Archive for the ‘Poder’ Category

Hoy me robaron…

… a eso de las 3 de la mañana, yo no lo presencié, pero un vecino me dijo que lo vió todo y llamó a la policía que, por supuesto, no llegó a tiempo. Un chico entró a mi auto y extrajo todo lo que consideró de valor, casi nada en realidad, excepto por la batería.

Cuando me preparaba para usar el auto y vi que la puerta estaba mal cerrada (soy algo obsesivo al respecto), supe que me habían robado. Luego vi que faltaban cosas en la cajuela, que la puerta del copiloto estaba sin seguro y pronto verifiqué lo predecible: el auto no tenía batería. Además nuestro amigo se dió a la tarea de jalar el asiento trasero hasta romperlo, tal vez con la esperanza de hallar alguna cartera o algún billete de esos que se tragan los asientos de los autos. Por mi parte, ya que rompió el asiento, espero que se halla encontrado una fortuna (yo jamás la hubiera encontrado).

En realidad lo que quería decir es que me sentí, como primera impresión, un poco asustado/frustrado/triste, algo enojado y hasta cierto punto culpable. Y eso estuvo muy bien porque me permitió entender la “inercia” de esas situaciones. Resumo el marco teórico de esa “inercia”: en un sentido, somos mucho menos libres de lo que creemos. Es decir, no solo nos es muy complicado controlar las emociones que se presentan de inmediato, sino que además, detrás de esas emociones, hay “un” discurso operando, desde la manera en que nos educaron hasta lo que los medios gritan que es verdadero. Porque tendríamos que advertir eso, no existe tal cosa como LA verdad, existe una verdad, es cierto, pero ella opera en un contexto específico, basta con cambiar las coordenadas espacio-tiempo para encontrarnos en una verdad operativa diferente.

En otras palabras, el que yo haya sentido especificamente miedo/frustración/tristeza, ira y culpa, obedece al contexto que me ha tocado vivir y no a alguna suerte de naturaleza humana; y lo intentaré demostrar.

Lo que me pregunté primero fue esto: “¿qué quiere el discurso dominante que uno haga en estas situaciones?”

Quiere, en primer lugar, que tenga miedo/frustración/tristeza. ¿Para qué le sirve?, la lista es sorprendentemente larga, pero la esquematizaré en dos grandes puntos: por un lado, quiere obtener de mí cierta disposición pasiva, por ejemplo, estar contento pagando mis impuestos que fortalezcan a la institución judicial (que en este esquema incluye a la policía, aunque pertenezca al poder ejecutivo), quiere que sea desconfiado y no desarrolle un tejido social con mi comunidad, sino que deje todo en manos del Estado. Por otro lado quiere, por supuesto, que consuma: una alarma, un seguro contra robo o hasta una psicoterapia (digo, hay gente que es realmente asaltada y debe ser mucho más traumático).

En segundo lugar, quiere que me enoje, pues eso enojo provocaría un deseo de venganza que, desde Hobbes, es una venganza de la cual tiene monopolio el Estado. Y ese monopolio espera que yo presente una denuncia que, sirva o no para atrapar al ladrón, primero se convertirá en un número. Número que se usará para muchas cosas, pero diré dos, se usará para que los medios griten que todo está muy mal y tengamos miedo (y regresemos al punto 1), y se usará también para que algún burócrata de la policía municipal muestre un informe para asegurar un aumento de presupuesto el próximo año. Recordemos que todas estas instituciones están compitiendo por nuestros impuestos, todos quieren más aunque no sepan qué hacer con ellos. Por otro lado, si con esa denuncia lo atrapan, ¿cuánto tiempo le pueden dar por robar una batería?, el necesario para aprender mejores técnicas en la cárcel, hacer más contactos, unirse al crimen organizado (si ya estuviera ahí, difícilmente vería la cárcel de todos modos). En mi opinión (y en la de Foucault), nuestro amigo tiene mucho mejores oportunidades de hacer algo útil con su vida fuera de la cárcel que en ella.

En tercer lugar quiere que me culpabilice. Quiere que piense en el “si yo hubiera…” (verificado que quedó bien cerrado, puesto una alarma, contratado un seguro contra robos, hasta: “si tuviera un mejor trabajo podría comprar un auto más seguro, vivir en una mejor zona”), para qué, bueno, aquí tendré que usar a un teórico, Paul Ricoeur: “sentir culpa es una manera de mantenerse en la inacción política” (palabras más, palabras menos). Uno va con culpa a presentar una demanda, esperando que las “autoridades” le hagan a uno el favor de hallar sus triques. O dice, “pues nada que hacer, cagada mía, pero pinches rateros” o, el favorito del discurso dominante, uno va y compra una alarma o un seguro anti-robos o hasta uno de vida, para el susto. A las primeras tres personas que les conté que me robaron, su primera pregunta fue, “¿qué no cerraste bien?” (y no, no me conocen tanto para saber lo distraído que soy)  parece algo que opera a nivel “inconsciente colectivo”, algo como “calmemos el asunto haciéndote responsable”, pero sobre todo, “hallemos al culpable de inmediato”. Creo que es un síntoma terrible de nuestra sociedad que en situaciones angustiantes lo primero en asomarse sea la culpa.

Ahora bien, he dicho “primero, segundo y tercer lugar” y en la realidad no es así, es decir, no es más que un esquema. En la realidad todos esos elementos se encuentran perfectamente entrelazados y enmarañados. Solo que es más fácil de explicar de esta manera.

La pregunta relevante es, en todo caso: ¿qué es lo que NO quiere este discurso dominante que yo haga?

Lo que no quiere, es que sea zen. Esquemáticamente, la culpa que me inmoviliza se parece mucho a la perplejidad de la ignorancia budista, la ira a la aversión, y el miedo/frustración/tristeza responde al apego, porque esa reacción opera en el instante en que te vuelves consciente de que te pasó a ti, a tus pertenencias. Ignorancia, aversión y apego son la causas del sufrimiento según las cuatro nobles verdades. Lo que no quiere es que esto no me haga sufrir y me permita sentir compasión, pues a través de ella es más sencillo desarrollar comunidad, tejido social.

Lo que no quiere, es que sienta indiferencia (y aquí hablo del cinismo/estoicismo/epicureísmo –apatheia, aponia-). Que los vea como bienes que estuve dispuesto a regalar porque no me determinan (mis bienes no se han adueñado de mí), que vea a nuestro amigo como alguien que me puso un ejercicio de indiferencia, que vea el estado de cosas como una oportunidad para crear conciencia (awareness) colectiva (el opuesto a esa “inconciencia colectiva” que mencioné antes y que no es la de Jung).

Lo que no quiere el discurso dominante, en resumen, es no afectarme, no provocarme al menos alguna disposición que lo fortalezca. Y eso intentaré.

“¿Por qué hombres y mujeres combaten por su servidumbre como si lucharan por su salvación? ¿Cómo es posible que se llegue a gritar: ¡queremos más impuestos! ¡menos pan!? Lo sorprendente no es que la gente robe, o que haga huelgas; lo sorprendente es que los hambrientos no roben siempre y que los explotados no estén siempre en huelga. ¿Por qué soportamos desde siglos la explotación, la humillación, la esclavitud, hasta el punto de quererlas no solo para los demás, sino, también, para nosotros mismos?”
Félix Guattari.

Foucault en el cine

Introducción.

“[…] si megalómano es el hombre que se mete en grandes cuestiones para conseguir algo que le quedará grande y le dejará en la estacada; ¿cómo debe denominarse a quienes, una vez que se han hecho cargo de las grandes cosas, ya no las abandonan nunca jamás? Propongo llamarlos megalópatas.”
(Sloterdijk, 2002, págs. 39-40)

Hay una premisa que varios profesores de filosofía mencionan a sus alumnos: la filosofía no trata problemas urgentes. Tenemos varios indicios de que en la Antigüedad algunos filósofos ejercían una influencia directa en sus ciudades y con los gobernantes, pero con el correr de la historia tal influencia se fue diluyendo hasta que, el día de hoy, es prácticamente inexistente. Actualmente, y en el mejor de los casos, el filósofo (vivo) es citado por algún político con la ceremonia y el desdén con que se cita a un muerto. Aquellos filósofos que consiguieron algún puesto público en gobiernos o meta-gobiernos (como la ONU), no parecen incidir de ninguna manera clara en la cotidianidad, en general pareciera que son puestos otorgados más bien de manera ornamental. Bajo esta tendencia, la labor del filósofo terminará viéndose como una mera “curiosidad”, una erudición completamente inconexa de toda realidad perceptible, no me extrañaría que ya lo viera así la generalidad.

