Archive for the ‘Surrealismo’ Category

The Lobster: ha comenzado la cuarta temporada de Black Mirror

– I am not yours to save.
– But you are.
– What?
– You are my lobster.
Rachel y Ross.

Hace mucho que una película no conseguía malviajarme. La anterior fue, probablemente, Antichrist de Von Trier que, discúlpenme, hay que tener una obsesión con la correctud (o como se traduzca correctness) política para encontrarla misógina (es lo mismo con sus #OscarsSoWhite, ¿de verdad el jurado tenía que haber elegido a cualquier persona de otra raza, sólo por su raza, para prevenir esta polémica?, ¿quién está siendo más racista?).

Definitivamente, que una película me malviaje no me parece malo, es un cumplido, lo veo como un verdadero mérito: sólo una película que considero genial sería capaz de malviajarme. The Lobster es genial, aunque no puedo dejar de pensar que se trata de un episodio extendido de Black Mirror. Y ahí se inserta un segundo malviaje: ¿será que está en peligro el cine frente a las series? Llámenme paranoico, pero cada vez veo mejores series y menos buen cine. Lo asigno a nuestra incapacidad de tener la atención en una sola cosa por una cantidad de tiempo considerable.

Creo que internet ha venido a cambiar nuestra concepción y percepción del tiempo (no es ninguna idea original ni mucho menos, pueden verla por ejemplo en Comunicación y poder, de Castells). Y la ha cambiado a tal grado que ahora nos tiramos a ver Netflix y lo que sea que veamos sólo gozará de nuestra atención en los lapsos entre los que recibimos comentarios en Facebook o mensajes en Whatsapp. Parece que hubiera un “flujo de atención” (en el sentido de un flujo de efectivo), en el cuál sólo podemos “gastar” cierta cantidad de atención proporcional a la cantidad de atención que recibimos. Por eso también descubro que es más fácil ver películas en compañía de alguien: hay un flujo permanente de un mínimo de atención. No importa, asumo que estoy generalizando de manera grosera.

Pero esto me lleva a pensar que va siendo mucho más fácil (no) comprometerse con una serie que con una película. Black Mirror es mi serie favorita (y además dicta el modo en que hay que ver la segunda temporada de True Detective, mi siguiente serie favorita: no intentaban hacer lo mismo que con la primera temporada, es otra cosa y me resultó igualmente genial, Black Mirror nos enseñó a ver una misma temática, muy general y abstracta, de manera discontinua, desde distintos lentes).

El cine de Hollywood (que es el que llega a las salas de cine y dura, que es el más fácil de ver, del que más fácilmente se entera la mayoría, en México) se ha convertido primordialmente en una fábrica de remakes (o de adaptaciones de cómic). Mad Max ha sido alabada por gente que considero tiene buen criterio para el cine… para mí es el colmo del remake: no sólo se trata de hacer un concepto que ya se hizo, hay que hacerlo dos veces en la misma película. Me asombró que a media película los personajes se encuentren tan convencidos de que su única alternativa es dar la vuelta y repetir el periplo. Me pregunto si fue el mismo dead end en el que se hallaron los guionistas. Mad Max es una película estridente, con sus excesos de ruido quiere opacar el hecho de que no tiene ninguna historia que contar, no hay ninguna profundidad, está todo dado, es muy plano.

Y no me hagan empezar con la última de Star Wars (¿se habrá hecho, en la historia del cine, un chantaje emocional más masivo?, ¿cuán estúpidos creen (saben) que somos?, mucho, evidentemente, ahí están los récords de taquilla, yo mismo la fui a ver dos veces al cine, pero el asunto de la inevitable incongruencia lo tocaré al final).

No importa, The Lobster es genial. No le quito nada diciendo que pudo ser un episodio de Black Mirror, puesto que esta historia no podía ser contada en una hora. Es sumamente compleja y apenas tengo la impresión de que arañé metáforas muy elementales. Así que hablaré de lo obvio, si no la han visto, dejen de leer.

Es una distopía, por supuesto, pero de una pureza notable: es de hecho una utopía, pero se trata de gente (me refiero a los guionistas, al director) que por fin comprendió que no existe utopía sin distopía, más aún, que cuando una utopía se vuelve realizable, sólo se materializa como distopía, la utopía flota en una especie de dimensión inmaterial, en el instante en que aterriza es necesariamente una distopía; hoy vivimos, me parece, la distopía de los ideales de la revolución francesa, por ejemplo.

