Archive for the ‘Homosexualidad’ Category

De amor y sus formas.

(Primer borrador sin citas).

Se encuentran dos personas que se atraen de inmediato. Se acercan para charlar, los dos pretenden dar su mejor cara, que obviamente, no es necesariamente la real, es en todo caso el mejor auto-concepto posible (cuando no un descarado engaño). Este es el mejor de los casos, comúnmente sólo primero uno se siente atraído por el otro y busca maneras de llamar su atención hasta que se vuelva posible tener una charla.

¿Qué los motiva al acto de “conquista”? El eros (έρως), una suerte de bestia interior que controla muchas de nuestras decisiones, una manifestación física de necesidades evolutivas, pero también una serie de constructos emocionales que nos invitan a la creación (ποίησις). Es divertido pero también supone una apuesta, un riesgo, la posibilidad del rechazo con la consiguiente evidencia de la mancha en nuestro mejor auto-concepto. Tan es así que la mayoría de las veces que alguien te atrae y consideras que por alguna razón es inalcanzable o supone demasiado esfuerzo, mejor lo evitas. No es diferente a múltiples técnicas evolutivas perceptibles en otras especies.

Entonces ambos toman un riesgo, charlan, y digamos que deciden seguir adelante con la relación. Se dicen o se creen amigos, pero en un sentido estricto no lo son realmente, es una mera antesala al eros. La filia (φιλία), que al igual que eros es también traducida como ‘amor’ pero más comúnmente por ‘amistad’, es aquel sentimiento de agrado de mantener una relación con otras personas, pero no como una necesidad interior, sino en un fluir cómodo en el cual no son colocadas demasiadas expectativas.

La pareja que ahora ha nombrado a su relación ‘amistad’, no se encuentra en ese libre fluir, sino que más bien se sienten impelidos a construir una serie de pretextos para compartir tiempo juntos, hasta que subjetivamente consideren que es socialmente pertinente liberar el erotismo. Esto es muy variable dependiendo de la cultura y del individuo, puede ser cuestión de minutos o de años, pero en general ocurre lo mismo.

El problema de constituir una relación de amistad a partir del eros, es que la bestia erótica esclaviza muchas de las decisiones filiales. Hay un elemento faltante, un deseo creciente que no se apagará hasta ser satisfecho, u olvidado (técnica evolutiva) cuando toma características de inalcanzable, o cuando el costo se vuelve demasiado alto.

Aparentemente, las hordas primitivas no tenían este problema. Los grupos eran promiscuos, así que la imperante necesidad erótica era inmediatamente cubierta, además la filia de estos pequeños grupos se daba por sentada, así que era simplemente plataforma o trasfondo. No daba pie a las incomodidades o chantajes que presupone el intercambio sexual contemporáneo.

Luego surgió el tabú del incesto, que dio origen a la exogamia, esto es, a las relaciones sexuales exclusivamente con otras tribus (la tribu en su totalidad se consideraba familia, independientemente de la consanguineidad). Este tabú separó “oficialmente” al eros de la filia. Digamos que quedó prohibido tener sexo con los amigos, y sólo quedó permitido tenerlo con cualquiera de la tribu “amiga”, con quienes no había relación filial consciente, sino exclusivamente erótica.

Sabemos que, sin embargo, las prácticas sexuales seguían siendo polígamas, pues los hijos resultado de las relaciones inter-tribales tomaban el “apellido” (tótem) materno y pertenecían al clan materno, pues no podía comprobarse la identidad del padre. No obstante, cuando era descubierto el incesto, o el sexo con una tribu prohibida (un tótem
prohibido), las penas eran por demás crueles: toda la tribu (propia) estaba obligada a dar muerte al infractor.

Muchas cosas ocurrieron antes de que naciera la familia nuclear que hoy conocemos. Algunas fueron el nacimiento de la propiedad privada, de la religión y del Estado. Por la línea de los fetiches, los tótems, los mitos y los rituales podemos hallar a la religión (totémica, luego politeísta y eventualmente monoteísta). El tótem era comúnmente un animal comestible (que la tribu tenía prohibido comer), una especie de Idea platónica que representaba a cada miembro de esa especie como “fuerza” que permite la existencia de determinada tribu.

