distopías, el equivalente conceptual sería el “soma” del mundo feliz o el “prozium” (prozac + valium) de Equilibrium.

Entonces, aunque no era la finalidad de la tarea, aprovecho para proponer nombres, pues veo en la revista el desahogo terapéutico que supone la admisión de “la náusea”; el evidenciar los elementos distópicos o que nos llevan de la mano, derechito y sin escalas, a la “distopía”; y que sirva de distractor como un “soma” o un “prozium”, en parte burlándonos de nosotros mismos. Preferiría un hilo conductor que signifique todas esas cosas, pero no se me ocurre.

Hay razones para dejar de tomar Coca-Cola.

Tenía casi un mes sin ver televisión a partir de que decidí empezar a hacer cambios en mi vida que tienden a lo que un amigo me explicó que llaman “simplicidad voluntaria“. Sin embargo, dado que el día de ayer dormí en casa de mi mamá y ahí hay televisión con cable, no pude evitar encenderla un rato. Todo iba mal, es decir, en una hora había recibido al menos un centenar de mensajes respecto a cómo debería estar viviendo mi vida para ser una persona exitosa… así que todo iba mal pero repentinamente se puso peor cuando vi este comercial de Coca-Cola:
El comercial me pareció eterno y honestamente de inicio me asusté mucho sin entender exactamente por qué. Apenas empecé a darle vueltas y comprendí que era el discurso corporativo perfecto, era de manera precisa lo que los dueños del mundo quieren que el resto pensemos. No, me estoy quedando corto, el mensaje no sólo era perfecto para sus fines, además cada ejemplo particular que usan constituye un engaño cruel, una manipulación cínica hacia todos aquellos que viven preocupados por la situación actual pero no han conseguido entender cuáles son los cimientos de la putrefacción que prácticamente vivimos obligados a construir.
1. Basado en un estudio realizado en el 2010 sobre la situación actual del mundo.
Con los colores institucionales del producto, el comercial abre con este mensaje, en algún momento del desarrollo creativo les pareció fundamental que la gente recibiera esta información con la apertura de que está sustentado en una profunda investigación. Veamos qué resultados fundamentales para el futuro de la humanidad arrojó dicho estudio.
2.  Whatever.
Sí, esa es la canción de fondo que niños felices de todas las razas empiezan a cantar. La canción en resumidas cuentas, resalta en su letra la libertad de hacer y decir. Claro, la libertad de hacer que tenga el 80% de la humanidad que vive con menos de 10 dólares al día, o los 22,000 niños que mueren diario debido a la pobreza. La libertad de decir lo que quieran los casi mil millones de personas que no saben leer ni escribir.
Con todo esto empiezan casi gritando: “I’m freeee!”, y entonces pasan a la siguiente idea…
3. Por cada tanque que se fabrica en el mundo… se fabrican 131 mil peluches.
Lo cual no es sólo gratamente sorpresivo, sino además esperanzador, porque hay una evidente relación entre tanques y peluches, la relación es… ejem… pues sí, que los niños que extrañan a sus padres que están en las guerras, pueden consolarse con un peluche… y… los niños víctimas de esos tanques pues… no, realmente ellos difícilmente se consolarán con un peluche. Pero bueno, es comprensible, no es como que Coca-Cola se beneficie económicamente de países que son víctimas de la guerra… ¿o si?
Me parece mucho más relevante mencionar que con menos del 1% de lo que el mundo gasta anualmente en armamento sería suficiente para hacer viable que todos los niños del mundo tengan educación.
4. Por cada bolsa de valores que se desploma… hay 10 versiones de “What a Wonderful World”
En otras palabras… cada vez que el sistema se descubre insostenible y decenas de miles de personas pierden sus empleos mientras un centenar protegen o elevan su ya obscena fortuna… 10 artistas nos consuelan con nuevas versiones de una canción que nos describe los colores del árbol, las rosas y el cielo como si fuésemos daltónicos. Sí, desde mi casa tengo una hermosa vista y amo a mis amigos y también me encantan los bebés, pero eso no evita en ninguna medida que el mundo se está yendo al carajo.
5. Por cada persona corrupta… hay 8 mil donando sangre.
Éstas sí son excelentes noticias, no sólo ya se delimitaron con claridad los parámetros de la corrupción sino que además se hizo el censo mundial. Ahora ya sabemos quiénes son y dónde viven.
Un dato interesante a investigar sería determinar cuántos de los donadores de sangre son requeridos directamente por efectos del sistema, sí, por heridos de guerra… o por personas que sufren problemas del corazón por la pésima alimentación que provocan las grandes cadenas de restoranes y la industria de la alimentación. Cuántas unidades de sangre se requerirán al día para niños que son víctimas de enfermedades por la contaminación de ríos y bosques cercanos a su comunidad. Cuántas para personas que bajo ninguna circunstancia tienen la más mínima posibilidad de atención médica.
6. Por cada muro que existe… se ponen 200 mil tapetes de “Bienvenido”.
Con este ejemplo y el de los peluches entendí que la parte fundamental del mensaje que quiere dar Coca-Cola es que consumir está bien, consumir cosas que no se necesitan siempre y cuando contengan un símbolo de bondad. Es decir, dar peluches a los niños, comprar tapetes de “bienvenido” y tomar Coca-Cola, son cosas intrínsecamente buenas, entonces hay qué ser consumistas de cosas que contienen esta clase de simbolismos.
En este ejemplo mi miedo se hizo latente porque me dí cuenta de que cínicamente apuestan a una retórica simplista, a una demagogia dirigida a gente muy desinformada. Tengo un tapete que no dice “bienvenido” y hoy sé que no lo necesito, mucho menos para hacer sentir a mis invitados que son bienvenidos. Si con los tapetes pudiéramos hacer que cada estadounidense le diera la bienvenida a los mexicanos ilegales o que cada musulmán se contentara con la presencia de judíos… este mensaje fue tan vacío que me reflejó la imagen cruel de gente muy poderosa burlándose de quienes consideran sus esclavos, gente tonta, una subespecie inferior.
7. Mientras un científico diseña un arma nueva… hay 1 millón de mamás haciendo pasteles de chocolate.
Aquí evidentemente tocamos el extremo de lo arbitrario. Ni siquiera son mamás diseñando nuevos postres. Acompaña conceptualmente a los peluches, a los tapetes y al refresco, pero le añade un nuevo ingrediente, la mala alimentación. Si queremos a nuestras mamás porque nos hacen pastel de chocolate entonces también las queremos porque nos compran Coca-Cola. En obesidad infantil México tiene el primer lugar, y en consumo de Coca-Cola per cápita, casualidad, México tiene el primer lugar; mientras fui obrero conocí a varios niños cuya primer palabra fue “coca”. Hace 10 años se consideraba que más de 36 millones de personas mueren al año de causas prevenibles, dos terceras partes de ellas por causas comúnmente asociadas a problemas de alimentación, mientras que por la guerra morían “sólo” 550 mil al año. Es decir, sin exagerar, hoy algunos hábitos alimenticios promovidos por algunas mamás están matando a más gente que cualquier arma nueva diseñada por científicos… quienes deberían considerar seriamente dedicarse a la gastronomía.
8. En el mundo se imprime más dinero de Monopoly que dólares.
Por juegos como el Monopoly (en México el Turista) es que yo siempre me sentí atraído por las finanzas. De verdad, no exagero. El Monopoly, probablemente sin intención, es un juego que adoctrina a los niños respecto al sistema. En el juego lo importante es tener ambición, y es muy revelador cómo cuando los demás están envueltos en problemas para pagar sus deudas comienzan a hipotecar sus propiedades hasta el grado de perderlas. Es un simple juego, pero el mensaje es muy claro, la debilidad del perdedor es la fortaleza del ganador. Si juegan cinco, cuatro pierden y uno solo se vuelve extremadamente rico. Me preocupa este mensaje, que el Monopoly tenga tanta popularidad sólo hace más difícil convencer a generaciones futuras que lo importante es colaborar, ser compasivos y que acaparar no tiene ningún sentido.
9. Hay más videos divertidos en intenet… que malas noticias en todo el mundo.
Suerte que “divertido” y “malo” no sean términos subjetivos. También es importante considerar que al ser humano no le entretiene la desgracia de otros. Y por supuesto el tiempo está mejor invertido en ver videos “divertidos” que en informarse de la situación actual.
10. AMOR tiene más resultados que MIEDO.
Amor incondicional: 576,000 resultados.
Amor al dinero: 13,300,000 resultados.
11. Por cada persona que dice que todo va a estar peor… hay 100 parejas buscando un hijo.
Bien, este es el mensaje climático… sí, de clímax, aunque por supuesto señalan “GLOBAL WARMING” justo debajo de “Por cada persona que dice que todo va a estar peor…”,  éste es el mensaje que más me hizo enojar, por varias razones:
a) Quienes promovemos la atención al cambio climático, para este comercial, somos unos alarmistas en el mejor de los casos.
b) Se promueve el crecimiento demográfico, cuando los estudios reflejan que al planeta le es imposible mantener de manera sostenible a la cantidad de personas que somos hoy.
c) El mensaje superficial es: “afortunadamente la gente no cree que la situación empeorará y deciden tener hijos”, ¡es extremadamente irresponsable ignorar la evidencia científica y promover factores que agravarán el problema!
d) Pero lo peor es el mensaje de fondo apoyado por las imágenes: “Maquilla tu entorno inmediato, ignora la información externa y serás feliz”. Es decir, un claro “construye tu burbuja y vive en ella”.
12. Por cada arma que se vende en el mundo… 20 mil personas comparten una Coca-Cola.
La idea original en este mensaje era desplegar los daños económicos, sociales y ecológicos que ha causado como empresa la Coca-Cola al mundo, pero son tantos que mejor les compartiré un enlace, o busquen en google “daño coca cola”  (240,000 resultados). Simplemente regresaré al ejemplo del pastel y me aventuraré a decir que hoy mueren y enferman mucho más personas por los hábitos alimenticios que incluyen una Coca-Cola, que por violencia con armas.
13. Hay razones para creer en un mundo mejor.
Tal vez las haya, yo no conozco ninguna y definitivamente este comercial no aportó ninguna.
14. 125 años destapando felicidad… y muerte.