Pero este, sin embargo, no es ni con mucho el mayor problema de la filosofía como disciplina. En el marco de la ‘no-urgencia’ anteriormente señalada, encontramos que la filosofía, y la humanidad en general, se enfrenta hoy a la mayor crisis de la que se ha podido dar cuenta: un cambio climático que amenaza con extinguir a la especie. Ya no nos queda esa larga cadena de generaciones para seguir tratando los mismos problemas, si la filosofía va a hacer algo por la humanidad, ahora se torna urgente.

Para los menos informados, tal postura podrá ser fácilmente descalificada como “apocalíptica”, se podría hacer una analogía de cuando por ejemplo, en el marco de la guerra fría, se decía todo el tiempo que una guerra nuclear nos aniquilaría; tal postura hoy se ve como folclor del macartismo. Pero lo cierto es que la inmensa mayoría de los científicos especializados en el tema están muy preocupados al respecto (y se rumora que los pocos que no, han sido bien recompensados). También la filosofía comienza a tomar conciencia del problema; hace poco presencié una conferencia de Edgar Morin, quien en la lucidez de sus últimos años, terminó su discurso diciendo: “[…] se requiere de un nuevo humanismo cuya prioridad sea salvaguardar el futuro de la humanidad”.

“La política aparece como algo equivalente a un crónico y masivo accidente de coches, en cadena, en una autopista envuelta en niebla. En una situación como ésta no puede hablarse durante mucho más tiempo de un gusto por la convivencia. La nueva grandiosidad de nuestra época aparece en el horizonte como la monstruosa Internacional de los usuarios terminales.” (Sloterdijk, 2002, págs. 77-78)

Si la intención, en este contexto, fuera reconfigurar a la filosofía para que atienda problemas urgentes y ayude a resolverlos, el primer paso tendría que ser ahorrarse toda pretensión de Verdad o exactitud. La urgencia, en mi opinión, supone dos cosas: cierta preminencia de la filosofía práctica y la apremiante necesidad de hallar nuevas maneras de abordarla. Aquí es donde considero valioso retomar a Foucault y al “[…] tríptico de su obra crítica: un estudio de los modos de veridicción (más que una epistemología de la Verdad); un análisis de las formas de gubernamentalidad (más que una teoría del Poder), y una descripción de las técnicas de subjetivación (más que una deducción del Sujeto).” [Comentario de Frédéric Gros en (Foucault, El coraje de la verdad, 2010, pág. 352), las cursivas son mías].

“Poco a poco se comprende que la actual way of life y el largo plazo son, estrictamente, dos magnitudes que se excluyen mutuamente. […] El proceso industrial a gran escala destruye más ‘reservas’ humanas y naturales de las que él mismo puede producir o regenerar. En esa medida resulta ser tan autopoiético como un cáncer, tan creador como un fuego de artificio, tan productivo como una plantación de drogas. Lo que hace más de doscientos años fuera celebrado casi sin discusión como productividad humana, se hace crecientemente visible en su carácter destructivo y creador de adicción.” (Sloterdijk, 2002, págs. 101-102)

Parresía.

“[La política como] El arte de lo posible a gran escala[,] gira en torno a ese acto forzado que consiste en presentar lo improbable como ineludible. La figura política del imperio opta por la idea de que lo dificultoso es voluntad de Dios y adecuado al ser: hace valer como natural lo que es casi imposible.”
(Sloterdijk, 2002, pág. 37)

Decía Kant que la humanidad no ha llegado a su mayoría de edad. Tal será alcanzada hasta que sea capaz de gobernarse a sí misma, hasta ahora somos adolescentes que requerimos de tutores, los gobernantes [1]. Esta no es una idea nueva, al inicio de La Hermenéutica del sujeto, un curso dictado por Michel Foucault en el Collège de France en 1982, el autor señala la conformación de un proto-sujeto pre-moderno, particularmente visible en Platón y en la filosofía helenística, un “sujeto” que, a diferencia del moderno, no va a buscar someter a la naturaleza para que ésta revele sus misterios, sino que asumirá que es el propio sujeto quien debe transformarse para dar cuenta de la verdad [2]. Este pre-sujeto debe realizar un conjunto de prácticas que lo lleven al ‘gobierno de sí’ y sólo entonces podrá dar cuenta de la verdad. 

En su último curso (1984, año de su muerte), El coraje de la verdad, Foucault señala que hay cuatro formas de veridicción en la antigüedad, la del profeta (verdad sobre el futuro), la del sabio (verdad sobre el ser de la naturaleza y de las cosas), la del sofista o el maestro de retórica (técnicas de verdad) y la del parresiasta (verdad sobre el ethos) [3]. El término parresía (παρρησία) es comúnmente traducido como ‘franqueza’, sin embargo Foucault hace notar repetidamente que sería más preciso entenderlo como un ‘coraje de la verdad’, pues ejercer la parresía siempre supone un riesgo, siempre implica decir una verdad que puede molestar al interlocutor, y comúnmente el interlocutor es alguien más poderoso que el parresiasta. La madurez de la que habla Kant es precisamente esta, la del hijo adolescente que expresa a sus padres que ha llegado el momento de manejar su propia vida, que dejará de depender de ellos pues ya no necesita de su gobierno, ahora es capaz de gobernarse a sí mismo; tal sería un ejemplo de parresía.

Sin embargo no debemos entender en la parresía un mero ejercicio de honestidad, no se trata de la intención de decir una verdad que se considera subjetiva, se trata de que el parresiasta (individuo, sujeto o persona son términos ya inadecuados) efectivamente conoce la verdad, es consciente de ello y sabe que su función (deber y obligación son también inadecuados) es decirla. “[…] ‘parrèsiázesthai’ significa ‘decir la verdad’. Pero ¿el parresiasta dice lo que él piensa que es la verdad o dice lo que es realmente la verdad? Para mí, el parresiasta dice lo que es verdad porque sabe que es verdad. Y sabe que es verdad porque es realmente verdad. El parresiasta no es solamente sincero y dice su opinión sino que su opinión es realmente verdad.” (Foucault, Coraje y verdad, 2003, págs. 267-268)

A primera vista, cuando leí ambos aspectos de Foucault, me parecía que se estaba contradiciendo. Primero dice que el parresiasta es el que dice la verdad de un ethos, luego que dice esa verdad, porque conoce realmente la verdad, pero tal no es una Verdad sino un modo de veridicción. En este sentido cabía regresar al Foucault arqueológico para entender que la verdad es aquello que está inserto en un discurso suficientemente articulado que luego constituirá a los objetos. Esto es, vivimos en un mundo en el que las cosas son símbolos, su significado se ha ido insertando en ellas de acuerdo a las reglas articuladas de diversos ‘juegos de verdad’ cuyo estadio es el poder mismo. Para el parresiasta tales “juegos” son transparentes, ve con claridad los significados y los dice. En este sentido, verdad, y verdad del ethos, son lo mismo.

V for Vendetta.

« Vi Veri Veniversum Vivus Vici ». –Evey
“By the power of truth, I, while living, have conquered the universe.” –V
“Personal motto?” -Evey
“From Faust.”
-V [4]
(Wachowski & Wachowski, 2006, 00:43:55)

Evey es una mujer joven, huérfana, acostumbrada desde niña a sobrevivir siendo amable, yendo con la corriente; sus padres fueron arrancados de su vida por subversivos, así que ella entendió pronto que la mejor manera de sobrevivir es la sumisión. Tal es el juego dialéctico a lo largo de la película, un poder domina gracias a la sumisión de las mayorías, mientras que una idea, dramatizada por una suerte de Übermensch (es muy evidente en la película que Dios ha muerto), va reduciendo tal dominio a través de la subversión, con su pura voluntad de poder. En el núcleo del juego dialéctico se halla la verdad, a muy distintas escalas: a una escala pequeñita, verdad maquillada con mentiras; a una escala intermedia, verdad como confianza entre amigos; y a gran escala, parresía, con todas sus letras.

Evey va a encarnar esta transición, el paso de la sumisión a la neutralidad y de la neutralidad a la subversión a través de su ejercicio de la verdad. Para dar el primer paso necesita conquistar sus miedos, obtener el ‘dominio de sí’. Mientras es sumisa, vive en una mentira que a su vez la hace mentir para sobrevivir. Esto es fundamental, porque la película va a ser muy clara al poner a la mentira en la cara de la sumisión (miedo), y a la verdad en la cara de la subversión (valentía). Valentía de la verdad es justamente parresía.

