Archive for the ‘Postmodernidad’ Category

Mi opinión sobre la peli ‘Noah’ de Aronofsky (spoilers).

Creo que a la gran mayoría no les ha gustado y creo que se debe a que difícilmente cumpliría con alguna expectativa, la peli es bastante rara y, con todo, llena de lugares comunes y cursilerías. Pero supongo que en distintos momentos de la vida uno pone más atención a distintas cosas de una película, y yo no pude evitar poner más atención a la relación discursiva, que me parece por completo pertinente, si no hasta reveladora de algo que está ocurriendo y que no ha terminado siquiera de tomar forma, pero que Aronofsky alcanzó a ver.

El problema que plantea la película, creo que es muy evidente, es ecológico: llámenle Dios o como gusten, pero se trata de un abrupto cambio climático que amenaza con extinguir la vida animal no-marina, y del cual la gente es consciente antes de que ocurra. Toda la historia se despliega alrededor de ello, la interpretación bíblica del director enfatiza la relación del hombre con su entorno. Lo interesante no son tanto las posturas originales con el entorno, sino las acciones y la justificaciones a partir de que se enteran de que corren peligro. Trataré de esquematizar entre elementos bíblicos y fílmicos:
De Adán tendríamos tres posibles linajes, que implican tres discursos diferentes. El de Caín, la película lo muestra de manera muy evidente, implica que el hombre se siente dueño de su entorno y éste debe ser transformado a su capricho, de hecho comporta la necesidad adámica de ser Dios, por lo que el linaje de Caín transforma al mundo a su imagen y semejanza: ¿cómo le llamamos?, yo le llamaría Progresismo, capitalismo también sería válido, pero no faltará quién diga que el comunismo trató al entorno de la misma manera.
El linaje de Abel, inexistente por supuesto, ¿cómo hubiera sido?, por supuesto el favorito de Dios, el consentido, por el que hubiera detenido su ira contra el hombre. Afortunadamente Caín se encargó a tiempo de un linaje que seguro todos hubiéramos detestado.
El otro es el de Set, que encarna el protagonista. No considera que el entorno esté para servirle sino que debe cuidarlo, no solo eso, sino que es él (y su familia) quien se modela a imagen y semejanza del entorno, pues sabe que, al igual que él, es Creación. Esto es importante, el linaje de Caín se considera superior al resto de la creación, una especie de demiurgo entre lo divino y lo creado, lo cual claramente el director descarta al incluir a los verdaderos demiurgos, los ángeles, algo de divino y algo de criaturas. Cuando son eliminados de “este” mundo van a la presencia de Dios, salvación que todavía no está disponible para el hombre (se necesitará de otra suerte de  ‘arca’ y de otra ‘alianza’ para ello). El discurso del linaje de Set es por demás interesante: se trata de un ambientalismo que considera que lo más justo es la extinción del hombre para que la creación retome su equilibrio. Y no saben cuántas veces lo he escuchado en los últimos años: “yo creo que lo mejor es que ya se extinga la humanidad”. Así como llamé al otro Progresismo, no sé cómo llamar a este discurso, algunos dirían que es cierto postmodernismo, en todo caso el que Aronofsky lo incluya no es gratuito y me parece interesante.
Como podrán ver, estamos ante una especie de falso dilema, si el discurso de Caín gana, la humanidad se extingue, y si el de Set lo hace, también. Por  lo tanto, el “combustible” dialéctico (la diferencia) no está ahí, lo que enfrenta a estos discursos es la ceguera del suicidio y la voluntad del suicidio. Y es ahí, entre ceguera y voluntad que se resuelve el conflicto: Noé perdona a sus nietas, ¿por ceguera? un poco (cree que de hecho comete un error), ¿por voluntad? otro poco (alguien diría, más por falta de voluntad, pero a fin de cuentas decidiendo por sí mismo), pero sobre todo por misericordia (que es lo que le pide su esposa), y según me han dicho (un profesor), hay una palabra en hebreo para expresarla que se podría traducir como amor, una especie de amor sin esperar nada a cambio, el que aplica, específicamente, el famoso “buen samaritano”.
También se puede traducir como “amabilidad” pero menos como “habilidad de recibir amor” que su opuesto “habilidad de dar amor”, y esto es justamente lo que le dice Cam a Ila, algo como “si tú vas a recomenzar la humanidad está bien, al menos habrá amabilidad (kindness)”. Entonces tenemos ahí un tercer discurso en el que se resuelve esta dialéctica a la manera hegeliana (no fichteana), comportando algo de esa ceguera y algo de esa voluntad: Connelly le dice a Crowe algo como “Dios te puso a elegir si valía o no la pena salvar al hombre”, es decir, Dios dejó que el hombre mismo eligiera. Recordemos que se trata de una alianza del pueblo judío con Dios, implica que en la Biblia (o en la Torah) Dios le dice a Noé, básicamente “tienes permiso de repoblar el mundo”, que es claramente un paralelismo al “puebla al mundo” posterior a la caída adámica. Es decir, se trata de una segunda caída del hombre ante los ojos de Dios (no es gratuito que Noé aparezca desnudo en la playa, “arrojado al mundo”, está indudablemente recordando éste paralelismo). Ése es el mensaje que pretende dar Aronofsky: ante el grave riesgo de extinguirnos que supone nuestra relación actual con el entorno, hay dos posturas que ya no podríamos tomar, una es el progresismo ciego, suicida, y otro es un ecologismo no menos autodestructivo, cargado de culpabilidad. Me parece que está diciendo que tendríamos qué buscar el tecero: tomar decisiones de las cuales podamos hacernos cargo, movidos por esa nueva ‘amabilidad’.
En fin, cursi sin duda, el punto no es tanto el valor del mensaje final (¿quién estaría en desacuerdo? el problema, como siempre, es llevarlo a cabo), en mi opinión, lo interesante es que Aronofsky alcanzara a ver a estos dos discursos en pugna, en una pugna falsa si los dos llevan al suicidio. El propio Noé lo dice “no somos diferentes a ellos”, Noé no es menos asesino que cualquiera del linaje de Caín, llámenle en defensa propia o como gusten (no es precisamente defensa propia tener los medios para salvar a mucha gente y dejarla fuera porque considero que sigo órdenes de alguna entidad superior). Me parece, de fondo, que toda la película, hablando esquemáticamente del discurso, sirve para darle voz a Conelly y a Watson, una viene del entorno de Caín, la otra del de Set (otro elemento de que sea una dialéctica hegeliana), entre ellas dos hace resonancia el discurso capaz de resolver, lo que podríamos llamar “esas necedades de hombres”.
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Antropolandia