El relativismo y su relación con la inacción

Acabo de estar en un par de eventos que disfruté mucho, uno fue un coloquio de complejidad y filosofía, y otro un cine debate al que voy cada jueves, y que esta vez trató del impacto ético y ecológico del consumo de carne. El denominador común, desde doctores hasta estudiantes de licenciatura en Filosofía fue un, probablemente inconsciente, relativismo.

Así como a lo largo del coloquio nos fue imposible encontrar la frontera, o el tipping point, de lo simple a lo complejo, no por escasez de esfuerzo, me parece que la comunidad filosófica de la que ahora soy parte en Guanajuato ha perdido completamente la línea entre la apertura y el relativismo.

Pero primero voy a diferenciar los conceptos de objetivismo de relativismo para tratar de ser muy claro. El objetivismo supone que es posible encontrar lo verdadero independientemente de la opinión de las personas, en ese sentido, lo que pretende el método científico, es hacer de la ciencia algo objetivo. El relativismo supone o que el que la verdad sea inalcanzable hace igualmente válida la opinión de cualquier persona o que no existe tal cosa como la verdad o un mejor camino, por lo que cada individuo (o cultura) debe vivir acorde a su propia “verdad”.

No es la intención de este artículo abrir la discusión en ese punto sin antes explicar las implicaciones morales de ambas posturas. El objetivismo moral, entonces, asume que hay actos buenos y malos independientemente de la opinión del agente, mientras que el relativismo moral, que se divide en dos tipos, señala que lo que está bien o mal lo define cada individuo (relativismo moral individual) o cada cultura (relativismo moral cultural).