Entonces es un discurso muy simple: el amor todo lo vence, no vale la pena vivir sin amor, alguien que es incapaz de amar ha perdido su humanidad, el verdadero amor es absolutamente sincero, siempre habrá alguien dispuesto a amarte y alguien a quien podrás amar, etc. De lo que se trata es de constituir una sociedad amorosa. Con un pequeño detalle, el amor lo entendemos de una sola manera: es monógamo y tiene que ser siempre funcional, si algo empieza a fallar haremos de todo para resolverlo, si no se resuelve habrá que disuadirlo de inmediato y enmendar el problema cuanto antes, es decir, hallar pronto a la verdadera pareja perfecta. Para ello cada ciudadano cuenta con todo el respaldo institucional.

Todo esto en la complejidad de que el amor es productivo: evidentemente se trata de un dispositivo de poder. La realidad urbana está hecha para las parejas, para que siempre estén juntas, bajo esa premisa operan los medios de producción y las formas de intercambio. No vivir en pareja tiene el costo (a la vez psíquico y económico) de enfrentar a la resistencia, quienes creen que el discurso hegemónico está completamente equivocado, y en tanto la equivocación es absoluta, hay que negarlo con el mismo totalitarismo: de lo que se trata es de estar solos, de no amar a nadie.

¿No es esta nuestra realidad?, ¿no son estas las discusiones de todos los días?, en FB es muy evidente: “eres un imbécil, la verdad es esta… no, tú eres el imbécil, la verdad es esta otra”. Listo, tenemos a un par de personas compartiendo la misma imbecilidad: creer que ellos tienen la verdad, que no hay nada que se se les escape, que no existe una tercera realidad concebible (en parte, porque efectivamente muchas veces es inconcebible).

Ya estamos ahí de tantos modos (tal es su parecido con Black Mirror), la mayoría de la gente parece creer que hay una sola forma de amar, que la familia es lo más importante y hay un solo modo de formarla (¿no es pues, el colmo, que la banda LGBT[ETC] quiera casarse y adoptar?, ¿que quieran replicar las instituciones que se fundaron precisamente para no darles cabida?, ¿para negar toda evidencia de su sola existencia y enrarecerlos, hacerlos anormales, enfermos o traumados?, ¿por qué no marchan para modificar las leyes específicas que hoy benefician a los casados y a ellos no? No se preocupen, al Estado y al Capital les urge que se puedan casar y adoptar, pronto escucharán su súplica y se enfrentarán, igual que cualquier heterosexual, a complicados trámites de divorcio y patria potestad, lo único que está deteniendo a estas leyes es la bendición de la otra mitad de imbéciles).

Cuando pretendía hablar de la complejidad de The Lobster con una amiga, me sugirió (todavía no sé en qué sentido) la frase que usé como epígrafe. Queriéndolo o no, dio en el clavo: The Lobster cuenta precisamente la historia de cómo sería un totalitarismo fundado en los valores que nos han heredado series como Friends.

-¿Te gustan los hombres o las mujeres?

-¿Me puede anotar como bisexual?

-No, hace un mes quitamos esa opción.

La institución se vuelve más eficiente, si admite una verdad en la que quepan los bisexuales, ¿cómo concebirían la monogamia, el matrimonio fiel?, desde su perspectiva sólo hay dos sexos, y si te gustan ambos, ¿cómo vives sin disfrutar de una vagina o de un pene?, tienes que elegir desde el principio: homosexual o heterosexual. ¿Prefieres estar solo?, entonces no eres humano y haremos de tu inhumanidad una realidad efectiva.

-¿Por qué una langosta?

-He escuchado que viven mucho tiempo, y tienen un solo amor en su vida.

Sí, lo mismo explicaba Phoebe. Y en ese discurso hegemónico (da igual, Friends o The Lobster), nadie se pregunta lo que resulta tan evidente y a la vez nadie parece ver: ¿por qué demonios querrías vivir mucho estando con una sola persona?

Si me afectó tanto es porque me recordó a esa zona ambigua a la que uno se enfrenta todos los días cuando pretende ser “anti-sistema” [inserte el nombre revolucionario o resistente que mejor le plazca, pues justo aquí empieza la gran ambigüedad de la que hablo]. Es decir, hay básicamente dos opciones, ¿no?, o vives del lado de la gente que piensa fundamentalmente igual (viva la democracia, el éxito es poder comprar más cosas, el amor verdadero es monógamo y parasiempre, Dios escucha mis plegarias, el cambio está en uno…). Y la otra opción es ser crítico (no que no haya un montón de grises en esto, pero intento ser esquemático). Peeeero, si eres crítico de lo hegemónico, no por eso deja de serlo, y lo hegemónico se vuelve fundante de una realidad material que opera. ¿Es lo único fundante? NO. Pero a ver, si no crees que el capitalismo sea el modelo económico más conveniente, deja de consumir.