La exogamia es la manera en que distintas tribus comienzan a llegar a acuerdos de beneficio mutuo. Comienza a haber un reconocimiento de tótems ajenos, esto pudo haber dado origen al politeísmo, pero sin duda dio origen al Estado: con el descubrimiento de la agricultura y el pastoreo los grupos pudieron hacerse más grandes, volverse sedentarios significó una mayor necesidad de defensa de grupos enemigos, así como la necesidad de alianzas con tribus vecinas.

Pero tal sedentarismo también significó la existencia de la propiedad privada: las prácticas de pastoreo se atomizaron por parte de los miembros de la tribu, que ahora cuidaban de los animales necesarios para la subsistencia propia y de los dependientes; y la agricultura eventualmente supuso que cada miembro empezó a sembrar y cosechar el mismo pedazo de tierra. Con la invención de las herramientas, cada miembro se volvió constructor de las propias y, eventualmente, fueron utilizadas en trueques. La propiedad privada dio origen al intercambio comercial.

La esclavitud era una práctica muy diferente a la que hemos conocido de Grecia y Roma, y mucho muy diferente de la que podemos dar cuenta con el colonialismo y la historia moderna de América (la cual, en todo caso, es más bien muy similar al proletariado de maquiladoras en países de cuarto mundo). Las guerras entre tribus nómadas suponían supervivientes de los vencidos y bajas de los vencedores. La tribu vencedora debía evaluar cada vez si debía sacrificar a los supervivientes vencidos o si convenía que fueran unidos a la propia tribu, como hermanos. Tal fue el nacimiento de la esclavitud, pero cuando se unían como hermanos eran iguales al resto, no había ningún tipo de opresión contra ellos (aunque eventualmente se requirieron rituales de purificación).

Con la propiedad privada, sin embargo, los grupos sedentarios que tomaban prisioneros de los grupos vencidos, entendieron pronto que no podían ser tratados como iguales, pues se necesitaría asignarles tierras y animales que nadie iba a ceder, parecía más conveniente que trabajaran a los animales y tierras de distintos miembros de la tribu vencedora a cambio de alimentación y protección.

Parece que la cosmovisión de propiedad dio un giro al concepto de esclavitud, y que, aunada al politeísmo, permitió la configuración de Estados. Los viejos tótems tomaron figuras más humanas: el hombre entendía mejor a la naturaleza y hasta cierto punto la controlaba, ya no era la misma vida, extremadamente lábil ante los peligros de la naturaleza, ahora la producción se volvía más predecible y había, hasta cierto punto, abundancia. En esta suerte de Ilustración primitiva nacieron las ciudades, y así como la propiedad privada surgió inconscientemente de la práctica diaria, el llamado ‘contrato social’ también lo hizo.

Los primeros Estados, sin embargo, mantenían una cosmovisión esencialmente primitiva: los extranjeros eran vistos como peligrosos y los gobernantes eran fundamentalmente sacerdotes, representaciones de distintos dioses en la Tierra. Los mitos subyacen en el nacimiento del Estado: el Orden (Cosmos) debía reinar sobre el Caos (la Nada). Distintas teogonías gobernaban las prácticas rituales-religiosas que equivaldrían a lo que hoy conocemos como leyes, pues Orden siempre era entendido como conservación de costumbres, mientras que cambio siempre implicó Caos.

Ya en la antigua Roma, el término famulus, de donde proviene la palabra familia, correspondía a las personas que estaban bajo la propiedad-protección de un hombre adulto, esto es, los esclavos, la esposa y los hijos. Tal familia no tiene sus orígenes en Roma sino en los primeros Estados: con la propiedad privada se volvía necesario saber a quién se heredarían los bienes, se volvía importante comenzar a saber no sólo quién era la madre, sino también quién era el padre. Tal es un antecedente de la familia monógama.