V como parresiasta se convierte en el maestro de Evey, quien a su vez, a través de distintas prácticas, alcanzará el ejercicio de la parresía. Es entonces puesta a prueba, su ‘maestro’ [5], que además de parresiasta es un artista, la engaña para mostrarle la verdad. El maestro reproduce una tragedia, provocando una κάθαρσις [6] en Evey quien termina superando sus miedos. En tales condiciones, su autodominio reactivará su capacidad de sobrevivir en un contexto caótico, pero ahora sin sumisión, será libre [7]. Se ha transformado, ya puede ver la verdad sobre sí, pero aún no sobre los otros. Para dar el siguiente paso requiere volverse parresiasta, requiere ser capaz de tomar el riesgo de decir esa verdad, y de llevar a la acción esa verdad que dice [8]; debe tomar un riesgo moral y político: colocan en sus manos la posibilidad de eliminar al poder de la sumisión y posibilitar el poder de la subversión. Tal decisión ya no tiene que ver con el ‘cuidado de sí’, sino de los demás, ella superó la sumisión, ahora le toca actuar congruentemente para ayudar a que los demás la superen.

Por una línea alternativa, Finch, el investigador que trabaja para el gobierno, representa al sujeto moderno. Comienza en un marco axiomático, “el gobierno es bueno”, “protegemos a la gente”, “hacemos cosas que son un mal necesario”; está envuelto, al igual que la primera Evey, en la sumisión: en su primera intervención dice una opinión, en un tímido intento de parresía, Sutler lo regaña y Finch se disculpa y agacha la cabeza, luego dice Sutler (el supremo canciller): “To fail is to invite doubt into everything we believe…” [9] (Wachowski & Wachowski, 2006, 00:12:47), con esta línea anuncia la aparición del sujeto cartesiano: el humanismo moderno es una respuesta al fallido intento de conocer a través de la fe, de aquellos axiomas metafísicos; nace entonces la duda metódica. Finch comienza a investigar, pero la duda se va apoderando de él, hasta que dice a su compañero, muy concretamente: “no me importa que no respondas, pero tengo que decir una pregunta en voz alta… ¿y si el gobierno fuera malvado?” Parece una clara analogía a Descartes preguntándose “¿y si Dios fuera un genio maligno?”[10].

Pero al igual que Descartes, eso no logra arrebatarle por completo la fe en los axiomas previos (Descartes después explicará, al final de la Tercera Meditación por qué Dios no puede ser un genio maligno [11]), y sigue adelante con su investigación. Este sujeto no hace una transformación interna para percibir la verdad del ethos, y lo pudo haber hecho, le faltó en todo caso, diría un estoico romano, un maestro (como Evey tuvo a V). Le “preguntó” a la naturaleza (a lo Bacon), usó el método adecuado (a lo Descartes) y los objetos de conocimiento no lograron decirle la verdad.

Cuando V realiza el “efecto dominó”, al final queda una ficha de pie. Como el universo de V es simbólico, es decir, ve la verdad a través de los símbolos, sabe que la ficha que no cayó “ni para un lado ni para el otro” significa que al final habrá un aspecto aún no resuelto, aún impredecible. Un efecto imposible de ver: es el encuentro entre los dos sujetos, Evey y Finch. Tal encuentro, en el tercer acto, refleja el culmen de la parresía. El poderoso es Finch, tiene un arma y amenaza con usarla contra Evey a cambio de que no actúe de la manera que ella considera correcta. Ella debe recurrir al coraje de la verdad y a la congruencia típica del parresiasta, lo logra y con ello escapa finalmente de la sumisión y realiza un acto de subversión consciente, la transición terminó. Evey pregunta a Finchdo you like music?”, y con ello los directores nos dicen que se repite el ciclo, que ahora ella será la maestra de Finch, pues fue exactamente la frase de apertura con la que V se convirtió en maestro de ella. Uno de los mensajes de la película podría ser que el sujeto de conocimiento moderno debe aprender del pre-sujeto de la antigüedad si quiere alcanzar la verdad.

Consideraciones finales.

“Artists use lies to tell the truth, while politicians use them to cover the truth up.” [12]
(Wachowski & Wachowski, 2006, 00:41:11) 

El Estado representa en la película a la mentira y la manipulación, V como parresiasta va a evidenciar esa mentira ante todos los ciudadanos. Es un parresiasta porque lo que dice y lo que hace están en armonía. Es un parresiasta porque dice la verdad a y de los más poderosos que él. Es un parresiasta porque todo el tiempo está en riesgo de morir y no se detiene. Es un parresiasta porque evidenciando lo verdadero, pone en duda lo que la gente cree que es y lo que cree saber, y haciendo eso los transforma. Para Foucault, precisamente los parresiastas por excelencia fueron Sócrates y Diógenes el cínico, el primero ponía a dudar a la gente respecto a lo que creía que sabía, el segundo respecto a lo que la gente creía que era. Entonces V, como parresiasta non plus ultra, aporta una nueva ‘técnica de sí’, aporta el arte, como una “mentira que dice la verdad” en un sentido práctico. Está muy claro que el arte no es parresía como tal, pues esta última debe ser lo más clara posible, no oculta nada, pero sí es una práctica para volverse parresiasta. [13]

Lo que V entiende es que estamos en un mundo simbólico, y que la gente “coloca” significado en dichos símbolos, les transfiere distintas formas de poder. Esto es casi exactamente lo que plantea Foucault. Su mayor interés es entender la relación entre sujeto y verdad, porque sabe que a lo largo de la historia los ‘juegos de verdad’ han dependido en buena medida de los modos de subjetivación en cada momento, y viceversa. De esta manera, conocer la verdad otorga un poder transformador en un sentido ético, pero especialmente político [14]. El poder de V radica en que conoce el significado de los símbolos, y como parresiasta, su voluntad de poder radica en decir la verdad con las palabras adecuadas, que a su vez son símbolos, y al actuar en consonancia, sus poderosas palabras devienen poderosos actos simbólicos: sabe qué edificios destruir para incidir en destruir la sumisión (miedo, mentira) y en potenciar la subversión (voluntad de poder, verdad). [15]

No obstante, yo no puedo saber si los directores (además guionistas) y/o el escritor del cómic, leyeron a Foucault. Sin embargo, el decidir hacer la película, el darle cierta estructura desde el guión hasta la edición, el utilizar ciertos elementos simbólicos; nada de esto es gratuito. Los directores de esta, y de otras muchas películas, pretenden incidir en la audiencia. Es claro que la protagonista es Evey, y es en el papel protagónico donde los directores colocan la transición que esperan que tenga la audiencia. Los directores, en este caso, están asumiendo que los espectadores, en general, somos gente sumisa con el potencial de la subversión. Pretendieron, a su vez, a un siguiente nivel de abstracción, crear una mentira (una distopía de ficción) que nos transmitiera una meta-verdad. La verdad respecto a la verdad. La verdad respecto a la verdad es que ésta nos otorga un poder transformador, un poder para gobernarnos a nosotros mismos e incidir en los demás para que sean capaces de gobernarse a sí mismos. Los directores pues, lo sepan o no, llevaron a cabo un acto de parresía.

Notas al pie.

[1] Cf. Kant, Immanuel. Respuesta a la pregunta: ¿qué es la Ilustración? Disponible en Internet.

[2] Cf. Foucault, La hermenéutica del sujeto, 2011, págs. 33-35

[3] Cf. Foucault, El coraje de la verdad, 2010, págs. 34-38

[4] « Vi Veri Veniversum Vivus Vici ». –Evey. ”Por el poder de la verdad, yo, viviendo, he conquistado el universo”. –V. “¿Es tu lema personal?” –Evey. “No, es de Fausto.” –V. [Traducción propia].

[5] Para los estoicos romanos se requería de un maestro para aprender y realizar las ‘técnicas de sí’ necesarias para el ‘gobierno de sí’. Cf. Foucault, op.cit., 2011, págs. 132-150

[6] Catarsis, en el sentido más griego posible: quienes presencian una obra trágica padecen una suerte de empatía que los purifica del miedo. Esto que ocurre con Evey es justamente lo que estos directores pretenden que ocurra con el espectador. Pero abundaré más delante en ello.

[7] “Then you have no fear any more. You’re completely free.” (Wachowski & Wachowski, 2006) Le dice el interrogador cuando ella se niega a contestar, optando por su muerte: “Entonces ya no tienes miedo. Eres completamente libre.” [Traducción propia]

[8] “[…] hay una relación armónica entre lo que Sócrates dice y lo que Sócrates hace, entre sus palabras (logoi) y sus acciones (erga). En consecuencia, no sólo Sócrates es él mismo capaz de dar cuenta de su propia vida, sino que tal acuerdo es ya visible en su comportamiento en tanto no hay la más leve discrepancia entre lo que dice y lo que hace. Es un ‘mousikós aner’. En la cultura griega, y en la mayoría de los otros diálogos platónicos, ‘mousikós aner’ denota a una persona consagrada a las Musas -una persona culta en las artes liberales-. Aquí la frase se refiere a alguien que exhibe una clase de armonía ontológica donde logos y bíos de tal persona están en un acuerdo armónico.” (Foucault, Coraje y verdad, 2003, págs. 334-335) Sócrates, junto con Diógenes, son considerados por Foucault los parresiastas par excellence.