Primer problema: la ambigüedad que supone la imposibilidad misma de ser congruente para un ‘anti-sistema’. ¿Quién puede ser congruente? El que está perfectamente de acuerdo con el discurso hegemónico. Comúnmente es alguien que ha nacido con muchos privilegios o que de otros modos ha tenido mucha suerte (no que no trabajen duro y toda esa mierda, basta mirar de cerca a quienes recogen la basura para darse cuenta de que trabajar duro no basta, es estúpido tener que explicar esto, tampoco se trata simplemente de ser muy listo: se trata de tener mucha suerte, además ser relativamente listo, además tener cierta devoción por el trabajo y además, pero sobre todo, comprar de contado esta ideología del éxito).

Entonces este primer problema presenta las dos caras, hay de hecho dos ambigüedades que además comúnmente se mezclan: o admites con cierta incomodidad (con cierta culpa, caray) tu incongruencia, o niegas lo más posible tus incongruencias y vives una mentira (que es la escena en la que el tipo gordo dice “mátenla a ella, ella no podría vivir sin mí, yo sí puedo vivir sin ella”). Es un tanto desgastante vivir con este primer problema, pero si el único modo de ser congruente es suscribir el modo operante de las cosas, asumo la ambigüedad de la incongruencia y prefiero, en lo posible, no hacer de mi vida una mentira para dar el ejemplo, para no decepcionar a alguien o cualquiera de esas mierdas.

Segundo problema: la realidad como está organizada limita materialmente las alternativas. No me refiero sólo a lo obvio: no crees en la democracia pero sólo puedes votar o no votar, y lo segundo no cambia el modelo. Me refiero a algo mucho más profundo y preocupante: el modo en el que sentimos (y en el sentido más amplio), está parcialmente determinado por la realidad como se ha venido configurando a través de los discursos hegemónicos, durante siglos (yo detecto algunas cosas que llevan milenios).

Entonces puedo decir “soy polígamo” a una pareja sexual y esta pareja muy bien puede decir “ok, chido por ti” o incluso “yo también”, pero semejante declaración ideológica en absoluto es garantía de que efectivamente vaya a funcionar bien para ambas partes (y las que faltan), lidiar con la poligamia efectiva. En otras palabras, no basta la honestidad acompañada de buenas intenciones, somos mucho menos libres de lo que creemos, en este sentido. Se necesita de cierta flexibilidad y apertura para sobrellevar esta ambigüedad sin empezar a ver al otro, o a uno mismo, como “el malo” o “el culpable”.

Tercer problema: la configuración de relaciones “anti-sistema”, la posibilidad de establecer bloques organizados que no respondan a directrices totalitarias. En la película, contra ese amor totalitario se pretende un individualismo: está permitido masturbarte pero no coger, si allá estás solo te convierten en animal, pero aquí somos justos, claro que si aquí te besas con alguien te torturamos.

Veo videos sobre las tan alabadas resistentes kurdas y encuentro que están en el mismo marco disciplinario que sus enemigos de ISIS. ¿Es posible un ejército sin disciplina? El problema (el que trato de hacer notar) no es si sería posible, sino que ahora NO ES PENSABLE, no resulta fácilmente concebible (he ahí la importancia de la teoría, diría Žižek). ¿Cómo nos relacionamos los críticos de lo totalitario sin caer en totalitarismos? Al no hacerlo, evidentemente, sacrificamos efectividad, pues en el entorno en el que estamos hemos aprendido de la efectividad de lo totalitario. Por eso casi todas las iniciativas genuinamente anarquistas terminan (y también comienzan) siendo percibidas como ingenuas.

En fin, espero que les haya malviajado tanto como a mí.

Hoy…

Hoy es un día excepcional, no magnífico, sólo diferente. Hoy el lenguaje poético toma completo sentido en mi consciente. Los silogismos se vuelven meros juegos de palabras, mis principios se vuelven secundarios y lo ornamental se transforma en un metalenguaje.