Si bien la antigua Grecia no es monógama (en el caso de los hombres), sí está estructurada en torno a la familia nuclear, y sabemos que también existe la herencia. Es común encontrar referencias en textos en torno a la bisexualidad, pareciera que la promiscuidad de hombres con hombres facilitaba la administración, pues tendrían hijos únicamente con sus esposas, mientras que el eros se vería satisfecho con quienes no hay riesgo de procrear.

En las primeras hordas podía ignorarse por completo la filia como algo dado, y quedar únicamente el eros como una práctica libre y común. Los griegos retoman la posibilidad de que exista eros en las relaciones de amistad (particularmente maestro-alumno), pero separan el factor más bien administrativo de procreación y herencia. En ese sentido, ni ‘matrimonio’ ni ‘familia’ presuponían amor, ni filia ni eros, (aunque el sentido de lealtad de la esposa al marido es un tema recurrente, que también refleja la importancia de que la herencia se repartiera únicamente a hijos legítimos), sino que estaban constituidos en un marco de la administración estatal y política, hablando de Grecia, de las Alejandrías y del primer imperio romano.

Es en el nacimiento de las prácticas ascéticas de connotación cristiana que se ve a la práctica sexual como algo impuro, que después trata de purificarse con la concepción de amor, un amor que será un extraño híbrido entre eros y filia: ágape (αγάπη). O mejor dicho, ágape es un término griego que será latinizado por el cristianismo para “limar”, conceptualmente, lo erótico y lo filial para encontrarse en el medio. Es una especie de amor incondicional, donde lo importante es el Otro. Es una especie de alargamiento sintético del eros: no se pierde la adoración por el Otro cuando la necesidad es satisfecha, sino que se vuelve un trasfondo, una plataforma invariable, como lo era la filia. Ágape toma algo del eros para así eliminarlo, pero también para diferenciarlo de una mera filia, que sigue existiendo fuera de la familia. Ágape se va a convertir en un requisito para la unión sexual, debido a que ágape es también la clase de amor que debe sentirse por Dios, y sólo así puede estar santificada la unión de naturaleza corrupta.

Traduciendo, se debe sentir incondicionalmente algo innatural como manifestación de un ser inexistente, por un Otro inexplicablemente idealizado, en el marco de un ‘sí mismo’ apagado, devaluado. Esto es, debo ignorar lo que realmente siento y tener fe en lo que supuestamente debo sentir. En este (sin)sentido se conjugan fetiches, tabúes, mitos, rituales y una religión (que en cierto sentido sintetiza muchas); pero también se conjugan prácticas administrativas y gubernamentales. La convención social del noviazgo y el matrimonio, que conjugan los conceptos inabarcables, inconmensurables de amor y compromiso, arrastran consigo todo este bagaje.

En este marco, es casi sorprendente que nos preguntemos por qué hay “infidelidades”, “miedos al compromiso”, o simplemente deseo sexual por personas que no son nuestra pareja; cuando la normalidad tendría que ser precisamente esa.

¿La propagación de la homosexualidad es síntoma de una decadencia social?

NesP.
Bueno, pues que un día me meto a “Sociología” en Yahoo! Answers y me encuentro con esta pregunta… al ver respuestas como “los gays se van a ir al infierno”, “son el cáncer de la sociedad”, etcétera, no me contuve a escribir una respuesta con mi opinión. Si son de ojos castos, tienen algún nivel de homofobia o por alguna razón que yo no comprendo les incomoda profundizar en estos temas, les recomiendo que no sigan leyendo. Agrego en verde comentarios adicionales a lo que escribí originalmente.

Pregunta en Yahoo! Answers: “¿La propagacion del homosexualismo en una sociedad es sintoma de decadencia de esta?”

Sólo si la madurez cultural implica decadencia. Es posible que sí partiendo de que una sociedad madura tiende (puede tender) al nihilismo y el nihilismo tiende a la decadencia.