Me contaron de un lugar regido por la sabiduría, donde apareció un día un animal inteligente. A diferencia de lo que pudiera pensarse, su enorme desventaja inicial era tan peculiar, que comenzó a permitirle una mayor supervivencia que al resto de los animales. La inteligencia le permitía separar el todo y desconectarlo, empezar a ver las causas y los efectos en espacios de tiempo infinitamente cortos, en comparación al resto de los seres vivos.

Su visión cortoplacista permitía, por ejemplo, encontrar maneras inesperadas de escapar de sus depredadores, y hasta crear herramientas para facilitar y agilizar un proceso sin precedentes en este mundo, convertirlos en presas. Pronto sus habilidades de supervivencia permitieron que fueran tantos en número, que varias veces en su cada vez más larga vida, consumían todos los recursos de enormes áreas. Es entonces que el animal aprendió la importancia de viajar. A veces encontraban nuevas zonas con recursos, pero controladas por animales de su misma especie y entonces hacían la guerra para determinar cuál grupo se quedaría con el control territorial.

Esto comenzó a pasar con más regularidad, y las herramientas de un grupo llegaban a ser tan efectivas como las del otro, por lo que la fuerza física volvió a tomar una importancia singular. En los grupos había machos y hembras, éstas últimas poco a poco se fueron debilitando físicamente, pues preñadas eran presa fácil del entorno y de grupos enemigos. Antropolandia se convirtió entonces en Macholandia.

Un día el grupo creció tanto que al macho líder se le ocurrió que era mejor que cada quien cuidara un conjunto de recursos, otorgándole responsabilidad y posesión de los mismos, pero no todos eran igual de buenos administrándolos. Pronto algunos tuvieron más que otros, y se percataron, gracias a su inteligencia cortoplacista, que esto era ventajoso. Macholandia entonces hizo pensar a cada uno de estos animales, que ellos eran los dueños del mundo.

Tiempo después el macho se convirtió en la medida de todas las cosas, pues, si podía poseer el mundo, también podía, necesariamente, explicarlo y transformarlo. Era tanta la necesidad de convencerse de que el mundo les pertenecía, que fueron buscando explicaciones cada vez más ambiciosas. Como su inteligencia provocó que separaran el todo, reconstruir cada una de las conexiones se volvía imposible y siempre tenían huecos en sus explicaciones. Entonces algunos machos decidieron hacer creer que Macholandia se había convertido en Teolandia.

Los animales se crearon un conjunto de animales similares a ellos, pero con características deseadas por ellos mismos, los hicieron inmortales, omniscientes, omnipresentes, hermosos. Estos animales fantásticos llenaban los huecos a la hora de explicar el mundo, y al mismo tiempo fueron mostrados tan poderosos que ahora el más fuerte no lo era físicamente, sino aquel que podía comunicarse con aquellos e interpretar sus designios.

Sin embargo estos nuevos animales se volvieron muy inconsistentes, las interpretaciones a veces eran opuestas y a la hora de la verdad, todos parecían estar equivocados. Algunos machos entonces decidieron hacer creer que Macholandia en realidad se había convertido en Filosolandia. Teolandia no desaparecía aún, pues los huecos en las explicaciones se mantenían, así que a alguien se le ocurrió que no es posible poseer y, por lo tanto, explicar el mundo, si ni siquiera podían explicar lo que ya poseían, a ellos mismos.

Con esto ya no sólo había huecos para explicar al mundo, también para explicarse a ellos mismos, y en el afán de que Macholandia reintegrara a Teolandia y a Filosolandia, los machos hicieron creer que ahora el mundo se había convertido en Metafilandia. Muchos que se negaron a esta fusión fueron castigados, hasta que fueron muchos más los oprimidos, así que los partidarios machos de Filosolandia, organizaron a los animales para que tomaran el poder, llamando ahora a Macholandia, Progresolandia.

Un día se dieron cuenta que su desventaja, la inteligencia, es lo que permitía el progreso, así que se esforzaron por darle formalidad, Progresolandia se convirtió en Ciencilandia y finalmente en Tecnolandia, y es donde ahora me toca vivir. Soy consciente de que desde que empezó a ser Machilandia nunca dejó de serlo, sólo ha parecido irse transformando en Oligolandia, donde los machos pretenden masculinizar a algunas hembras con fines de poder.

También sé que no ha dejado de ser Antropolandia, un lugar donde seguimos creyendo que es posible interpretar el todo desconectándolo cada vez más. Nuestra peculiaridad que nos permitió sobrevivir, conforme se fue alargando el plazo, se está encargando de autodestruirnos. En lo único que parece haber evolucionado mi especie, fue en un conjunto de peculiaridades de su propia inteligencia, que hoy llamamos psicopatologías, particularmente en la megalomanía.

El relativismo y su relación con la inacción

Acabo de estar en un par de eventos que disfruté mucho, uno fue un coloquio de complejidad y filosofía, y otro un cine debate al que voy cada jueves, y que esta vez trató del impacto ético y ecológico del consumo de carne. El denominador común, desde doctores hasta estudiantes de licenciatura en Filosofía fue un, probablemente inconsciente, relativismo.

Así como a lo largo del coloquio nos fue imposible encontrar la frontera, o el tipping point, de lo simple a lo complejo, no por escasez de esfuerzo, me parece que la comunidad filosófica de la que ahora soy parte en Guanajuato ha perdido completamente la línea entre la apertura y el relativismo.