Para ejemplificarlo, utilizaré un extracto del debate en el que participé el jueves pasado. Se nos presentó una película que criticaba el consumo de los alimentos de origen animal. Cuando termina la película, la primer ronda de opiniones, va más o menos por la siguiente línea:
“es terrible lo que la industria ha provocado, antes en las granjas, la gente no era tan cruel con los animales cuando los mataba y vivían de manera sostenible con la naturaleza”
“no podemos dejar fuera las razones culturales por las que comemos carne, desde ir a los tacos hasta hacer una reunión con carne asada”
“el contexto consumista y la necesidad de reducir costos daña la integridad (sic) de los animales y hace un enorme daño ecológico”
“considero que si bien el consumo de carne es un problema, dejar de hacerlo nos llevaría a otros problemas, como los transgénicos”
“creo que el vegetarianismo ya se volvió una postura postmodernista, con esta ola new age, y ahora las empresas se aprovechan de eso para hacer más dinero”
“es más caro vivir como vegetariano, ¿qué pasa con la gente que no tiene los recursos?”
“tú puedes ser vegano ahora, pero, ¿y todo el tiempo que fuiste carnívoro?, ¿tus zapatos son de cuero?”
“ser omnívoro es una decisión personal que refleja mi relación individual con el entorno, así como todo lo demás que hago”

Intervine, genuinamente avergonzado, explicando primero que no encontraba una mayor incongruencia en mi vida que el no ser capaz todavía de volverme vegano. Expliqué que había dos hechos innegables: primero, que consumir carne era inmoral debido a que cada que lo hacíamos intercambiábamos el dolor de un ser por el placer propio; segundo, que los estudios más recientes responsabilizan a la industria de la ganadería como la segunda causa del calentamiento global. Y sí, lo dije, que esos dos puntos no son discutibles y  eliminaban el subjetivismo excesivo en el que estaba cayendo el debate.
Las reacciones fueron variadas, la que menos me preocupó fue aquella que me llamó exagerado, porque no llevó de la mano ninguna argumentación. La que más me preocupó fue de una persona que en el escaso tiempo que llevo de conocerla se ha ganado mi respeto no sólo por su inteligencia sino por su sensatez. Su discurso decía más o menos lo siguiente: “No podemos ser tan tajantes ni dogmáticos, es conocido en filosofía que la lógica propositiva no es la forma adecuada de llegar a conclusiones porque no garantiza la verdad de las premisas, no podemos ser tan matemáticos descalificando todas las opiniones, y por supuesto que todo es discutible”.

Mi respuesta fue: “De acuerdo, todo es discutible, hoy se sigue discutiendo si el calentemiento global es causado por los humanos, es discutible si algunas mujeres de medio oriente deben ser lapidadas por haber visitado al ginecólogo, pero lo que debemos entender, es que vivir eternamente en la discusión sin tomar una postura firme nos lleva a la inacción colectiva, si no somos capaces de ponernos de acuerdo entre qué es lo correcto y lo incorrecto, no de manera dogmática sino como verdad temporal hasta que es desbancada por una nueva verdad, será imposible generar los programas, los proyectos, las políticas públicas para cambiar las cosas, si algo compartimos todos los que asistimos a este cinedebate es la percepción de que las cosas no están bien, que se requiere un cambio”.

Ante esto, no hubo una respuesta relevante. Es decir, se habló de las maneras, del respeto, de la tolerancia. Pero en mi opinión, hay una enorme diferencia entre eso y el relativismo individual en el que estamos cayendo.

No quiero ser malinterpretado como que hoy el quehacer filosófico es sumamente relevante en la realidad humana. Tristemente no lo creo, pero mi razón de vida para estar acá es tratar de cambiarlo. Y es que lo que sí creo, es que el lugar conceptual que ocupa la filosofía en la estructura del conocimiento humano, la responsabiliza de encontrar cada vez mejores maneras de entender la realidad. Y de ninguna manera quiero decir que no sea una responsabilidad también de, por ejemplo, la física, pero es a la filosofía y a sus ramas a quienes les ha tocado históricamente hacer esta labor transdisciplinaria de darle a cada una de las áreas la orientación respecto a qué metalíneas (si se me permite la expresión) de investigación son no sólo interesantes, sino las más relevantes. Yo no tengo duda que estamos en una crisis, y en mi opinión es la más grande a la que se ha enfrentado la especie humana, lo cual hace urgente que la filosofía retome e instrumente esa responsabilidad.

Mi preocupación del relativismo durante el debate no fue tanta, hasta que ví durante el coloquio que el mismo patrón había alcanzado también a mucha gente con doctorado, de distintas partes del país. No es la importancia individualista que yo le dé a un título académico, sino la influencia muy diferente que el sistema permite a estas personas en comparación con la que permite a los estudiantes de una licenciatura. Salvo escasas excepciones, el conocimiento y la brillantez mostrada durante el coloquio son dignos de resaltar, pero el ser tan ceremoniosos, el despliegue de egos y la indudable necesidad de networking con la finalidad de obtener presupuestos para sus distintos proyectos, son en mi opinión las principales causas de que en ninguna de las mesas en las que estuve presente haya sido posible cerrar los diferentes huecos que se abrieron llegando a conclusiones que hayan estado “listas” para de ahí generar planes tácticos. Y conste que no creo que esto se deba a lo abstracto del tema, porque ya en las mesas se habló de innovación, del método científico, de la tecnología, del papel actual de la epistemología, de los sistemas complejos, de la simulación, en fin, de temas que realmente pudieron ser aterrizados en agendas de trabajo. Cuando un doctor preguntó por la utilidad de la lógica difusa para el análisis de sistemas complejos, como los sociales, la respuesta fue negativa y… difusa; cuando pregunté por la posible efectividad del diseño de mecanismos, el conferencista “magistral” no estaba familiarizado con el tema, pero al menos le pareció interesante y dijo que leerá al respecto. Que conste que no estoy criticando el desconocimiento del conferencista, ya quisiera saber lo que sabe, es un doctor en física y fue muy enriquecedor que el coloquio fuera interdisciplinario, lo que digo es que las personas preocupadas por estos temas no parecen estar en contacto con teorías que tengan finalidades prácticas en la modificación de la realidad tangible. Sólo un plan táctico fue mencionado… a ver si les parece tan gracioso como a mí: una agenda de trabajo para la definición de temas que permitan crear una filosofía formal de la complejidad. Mastubación mental diría mi exjefe. A esa propuesta le siguió subirla a la red de CONACYT para acceder a recursos necesarios, “por si es necesario discutir algunos puntos en persona, ya saben, nosotros estamos en el DF”, creo que les gustó Guanajuato, más aún en Cervantino.

En resumen, eso provoca el relativismo, la inacción, o como en este caso, inacciones disfrazadas de acciones. Eternos debates. Y es que tomar una postura significa tomar riesgos y enfrentarnos a nuestra congruencia, pensar que todo es posible es mucho más cómodo y, en mi opinión, tiene un papel protagónico en la situación que enfrenta la humanidad.

Confesiones: El postmodernismo como adicción a la disidencia esnob.