Pero en cualquier caso no es algo ni que se pueda ni que se deba evitar. La preferencia sexual de los humanos es una cuestión de libre albedrío, hasta que comprendamos que la bisexualidad es algo completamente natural.

En la mayoría de los mamíferos se puede observar un comportamiento abiertamente bisexual, el contacto que tienen de las partes de su cuerpo que les genera placer, lo tienen tanto con machos como con hembras. Hay estudios que revelan que alrededor de 1,500 especies tienen prácticas claramente bisexuales.

La penetración sólo es vaginal por la lubricación, y oral porque es sencillo (y es muy común entre dos machos), la única razón por la que no es anal es porque es (debe ser) realmente complicado. Entre dos hembras el sexo oral es común (si tienen dudas sólo observen a los perros). Hace poco una buena amiga me dijo “yo tenía a un perrito gay”, me comentó que nunca vió al perrito (macho) montando a otro (macho o hembra), pero que muchas veces vió cómo lo penetraban analmente otros perros (machos obviamente).

En los humanos no es muy diferente, nacemos bisexuales, pero es la educación la que nos va guiando hacia una preferencia sexual. La demostración es muy sencilla. Imaginemos lector, que eres heterosexual, una linda chica te venda los ojos, le pide a un hombre que te haga sexo oral. ¿Crees que por el hecho de ser hombre no te vas a excitar o te sería imposible tener un orgasmo? por supuesto que lo harás, eso demuestra que aunque tu preferencia psicológica sea por el género femenino, tu cuerpo no tiene la capacidad de diferenciar un placer de otro. Y aunque no lo he probado, porque soy psicológicamente muy heterosexual :D, dicen que el punto G de los hombres sólo puede ser descubierto con una penetración anal (a los hombres claro), pero no he investigado al respecto. Señalo además (por un comentario de alguien) que esto no desdice mi hipótesis, por el contrario, el darme cuenta de esto es mi primer paso a la bisexualidad, si se tratara de lo que yo prefiero preferiría ser psicológicamente bisexual, pero no puedo en este momento.

Es muy claro que las sociedades más alejadas de prácticas conservadoras o que nos atan a la ignorancia de un ritualismo tradicional, tienen una mayor apertura en estos temas. También es común que el nivel de vida de las personas sea mejor (en términos de definición de pobreza). Entonces eso significa que en las sociedades más desarrolladas hay una más sencilla propagación de la homosexualidad, si desarrollo significa decadencia (vaya paradoja), entonces la respuesta a tu pregunta es afirmativa.