Pero primero voy a diferenciar los conceptos de objetivismo de relativismo para tratar de ser muy claro. El objetivismo supone que es posible encontrar lo verdadero independientemente de la opinión de las personas, en ese sentido, lo que pretende el método científico, es hacer de la ciencia algo objetivo. El relativismo supone o que el que la verdad sea inalcanzable hace igualmente válida la opinión de cualquier persona o que no existe tal cosa como la verdad o un mejor camino, por lo que cada individuo (o cultura) debe vivir acorde a su propia “verdad”.

No es la intención de este artículo abrir la discusión en ese punto sin antes explicar las implicaciones morales de ambas posturas. El objetivismo moral, entonces, asume que hay actos buenos y malos independientemente de la opinión del agente, mientras que el relativismo moral, que se divide en dos tipos, señala que lo que está bien o mal lo define cada individuo (relativismo moral individual) o cada cultura (relativismo moral cultural).

Para ejemplificarlo, utilizaré un extracto del debate en el que participé el jueves pasado. Se nos presentó una película que criticaba el consumo de los alimentos de origen animal. Cuando termina la película, la primer ronda de opiniones, va más o menos por la siguiente línea:
“es terrible lo que la industria ha provocado, antes en las granjas, la gente no era tan cruel con los animales cuando los mataba y vivían de manera sostenible con la naturaleza”
“no podemos dejar fuera las razones culturales por las que comemos carne, desde ir a los tacos hasta hacer una reunión con carne asada”
“el contexto consumista y la necesidad de reducir costos daña la integridad (sic) de los animales y hace un enorme daño ecológico”
“considero que si bien el consumo de carne es un problema, dejar de hacerlo nos llevaría a otros problemas, como los transgénicos”
“creo que el vegetarianismo ya se volvió una postura postmodernista, con esta ola new age, y ahora las empresas se aprovechan de eso para hacer más dinero”
“es más caro vivir como vegetariano, ¿qué pasa con la gente que no tiene los recursos?”
“tú puedes ser vegano ahora, pero, ¿y todo el tiempo que fuiste carnívoro?, ¿tus zapatos son de cuero?”
“ser omnívoro es una decisión personal que refleja mi relación individual con el entorno, así como todo lo demás que hago”

Intervine, genuinamente avergonzado, explicando primero que no encontraba una mayor incongruencia en mi vida que el no ser capaz todavía de volverme vegano. Expliqué que había dos hechos innegables: primero, que consumir carne era inmoral debido a que cada que lo hacíamos intercambiábamos el dolor de un ser por el placer propio; segundo, que los estudios más recientes responsabilizan a la industria de la ganadería como la segunda causa del calentamiento global. Y sí, lo dije, que esos dos puntos no son discutibles y  eliminaban el subjetivismo excesivo en el que estaba cayendo el debate.
Las reacciones fueron variadas, la que menos me preocupó fue aquella que me llamó exagerado, porque no llevó de la mano ninguna argumentación. La que más me preocupó fue de una persona que en el escaso tiempo que llevo de conocerla se ha ganado mi respeto no sólo por su inteligencia sino por su sensatez. Su discurso decía más o menos lo siguiente: “No podemos ser tan tajantes ni dogmáticos, es conocido en filosofía que la lógica propositiva no es la forma adecuada de llegar a conclusiones porque no garantiza la verdad de las premisas, no podemos ser tan matemáticos descalificando todas las opiniones, y por supuesto que todo es discutible”.

Mi respuesta fue: “De acuerdo, todo es discutible, hoy se sigue discutiendo si el calentemiento global es causado por los humanos, es discutible si algunas mujeres de medio oriente deben ser lapidadas por haber visitado al ginecólogo, pero lo que debemos entender, es que vivir eternamente en la discusión sin tomar una postura firme nos lleva a la inacción colectiva, si no somos capaces de ponernos de acuerdo entre qué es lo correcto y lo incorrecto, no de manera dogmática sino como verdad temporal hasta que es desbancada por una nueva verdad, será imposible generar los programas, los proyectos, las políticas públicas para cambiar las cosas, si algo compartimos todos los que asistimos a este cinedebate es la percepción de que las cosas no están bien, que se requiere un cambio”.

Ante esto, no hubo una respuesta relevante. Es decir, se habló de las maneras, del respeto, de la tolerancia. Pero en mi opinión, hay una enorme diferencia entre eso y el relativismo individual en el que estamos cayendo.

No quiero ser malinterpretado como que hoy el quehacer filosófico es sumamente relevante en la realidad humana. Tristemente no lo creo, pero mi razón de vida para estar acá es tratar de cambiarlo. Y es que lo que sí creo, es que el lugar conceptual que ocupa la filosofía en la estructura del conocimiento humano, la responsabiliza de encontrar cada vez mejores maneras de entender la realidad. Y de ninguna manera quiero decir que no sea una responsabilidad también de, por ejemplo, la física, pero es a la filosofía y a sus ramas a quienes les ha tocado históricamente hacer esta labor transdisciplinaria de darle a cada una de las áreas la orientación respecto a qué metalíneas (si se me permite la expresión) de investigación son no sólo interesantes, sino las más relevantes. Yo no tengo duda que estamos en una crisis, y en mi opinión es la más grande a la que se ha enfrentado la especie humana, lo cual hace urgente que la filosofía retome e instrumente esa responsabilidad.