Hoy me doy cuenta que llevo más de una década siendo insignificante porque no he cargado con mi significado, y no me refiero a una definición, porque hoy no soy un concepto, quizás lo sea para los dioses o los multiversos pero hoy no para los sociólogos, los filósofos ni los políticos, es muy posible que mañana lo sea, pero hoy no.

Porque hoy poseo la verdad y es esperanzadora, y es por lo mismo patética, hoy tengo a la verdad de la misma manera que tengo a mi televisión, en un mundo que va cínicamente en sentido contrario, mi televisión me posee tanto como mi verdad.

Y es que hoy lo inexplicable es preciso y lo abstracto es claro, como el ruido es relajante y el murmullo intolerable.

Hoy mis respuestas son sensaciones y no explicaciones, son recuerdos vividos no conceptos leídos, hoy no concibo lo abstracto, hoy soy una secreción de lo abstracto en sí mismo.

Hoy vivo más en el pasado que en un presente escurridizo y escencialmente inexistente, hoy es más real el recuerdo inventado y el sueño provocado y el trance alucinado que el latir de mis entrañas ante mi paso acelerado por el parque.

Hoy sé lo que digo y presiento que mañana no sabré a qué demonios me refería. Me quedo con eso, no voy a dejarme pistas, hoy no voy a justificarme, hoy me permitiré escupirlo.

Hoy me quitaré por un momento la armadura y la colgaré lo más lejos que pueda, con la ilusión de mañana olvidar ponerla en su lugar, de mañana sentirme ligero y fluir. Que de una vez por todas me deje de pelear conmigo mismo.

Hoy estoy en trance y el arte es mi lenguaje nativo, hoy entiendo por qué Lynch prefiere no explicar su obra, visualizo claramente que Jodorowsky es coloquial, que Baudelaire es mi más precisa definición de poesía y que Borges es el humano más brillante que ha pasado por mi juicio. Hoy cualquier pensador, científico o tecnócrata me parece sutilmente inexistente si en su vida fue incapaz de rozar el arte.

Hoy “sutilmente inexistente” es la más grande ofensa que puedo concebir. Pero hoy la ofensa no pretende ofender sino inspirar.

Hoy entiendo finalmente que la inspiración no construye al artista, que las musas son mitológicas, que lo requerido es dominar ese metalenguaje y luego ser capaz de traducirlo a algún idioma con la técnica que más le acomode al intérprete para que apenas con un ápice de entendimiento los espectadores insignificantes pongamos una pieza más en nuestro rompecabezas.

Hoy parece que la imagen de mi rompecabezas es un sinsentido inherente a la vida porque sólo entiendo más en la medida que acepto mi ignorancia.

De Jodorowsky a Aronofsky.

Así como el año pasado mi película favorita fue Babel y representó (obviamente desde mi punto de vista) la consolidación del cine de este subgénero de las historias separadas en espacio y/o tiempo y que de alguna manera se conectan; este año, bueno, específicamente, esta semana, me ha tocado ver dos películas que parece que traen de regreso el cine surrealista.

Jodorowsky en El Topo hace un esfuerzo extraordinario por disparar decenas de mensajes diferentes a la audiencia, olvidándose de sutilezas, de manera ecléctica y saturada de escenas punzantes para agitar a las mentes más frías y calculadoras. Jodorowsky representa para mí, en el cine, el extremo del surrealismo, siendo el centro posiblemente Buñuel. Aronofsky estaría en el extremo contrario. Hace pocos días vi The Fountain esperando ver algo de la calidad de Requiem for a Dream. Son películas muy diferentes, en The Fountain mantiene la calidad visual de Requiem (aunque sin la misma calidad de música), pero es una historia que se preocupa por asuntos de mayor profundidad.

El surrealismo es claro y a la vez sutil, la historia es contada de manera ingeniosa de tal suerte que toma de los hombros al protagonista y lo agita violentamente inyectando de manera precisa el mensaje en la mente del espectador más distraído, un mensaje de vida eterna, sin pretender que esto suene evangélico, aunque si algo tienen en común El Topo y The Fountain es la referencia continua al budismo Zen.

Bueno, pues cuando la vi sólo pensé que quién mejor que Aronofsky para hablar en un idioma surrealista contemporáneo (que parecía monopolizado por David Lynch), mayor fue mi sorpresa cuando vi, con mucho menor expectativa Stranger than Fiction.