[9] “Fallar es una invitación a insertar la duda en todo lo que creemos.” [Traducción propia].

[10] “I wanna ask a question Dominic. I don’t care if you answer me or not. I just wanna say this aloud. But I need to know that this question will not leave this office […] If our own government was responsible for the deaths of almost 100,000 people, would you really wanna know?” (Wachowski & Wachowski, 2006, 01:02:10) “Quiero hacer una pregunta Dominic. No me importa si me respondes.  Sólo quiero decirlo en voz alta. Pero necesito saber que la pregunta no saldrá de esta oficina [confianza con el amigo, miedo y sumisión con el exterior, confianza como primer paso subversivo] […] Si nuestro gobierno fuera el responsable de la muerte de casi 100,000 personas, ¿de verdad querrías saberlo?” [Traducción propia]

[11] “Dios, […] posee todas esas altas perfecciones […] no tiene ningún defecto ni nada que sea señal de imperfección. Por lo que es evidente que no puede ser un engañador, puesto que la luz natural nos enseña que el engaño depende de algún defecto.” (Descartes, 1977, pág. 44)

[12] “Los artistas usan mentiras para decir la verdad, mientras que los políticos las usan para encubrirla.” [Traducción propia]

[13] Lo mismo podríamos decir del resto de las ‘técnicas de sí’, el examen de conciencia pre-cristiano, por ejemplo, no es un ejercicio de parresía, es una práctica para volverse parresiasta. Cf. Foucault, op.cit., 2011, págs. 61-73

[14] Para entender esto con mayor detalle, recomiendo la nota de Foucault y la primera parte del comentario de Frédéric Gros en Foucault, op. cit., 2010, págs. 348-353

[15] “The building is a symbol, as is the act of destroying it. Symbols are given power by people. Alone, a symbol is meaningless, but with enough people blowing up a building can change the world.” (Wachowski & Wachowski, 2006, 00:33:14) “El edificio es un símbolo, como lo es el acto de destruirlo. La gente le otorga el poder a los símbolos. Por sí solo, el símbolo es insignificante, pero con suficiente gente, volar un edificio puede cambiar el mundo.” [Traducción propia].

Bibliografía y película.

Badiou, A. (2004). El cine como experimentación filosófica. En G. Yoel, Pensar el cine 1 (págs. 23-90). Buenos Aires: Manantial.

Descartes, R. (1977). Meditaciones metafísicas. (Vidal Peña, Trad.) Madrid: Alfaguara.

Foucault, M. (2003). Coraje y verdad. En T. Abraham, El último Foucault (págs. 263-400). Buenos Aires: Sudamericana.

Foucault, M. (2009). El gobierno de sí y de los otros. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2010). El coraje de la verdad. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Foucault, M. (2011). La hermenéutica del sujeto. México: Fondo de Cultura Económica.

Kant, I. (s.f.). Respuesta a la pregunta: ¿Qué es la Ilustración? Recuperado el 10 de Marzo de 2012, de I.E.S. Francisco Giner de los Ríos: http://www.ginersg.org/FILOSOFIA/textos/KANT.Respuesta%20a%20la%20pregunta.pdf

Sloterdijk, P. (2002). En el mismo barco. Madrid: Siruela.

Wachowski, A., & Wachowski, L. (Dirección). (2006). V for Vendetta [Película].

Antropolandia

Me contaron de un lugar regido por la sabiduría, donde apareció un día un animal inteligente. A diferencia de lo que pudiera pensarse, su enorme desventaja inicial era tan peculiar, que comenzó a permitirle una mayor supervivencia que al resto de los animales. La inteligencia le permitía separar el todo y desconectarlo, empezar a ver las causas y los efectos en espacios de tiempo infinitamente cortos, en comparación al resto de los seres vivos.

Su visión cortoplacista permitía, por ejemplo, encontrar maneras inesperadas de escapar de sus depredadores, y hasta crear herramientas para facilitar y agilizar un proceso sin precedentes en este mundo, convertirlos en presas. Pronto sus habilidades de supervivencia permitieron que fueran tantos en número, que varias veces en su cada vez más larga vida, consumían todos los recursos de enormes áreas. Es entonces que el animal aprendió la importancia de viajar. A veces encontraban nuevas zonas con recursos, pero controladas por animales de su misma especie y entonces hacían la guerra para determinar cuál grupo se quedaría con el control territorial.

Esto comenzó a pasar con más regularidad, y las herramientas de un grupo llegaban a ser tan efectivas como las del otro, por lo que la fuerza física volvió a tomar una importancia singular. En los grupos había machos y hembras, éstas últimas poco a poco se fueron debilitando físicamente, pues preñadas eran presa fácil del entorno y de grupos enemigos. Antropolandia se convirtió entonces en Macholandia.

Un día el grupo creció tanto que al macho líder se le ocurrió que era mejor que cada quien cuidara un conjunto de recursos, otorgándole responsabilidad y posesión de los mismos, pero no todos eran igual de buenos administrándolos. Pronto algunos tuvieron más que otros, y se percataron, gracias a su inteligencia cortoplacista, que esto era ventajoso. Macholandia entonces hizo pensar a cada uno de estos animales, que ellos eran los dueños del mundo.

Tiempo después el macho se convirtió en la medida de todas las cosas, pues, si podía poseer el mundo, también podía, necesariamente, explicarlo y transformarlo. Era tanta la necesidad de convencerse de que el mundo les pertenecía, que fueron buscando explicaciones cada vez más ambiciosas. Como su inteligencia provocó que separaran el todo, reconstruir cada una de las conexiones se volvía imposible y siempre tenían huecos en sus explicaciones. Entonces algunos machos decidieron hacer creer que Macholandia se había convertido en Teolandia.

Los animales se crearon un conjunto de animales similares a ellos, pero con características deseadas por ellos mismos, los hicieron inmortales, omniscientes, omnipresentes, hermosos. Estos animales fantásticos llenaban los huecos a la hora de explicar el mundo, y al mismo tiempo fueron mostrados tan poderosos que ahora el más fuerte no lo era físicamente, sino aquel que podía comunicarse con aquellos e interpretar sus designios.

Sin embargo estos nuevos animales se volvieron muy inconsistentes, las interpretaciones a veces eran opuestas y a la hora de la verdad, todos parecían estar equivocados. Algunos machos entonces decidieron hacer creer que Macholandia en realidad se había convertido en Filosolandia. Teolandia no desaparecía aún, pues los huecos en las explicaciones se mantenían, así que a alguien se le ocurrió que no es posible poseer y, por lo tanto, explicar el mundo, si ni siquiera podían explicar lo que ya poseían, a ellos mismos.

Con esto ya no sólo había huecos para explicar al mundo, también para explicarse a ellos mismos, y en el afán de que Macholandia reintegrara a Teolandia y a Filosolandia, los machos hicieron creer que ahora el mundo se había convertido en Metafilandia. Muchos que se negaron a esta fusión fueron castigados, hasta que fueron muchos más los oprimidos, así que los partidarios machos de Filosolandia, organizaron a los animales para que tomaran el poder, llamando ahora a Macholandia, Progresolandia.

Un día se dieron cuenta que su desventaja, la inteligencia, es lo que permitía el progreso, así que se esforzaron por darle formalidad, Progresolandia se convirtió en Ciencilandia y finalmente en Tecnolandia, y es donde ahora me toca vivir. Soy consciente de que desde que empezó a ser Machilandia nunca dejó de serlo, sólo ha parecido irse transformando en Oligolandia, donde los machos pretenden masculinizar a algunas hembras con fines de poder.

También sé que no ha dejado de ser Antropolandia, un lugar donde seguimos creyendo que es posible interpretar el todo desconectándolo cada vez más. Nuestra peculiaridad que nos permitió sobrevivir, conforme se fue alargando el plazo, se está encargando de autodestruirnos. En lo único que parece haber evolucionado mi especie, fue en un conjunto de peculiaridades de su propia inteligencia, que hoy llamamos psicopatologías, particularmente en la megalomanía.

The Zeitgeist Movement.

Hace varias semanas escribí un post llamado diálogos, como resultado de una visión que tuve hace varios meses. Dicha visión tenía qué ver con un concepto que me pareció extremadamente poderoso: “todos somos uno”.