Imagínate…

Imagínate que eres un señor de sesenta y cuatro años, has tenido una decena de hijos con al menos tres mujeres aunque sólo con una te casaste. Tu posición económica es bastante buena, de tal manera que desde los cuarenta años decidiste cerrar tu negocio y “vivir de tus rentas”. No fue fácil en un inicio, aunque tu padre era un terrateniente del centro de México, desde los ocho años te hizo trabajar arduamente, a los doce ya eras chofer y cargador; alguien te enseñó a leer y medio a escribir, sabes sumar, restar, multiplicar y dividir a duras penas. Un día decides casarte, con la esperanza de que tu padre te dará parte de sus tierras para mantener a tu familia. No es así, te dice “muy bien mijo, ahora si tiene qué trabajar para dos”. Pero vives en México, corre la Segunda Guerra Mundial y eres católico, no te han educado para tener convicción, siempre has recibido órdenes, términos como anticoncepción ni siquiera han cruzado tu mente u oídos. Tienes una esposa y una hija y estás sumido en la pobreza, pero tienes un ego del tamaño del mundo para compensar tu falta de autoestima. Así que contra viento y marea sales adelante, vives en un rancho muy cerca de una ciudad en pleno crecimiento, lo que te permite, trabajando dos turnos, conseguir una oportunidad de negocio. Te das cuenta que hay un producto que revolucionaría un nicho de mercado de la construcción, ahorraría costos de manera impresionante, y como a ti se te ocurrió, serías, de entrada, un monopolio. Mandas fabricar tu producto y tu proveedor te hace algo de pésima calidad. Te vuelves a ver sumido en la pobreza. Vuelves a tener el empuje de trabajar arduamente, ya son dos hijos y viene otro en camino. Haces una “piquita” de zapato. Afortunadamente, la ciudad donde pusiste tu pequeña fábrica está creciendo fundamentalmente por la industria del calzado, así que no te cuesta mucho trabajo vender, en pocos años tu “piquita” ya es una fábrica con decenas de empleados. Con el tiempo, compensando que no tuviste niñez ni adolescencia en términos psicológicos, empiezas a disfrutar de tu posición económica, que incluye por supuesto alcohol, mujeres, autos. La combinación de tus traumas y los de tu esposa te llevan a un divorcio más que necesario, urgente. Esta vida con otras mujeres aunado a tu falta de educación te lleva a tener hijos con otras personas. Aunque las mantienes no quieres casarte ya, primero porque es pecado(sic) y la verdad es que parece que sólo te quieren por tu dinero. Un día, sumido en la soledad (tus mujeres, tu exesposa y hasta tus hijos te desprecian); ves a una mujer que te atrae demasiado. Tu seguridad fincada en tu posición económica te hace acercarte a ella, quien no parece tener mucho interés en ti. Con el tiempo la conquistas; te dice que aunque no es casada, ni tiene pareja, tiene un hijo. Esto no te asusta, por el contrario piensas que ella también ha sufrido como tú, y estás definitivamente enamorado, a diferencia de las demás no ha mostrado mínimo interés en tu dinero. Aceptas a su hijo de seis años, lo tratas de maravilla porque sabes que es fundamental para que ella te acepte como pareja. La convences de casarse.

Tienes sesenta y cuatro años y tu vida vuelve a comenzar. Tienes de nuevo una familia. Pero este nuevo hijo que no es de tu sangre es una seria competencia de la atención de tu mujer. Te desespera sobremanera porque como siempre fue muy consentido por sus pseudo figuras paternas y quien lo educó fue una mujer todo el tiempo, te parece que no le han enseñado a ser un hombrecito. Para empezar es delicadísimo con la comida, si a él le hubiera tocado pasar las penurias que tú pasaste, lo que le dieran se comería. Es débil y gordo, pasa mucho tiempo leyendo historietas y viendo caricaturas. Afuera tiene 80 metros para correr, una cancha de básquetbol, raquetas de badmington y todo lo que el niño quiere es encerrarse en su fantasía. No, la vida no debe ser tan fácil para él. Le dices “desde mañana, antes de ir a la escuela vas a salir a correr”. Por obligación, el niño lo hace. Adelgaza y se fortalece, antes le ganabas en todo, ahora te gana y eso afecta tu ego, decides dejar de jugar con él. El niño saca excelentes calificaciones todo el tiempo, a veces muestra claramente que tiene más educación que tú, con el 10% de tu edad. Las discusiones que se hacen cada vez se van acallando más con un “¡así es, porque lo digo yo!”, no puedes ceder tu autoridad. El niño sigue siendo tímido, es demasiado “tierno” con su nuevo hermanito y a pesar de que ya hace ejercicio sigue ocupando mucho tiempo en lectura y televisión. Lo que le hace falta es sufrir.

El niño ya tiene quince, ya no es un niño, ha entrado a bachillerato, quiere entrar a la selección de atletismo, pero debe aprender de la vida, que además de estudiar trabaje. Si, fue una buena decisión, en la mañana trabaja, en la tarde va a clases y en la noche hace tareas, ya no es una molestia, y hace meses que no te pide un centavo.