Casi todo está mal. De verdad, “los números no mienten”.
Todo es criticable, sobre todo destructivamente.
Esta carne es perfecta con este vino, con este acid jazz, con este paisaje… con esta compañía la charla es exquisita, Dalí, Buñuel, Tarkovsky, Lynch.
No soy un hedonista, y si lo soy no es porque persigo este placer. Soy sólo un sobreviviente, y estos son los pequeños premios que merezco por sobrevivir.
De acuerdo, pero no soy materialista, en este mundo me tocó vivir, es afortunado que tenga los medios para acceder a estos pequeños placeres.
Bueno, nunca pretendí que mi posibilidad de acceder a estas ventajas provoque indirectamente que otros no puedan acceder a las mínimas.
El vino… el vino no es tan malo como la nicotina, mientras tomo no afecto a otros.
No, es que si tomo manejo mejor, al menos más lento. Es un problema que se resolvería si todos usáramos transporte público, claro, si hubiera uno realmente bueno.
Sé que la carne es la principal causa del calentamiento global, de muerte por problemas cardiacos y de maltrato animal pero, si yo dejo de comer carne nada de esto cambiará. Apoyaría una ley que prohibiera el consumo de carne.
¿Me estás diciendo que se vuelve ridícula mi crítica si soy parte del problema?, explícame cómo es posible dejar de serlo…
… sabes que mi mente está lista para encontrar decenas de rutas de salida que justifiquen mis placeres.
Sí, entiendo las ventajas de ahorrarme ese procesamiento y simplemente aceptarme como soy, aunque eso me haga concluir…
…no soy mejor que otros sólo por tener adicciones más sofisticadas.

Diálogos: parte 2.

Pasa una especie de cortina plástica con motivos florales y el rosa más feo que he visto en mi vida, a través de la cual me asomo para percatarme de que está hundiendo un vaso de plástico duro en una de esas cubetas de pintura, pero que contiene agua… o lo que parece agua; se percata de mi presencia y dice, “es lo más fuerte que tengo”, yo le digo que no hay problema y extiendo mi mano para recibir el vaso, él no atiende a ese detalle y saca un pequeño recipiente, veo cómo vierte algunas gotas de algo en mi vaso y pretende revolver el contenido con un pequeño movimiento de su mano. Finalmente me lo extiende, yo dudo por un instante, pero no es tiempo suficiente para plantear una pregunta que no pueda ser interpretada como desconfianza.

–          No se preocupe, tiene un efecto similar al alcohol,  sólo es más placentero y menos agresivo con el organismo, es probable que al igual que el alcohol agilice nuestra comunicación.

–          Gracias, ya he probado ciertas sustancias… ilegales, y definitivamente he tenido peores experiencias con las legales.

–          Sabe, todo este asunto legal me parece una de las más grandes presunciones de la humanidad, la vida de la gente es regulada y hasta juzgada por personas que ni siquiera entienden de Ética, uno quisiera ver argumentos filosóficos tanto en los palacios legislativos como en los tribunales. Muchos podrían pensar que el núcleo de las religiones es la divinidad, en todas sus formas, sin embargo, el núcleo de las religiones es la Ética.

–          Veo que usted concibe particularmente una religión sin dios.

–          La palabra dios como todas las palabras, son a la vez un concepto y una subjetividad. Cuando la gente es parte de una religión y la conoce bien, apega su entendimiento de la divinidad al cómo es definida por dicha religión. También debo decir que a lo largo de mi vida he conocido a mucha gente que se declara de tal o cual religión, pero su concepción de la divinidad es completamente diferente a la establecida por dicha religión. Esto es normal, históricamente se ha utilizado el sincretismo para obtener una mayor cantidad de seguidores.

–          Y qué mayor sincretismo que la subjetividad que usted promueve…

–          Veo que ha hecho efecto rápidamente su bebida. Efectivamente, a un nivel abstracto podría ser considerado el sincretismo supremo, sin embargo eso no ayudaría con el problema de la injusticia social…

–          De alguna manera sí, primero obtiene seguidores, luego promueve sus políticas públicas.

–          La historia ha demostrado que ese camino no funciona. Pasa tanto tiempo que cuando ya hay suficientes evangelizados ya murieron los evangelizadores…

–          Pero no depende de ellos el mensaje…

–          Por un lado sin ellos no hubiera sido posible transmitirlo, imagínese en el siglo dieciséis convenciendo a un nativo que habla otro idioma de raíces completamente desconocidas, que su forma de vida no es la más adecuada, eso no ocurre con palabras, sino con obras, aquellos evangelizadores tuvieron qué evidenciar que vivir de manera diferente era mejor…

–          Pero de manera tramposa…

–          Por supuesto usaron “espejitos”, pero aquellos nativos no eran tontos, también tenían qué ver un beneficio personal o comunitario al adoptar nuevas prácticas religiosas…

–          Tomaron sus prácticas y las adaptaron, para después destruir sus tradiciones…

–          ¿Ahora lo ve? La Ética es el núcleo de las religiones, estos manipuladores profesionales pensaban en un bien mayor, y así es en la vida diaria, todos hemos hecho actos cuestionables pensando en un bien mayor, evidentemente subjetivo.

–          ¿Y cómo saber si estamos equivocados?

–          Fácil, asumamos siempre que estamos equivocados, es lo más probable, pero aún así persigamos humildemente el conjunto de principios que para nosotros hace sentido.

–          “Hagamos lo que creemos incorrecto…”

–          Es mucho más complicado que eso. Hoy jugamos con dualidades éticas, el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, lo luminoso y lo sombrío. En la realidad, dependiendo de la sociedad que juzgue, puede haber personajes que se vuelvan íconos de la bondad o de la maldad, Gandhi y Hitler por ejemplo, pero, ¿es posible aseverar que todo lo que decía el primero era correcto y el segundo incorrecto?, sin embargo, al considerarlos símbolos, es posible que mis principios sean más influidos por el primero que por el segundo, luego al ser parte de un paradigma, es posible que la mayoría se vea más influida por el primero que por el segundo. Pero el mayor reto no es encontrar los principios que nos satisfagan más que otros, sino seguirlos, ser congruentes.

–          ¿No es exactamente lo que ocurre hoy en día?, las mayorías prefieren ser como Gandhi que como Hitler…

–          No, hoy no identificamos nuestros propios principios, hoy seguimos los que nos enseña el contexto social, religioso, incluso legal. No se trata de tomar a cada símbolo como ejemplo, se trata de entender que nadie mejor que nosotros mismos para tener voz y voto respecto a qué nos hace más sentido en términos éticos. Los símbolos son inspiraciones pero, ¿cuántos seguidores de Gandhi se han convertido en Gandhi?