Mi preocupación del relativismo durante el debate no fue tanta, hasta que ví durante el coloquio que el mismo patrón había alcanzado también a mucha gente con doctorado, de distintas partes del país. No es la importancia individualista que yo le dé a un título académico, sino la influencia muy diferente que el sistema permite a estas personas en comparación con la que permite a los estudiantes de una licenciatura. Salvo escasas excepciones, el conocimiento y la brillantez mostrada durante el coloquio son dignos de resaltar, pero el ser tan ceremoniosos, el despliegue de egos y la indudable necesidad de networking con la finalidad de obtener presupuestos para sus distintos proyectos, son en mi opinión las principales causas de que en ninguna de las mesas en las que estuve presente haya sido posible cerrar los diferentes huecos que se abrieron llegando a conclusiones que hayan estado “listas” para de ahí generar planes tácticos. Y conste que no creo que esto se deba a lo abstracto del tema, porque ya en las mesas se habló de innovación, del método científico, de la tecnología, del papel actual de la epistemología, de los sistemas complejos, de la simulación, en fin, de temas que realmente pudieron ser aterrizados en agendas de trabajo. Cuando un doctor preguntó por la utilidad de la lógica difusa para el análisis de sistemas complejos, como los sociales, la respuesta fue negativa y… difusa; cuando pregunté por la posible efectividad del diseño de mecanismos, el conferencista “magistral” no estaba familiarizado con el tema, pero al menos le pareció interesante y dijo que leerá al respecto. Que conste que no estoy criticando el desconocimiento del conferencista, ya quisiera saber lo que sabe, es un doctor en física y fue muy enriquecedor que el coloquio fuera interdisciplinario, lo que digo es que las personas preocupadas por estos temas no parecen estar en contacto con teorías que tengan finalidades prácticas en la modificación de la realidad tangible. Sólo un plan táctico fue mencionado… a ver si les parece tan gracioso como a mí: una agenda de trabajo para la definición de temas que permitan crear una filosofía formal de la complejidad. Mastubación mental diría mi exjefe. A esa propuesta le siguió subirla a la red de CONACYT para acceder a recursos necesarios, “por si es necesario discutir algunos puntos en persona, ya saben, nosotros estamos en el DF”, creo que les gustó Guanajuato, más aún en Cervantino.

En resumen, eso provoca el relativismo, la inacción, o como en este caso, inacciones disfrazadas de acciones. Eternos debates. Y es que tomar una postura significa tomar riesgos y enfrentarnos a nuestra congruencia, pensar que todo es posible es mucho más cómodo y, en mi opinión, tiene un papel protagónico en la situación que enfrenta la humanidad.

Confesiones: El postmodernismo como adicción a la disidencia esnob.

Casi todo está mal. De verdad, “los números no mienten”.
Todo es criticable, sobre todo destructivamente.
Esta carne es perfecta con este vino, con este acid jazz, con este paisaje… con esta compañía la charla es exquisita, Dalí, Buñuel, Tarkovsky, Lynch.
No soy un hedonista, y si lo soy no es porque persigo este placer. Soy sólo un sobreviviente, y estos son los pequeños premios que merezco por sobrevivir.
De acuerdo, pero no soy materialista, en este mundo me tocó vivir, es afortunado que tenga los medios para acceder a estos pequeños placeres.
Bueno, nunca pretendí que mi posibilidad de acceder a estas ventajas provoque indirectamente que otros no puedan acceder a las mínimas.
El vino… el vino no es tan malo como la nicotina, mientras tomo no afecto a otros.
No, es que si tomo manejo mejor, al menos más lento. Es un problema que se resolvería si todos usáramos transporte público, claro, si hubiera uno realmente bueno.
Sé que la carne es la principal causa del calentamiento global, de muerte por problemas cardiacos y de maltrato animal pero, si yo dejo de comer carne nada de esto cambiará. Apoyaría una ley que prohibiera el consumo de carne.
¿Me estás diciendo que se vuelve ridícula mi crítica si soy parte del problema?, explícame cómo es posible dejar de serlo…
… sabes que mi mente está lista para encontrar decenas de rutas de salida que justifiquen mis placeres.
Sí, entiendo las ventajas de ahorrarme ese procesamiento y simplemente aceptarme como soy, aunque eso me haga concluir…
…no soy mejor que otros sólo por tener adicciones más sofisticadas.

Gobierno, S.A. de C.V.

Un día la gente de Gobierno, S.A. de C.V. llega a trabajar y se encuentra ante una realidad desoladora, no hay suficiente dinero para satisfacer las necesidades a las que se comprometieron con sus clientes.

Nadie ahí dentro sabe qué hacer, pero al más listo se le ocurre proponer contratar un servicio de consultoría.

Otro dice, pero tenemos que hacer licitación…

Un tercero grita desesperado, “¡no hay tiempo para eso!, ¡sólo llamemos a las primeras dos empresas que encontremos en la sección amarrilla, y a ver cuál nos convence más!”.

El jefe dice, de acuerdo, es buena la idea de Gonzalitos, a ver, tráiganme una sección amarilla.

La primera empresa que aparece se llama Consultores Profesionales, A.C., llaman y planean una cita para ese mismo día en la tarde.

Llega el consultor, entra a una especie de auditorio lujosamente adornado, lo acomodan en un podio y lo primero que hace es preguntarles de qué manera les puede ayudar, el jefe contesta:

–          Pues mire, el día de hoy llegamos y viendo los números nos dimos cuenta que de ninguna manera vamos a poder cumplir con lo que le prometimos a nuestros clientes con el presupuesto que tenemos.

–          Entiendo, pero para valorar más claramente la situación, me gustaría que aclarara, ¿cuáles son las consecuencias que vislumbra al no poder cumplir dichas promesas?

–          ¡Estarían descontentos! -responde apresuradamente Gonzalitos.

–          ¡Ya están descontentos! -menciona Pérez.

–          Bueno, supongo que podrían demandarnos… -menciona el licenciado Gutiérrez.

–          Ya veo, entonces ustedes tienen dos problemas, la forma en la que operan es tan cara que no les alcanza para satisfacer las necesidades mínimas de sus clientes y es tan mala que sus clientes están descontentos.

–          ¿Qué podemos hacer? -pregunta un por demás angustiado Gonzalitos.

–          Hay una forma de resolver los dos problemas, un rediseño de sus procesos puede hacer no sólo que se eliminen gastos innecesarios, sino que además se puede dar un mejor servicio a los clientes.

–          ¿Y qué necesitamos para eso? -pregunta Pérez.

–          Bien, pues, aparentemente son bastante burocráticos, en esta misma reunión veo a unos 500 altos funcionarios, varios dormidos, supongo que con un pequeño vistazo a su organigrama y una evaluación del desempeño muy ligera, nada más en sueldos de gente  de alto nivel que no agrega suficiente valor saldría el presupuesto suficiente para pagar un rediseño completo de su empresa…

–          No se diga más, eso es lo que se debe hacer –interrumpe Pérez.