Quiere salir con sus amigos, quiere disfrutar las ventajas de tener ingresos. Esas ventajas te costaron a ti 30 años, él tiene 15. No, seguramente se tiraría a vicios como tú lo hiciste. Cada vez hace más conflicto porque no le permites salir, a veces hasta llora, ¿qué clase de hombrecito es éste?, ¿a qué clase de lugares querrá ir hasta la una de la mañana?

Un día te llaman de su escuela. Reprobó, de manera inaudita, tres materias. Vas y hablas con la coordinadora de su generación, que te dice “mire, el muchacho es muy inteligente, pero desde que tiene novia…”. Decides no escuchar todo lo demás. “¡Tiene novia!”, “¡Entonces no es homosexual!”. En la noche, cuando llegue, que lo regañe tu esposa, tu estás satisfecho, formaste a un hombrecito después de todo.

Todas las discusiones posteriores han sido mucho más intensas, porque ahora ya sientes que discutes con un hombre. Ahora ya lo dejas salir, pero sólo si es con su novia y una vez por semana. Un día decide dejar de pedirte permiso, hacer caso omiso a tus órdenes, le dices que si vuelve a desobedecerte dejarás de pagarle la escuela. No parece importarle, finalmente estás perdiendo tu autoridad, ahora sí es una competencia de macho dominante. La mayoría sabe como termina la historia, poco tiempo después me fui de la casa.

La cuestión es, y hace un par de meses me cayó el veinte, que mi padrastro creía que yo era homosexual, háganme el ídem favor.

Pirámide Psicosexual.

A mi edad, y a la de la mayoría de mis lectores, el proceso de cumplir años casi siempre implica el efecto “estoy envejeciendo”, en algunos a un nivel muy superficial como “me estoy quedando calvo” o “me estoy arrugando”, y otros a nivel de “yo creía que cuando tuviera 30 años iba a tener dos doctorados, un Ferrari y una linda familia”. Abraham Maslow generó su famosa pirámide de necesidades, enlistando con una regla a la que podemos llamar trascendencia, de abajo hacia arriba: necesidades fisiológicas, de seguridad, de pertenencia, de estima y de autorrealización. Hace algunos meses discutía con un buen amigo si dicha pirámide sería congruente con algo que podríamos llamar “pirámide de madurez”, es decir, mientras más alta tu necesidad, mayor tu madurez mental. En aquel momento no teníamos mucha información a la mano, pero yo comencé a relacionar la pirámide de Maslow con las etapas psicosexuales de Freud, debido a que un par de meses antes una prominente psicóloga de mi ciudad natal me explicó que las lesbianas se habían quedado en la fase oral, los homosexuales (hombres) en la fase anal y la mayoría de los heterosexuales en la fálica (o uretral), de tal manera que reducía las causas de la homosexualidad a un problema de madurez. Yo inmediatamente salté diciendo que el promedio de mis amigos homosexuales es claramente más maduro que el promedio de mis amigos heterosexuales. Le dije además que no me parecía un problema psicológico ser homosexual debido a que era parte de la naturaleza, le comenté que por ejemplo todos habíamos visto a perros del mismo sexo lamiéndose sus partes nobles. Su respuesta que destruyó mi defensa fue “¿y cuál te gusta que sea la edad mental de los perros?”. Hace poco menos de un mes discutía con un amigo (biólogo) que tiende a animalizar excesivamente el comportamiento humano, que de acuerdo a la pirámide de Maslow los animales en general iban a tener necesidades de primer nivel (fisiológicas), y que las investigaciones que emiten los juicios más aventurados de comportamiento animal muestran necesidades de cuarto nivel (de estima) como máximo; conseguí que finalmente cediera un poco en su necesidad de hacer paralelismos con animales todo el tiempo y entonces volvió a conectarse en mi mente la relación en un inicio ecléctica entre la pirámide de Maslow y las etapas psicosexuales de Freud.