–          Ninguno. Pero quiero terminar de entender algo, por un lado, la verdad se vuelve un asunto democrático en la medida que existe un paradigma, por otro lado usted invita a que no sigamos los paradigmas sino que ubiquemos principios individuales.

–          ¿Lo ve? La comunicación se aceleró de manera importante. Acaba de tocar el punto medular. El gran paradigma que promuevo es el cuestionamiento de los paradigmas, la aceptación autocompasiva, en un contexto budista, de la inmensa probabilidad de que estemos equivocados, pero el apego congruente a lo que nos hace sentido personalmente.

–          Seguro ya le han preguntado antes… ¿qué pasa cuando el principio le dice a alguien que matar es correcto?

–          Ya me lo han preguntado antes pero nadie se ha atrevido a publicarlo. Yo hoy no me siento capaz de juzgar un acto sin un contexto, la teoría legal se ha encargado por un lado de darle una serie de connotaciones al asesinato y las sociedades también han tenido un punto de vista mucho más flexible de lo que se pudiera creer. Una inocente ama de casa durante la Segunda Guerra Mundial pudo el mismo día sentir felicidad por enterarse del encarcelamiento del tipo que asesinó al tendero y recibir como héroe a su esposo que siendo piloto de un bombardero mató a miles de personas. Y desde una perspectiva sociológica, si exclusivamente la gente que creyera correcto matar matara, seguramente se perderían menos vidas todos los días, y aún así, si lo apegáramos estrictamente a la religión o paradigma que promuevo, al menos cada uno de esos asesinos sabría que lo más probable es que esté equivocado y tendría la apertura de escuchar argumentos que podrían hacer que cambie de opinión.

–          ¿No se vuelve utópica su propuesta?

–          Cuando pensamos en utopías, tendemos a imaginar el mundo que queda como resultado de la propuesta utópica, de hecho la palabra Utopía comienza significando un lugar, una isla, una especie de paraíso. Estoy convencido que un mundo que siguiera este paradigma sería un mundo mejor, pero no visualizo ese mundo, ahora mismo lo que veo de valor es el camino hacia lo inalcanzable, el comenzar a entender cuáles son nuestros principios, el empezar a ser congruentes, entender que lo más probable es que estemos equivocados y mantener nuestras mentes abiertas a ideas diferentes, ir superando nuestras propias fronteras, irnos volviendo ilimitados en la medida que nos comunicamos con otros seres.

–          ¿Humanos?

–          Sería limitante decir eso para aquél capaz de comunicarse con cualquier otro ente.

–          Entiendo. También entiendo que si bajo cierto contexto matar puede ser un acto congruente basado en un principio, en la religión que propone no se plantea un premio o castigo.

–          Efectivamente, pensar que todo lo que se hace en esta vida se paga es la manera simplista de entender un fenómeno completamente diferente; que todos encuentran sus razones y sinrazones para hacer las cosas. Siempre será aventurado calificar algo de malo cuando no se tiene todo el contexto, y siempre será imposible tenerlo por completo.

–          ¿Tiene más de su… agua?

Cobrador: In god we trust.

Estoy en Guadalajara, es el XXIII Festival Internacional de Cine de Guadalajara, y acabo de salir de una película cuyo nombre es el mismo que el de este post.

No es una película sencilla de ver, ni sencilla de entender, detalle que en mi opinión es una pista fundamental para diferenciar el cine de arte del comercial.

La película tiene muchos detalles que merecen ser resaltados, el primero de ellos es cómo transmite que es una producción multinacional, porque ves una parte en Estados Unidos y realmente crees que es producción norteamericana, ves la parte de México y te recuerda elementos de cierto cine mexicano , la parte brasileña igual, me recordó Carandiru y Cidade de Deus; incluso el pequeño segmento argentino. Hubo una secuencia que me recordó la cinematografía de El Padrino, y luego entendí que cobrar un adeudo con la vida embona perfectamente en un contexto de mafia siciliana.

Esta mezcla de culturas cinematográficas es algo que no había visto antes, sin mucho esfuerzo uno podría imaginar que fueron cuatro directores diferentes que fusionaron sus visiones en una línea de historia entrecortada, pero lo que parece más obvio al final es que se trata de un director que conoce a profundidad qué cine se ha estado haciendo en estos países, cómo en estas culturas muy diversas se aborda el mismo problema y cómo los seres humanos más allá de tener una nacionalidad estamos comenzando a asumirnos de una misma especie, la especie humana que en el contexto de la película se divide en tres grupos: los que debemos, a quienes les debemos, y los cobradores. Luego te enteras que el director es Paul Leduc (y lees de él, al menos eso hice yo) y queda perfectamente claro que haya conseguido contar exitosamente una historia como esta con escasas palabras (ni una sola del protagonista) pero con imágenes poderosas. Es sin duda una historia que se pudo haber contado en fotografía.

Habemos ciudadanos privilegiados que tenemos un adeudo que nunca pagamos con los ciudadanos de segunda clase, y hay cobradores que son la mayor preocupación de los endeudados. Los cobradores son sin duda los más interesantes de la especie, son quienes mejor entienden el sistema y no temen pasar por encima de él. Son una especie de iluminados pero no necesariamente sabios, decadentes sin ser nihilistas, son hedonistas pero nunca consumidores. Son quienes mejor entienden a la naturaleza, quienes mejor pueden sentirla e imitarla, pero reconocen su humanidad bizarra y destructiva, y son capaces de dormir con ello.

Se saben eternos y es posible que por eso sean el grupo más valiente de la especie. Se saben animales y eso permite que no haya vergüenza o arrepentimiento en sus actos. Se saben libres sin ignorar que están limitados, pero les cuesta trabajo comprender cómo el resto de la especie decidimos, a veces hasta racionalmente ser muchísimo más limitados. Trabajar todos los días en construir nuestras barreras. Poner todo nuestro empeño en levantar el polvo necesario para nublar constantemente nuestra visión. Encontrar el mayor placer en actos que directamente erosionan nuestra inteligencia. Son seguramente los cobradores quienes mejor pueden entender el arte, el abstracto; pero “están podridos de que les hablen en abstracto”.

El concepto de venganza, de revancha, se queda corto para explicar los cobros. Dos males no hacen un bien, la ley del Talión sólo hace interminable la cadena de daño, es imposible entender qué es justo, es la teoría del caos.