A pesar de que la visión me llegó con una certeza sin precedentes, a diferencia de lo que estoy acostumbrado, no encontré los suficientes argumentos lógicos para respaldar dicha visión.

Generalmente recurro a diálogos internos para llegar a conclusiones, y aún cuando cargo con argumentos que me parecen bastante sólidos, es difícil encontrar tal sensación de certeza.

Esto puede significar nada para cualquier lector, sin embargo trato de transmitir el gran impacto que tuvo la idea en mi interior.

Es entonces que decidí crear una serie de artículos llamados diálogos para enfrentar a mis argumentos, ir llenando huecos y terminar con una conclusión mejor fundada.

Escribí la segunda parte y por cuestiones de insatisfacción en el estilo no lo he publicado, sin embargo hoy tuve la grata sorpresa de ver un documental llamado Zeitgeist: Addendum.

No pude sentirme menos que profundamente conmovido al ver reflejada con precisión clínica la idea de religión que quise plantear a través de mis diálogos.

Y la razón es que al no encontrar todos los argumentos, todo queda perfectamente acomodado para pensar en una religión, porque los huecos, mientras no son resueltos con argumentación, son resueltos con algo que hoy conocemos como fe.

El documental de Zeitgeist, por otro lado, al tener una clara postura hacia la palabra religión y todo lo que representa, acude a una forma diferente de engaño. Y vaya que me duele escribir esa palabra y mezclarla con el movimiento.

El engaño del documental radica en deliberadamente no llenar los huecos, sesgar cierta información y muy posiblemente provocar una polarización de puntos de vista.

Maravilloso en cualquier caso, imposible en estos temas no polarizar, entiendo y justifico si cualquier información fue sesgada (si esto ayuda a llegar a una masa crítica menos informada) y si muchos de los evidentes huecos se le dejan al futuro del movimiento. Excelente que arrancaron y le dieron ese mensaje al mundo.

Si son capaces de ignorar estas imperfecciones y llegan a la segunda mitad del documental, me parece encontrarán un mensaje extremadamente valioso.

Los invito a verlo.

http://www.zeitgeistmovie.com/add_spanish.htm

Gobierno, S.A. de C.V.

Un día la gente de Gobierno, S.A. de C.V. llega a trabajar y se encuentra ante una realidad desoladora, no hay suficiente dinero para satisfacer las necesidades a las que se comprometieron con sus clientes.

Nadie ahí dentro sabe qué hacer, pero al más listo se le ocurre proponer contratar un servicio de consultoría.

Otro dice, pero tenemos que hacer licitación…

Un tercero grita desesperado, “¡no hay tiempo para eso!, ¡sólo llamemos a las primeras dos empresas que encontremos en la sección amarrilla, y a ver cuál nos convence más!”.

El jefe dice, de acuerdo, es buena la idea de Gonzalitos, a ver, tráiganme una sección amarilla.

La primera empresa que aparece se llama Consultores Profesionales, A.C., llaman y planean una cita para ese mismo día en la tarde.

Llega el consultor, entra a una especie de auditorio lujosamente adornado, lo acomodan en un podio y lo primero que hace es preguntarles de qué manera les puede ayudar, el jefe contesta:

–          Pues mire, el día de hoy llegamos y viendo los números nos dimos cuenta que de ninguna manera vamos a poder cumplir con lo que le prometimos a nuestros clientes con el presupuesto que tenemos.

–          Entiendo, pero para valorar más claramente la situación, me gustaría que aclarara, ¿cuáles son las consecuencias que vislumbra al no poder cumplir dichas promesas?

–          ¡Estarían descontentos! -responde apresuradamente Gonzalitos.

–          ¡Ya están descontentos! -menciona Pérez.

–          Bueno, supongo que podrían demandarnos… -menciona el licenciado Gutiérrez.

–          Ya veo, entonces ustedes tienen dos problemas, la forma en la que operan es tan cara que no les alcanza para satisfacer las necesidades mínimas de sus clientes y es tan mala que sus clientes están descontentos.

–          ¿Qué podemos hacer? -pregunta un por demás angustiado Gonzalitos.

–          Hay una forma de resolver los dos problemas, un rediseño de sus procesos puede hacer no sólo que se eliminen gastos innecesarios, sino que además se puede dar un mejor servicio a los clientes.

–          ¿Y qué necesitamos para eso? -pregunta Pérez.

–          Bien, pues, aparentemente son bastante burocráticos, en esta misma reunión veo a unos 500 altos funcionarios, varios dormidos, supongo que con un pequeño vistazo a su organigrama y una evaluación del desempeño muy ligera, nada más en sueldos de gente  de alto nivel que no agrega suficiente valor saldría el presupuesto suficiente para pagar un rediseño completo de su empresa…

–          No se diga más, eso es lo que se debe hacer –interrumpe Pérez.

–          ¡De ninguna manera! ¿Está usted insinuando que este HONORABLE consejo tiene a gente innecesaria?

Se desata entonces una discusión que ya no es posible entender para el consultor, después de treinta minutos, el jefe se para y con su voz autoritaria dice “¡Basta!”, luego voltea hacia el consultor diciendo:

–          Muchas gracias señor consultor, ¿cuánto le debemos?

–          Nada, la verdad es que yo también soy un cliente de ustedes, y bastante descontento. No les cobraré por esta hora de servicios, sólo le pido a este consejo…

–          ¡HONORABLE consejo! -señala un centenar de funcionarios a coro.

–          Sólo le pido a este honorable consejo que si deciden trabajar en este rediseño de su operación, consideren a mi organización para llevarlo a cabo.

–          Gracias señor consultor, puede retirarse. Por cierto, a la entrada se encontrará a otro consultor, pídale que pase por favor.

La segunda empresa a la que llamaron fue Patito Consultores, S.A. de C.V., la cita quedó una hora más tarde que la de los Consultores Profesionales.

Aparece en el auditorio el segundo consultor y el jefe le dice: “mire usted, hoy amanecimos con un problema, vimos todo lo que tenemos qué hacer para tener a nuestros clientes más o menos satisfechos, bueno, para no tenerlos descontentos, bueno, para que no nos demanden, y pues no lo podemos hacer”.

–          ¿Y eso por qué?

–          No tenemos suficiente dinero. -Responde un frustrado Pérez.

–          Entiendo, es un problema común, ¿se les ha ocurrido una solución?

–          A decir verdad, sólo se nos ocurrió llamarle a algún consultor, si usted nos da la solución que buscamos, estamos dispuestos a retribuirle… -Se apresura a decir el nervioso Gonzalitos.

–          Comprendo perfectamente… bien, pues la solución es sencilla, suban sus precios.

–          ¿Subir los precios? ¡Pero eso no les va a gustar a los clientes! -Dice Pérez.

–          ¡Déjelo terminar! -Increpa el jefe, mientras intenta acomodar su enorme trasero en el lujoso asiento principal.

–          Sin duda no les va a encantar, pero tampoco tienen alternativa… mire usted, ya han llegado en servicio al nivel más bajo posible, ya no hay más necesidades que no puedan satisfacer sin ser demandados, ahora les toca intentarlo por el lado de los precios, todavía les queda un rango que pueden exprimir sin que los clientes los demanden.

–          A mí me parece perfecto. -Se adelanta a decir un ahora optimista jefe.

–          Pero, ¿no podríamos reducir costos mejorando nuestros procesos? -Insiste Pérez.

–          Eso es complicadísimo, además, eso sería como aceptar que se están haciendo mal las cosas, eso no les conviene, lo único que mantiene a sus clientes, además de que son un monopolio, pues es la credibilidad que les queda debido a la inversión que realizan en publicidad.

–          No se diga más, ¿cuánto le debemos? – pregunta el jefe.

–          Considerando la cantidad de trabajo que les estoy ahorrando… más la devaluación… la inflación… lo caro de sus productos… deme, no sé… ¿cuánto gastan en publicidad en promedio al día?

–          9 millones de pesos -Responde el contador Godínez.

–          De acuerdo, pues a mí me parece razonable, finalmente, les hice el día, ¿no es así?

Un centenar suelta una carcajada y dice finalmente el Jefe:

–          Bastante justo señor consultor, entréguele su factura a la señorita Susana. Puede retirarse.

Luego, volteando hacia el auditorio dice:

–          Bueno, pues no sé qué opine este HONORABLE consejo, pero a mí me parece que ha sido un día bastante productivo, aún nos quedan meses de respiro para decidir en cuánto aumentamos los precios, así que me parece que podemos dar esta sesión por terminada.

Una alborotada respuesta afirmativa de la mayoría despierta a los dormidos y empiezan a salir del auditorio. Sólo uno se queda, pensativo, tratando de entender cuáles eran sus argumentos para pensar que podía mejorar las cosas cuando empezó todo esto. Ahora se siente ingenuo y humillado, envuelto en el circo más bizarro que jamás imaginó.