–          ¡De ninguna manera! ¿Está usted insinuando que este HONORABLE consejo tiene a gente innecesaria?

Se desata entonces una discusión que ya no es posible entender para el consultor, después de treinta minutos, el jefe se para y con su voz autoritaria dice “¡Basta!”, luego voltea hacia el consultor diciendo:

–          Muchas gracias señor consultor, ¿cuánto le debemos?

–          Nada, la verdad es que yo también soy un cliente de ustedes, y bastante descontento. No les cobraré por esta hora de servicios, sólo le pido a este consejo…

–          ¡HONORABLE consejo! -señala un centenar de funcionarios a coro.

–          Sólo le pido a este honorable consejo que si deciden trabajar en este rediseño de su operación, consideren a mi organización para llevarlo a cabo.

–          Gracias señor consultor, puede retirarse. Por cierto, a la entrada se encontrará a otro consultor, pídale que pase por favor.

La segunda empresa a la que llamaron fue Patito Consultores, S.A. de C.V., la cita quedó una hora más tarde que la de los Consultores Profesionales.

Aparece en el auditorio el segundo consultor y el jefe le dice: “mire usted, hoy amanecimos con un problema, vimos todo lo que tenemos qué hacer para tener a nuestros clientes más o menos satisfechos, bueno, para no tenerlos descontentos, bueno, para que no nos demanden, y pues no lo podemos hacer”.

–          ¿Y eso por qué?

–          No tenemos suficiente dinero. -Responde un frustrado Pérez.

–          Entiendo, es un problema común, ¿se les ha ocurrido una solución?

–          A decir verdad, sólo se nos ocurrió llamarle a algún consultor, si usted nos da la solución que buscamos, estamos dispuestos a retribuirle… -Se apresura a decir el nervioso Gonzalitos.

–          Comprendo perfectamente… bien, pues la solución es sencilla, suban sus precios.

–          ¿Subir los precios? ¡Pero eso no les va a gustar a los clientes! -Dice Pérez.

–          ¡Déjelo terminar! -Increpa el jefe, mientras intenta acomodar su enorme trasero en el lujoso asiento principal.

–          Sin duda no les va a encantar, pero tampoco tienen alternativa… mire usted, ya han llegado en servicio al nivel más bajo posible, ya no hay más necesidades que no puedan satisfacer sin ser demandados, ahora les toca intentarlo por el lado de los precios, todavía les queda un rango que pueden exprimir sin que los clientes los demanden.

–          A mí me parece perfecto. -Se adelanta a decir un ahora optimista jefe.

–          Pero, ¿no podríamos reducir costos mejorando nuestros procesos? -Insiste Pérez.

–          Eso es complicadísimo, además, eso sería como aceptar que se están haciendo mal las cosas, eso no les conviene, lo único que mantiene a sus clientes, además de que son un monopolio, pues es la credibilidad que les queda debido a la inversión que realizan en publicidad.

–          No se diga más, ¿cuánto le debemos? – pregunta el jefe.

–          Considerando la cantidad de trabajo que les estoy ahorrando… más la devaluación… la inflación… lo caro de sus productos… deme, no sé… ¿cuánto gastan en publicidad en promedio al día?

–          9 millones de pesos -Responde el contador Godínez.

–          De acuerdo, pues a mí me parece razonable, finalmente, les hice el día, ¿no es así?

Un centenar suelta una carcajada y dice finalmente el Jefe:

–          Bastante justo señor consultor, entréguele su factura a la señorita Susana. Puede retirarse.

Luego, volteando hacia el auditorio dice:

–          Bueno, pues no sé qué opine este HONORABLE consejo, pero a mí me parece que ha sido un día bastante productivo, aún nos quedan meses de respiro para decidir en cuánto aumentamos los precios, así que me parece que podemos dar esta sesión por terminada.

Una alborotada respuesta afirmativa de la mayoría despierta a los dormidos y empiezan a salir del auditorio. Sólo uno se queda, pensativo, tratando de entender cuáles eran sus argumentos para pensar que podía mejorar las cosas cuando empezó todo esto. Ahora se siente ingenuo y humillado, envuelto en el circo más bizarro que jamás imaginó.

La antinaturaleza humana.

Hace poco hablaban unos colegas de cuál era una visión “más” o “menos” darwinista del desarrollo social. Mencionaban por ejemplo que la perspectiva Hegeliana de un progreso social se reflejaba a través de conflictos sociales, es decir, pasar del Absolutismo a la República tuvo un costo en sangre. Pero desde la perspectiva Hegeliana es una forma natural de sacrificio para que la evolución social implique progreso.

Se dijo entonces que esta visión de Hegel, adoptada posteriormente por Marx, es una perspectiva darwinista.

Fue entonces que recordé un artículo de Peter Singer llamado “A darwinian left” (posiblemente lo que leí sea sólo uno de los ensayos del libro del mismo nombre, que a su vez pertenece a un conjunto de libros llamado “Darwinism today”), pero no podía ubicar alguna parte del artículo que hiciera mención a esta forma de progreso, sino todo lo contrario, dicho artículo toma como ejemplo la teoría de juegos y el equilibrio de Nash para explicar que el progreso se irá dando en la medida que se vaya generando una especie de “confianza social” que facilite la colaboración entre los miembros. En la misma plática me enteré que dicha visión de Nash ha sido abanderada por los postmodernos.

Entonces me pregunté en qué estaba pensando Singer cuando con esto ejemplificaba una izquierda darwinista. Cuando volteamos a la naturaleza y observamos cómo la influencia de la naturaleza o de algunas especies (principalmente la humana) va eliminando a otras que no pueden o no dejamos adaptarse a las nuevas condiciones, queda claro que una perspectiva sociohistórica de los conflictos que eliminan regímenes e instituciones inadaptadas es darwinista.

Luego concluí que es antropocentrista llevar un efecto interespecies a la historia humana, no porque sea inadecuado metafóricamente sino porque todavía no tenemos los elementos suficientes para determinar que el comportamiento humano respete un enfoque “natural”. Por otro lado, en las especies no humanas, investigaciones relativamente recientes han demostrado que la supervivencia (evolución) está completamente basada en la cooperación. Efectivamente muchas especies cuentan con líderes, los cuales tienen “derechos especiales”, sin embargo se ha concluido que dichas diferenciaciones son adecuadas para la supervivencia de la especie.