El concepto de cobro está mucho más relacionado con el desahogo psicosocial, no te destruyo por lo que me hiciste, te destruyo porque es lo que necesito para sentir que vale la pena seguir con vida.

Si este contexto lo aislamos lo podríamos definir como maldad pura. Pero lo cierto es que no es otra cosa que un dilema moral. No disfrutan con el dolor, no son torturadores, pero definitivamente no sienten un respeto especial por la vida humana, incluyendo la suya propia. Porque para ellos sólo es cómodo destruir a los deudores, por eso son cobradores; pero el rol con sus clientes, todos aquellos a quienes debemos, es dar lo mejor de sí para sembrarles felicidad. Y eso los hace seres sumamente empáticos.

Si aislamos el concepto de buscar hacer feliz a quien lleva una vida miserable, lo podríamos definir como bondad pura. Esto transmite que sin duda, los cobradores están, literalmente, más allá del bien y del mal. Son jueces de lo evidente, pero no pueden ser evidentemente juzgados.

Recomiendo ampliamente esta película si quieren sentirse cuestionados. Si les molesta ser cuestionados, es posible que les parezca aburrida, es el mecanismo de defensa más común.

Vocación.

La palabra política, la ética de muchos, se ha relacionado desde siempre con el bien común, o más específicamente, con el gobierno (gobierno político), la administración del poder en beneficio de una comunidad.

En realidad, para el mexicano promedio, las palabras política y gobierno están mucho más relacionadas el día de hoy con robo, con suciedad, con deshonestidad; por supuesto dichos calificativos son racionalmente negativos, es decir, la gente sabe que así no debería ser el gobierno político, eventualmente inclusive nos podremos acostumbrar (nos dejará de sorprender enterarnos de ciertas cosas), pero lo cierto es que nunca nos dejará de parecer incorrecto que así sea; es decir, por más acostumbrados que estemos, esperaríamos idealmente que cada uno de los políticos y gobernantes se preocupara primero por el bien común, antes que por el personal. La escala de valores, en teoría, debiera ser la siguiente:
1. Mi comunidad.
2. Mi partido político (los valores que representa)
3. Yo y mis seres queridos.

El resto de los civiles, por otro lado, no sentimos, en general, una obligación hacia el bien común, debido a que no decidimos tomar esa carrera, nos preocupamos por hacer que nuestro negocio sea exitoso, o ir escalando puestos dentro de nuestro trabajo.

Sin embargo, hoy casi todos podríamos asegurar que la escala de valores de la inmensa mayoría de los políticos es exactamente inversa, y muchas veces ignorando incluso los valores que presume el partido al que pertenecen.

El punto es que si visualizamos a todos y cada uno de los servidores públicos como individuos independientes de la política, nos sería más sencillo comprender por qué (la mayoría) hacen su trabajo con la sola finalidad de acceder a mejores puestos y a más poder, lo cual deseamos en general el resto de los mortales en nuestros trabajos dentro de la iniciativa privada, entre otras cosas. Y es entonces que decimos, ¿para qué se dedican a ser servidores públicos si su principal preocupación son ellos como individuos (y su familia y amigos en todo caso)?

También algunos podrían señalar que ganan más, que tienen más prestaciones, que tienen acceso a información privilegiada y a trámites expeditos por el sólo hecho de ser servidores públicos y que ese extra debiera compensar el que se preocupen más por la comunidad a la que atienden que por ellos mismos; por el contrario, pareciera que el servicio público es el templo de la corrupción, aquella que va desde el oficial de tránsito que te ofrece una “alternativa” a la infracción hasta el político de alto rango que administra “favores”. Esto no significa que la corrupción sea un mal inherente ni exclusivo del servicio público, los “compadrazgos” se pueden ver en muchas empresas privadas. La diferencia está en que la corrupción está conceptualmente más alejada del término “bien común” que del individualismo que carga inherentemente el sector privado.

Al final llegaríamos a un concepto que a mi me parece controversial y subjetivo, que es la “vocación”. Idealmente quisiéramos que todos los servidores públicos tuvieran la “vocación de servicio” para poner por encima de sus intereses particulares, el de la ciudadanía; que renunciaran por ejemplo a muchas de las ventajas que les dan sus sindicatos de los mandos medios hacia abajo, que rechazaran vacaciones (que no tenemos en la iniciativa privada) con tal de trabajar más días por la ciudadanía. O en el caso de los altos puestos, que renunciaran a ciertas ventajas que les da el poder que tienen para por supuesto no transgredir libertades de otros o no beneficiarse directamente (o indirectamente con compadrazgos) con el erario público.

El punto es que cuando reconozcamos que esto no va a ocurrir, pondremos los pies en la tierra, cambiará nuestra percepción y comprenderemos que no podemos esperar mucho más del servicio público, entenderemos que si de todos modos el meollo del asunto se centra en un concepto tan subjetivo como la “vocación”, más nos convendría privatizar los servicios públicos y no sólo eso, sino abrir el mercado para que al menos la competencia presione a dar un mejor servicio. Utópico y nihilista por supuesto, no pierdo la costumbre.

Analicémoslo ahora desde una perspectiva diferente; cuando hablamos de un sacerdote, asumimos que es una persona que no se preocupa por el individuo en primer lugar sino por un conjunto de feligreses que son su comunidad (en el caso de un papa, su preocupación sería toda la Iglesia). Asumimos que deseará el bien a su prójimo (cuando menos el bien que plantea la Biblia) y que difícilmente transgredirá la libertad de otros con la “facilidad” que lo hacemos el resto de los mortales. Entonces aparecen casos de sacerdotes que abusan sexualmente de menores y al común de la población le cuesta trabajo comprender. O mucho menos grave, nos cuesta a veces comprender que los sacerdotes tengan pareja, y muchos seguramente preguntarán, ¿entonces por qué se hizo sacerdote y dentro de una religión donde está prohibido que tengan pareja? Y de nuevo responderán muchos, los he escuchado, “es que no tenía verdadera vocación”.

En ambas perspectivas estamos hablando de lo mismo. estamos idealizando a partir de un paradigma que debería haber cierto comportamiento menos egoísta por el sólo hecho de haber elegido cierta forma de vida. Y así como los servidores públicos tienen ciertos beneficios, los sacerdotes (católicos, hablando de México) también los tienen, no sólo cargan con el poder de impartir los sacramentos que pueden significar eternidades de paraíso o infierno para el resto de los mortales, sino que en esta vida mortal reciben cierto trato prioritario de la comunidad (también lo he visto), particularmente en países como México, que tiene más del 90% de ciudadanos católicos.