La antinaturaleza humana.

Hace poco hablaban unos colegas de cuál era una visión “más” o “menos” darwinista del desarrollo social. Mencionaban por ejemplo que la perspectiva Hegeliana de un progreso social se reflejaba a través de conflictos sociales, es decir, pasar del Absolutismo a la República tuvo un costo en sangre. Pero desde la perspectiva Hegeliana es una forma natural de sacrificio para que la evolución social implique progreso.

Se dijo entonces que esta visión de Hegel, adoptada posteriormente por Marx, es una perspectiva darwinista.

Fue entonces que recordé un artículo de Peter Singer llamado “A darwinian left” (posiblemente lo que leí sea sólo uno de los ensayos del libro del mismo nombre, que a su vez pertenece a un conjunto de libros llamado “Darwinism today”), pero no podía ubicar alguna parte del artículo que hiciera mención a esta forma de progreso, sino todo lo contrario, dicho artículo toma como ejemplo la teoría de juegos y el equilibrio de Nash para explicar que el progreso se irá dando en la medida que se vaya generando una especie de “confianza social” que facilite la colaboración entre los miembros. En la misma plática me enteré que dicha visión de Nash ha sido abanderada por los postmodernos.

Entonces me pregunté en qué estaba pensando Singer cuando con esto ejemplificaba una izquierda darwinista. Cuando volteamos a la naturaleza y observamos cómo la influencia de la naturaleza o de algunas especies (principalmente la humana) va eliminando a otras que no pueden o no dejamos adaptarse a las nuevas condiciones, queda claro que una perspectiva sociohistórica de los conflictos que eliminan regímenes e instituciones inadaptadas es darwinista.

Luego concluí que es antropocentrista llevar un efecto interespecies a la historia humana, no porque sea inadecuado metafóricamente sino porque todavía no tenemos los elementos suficientes para determinar que el comportamiento humano respete un enfoque “natural”. Por otro lado, en las especies no humanas, investigaciones relativamente recientes han demostrado que la supervivencia (evolución) está completamente basada en la cooperación. Efectivamente muchas especies cuentan con líderes, los cuales tienen “derechos especiales”, sin embargo se ha concluido que dichas diferenciaciones son adecuadas para la supervivencia de la especie.

Para ser mucho más claro, la perspectiva darwinista no tiene qué ver con la supervivencia de las reglas más aptas para la especie, sino que toda regla natural lleva de manera inherente el ser la más adecuada para asegurar por el mayor tiempo posible la existencia de la especie. Y si son necesarios los sacrificios individuales, simplemente ocurren, sin que alguien se detenga a pensar en justicia o en injusticia, simplemente lo calificamos de algo “natural de la especie”, y con esas cuatro palabras podemos dormir tranquilos. Está claro que los genes de los individuos más fuertes son aquellos que tenderán a perdurar. Así que la justicia o injusticia recaería exclusivamente en quien les haya dado genes más o menos fuertes…

La sociedad históricamente no ha reflejado esto, las reglas han ido cambiando, se han ido adaptando pero siempre han cargado consigo un retraso respecto al momento que las necesitó. Pienso que esto se debe, principalmente, a que el pensamiento humano está muy desviado de la perspectiva natural.

En la naturaleza los recursos se reconocen escasos por definición, por lo que todas sus reglas tenderán al mayor aprovechamiento de los mismos.

Tal vez sobre decir que la filosofía del capitalismo está claramente enfocada al desperdicio. Cuando veo lo que para esta sociedad significa la palabra éxito, me es muy claro que vamos en sentido contrario.

Vocación.

La palabra política, la ética de muchos, se ha relacionado desde siempre con el bien común, o más específicamente, con el gobierno (gobierno político), la administración del poder en beneficio de una comunidad.

En realidad, para el mexicano promedio, las palabras política y gobierno están mucho más relacionadas el día de hoy con robo, con suciedad, con deshonestidad; por supuesto dichos calificativos son racionalmente negativos, es decir, la gente sabe que así no debería ser el gobierno político, eventualmente inclusive nos podremos acostumbrar (nos dejará de sorprender enterarnos de ciertas cosas), pero lo cierto es que nunca nos dejará de parecer incorrecto que así sea; es decir, por más acostumbrados que estemos, esperaríamos idealmente que cada uno de los políticos y gobernantes se preocupara primero por el bien común, antes que por el personal. La escala de valores, en teoría, debiera ser la siguiente:
1. Mi comunidad.
2. Mi partido político (los valores que representa)
3. Yo y mis seres queridos.

El resto de los civiles, por otro lado, no sentimos, en general, una obligación hacia el bien común, debido a que no decidimos tomar esa carrera, nos preocupamos por hacer que nuestro negocio sea exitoso, o ir escalando puestos dentro de nuestro trabajo.

Sin embargo, hoy casi todos podríamos asegurar que la escala de valores de la inmensa mayoría de los políticos es exactamente inversa, y muchas veces ignorando incluso los valores que presume el partido al que pertenecen.

El punto es que si visualizamos a todos y cada uno de los servidores públicos como individuos independientes de la política, nos sería más sencillo comprender por qué (la mayoría) hacen su trabajo con la sola finalidad de acceder a mejores puestos y a más poder, lo cual deseamos en general el resto de los mortales en nuestros trabajos dentro de la iniciativa privada, entre otras cosas. Y es entonces que decimos, ¿para qué se dedican a ser servidores públicos si su principal preocupación son ellos como individuos (y su familia y amigos en todo caso)?

También algunos podrían señalar que ganan más, que tienen más prestaciones, que tienen acceso a información privilegiada y a trámites expeditos por el sólo hecho de ser servidores públicos y que ese extra debiera compensar el que se preocupen más por la comunidad a la que atienden que por ellos mismos; por el contrario, pareciera que el servicio público es el templo de la corrupción, aquella que va desde el oficial de tránsito que te ofrece una “alternativa” a la infracción hasta el político de alto rango que administra “favores”. Esto no significa que la corrupción sea un mal inherente ni exclusivo del servicio público, los “compadrazgos” se pueden ver en muchas empresas privadas. La diferencia está en que la corrupción está conceptualmente más alejada del término “bien común” que del individualismo que carga inherentemente el sector privado.

Al final llegaríamos a un concepto que a mi me parece controversial y subjetivo, que es la “vocación”. Idealmente quisiéramos que todos los servidores públicos tuvieran la “vocación de servicio” para poner por encima de sus intereses particulares, el de la ciudadanía; que renunciaran por ejemplo a muchas de las ventajas que les dan sus sindicatos de los mandos medios hacia abajo, que rechazaran vacaciones (que no tenemos en la iniciativa privada) con tal de trabajar más días por la ciudadanía. O en el caso de los altos puestos, que renunciaran a ciertas ventajas que les da el poder que tienen para por supuesto no transgredir libertades de otros o no beneficiarse directamente (o indirectamente con compadrazgos) con el erario público.

El punto es que cuando reconozcamos que esto no va a ocurrir, pondremos los pies en la tierra, cambiará nuestra percepción y comprenderemos que no podemos esperar mucho más del servicio público, entenderemos que si de todos modos el meollo del asunto se centra en un concepto tan subjetivo como la “vocación”, más nos convendría privatizar los servicios públicos y no sólo eso, sino abrir el mercado para que al menos la competencia presione a dar un mejor servicio. Utópico y nihilista por supuesto, no pierdo la costumbre.

Analicémoslo ahora desde una perspectiva diferente; cuando hablamos de un sacerdote, asumimos que es una persona que no se preocupa por el individuo en primer lugar sino por un conjunto de feligreses que son su comunidad (en el caso de un papa, su preocupación sería toda la Iglesia). Asumimos que deseará el bien a su prójimo (cuando menos el bien que plantea la Biblia) y que difícilmente transgredirá la libertad de otros con la “facilidad” que lo hacemos el resto de los mortales. Entonces aparecen casos de sacerdotes que abusan sexualmente de menores y al común de la población le cuesta trabajo comprender. O mucho menos grave, nos cuesta a veces comprender que los sacerdotes tengan pareja, y muchos seguramente preguntarán, ¿entonces por qué se hizo sacerdote y dentro de una religión donde está prohibido que tengan pareja? Y de nuevo responderán muchos, los he escuchado, “es que no tenía verdadera vocación”.