Para ser mucho más claro, la perspectiva darwinista no tiene qué ver con la supervivencia de las reglas más aptas para la especie, sino que toda regla natural lleva de manera inherente el ser la más adecuada para asegurar por el mayor tiempo posible la existencia de la especie. Y si son necesarios los sacrificios individuales, simplemente ocurren, sin que alguien se detenga a pensar en justicia o en injusticia, simplemente lo calificamos de algo “natural de la especie”, y con esas cuatro palabras podemos dormir tranquilos. Está claro que los genes de los individuos más fuertes son aquellos que tenderán a perdurar. Así que la justicia o injusticia recaería exclusivamente en quien les haya dado genes más o menos fuertes…

La sociedad históricamente no ha reflejado esto, las reglas han ido cambiando, se han ido adaptando pero siempre han cargado consigo un retraso respecto al momento que las necesitó. Pienso que esto se debe, principalmente, a que el pensamiento humano está muy desviado de la perspectiva natural.

En la naturaleza los recursos se reconocen escasos por definición, por lo que todas sus reglas tenderán al mayor aprovechamiento de los mismos.

Tal vez sobre decir que la filosofía del capitalismo está claramente enfocada al desperdicio. Cuando veo lo que para esta sociedad significa la palabra éxito, me es muy claro que vamos en sentido contrario.

“Hija, sírvele de comer a tus hermanos”.

Comentario a “En este mundo, y sobre todo en este país […]”.

“Hija, sírvele de comer a tus hermanos”.

Sin decir que tenga qué ser de ese modo, en México es aún muy claro cómo la crianza de los hijos e hijas depende en mucho mayor medida de las mamás.

Son las mamás tradicionales las que educan a sus hijos e hijas con premisas de que es la mujer quien se debe de dar a las tareas domésticas, así como encontrarse, eventualmente, un marido que las mantenga.

En pleno siglo 21 vemos porcentajes de miedo de mujeres que sólo van a la universidad a conseguir marido, y eso se refleja en las cifras de mujeres que no ejercen su carrera o que al momento de casarse dejan su fuente de independencia económica (su trabajo).

Y eso es en la parte educada de nuestra sociedad, eso es en el pequeño porcentaje de mujeres que estudia una carrera, imagínense entre la enorme masa que sólo termina el bachillerato, imagínense las que sólo terminan la secundaria o la primaria.

El problema con las mujeres no es de recursos en primera instancia (como todos los problemas de este país); es plenamente cultural, y las madres en México tienen la importantísima tarea de evolucionar hacia la igualdad, porque hasta ahora han sido, en mi opinión, las principales precursoras del machismo. El costo de que la mayoría de ellas evolucionen es comenzar por la aceptación de que pudieron ser independientes, pero eligieron ser empleadas domésticas del marido, por eso es tan difícil este proceso. (Y todas aquellas que se parten el lomo tanto o más que el marido y todavía llegan a hacerle la cena…).
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Bueno, eso fue lo que escribí aquella ocasión, poco tiempo después estuve en el ITESM en una plática con un filósofo francés (calificado de posmoderno), Gilles Lipovetsky quien ha hecho trabajos sociológicos explicando la evolución de la mujer, habla de la primera, la segunda y la tercer mujer. No quisiera extenderme demasiado explicando cada una, en resumen la primer mujer es considerada por sí misma y quienes la rodean como un ser inferior al hombre, algo intermedio entre animal y persona; la segunda mujer vive en función a su familia como motor de ésta pero también como principal dependiente de ella; la tercer mujer disfruta ser independiente, pero invierte muchos recursos en obtener elementos tradicionalmente femeninos para resaltar competitivamente frente a otras mujeres y salir adelante en su vida laboral y amorosa.

Ese elemento de la tercer mujer y otro comentario que hizo respecto a que el consumo ya no determinaba la clase social de las personas, me hizo saber que el hombre hablaba de una realidad si no francesa, al menos europea, porque analizando al ancho de población de mujeres en México para mi es bastante claro que siguen siendo una segunda mujer en transición y el haber conocido de cerca cuando menos los tres estratos sociales (económicos) más claros en México también me doy cuenta que los hábitos de consumo son un importante diferenciador; pero eso lo ahondaré en otro post.

Como en las series cómicas.

De seguro alguien ha visto alguna vez en los Simpsons o en Friends o cualquier serie entre una y la otra que cada cierto tiempo hacen un programa en el que utilizan escenas de programas pasados. Tal vez para permitirles descanso a los escritores, y al resto del personal; bueno pues voy a hacer algo similar ya que mi mente ha estado ocupada en muchas cosas y eso me ha impedido escribir.

En este transcurso de tiempo que no he escrito una buena amiga creó su blog, escribió algunos posts muy chidos y decidí darle algunos comentarios, les comparto dichos comentarios, y si quieren ver su blog, clic aquí. Por espacio será un comentario por post; también incluiré en otro post una respuesta a una “Yahoo! answers”.

Comentario a “Existir“.

Mucha gente me considera nihilista; incluso mucha gente que no entiende el término me considera nihilista. Hace poco me dí cuenta que entre el nihilismo y el hedonismo hay una línea mucho más delgada de lo que cualquiera creería. Cargo sin duda la parte decadente que se percata de que el sistema en el que vivimos es insostenible y autodestructivo; pero no hay nada que me dé mayor placer que darme cuenta de ello. Entender lo jodidos que estamos me llena personalmente de orgullo, tener una respuesta obvia en términos lógicos para resolver algo y que casi todos la consideren radical, siempre consigue dibujarme una sonrisa.

El placer de la mayoría de las personas (me pasa también de manera cíclica) está en el no preocuparse, viviendo en la tan mentada zona de comfort, que por definición se mueve en la superficie para no enfrentar los problemas de fondo.

En los espacios que por una razón u otra consigo salir de mi zona de comfort encuentro más placer que en la cotidianidad invulnerable.