Pero de alguna forma olvidamos que también son individuos humanos que viven dentro de un sistema (capitalista y reprimido sexualmente, en general). Si recordamos esto, ¿no sería de esperarse que en el gobierno al menos haya tanta gente corrupta como en el resto de las funciones (del sector privado) que reciben una remuneración?; ¿no sería de esperarse que al menos haya el mismo porcentaje de violadores entre los sacerdotes que entre el resto de la población?

Si ya entendimos esto, les tengo malas noticias, ojalá fuera así. Desgraciadamente el ambiente del servidor público es la perfecta invitación a la corrupción, ya que hay un conjunto de condiciones que dan un premio superior a todos aquellos que deciden hacerlo, recordemos que “el poder corrompe, (y el poder absoluto, corrompe absolutamente)”. Y en el caso de los sacerdotes, lamento decirles que un ambiente de represión sexual, es el perfecto anfitrión de las principales patologías psicosexuales. Así que dudo que los porcentajes no sean mucho mayores si se toma una muestra en estos campos y se compara con el resto de los ciudadanos.

Así que acostumbrémonos, que nos deje de sorprender, que nos parezca lógico y de esperarse este tipo de comportamiento; que finalmente entendamos que el cambio debe ser a nivel sistema, el cambio debe ser en los paradigmas, poco se podrá hacer tomando medidas tradicionales, tendríamos qué trabajar más en la causa que meramente reaccionar al efecto.

Individuo > Principios > Metas > Hábitos.

El otro día, una amiga a la que quiero mucho me pidió que la apoyara comprando boletos para una rifa, que según entendí, era para beneficiar a la administración del templo al que su mamá asiste. La verdad es que rara vez le niego un favor, pero en esta ocasión le dije “no puedo apoyarte, va contra mis principios”. Su respuesta fue “¿qué todo lo que haces tiene qué ver con tus principios?”. Entonces mi mente se echó a volar y reflexioné lo siguiente.

Primero está el asumirnos como individuos, tomando como raíz el hecho de que somos efectivamente diferentes al resto, un poco mejores en algunas cosas y un poco peores en otras. Esta premisa nos permite entonces comprender que la familia, los amigos, la pareja, los compañeros de trabajo, son accesorios del individuo (no es un “del” de pertenencia o dependencia, sino de relación). Es decir, la relación con ellos nos permite “acceder” a ciertas vivencias, que de igual manera, pueden ser más o menos positivas.

Completando este primer paso de asumirnos como individuo único, lo que sigue es conocer y entender nuestros principios. Por supuesto que la familia, los amigos, la o las parejas que tenemos o hemos tenido, influyen o pueden influir en alguna medida con nuestros principios, pero al ellos tener o haber tenido diferentes familias,
amigos, parejas y vivencias que nosotros, no deben de ninguna manera pretender imponernos sus principios.

No deben, pero el principal mensaje que quiero transmitir es que no pueden, si ya conseguimos asumirnos como individuos. (Repitan conmigo), el único ente capaz de modificar directamente mis principios, soy yo.

Los principios son, entonces, el código que regula nuestro comportamiento individual, cumplirlo significa congruencia, el castigo de incumplirlo puede ser por un lado el reflejo de que no nos asumimos como individuos o bien la frustración (generalmente inconciente) de ser domados o coercionados por una ideología que no es la propia. Ser incongruentes es, entonces, el verdadero significado de la palabra “ceder”. (Desde hace rato traigo la tarea de hacer todo un post aparte respecto a ceder).

Esto nos da de entrada algunas lecciones, la primera es que la tolerancia entonces significa entender esto, es decir, si todos comprendiéramos que somos primero individuos con diferentes principios de igual valor, la tolerancia sería un mecanismo automático de respuesta.

La siguiente lección, es que las discusiones no deben ser respecto a metas o hábitos, sino respecto a principios. La pregunta fundamental no es “¿por qué (o para qué) haces esto?” sino, “¿qué principios incompatibles tenemos?” o “¿cuál es la causa de tu o de mi o de nuestra incongruencia?”.

Esto a su vez, nos lleva a percatarnos de que un acto malo sólo puede ser incongruente. Explico, si:
1. somos un individuo (y así nos asumimos),
2. hacemos concientes nuestros principios que comprendemos (y nos parecen correctos), y
3. somos congruentes;
nuestros actos no pueden llevar mala intención, sí es posible que hagan daño porque no significa que los principios de un individuo sean los principios más adecuados para la comunidad que lo rodea, si hay un alto o visible costo de estos principios para la comunidad, ésta puede por supuesto elegir destruir, limitar o deportar al individuo. Pero en realidad no lo destruye, limita o deporta por malo, sino por inconveniente.

La “bondad” y la “maldad” pueden ser regidos a nivel social por principios morales, idealmente por principios puramente éticos, esto hace que un individuo deba enfrentar sus propios principios a los que en ese momento regulan a su comunidad, para verificar si son compatibles, si no lo son sus opciones son o cambiarse a una comunidad donde sí lo sean, o construir una serie de discusiones que lo lleven a modificar los principios de su comunidad (la tercer opción es vivir congruente con sus ideas mientras así se lo permita su comunidad -desalineado – y la cuarta es ser incongruente).

Esto significa que la congruencia debe ser el principal valor del individuo, y la alineación de los individuos hacia los principios (cambiantes, por su carga de moralidad) de la comunidad, debe ser el principal valor de un Estado.

Compatibilidad no significa igualdad, no digo por ejemplo que para que una relación funcione tienen que tener exactamente los mismos principios, simplemente que no sean contradictorios (y en caso de ser así aún es posible llegar a acuerdos a través de discusiones constructivas para evaluar estos principios y modificarlos
unilateral o bilateralmente). Que conste.

Hay una idea que desde hace mucho ronda a las personas que relaciona la individualidad con el egoísmo, yo estoy en desacuerdo, porque éstos dos términos tienen una diferencia fundamental: el egoísmo promueve la intolerancia. El egoísmo califica como superiores mis principios respecto a los del otro, es decir, sin ninguna discusión que nos lleve a la comprensión de los principios de otro, asumimos que es prioritario nuestro punto de vista, nuestra toma de decisiones o nuestra propia comodidad. Si te aseguras de comprender el principio del otro, y con total apertura sigues pensando que tienes la razón, entonces optar por ti ya no es egoísta, ya es una decisión informada y tolerante. Asumir “a priori” que tu principio es más adecuado, esa es la definición de intolerancia; asumir que es más importante es la definición de egoísmo.