En ambas perspectivas estamos hablando de lo mismo. estamos idealizando a partir de un paradigma que debería haber cierto comportamiento menos egoísta por el sólo hecho de haber elegido cierta forma de vida. Y así como los servidores públicos tienen ciertos beneficios, los sacerdotes (católicos, hablando de México) también los tienen, no sólo cargan con el poder de impartir los sacramentos que pueden significar eternidades de paraíso o infierno para el resto de los mortales, sino que en esta vida mortal reciben cierto trato prioritario de la comunidad (también lo he visto), particularmente en países como México, que tiene más del 90% de ciudadanos católicos.

Pero de alguna forma olvidamos que también son individuos humanos que viven dentro de un sistema (capitalista y reprimido sexualmente, en general). Si recordamos esto, ¿no sería de esperarse que en el gobierno al menos haya tanta gente corrupta como en el resto de las funciones (del sector privado) que reciben una remuneración?; ¿no sería de esperarse que al menos haya el mismo porcentaje de violadores entre los sacerdotes que entre el resto de la población?

Si ya entendimos esto, les tengo malas noticias, ojalá fuera así. Desgraciadamente el ambiente del servidor público es la perfecta invitación a la corrupción, ya que hay un conjunto de condiciones que dan un premio superior a todos aquellos que deciden hacerlo, recordemos que “el poder corrompe, (y el poder absoluto, corrompe absolutamente)”. Y en el caso de los sacerdotes, lamento decirles que un ambiente de represión sexual, es el perfecto anfitrión de las principales patologías psicosexuales. Así que dudo que los porcentajes no sean mucho mayores si se toma una muestra en estos campos y se compara con el resto de los ciudadanos.

Así que acostumbrémonos, que nos deje de sorprender, que nos parezca lógico y de esperarse este tipo de comportamiento; que finalmente entendamos que el cambio debe ser a nivel sistema, el cambio debe ser en los paradigmas, poco se podrá hacer tomando medidas tradicionales, tendríamos qué trabajar más en la causa que meramente reaccionar al efecto.

Los nuevos artefactos de poder.

Nunca había dejado tan olvidado el blog, ya estoy de regreso aunque sé que no escribiré tan seguido como al principio.

Bueno… pues resulta que hace ya varios años fui a misa, después de otros muchos años de no ir. Fue una misa católica y mi visión de lo que ocurría ahí dentro me pareció muy interesante. Si tienen cable busquen algún programa de History, Discovery o National Geographic Channel; encuentren alguno que se pueda referir a rituales antiguos. Lo que se podrían encontrar son adoraciones a estatuas de oro, danzas alrededor de fogatas y cánticos tribales. Mi imagen de la misa no fue nada diferente a eso y recuerdo haberme preguntado “¿Cuál es la diferencia?, ¿Cómo ésta religión es menos primitiva que las ancestrales?”.

La sociedad ha avanzado a través de campos como la ciencia y la tecnología, ha avanzado en términos de conocimiento teórico y aplicado, una gran cantidad de mentes se han ido abriendo en torno a temas antes descalificados por mera ignorancia, sin embargo, muchas de las prácticas continúan siendo primitivas, basadas en prejuicios o paradigmas equivocados y tienen una influencia determinante en nuestra vida diaria.

El Marxismo propone una hipótesis que llama “falsa conciencia“, con la cual el Capitalismo pretende “distraer” de su “verdadera naturaleza”, al “proletariado“. Originalmente era material directamente institucional, ahora lo interpreta Theodor Adorno (sic) de manera acertada como arte de mal gusto o Kitsch, que es como un reflejo o una muestra, pero no tiene las características de innovación y coherencia del verdadero arte. Un ejemplo en este sentido sería la música y el cine comercial, que es la repetición de fórmulas probadas para tener un efecto masivo exitoso.

A estos distractores yo agregaria el paradigma de la imagen exitosa con la cual se pretende alinear a las personas hacia el sueño americano, al menos en este pedazo del mundo; el sueño americano incluye (algo cercano a) tener un título universitario, ser bueno en un deporte (para los hombres), ser físicamente agradable (más para las mujeres), ser nacionalista, religioso moderado, casarse, tener una casa propia, un auto deportivo para el esposo y una Van para la esposa, dos hijos (un niño y una niña) y un perro de raza.

La Mercadotecnia en particular, toma este modelo de referencia y lo vende; en cada una de las etapas del sueño americano habrá lineamientos para que se vayan cumpliendo cada uno de esos “logros”.

En la antigüedad un chamán podría tener, por ejemplo, una serie de collares, algunos con colmillos o cráneos de animales, cada uno de esos artefactos le daba un poder en particular que lo hacían sentirse más seguro de sí mismo al realizar sus complejas tareas y que le daban un estatus de respeto a simple vista para el resto de la comunidad. Báculos, anillos, coronas, cetros, reliquias, pañuelos de la amada y símbolos religiosos como atuendo serían otros buenos ejemplos de artefactos mágicos de otras épocas.

Ahora un consultor, un abogado corporativo o cualquier ejecutivo de alto nivel, típicamente requiere llegar con un traje caro, un reloj más caro, un celular de última generación y un auto que por lo menos debe ser importado, todo eléctrico, tener asientos de piel y claro, de una antigüedad no mayor a tres años (a menos que sea coleccionista, por supuesto). Todos estos nuevos artefactos de poder infunden en él una seguridad de que va o ha llegado por buen camino al éxito, y para las demás personas, simples mortales, además de la posible envidia inherente, se convierte en una figura de mayor respeto que la generalidad.

Estos artefactos de poder tienen un costo, llamémosle inversión, que dará beneficios tangibles al portador y lo diferenciará del resto. No importa si la constitución dice que todos los mexicanos somos iguales, la verdad es que el poder de estos artefactos supera a cualquier ley escrita.

Otro artefacto curioso, aunque me lleva a un tema muy largo, es el anillo de poder: el de compromiso. No tiene la capacidad de desaparecerte ni atrae el mal… bueno, a veces sí… pero ese no es el punto. El punto es que ese anillo de poder hace que antes de la boda la hembra sea oficialmente elegida y apartada por el macho, ella (o la mayoría de ellas) siente a su vez, a través del poder del diamante (falso o verdadero), que el punto más delicado de su vida ha sido resuelto. Dicho artefacto tiene el poder de tranquilizarlas en muchas de sus inseguridades, les da la paciencia de esperar el matrimonio por un tiempo que antes hubiera parecido intolerable y a veces hasta compra una fidelidad antes inexistente… claro, por tiempo limitado.

Muchas de nuestras prácticas sociales son claramente primitivas y ejercen una mayor atracción hacia la ignorancia de las antiguas tribus y civilizaciones que hacia el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Desde que cada persona nace, al menos en esta zona del mundo, la inconsciencia colectiva siembra en ella conceptos de competitividad, egoísmo y desigualdad; por el contrario, una alineación hacia la complementación de esfuerzos generaría un mayor desarrollo en todos los ámbitos productivos… pero esa no es la finalidad de estar vivos, ¿cierto?, el saborcito lo encontramos en el drama, la magia, el misticismo, el ritualismo; y sin duda en un contexto democrático; ¿qué cree la mayoría que es éxito? ah, pues eso debe ser… pienso que en un ámbito de oportunidades desiguales, conceptos como el éxito, sólo pueden ser subjetivos.

Personas morales light.

Hace algunos años, cuando visitaba a un amigo en Guadalajara, una actividad que invariablemente hacíamos era visitar la librería Gandhi, ya que en mi ciudad no había. Pasábamos un par de horas, yo siempre como niño en dulcería, no sólo por los libros, sino por las películas. Hace algunos meses cambié mi ciudad de residencia justo cuando llegó la Gandhi a ella. Afortunadamente en la ciudad en que vivo ahora, también hay y el fin de semana pasado fui con otro amigo.

Mi primer decisión de compra, y sencilla, fue Shichinin No Samurai, porque es un clásico y siempre la había visto mucho más cara de lo que la conseguí. Mi segunda decisión fue The Corporation, un documental que anunciaba falsamente ser de Michael Moore y que me decepcionó mucho. Mi tercer decisión fue, Wilbur Wants to Kill Himself, una comedia negra/drama muy interesante que vi hace mucho en un festival de cine. Además mi amigo llevó Acid House, basada en una novela del mismo escritor de Trainspotting; y Dune de David Lynch (interesantísima por cierto), ya se imaginarán nuestro productivo fin de semana.

The Corporation es un documental que critica severamente a las grandes empresas. El planteamiento es; hace ya muchos años que a estas empresas se les dió el papel legal de “personas”, por ejemplo en México las conocemos como “personas morales“. De manera creativa en comparación al desarrollo general (nefasto), comienzan a desarrollar un perfil psicológico de ciertas corporaciones, partiendo de que son “personas”. Las encuentran irresponsables, mentirosas, con problemas para comprometerse, excesivamente ambiciosas y hasta genocidas.