No pertenezco a una ONG, ni a un partido político, cualquiera podría decir que a pesar de que me doy cuenta de los problemas no hago nada por resolverlos… la verdad soy más nihilista que huevón, ver los problemas y platicarlos en el blog me es suficiente. Y si alguna lectora o lector se inspira a salir de la burbuja y encontrar ese placer de salir de la zona de comfort con ayuda de lo que escribo, ya hice mi buena acción del día.

Los nuevos artefactos de poder.

Nunca había dejado tan olvidado el blog, ya estoy de regreso aunque sé que no escribiré tan seguido como al principio.

Bueno… pues resulta que hace ya varios años fui a misa, después de otros muchos años de no ir. Fue una misa católica y mi visión de lo que ocurría ahí dentro me pareció muy interesante. Si tienen cable busquen algún programa de History, Discovery o National Geographic Channel; encuentren alguno que se pueda referir a rituales antiguos. Lo que se podrían encontrar son adoraciones a estatuas de oro, danzas alrededor de fogatas y cánticos tribales. Mi imagen de la misa no fue nada diferente a eso y recuerdo haberme preguntado “¿Cuál es la diferencia?, ¿Cómo ésta religión es menos primitiva que las ancestrales?”.

La sociedad ha avanzado a través de campos como la ciencia y la tecnología, ha avanzado en términos de conocimiento teórico y aplicado, una gran cantidad de mentes se han ido abriendo en torno a temas antes descalificados por mera ignorancia, sin embargo, muchas de las prácticas continúan siendo primitivas, basadas en prejuicios o paradigmas equivocados y tienen una influencia determinante en nuestra vida diaria.

El Marxismo propone una hipótesis que llama “falsa conciencia“, con la cual el Capitalismo pretende “distraer” de su “verdadera naturaleza”, al “proletariado“. Originalmente era material directamente institucional, ahora lo interpreta Theodor Adorno (sic) de manera acertada como arte de mal gusto o Kitsch, que es como un reflejo o una muestra, pero no tiene las características de innovación y coherencia del verdadero arte. Un ejemplo en este sentido sería la música y el cine comercial, que es la repetición de fórmulas probadas para tener un efecto masivo exitoso.

A estos distractores yo agregaria el paradigma de la imagen exitosa con la cual se pretende alinear a las personas hacia el sueño americano, al menos en este pedazo del mundo; el sueño americano incluye (algo cercano a) tener un título universitario, ser bueno en un deporte (para los hombres), ser físicamente agradable (más para las mujeres), ser nacionalista, religioso moderado, casarse, tener una casa propia, un auto deportivo para el esposo y una Van para la esposa, dos hijos (un niño y una niña) y un perro de raza.

La Mercadotecnia en particular, toma este modelo de referencia y lo vende; en cada una de las etapas del sueño americano habrá lineamientos para que se vayan cumpliendo cada uno de esos “logros”.

En la antigüedad un chamán podría tener, por ejemplo, una serie de collares, algunos con colmillos o cráneos de animales, cada uno de esos artefactos le daba un poder en particular que lo hacían sentirse más seguro de sí mismo al realizar sus complejas tareas y que le daban un estatus de respeto a simple vista para el resto de la comunidad. Báculos, anillos, coronas, cetros, reliquias, pañuelos de la amada y símbolos religiosos como atuendo serían otros buenos ejemplos de artefactos mágicos de otras épocas.

Ahora un consultor, un abogado corporativo o cualquier ejecutivo de alto nivel, típicamente requiere llegar con un traje caro, un reloj más caro, un celular de última generación y un auto que por lo menos debe ser importado, todo eléctrico, tener asientos de piel y claro, de una antigüedad no mayor a tres años (a menos que sea coleccionista, por supuesto). Todos estos nuevos artefactos de poder infunden en él una seguridad de que va o ha llegado por buen camino al éxito, y para las demás personas, simples mortales, además de la posible envidia inherente, se convierte en una figura de mayor respeto que la generalidad.

Estos artefactos de poder tienen un costo, llamémosle inversión, que dará beneficios tangibles al portador y lo diferenciará del resto. No importa si la constitución dice que todos los mexicanos somos iguales, la verdad es que el poder de estos artefactos supera a cualquier ley escrita.

Otro artefacto curioso, aunque me lleva a un tema muy largo, es el anillo de poder: el de compromiso. No tiene la capacidad de desaparecerte ni atrae el mal… bueno, a veces sí… pero ese no es el punto. El punto es que ese anillo de poder hace que antes de la boda la hembra sea oficialmente elegida y apartada por el macho, ella (o la mayoría de ellas) siente a su vez, a través del poder del diamante (falso o verdadero), que el punto más delicado de su vida ha sido resuelto. Dicho artefacto tiene el poder de tranquilizarlas en muchas de sus inseguridades, les da la paciencia de esperar el matrimonio por un tiempo que antes hubiera parecido intolerable y a veces hasta compra una fidelidad antes inexistente… claro, por tiempo limitado.

Muchas de nuestras prácticas sociales son claramente primitivas y ejercen una mayor atracción hacia la ignorancia de las antiguas tribus y civilizaciones que hacia el desarrollo de la ciencia y la tecnología. Desde que cada persona nace, al menos en esta zona del mundo, la inconsciencia colectiva siembra en ella conceptos de competitividad, egoísmo y desigualdad; por el contrario, una alineación hacia la complementación de esfuerzos generaría un mayor desarrollo en todos los ámbitos productivos… pero esa no es la finalidad de estar vivos, ¿cierto?, el saborcito lo encontramos en el drama, la magia, el misticismo, el ritualismo; y sin duda en un contexto democrático; ¿qué cree la mayoría que es éxito? ah, pues eso debe ser… pienso que en un ámbito de oportunidades desiguales, conceptos como el éxito, sólo pueden ser subjetivos.

Personas morales light.