Después Maslow agregó el nivel cognitivo y finalmente el estético. Entonces tenemos, en ese orden, si consiguió cumplir su necesidad, al:
1. Artista
2. Científico
3. Emprendedor/Genital (Después de la pubertad): Aquí se generan los problemas de relaciones insatisfactorias, frigidez e impotencia.
4. Rompecorazones/Latencia (6 años a pubertad): Aquí se generan las bases de posteriores problemas de insatisfacción sexual.
5. Popular/Fálica o Uretral (3 a 6 años): Complejos de Edipo/Electra (competencia con el padre del mismo sexo para aceptación del padre de diferente sexo).
6. Sensato/Anal (18 a 36 meses): Aquí se generan los primeros elementos que muestran si la persona será excesivamente ordenada y cuidadosa o lo contrario.
7. Animal/Oral (0 a 18 meses): Aquí se generan las bases de posteriores dependencias fisiológicas (comer en exceso, tabaquismo).

Por supuesto este paralelismo no pretende decir que los niveles de Maslow se dan en la misma temporalidad que las etapas de Freud, sólo muestran que al menos en este sentido si se podría considerar una “pirámide de madurez mental”.

Sociedades de convivencia.

Antier me preguntó una amiga cuál era mi opinión de la “Ley de Sociedades de Convivencia”. Yo no tenía la menor idea de lo que me hablaba. Resulta que esta ley va a reconocer a aquellas personas que decidan tener una vida de pareja, pero que no decidan (o puedan) casarse y que no se conformen (o no se les reconozca) con las leyes que regulan el concubinato. Yo de plano le digo, “oye, qué interesante, ¿y de quién fue la idea?, obviamente no fue del PAN” y me dice “¡Claro que no! esto viene de Patricia Mercado”, y entonces a mi me encanta la idea, esta mujer me parece que representa a uno de los pocos rastros de izquierda congruente en el país. Entonces mi amiga me explicó con muy buenos argumentos por qué había sido incorrecto que se aprobara esa ley. Les platico rápidamente, el matrimonio no es para mi, me molesta hacer un trámite para algo que pretenda regular la conexión sentimental con una pareja y como bien ella me explicó la ley no tiene por qué contemplar mis sentimientos. El concubinato es para mi porque no requiere de trámites, sin embargo limita a una convivencia de cinco años bajo el mismo techo (esto lo leí hace años, si ya cambió alguien dígame), hasta que transcurre este tiempo la pareja (de diferente sexo) puede tener ciertos beneficios. No existía una ley intermedia porque aparentemente no se necesitaba, pero resulta que actualmente el 10% de la población en México es homosexual, que este porcentaje ni siquiera considera a los bisexuales y que en conjunto ya son una minoría bastante considerable. Entonces imagina que un día naces, junto con otros 9 bebés, y por genética o por decisión resulta que te gusta alguien del mismo sexo. Un día decides tener una pareja de acuerdo a tu tendencia y otro día deciden vivir juntos. Ambos son empleados, si fueran heterosexuales al casarse podrían juntar sus puntos de INFONAVIT para comprarse una casa, como son homosexuales esto no es factible. O el caso más típico, tu pareja se muere y la herencia la reclaman sus familiares y tu no tienes derecho a nada. Vives en un país cuyas leyes no te reconocen. Mi amiga tiene razón en una cosa, no se debe hacer una ley que se supone general en base a una minoría, por ejemplo la Ley de los Derechos y Cultura Indígena beneficia directamente a esta minoría. Los homosexuales no necesitan leyes intermedias, no se trata de hacerles un favor. Necesitan poder casarse, poder vivir en concubinato, poder adoptar hijos. Lo merecen sólo por una cosa, por ser humanos y dentro de nuestro contexto, lo merecen nomás por ser mexicanos. No tienen por qué seguir siendo ciudadanos de segunda clase. ¿Antinatural? Se ha observado comportamiento homosexual en 1500 especies animales. ¿Contra la familia? No encuentro nada en una pareja gay que afecte al concepto de familia. Afecta por supuesto a los paradigmas de la familia retrógada mexicana, pero saben qué, eso es bueno, lo que menos necesitamos es seguir cargando con lo que ha quedado obsoleto.