Creo que, al analizar sólo una cara de la moneda, en prácticamente cualquier tema, sólo vas a encontrar cosas que favorezcan el sentido de tu búsqueda. Pero vamos a pensar en algún “avatar del bien” que sea difícil de encontrarle un aspecto negativo… digamos un monje Zen.

Ahora digamos que partiendo de que las corporaciones son personas, las convirtiéramos a todas ellas en monjes Zen… no tendríamos algo llamado mercado, ni algo llamado tecnología, ni algo llamado empresa por principio de cuentas… el concepto de economía sería algo medio surreal también.

¿Es posible remontar nuestra cotidianidad a un entorno en que el poder esté en manos de monjes Zen? no, difícilmente se me puede ocurrir algo más utópico. Si mañana todos despertáramos en el sendero de la iluminación encontrando la felicidad efímera y eterna al mismo tiempo en cada una de nuestras limitantes haciéndolas desaparecer a su vez, sería maravilloso, pero tenemos el impedimento cultural de cientos de generaciones que han optado por la ambición y el desarollo primero individual, luego de sus seres queridos y finalmente de su versión limitada de “comunidad”.

¿Significa que está mal? en absoluto, porque es el camino realista, desgraciadamente termina obligándonos a competir, y al final el problema que percibo es la incapacidad de muchos de encontrar un límite satisfactor.

Hace ya varios años fui a dar una plática a un campus del Tec de Monterrey, a algunos alumnos de preparatoria que estaban a punto de vivir la experiencia del servicio social. Un amigo (quien por cierto es teólogo y nos aventábamos unas discusiones de religión muy interesantes) me pidió que les platicara de la “cultura light”, ya que los veía muy desmotivados respecto al servicio social y él lo estaba coordinando.

Mi estrategia fue repartir a algunos de ellos (a 54, con jokers) un mazo de cartas inglesas. No les expliqué en un inicio para qué eran y les comencé a hablar de lo que podía significar el servicio social, les expliqué que la “cultura light” era un comportamiento superficial y desinteresado que limitaba el desarrollo personal. Los invité a hablar en cualquier momento y les decía “muéstrame qué carta te tocó”, “una reina”, “ah muy bien, imagínense que como la compañera tiene una reina puede opinar, pero que quienes tuvieran algo menor al Jack no pudieran”. A la mayoría no les gustó la idea por supuesto y entonces les expliqué que en realidad así es como funcionaba el mundo. Les dije que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que con el sólo hecho de estudiar preparatoria, en una escuela como el Tec de Monterrey, significaba que al nacer les había tocado algo así como un Rey. Con el tono más fresa que he oído en mi vida, un muchacho me preguntó “¿y tenemos la culpa de haber nacido con un Rey?, ¿somos malos por eso?”. Le expliqué que por supuesto no, pero que la “cultura light” podía provocar que su visión se redujera a dos números, el Rey y el As, y que prácticas como el servicio social podían extender su visión hacia el resto de las cartas, y que tener una visión más amplia era fundamental para desarrollarnos más integralmente.

Poco a poco hubo más apertura y empezaron a entender el concepto. La vida en general y la Microeconomía en particular pueden resultar extremadamente complejos, el sistema socialista ha requerido ser opresor para desarrollarse, y poco a poco han ido cayendo al capitalismo los países de raíces comunistas. El capitalismo, como lo conocemos, difícilmente será eternamente sostenible porque la excesiva riqueza de pocos tiene un reflejo en la extrema pobreza de muchos. Todos los humanos somos iguales en términos de concepto, pero la verdad es que pocos tenemos mucho más oportunidades que la mayoría. ¿Cuál es entonces la tercer vía?, sentarnos a criticar a las corporaciones sin hacer una propuesta no lo es, criticar la opresión del socialismo, del fascismo y hasta del absolutismo, tampoco resuelve nada.

La verdadera tercera vía (en términos históricos ya estamos viviendo una) tendría qué ser promovida por la gente que tiene el poder para que pueda surtir efecto, pero ellos están siendo directamente beneficiados por el esquema actual, difícilmente querrán un cambio verdaderamente significativo. La única respuesta viable parece entonces que debe venir de aquellos que aún no hemos sido corruptos por el poder (o por la cultura o por lo que sea) y que de alguna manera podríamos acceder a él. Pareciera que entonces todos los que no hemos optado por ser parte de la “cultura light” tenemos una responsabilidad latente, que casi siempre hacemos a un lado porque ya tenemos suficientes cosas en qué pensar respecto a nuestra propia vida. Si decidimos no incidir deberemos esperar a ver cómo lo resuelve alguien más o cómo llega a ser insostenible (qué efectos sociales arrastrará).

No es personal (NesP).

Tengo planeado hablar muchas veces de temas religiosos, así que ya simplemente lo voy a decir de una forma: “No es personal”. Significará que no tengo la menor intención de ofender, pero entiendo que alguien se pueda sentir ofendido, así que cuando esa frase anteceda a algún post, si alguien cree que podría sentirse negativamente aludido, únicamente detenga ahí su lectura.

No es personal.

Hoy es el día religioso más importante del país, tal vez es el segundo día más importante después de navidad para la gente de clase media y alta, pero para el 60% de la población, los semipobres, pobres y paupérrimos de México, el doce de diciembre es sin duda más importante que el veinticinco. La creencia en la Virgen de Guadalupe, me parece que ha tenido en los últimos años un “efecto Santa Claus”, para muchos católicos cultos. Bien, pues era el siglo XVI, los misioneros requerían de un poderoso símbolo religioso que finalmente consolidara el catolicismo de grupos indígenas que ante los problemas graves (que no veían solucionados con la nueva religión) volvían a acudir a sus antiguos dioses. Una diosa en particular, Tonantzin (en castellano, “nuestra verdadera madre”), dio a luz (dentro de la mitología azteca), a Huitzilopochtli, quien en cuanto salió del útero asesinó a todos sus hermanos (eran cuatrocientos), dando origen a las estrellas (las cuales podemos ver en el manto guadalupano). Bueno, pues el lugar donde se apareció, y donde ahora está la basílica, es precisamente donde los indígenas rendían culto a Tonantzin. Pero en los milagros no hay coincidencias, así que vamos a los documentos históricos: resulta que al famoso Obispo Juan de Zumárraga nunca se le ocurrió dejar un documento que mencionara el hecho, dejó muchos más, con trivialidades en comparación con la aparición de la madre de su dios, ¿por qué?, la historia nos responde, algunos años después, el Provincial de los Franciscanos, Francisco de Bustamante, critica en un sermón “la devoción que ha crecido en una capilla dedicada a Nuestra Señora, llamada de Guadalupe, en esta ciudad es en gran manera dañina para los nativos, pues les hace creer que la imagen pintada por Marcos el indio es de alguna forma milagrosa”; luego en 1569, Martín Enríquez de Almanza, cuarto virrey, denominó el culto de la Virgen de Guadalupe como una impostura dañina, como una adoración disfrazada de la deidad azteca Tonantzin. Nada de esto es extraño si consideramos que los indígenas la llamaban de hecho “Virgen de Guadalupe Tonantzin”. Ya en nuestros días Guillermo Schulenburg realizó una serie de estudios, varios años después declaró que la beatificación de Juan Diego era hacia un símbolo, no hacia alguien real; un día, en mi ciudad natal vi, pintado en una pared, “Muera Schulenburg, Viva la Virgen de Guadalupe”, creo que hasta ese día no me había percatado de la magnitud del fanatismo religioso en esa ciudad; en fin, los elementos de falsedad no es algo a lo que debí dar tanta importancia, el punto al que quiero llegar, es que la imagen ha sido utilizada históricamente en México para “inspirar” primero, la Guerra de Independencia a manos de Hidalgo quien por cierto no creía en la virginidad de María de acuerdo a documentos históricos; y luego en la Revolución Mexicana por parte de Emiliano Zapata quien consiguió un numeroso ejército de campesinos, que con un arma en sus manos se convirtieron en violadores, saqueadores, etc. El uso de este símbolo provocó el derramamiento de sangre de miles, que no vieron una mejora en sus condiciones de vida cuando esas guerras terminaron. ¿Cómo impulsas un movimiento revolucionario con un símbolo que representa la ignorancia de la derecha?, ah, pues de tal forma que mantengas a la derecha en el poder, gane quien gane. Voy a citar a un amigo que comúnmente dice: “al mexicano dale cerveza, fútbol y virgen de guadalupe y lo mantienes controlado”. Para mi, lejos de ser un símbolo de inspiración revolucionaria, me parece el símbolo más significativo de la esperanza del mexicano, de que ante los problemas graves lo que se requiere son milagros.