Por todo esto, ideas como “ser para los demás”, “convertirte en uno con tu pareja”, “cargar con el honor de la familia”, “manchar un apellido”, “traicionar a la patria”, “cometer un pecado”; son ya conceptos completamente absurdos para mi.

Ensayo para una amiga.

Si hablamos de sufrimiento en un ente, dicho ente sólo puede estar vivo. El sufrimiento sólo puede ser físico o psicológico; para que sea físico se deben contar con terminales nerviosas, para que sea psicológico se debe contar con una mente, más o menos evolucionada. Al situarnos como individuos, el libre albedrío determina un mayor o menor grado de responsabilidad de nuestro propio sufrimiento; pero para aquellos seres sin libre albedrío, no podemos hablar de una responsabilidad propia que busque evitar el dolor, sólo podemos hablar de instinto.

Los seres guiados por instinto, los animales, han existido desde hace millones de años sobreviviendo en un entorno, en el cual han ido evolucionando para que ahora queden los que mejor se han ido adaptando a los cambios (entre esos cambios está por supuesto la humanidad que lleva siglos de retraso en obtener una visión de entorno sostenible). Uno de los efectos provocados por el hombre en la evolución de un par de especies, ha sido el hacerlas dependientes de él, ya que como especies no tienen un entorno natural “salvaje”, en el cual sean parte de un ecosistema o de un equilibrio de dicho entorno. A éste tipo de seres los conocemos como animales de compañía o mascotas; una característica de especie es que desde que nacen y a lo largo de su vida, a diferencia del resto de las especies, tienen necesidades físicas y psicológicas que no pueden ser cubiertas de manera autónoma, sino requieren de una persona que los atienda en mayor o menor medida.

Está comprobado que los animales sienten dolor físico y psicológico (hay varias situaciones que les causan estrés, que de manera intensa es sumamente angustiante para ellos). Cuando hablamos de evitar o disminuir el sufrimiento de animales de compañía (perros y gatos), los podemos situar únicamente en dos niveles de responsabilidad; la propia, que en este caso es únicamente el instinto de supervivencia (perros y gatos de la calle); o bajo la responsabilidad de un ser con libre albedrío (humanos), es decir, aquellos perros y gatos que viven en una casa o bien, aquellos que han sido atrapados/rescatados por alguna organización, gubernamental o no, y están temporalmente bajo su cuidado.

Esta suposición nos hace concluir, que si los animales de compañía requieren cuidados especiales, el hecho de estar a la orden únicamente de su instinto, es un factor inevitable de sufrimiento. Podemos concluir entonces, que todos los perros y gatos de la calle sufren.

El sufrimiento de un animal bajo el cuidado de un humano, ocurre cuando:
1. El humano no quiere su bienestar.
2. El humano no sabe cómo cuidarlo.
3. El humano no puede obtener los recursos para cuidarlo.

Entonces cuando hablamos de un proyecto que pretenda evitar o disminuir el sufrimiento de los animales de compañía, hay dos perspectivas, que a su vez se dividen en diferentes soluciones posibles:
A. Los animales de la calle sólo pueden dejar de sufrir de dos maneras:
1. A través de la eutanasia.
2. Rescatándolos y dándolos en adopción a personas que:
a) Deseen su bienestar.
b) Sepan cómo darles bienestar.
c) Tengan los recursos necesarios para ofrecerles bienestar.

B. Para que los humanos que tienen a su cargo animales, eviten su sufrimiento necesitan:
1. Desear su bienestar (un marco legal que proteja a los animales de compañía del maltrato).
2. Saber cómo darles bienestar (un programa educativo).
3. Tener los recursos necesarios (programas de subsidio para su cuidado o que los entreguen a asociaciones que puedan canalizarlos a personas que además del deseo y conocimiento, tengan los recursos necesarios para otorgarles bienestar).

Entonces los 5 grandes campos de un proyecto de reducción del sufrimiento en animales de compañía debe incluir:
1. Un programa de eutanasia sin dolor.
Hay un exceso de animales de la calle, y una gran cantidad de ellos ni siquiera son aptos para convivir con personas. Los que sobreviven sufren, terminan por morir de manera brutal la mayoría de ellos, y se reproducen haciendo el problema más grande.
2. Un programa de adopción.
Muchas personas que hoy compran animales, con la única finalidad de tener una compañía, podrían obtener gratuitamente uno si cumplen con ciertos requisitos (desear, saber y tener los recursos para cuidarlos).
3. Un programa legal.
Que proteja el maltrato, tanto desde la perspectiva del maltrato doméstico, el maltrato en perreras y el maltrato de las personas que lucran con ellos, con un sentido muy enfocado a la prevención del delito.
4. Un programa educativo.
Acercarse a las diversas comunidades urbanas para explicar el tipo de cuidados que se deben ofrecer a los animales de compañía, así como el tipo y la forma de educación que se les debe dar para una mejor convivencia.
5. Un programa de respaldo.
Se debe crear un centro capaz de recibir a los animales de compañía que no puedan ser atendidos por familias de escasos recursos; así como clínicas que con bajos costos operativos puedan ofrecer de manera gratuita o muy barata los servicios médicos necesarios para el cuidado de ellos.

Hay factores importantes, que no son necesariamente un programa por sí mismos, pero que son parte fundamental de todos o varios de los programas, por ejemplo la esterilización, que puede ser parte de los puntos 2, 3, 4 y 5; o bien, la creación de albergues y clínicas, que participan en los puntos 1, 2 y 5.

El problema es cultural y de recursos, hemos dejado que se haga un problema grande, como muchos más, no pretendo decir que es uno de los problemas más fundamentales de la sociedad, no lo sé, pero sé que el maltrato a los animales y la indiferencia ante su sufrimiento tiene un vínculo innegable con la violencia social y familiar, así como con la apatía hacia los proyectos de mejora en la calidad de vida de nuestros semejantes; respeto profundamente a las personas que se dan a la tarea de comprometerse con éste tipo de programas; a ellos les aconsejo, si pretenden atacar de manera frontal este problema, será imposible ignorar cualquiera de estos 5 puntos fundamentales.