Hace algunos años, cuando visitaba a un amigo en Guadalajara, una actividad que invariablemente hacíamos era visitar la librería Gandhi, ya que en mi ciudad no había. Pasábamos un par de horas, yo siempre como niño en dulcería, no sólo por los libros, sino por las películas. Hace algunos meses cambié mi ciudad de residencia justo cuando llegó la Gandhi a ella. Afortunadamente en la ciudad en que vivo ahora, también hay y el fin de semana pasado fui con otro amigo.

Mi primer decisión de compra, y sencilla, fue Shichinin No Samurai, porque es un clásico y siempre la había visto mucho más cara de lo que la conseguí. Mi segunda decisión fue The Corporation, un documental que anunciaba falsamente ser de Michael Moore y que me decepcionó mucho. Mi tercer decisión fue, Wilbur Wants to Kill Himself, una comedia negra/drama muy interesante que vi hace mucho en un festival de cine. Además mi amigo llevó Acid House, basada en una novela del mismo escritor de Trainspotting; y Dune de David Lynch (interesantísima por cierto), ya se imaginarán nuestro productivo fin de semana.

The Corporation es un documental que critica severamente a las grandes empresas. El planteamiento es; hace ya muchos años que a estas empresas se les dió el papel legal de “personas”, por ejemplo en México las conocemos como “personas morales“. De manera creativa en comparación al desarrollo general (nefasto), comienzan a desarrollar un perfil psicológico de ciertas corporaciones, partiendo de que son “personas”. Las encuentran irresponsables, mentirosas, con problemas para comprometerse, excesivamente ambiciosas y hasta genocidas.

Creo que, al analizar sólo una cara de la moneda, en prácticamente cualquier tema, sólo vas a encontrar cosas que favorezcan el sentido de tu búsqueda. Pero vamos a pensar en algún “avatar del bien” que sea difícil de encontrarle un aspecto negativo… digamos un monje Zen.

Ahora digamos que partiendo de que las corporaciones son personas, las convirtiéramos a todas ellas en monjes Zen… no tendríamos algo llamado mercado, ni algo llamado tecnología, ni algo llamado empresa por principio de cuentas… el concepto de economía sería algo medio surreal también.

¿Es posible remontar nuestra cotidianidad a un entorno en que el poder esté en manos de monjes Zen? no, difícilmente se me puede ocurrir algo más utópico. Si mañana todos despertáramos en el sendero de la iluminación encontrando la felicidad efímera y eterna al mismo tiempo en cada una de nuestras limitantes haciéndolas desaparecer a su vez, sería maravilloso, pero tenemos el impedimento cultural de cientos de generaciones que han optado por la ambición y el desarollo primero individual, luego de sus seres queridos y finalmente de su versión limitada de “comunidad”.

¿Significa que está mal? en absoluto, porque es el camino realista, desgraciadamente termina obligándonos a competir, y al final el problema que percibo es la incapacidad de muchos de encontrar un límite satisfactor.

Hace ya varios años fui a dar una plática a un campus del Tec de Monterrey, a algunos alumnos de preparatoria que estaban a punto de vivir la experiencia del servicio social. Un amigo (quien por cierto es teólogo y nos aventábamos unas discusiones de religión muy interesantes) me pidió que les platicara de la “cultura light”, ya que los veía muy desmotivados respecto al servicio social y él lo estaba coordinando.

Mi estrategia fue repartir a algunos de ellos (a 54, con jokers) un mazo de cartas inglesas. No les expliqué en un inicio para qué eran y les comencé a hablar de lo que podía significar el servicio social, les expliqué que la “cultura light” era un comportamiento superficial y desinteresado que limitaba el desarrollo personal. Los invité a hablar en cualquier momento y les decía “muéstrame qué carta te tocó”, “una reina”, “ah muy bien, imagínense que como la compañera tiene una reina puede opinar, pero que quienes tuvieran algo menor al Jack no pudieran”. A la mayoría no les gustó la idea por supuesto y entonces les expliqué que en realidad así es como funcionaba el mundo. Les dije que no todas las personas tienen las mismas oportunidades y que con el sólo hecho de estudiar preparatoria, en una escuela como el Tec de Monterrey, significaba que al nacer les había tocado algo así como un Rey. Con el tono más fresa que he oído en mi vida, un muchacho me preguntó “¿y tenemos la culpa de haber nacido con un Rey?, ¿somos malos por eso?”. Le expliqué que por supuesto no, pero que la “cultura light” podía provocar que su visión se redujera a dos números, el Rey y el As, y que prácticas como el servicio social podían extender su visión hacia el resto de las cartas, y que tener una visión más amplia era fundamental para desarrollarnos más integralmente.

Poco a poco hubo más apertura y empezaron a entender el concepto. La vida en general y la Microeconomía en particular pueden resultar extremadamente complejos, el sistema socialista ha requerido ser opresor para desarrollarse, y poco a poco han ido cayendo al capitalismo los países de raíces comunistas. El capitalismo, como lo conocemos, difícilmente será eternamente sostenible porque la excesiva riqueza de pocos tiene un reflejo en la extrema pobreza de muchos. Todos los humanos somos iguales en términos de concepto, pero la verdad es que pocos tenemos mucho más oportunidades que la mayoría. ¿Cuál es entonces la tercer vía?, sentarnos a criticar a las corporaciones sin hacer una propuesta no lo es, criticar la opresión del socialismo, del fascismo y hasta del absolutismo, tampoco resuelve nada.

La verdadera tercera vía (en términos históricos ya estamos viviendo una) tendría qué ser promovida por la gente que tiene el poder para que pueda surtir efecto, pero ellos están siendo directamente beneficiados por el esquema actual, difícilmente querrán un cambio verdaderamente significativo. La única respuesta viable parece entonces que debe venir de aquellos que aún no hemos sido corruptos por el poder (o por la cultura o por lo que sea) y que de alguna manera podríamos acceder a él. Pareciera que entonces todos los que no hemos optado por ser parte de la “cultura light” tenemos una responsabilidad latente, que casi siempre hacemos a un lado porque ya tenemos suficientes cosas en qué pensar respecto a nuestra propia vida. Si decidimos no incidir deberemos esperar a ver cómo lo resuelve alguien más o cómo llega a ser insostenible (qué efectos sociales arrastrará).