Hay varias formas de contar el humor negro en cine, está por ejemplo el humor inglés como en Snatch, el humor negro hollywoodense como en Very Bad Things, el humor negro de terror como en Dawn of the DeadShaun of the Dead es humor inglés burlándose de ella, muy recomendable). Pues lo que vi en Stranger than Fiction fue humor negro de muy buena calidad contado de manera surrealista. (

Con un muy buen reparto que incluye a Dustin Huffman, Emma Thompson, Will Ferrell (sí, el de SNL, pero tambíen el de Melinda and Melinda) y Maggie Gyllenhaal, entre otros; Marc Forster dirige una historia sumamente creativa que al final decae por la gran promesa incumplida, el argumento hasta tres cuartos de la película genera tal expectativa que me parece era imposible cumplir bajo ese contexto.

La agradable sorpresa fueron las excelentes actuaciones, de nuevo el excelente mensaje (que por cierto se relaciona también con la muerte) y los sentimientos que transmite al espectador. Y como cereza del pastel (o del helado, lo que les guste más) algunas críticas sutiles al cine comercial que me generaron muchas sonrisas.

Muy recomendables las dos, ansío ver la película que en tres o cuatro años consolide esta tendencia de regreso al surrealismo que parece ir a la alza, si es que tengo razón.

El Topo.

Ayer vi, después de una larga espera, una película de Jodorowsky. El Topo fue la segunda que dirigió, la que más le han aclamado, dicen que John Lennon alguna vez declaró que era su película favorita, y gracias a él y a Yoko Ono se pudo distribuir en E.U.;  mi escaso conocimiento de cine surrealista se ha visto reducido a una decena de películas de Buñuel y David Lynch, por lo que El Topo me pareció una radicalización del surrealismo. Por supuesto no lo digo peyorativamente, la película significó tanto y más de lo que esperaba, con excesivo simbolismo y una fotografía impresionante, me envió más mensajes ella sola que el conjunto de películas surrealistas que había visto. Mi película surrealista favorita es Le Fantôme de la Liberté de Buñuel, que de una manera por demás fina, hace una profunda crítica a la sociedad burguesa. El Topo no es fina, es descarada, sucia, sangrienta, pervertida (es de las pocas películas no pornográficas que presentan escenas sexuales reales), además la edición de sonido es terrible e inmediatamente te percatas de los pocos verdaderos actores que participan; Buñuel se enfocó en un tema y lo desarrolló con genialidad cinematográfica y Jodorowsky se esforzó por abarcar todos los temas posibles, el desarrollo cinematográfico se hizo en un contexto por demás experimental; un ejemplo es Mara Lorenzio, quien actuó el principal rol femenino (un personaje que también se llama Mara), dicen que un día lo visitó porque se “malviajó” con LSD (Jodorowsky es terapeuta alternativo en Psicología, con influencias Lacanianas –psicoanalíticas-, el propio Erich Fromm -famoso psicólogo, crítico de Freud– le mandaba a sus alumnos de la UNAM) y después de ayudarla le dijo “serás la principal actriz de mi película”, después del rodaje no volvió a verla. En este entorno de “surrealismo mexicano”, donde lo que serían Samuráis para China son vaqueros y charros; los pobres cargan literalmente en su espalda a los burgueses, los líderes militares no son vistos como otra cosa que cerdos y el mal es representado por una sensual morena que jamás usa sostén. Creo además que los revólveres representan al ego en toda la película.

Es un filme extremadamente religioso, desde el punto que el orden de la historia pretende ser bíblico, (génesis, profetas, “psalmos“) critica profundamente la religión occidental (aunque le da un lugar de respeto a la verdadera fe), y hasta cierto punto enaltece a los maestros de la religión oriental, a quienes se enfrenta el Topo, intelectual y físicamente. Enmedio del inmenso entorno y simbolismo religioso, en el que incluye de manera por demás misógina (congruente con la biblia), el papel de la mujer como representante y literalmente amante del demonio (o del mal), causa de la perdición del hombre-dios; observa de cerca la voluntad y los vicios personales. Después que el hombre cae alcanza la inmortalidad y la iluminación. Esta caída representa al Antiguo Testamento, la iluminación al Nuevo. Critica tambén al poderoso capitalista, a la sociedad hipócrita de ultraderecha, no los califica de menos que asesinos y esclavizadores.

La recomiendo mucho, particularmente si desean hacer temblar sus propios paradigmas, aquellos de los que no se habían percatado que ahí seguían. Vayan con actitud receptiva, la película ha sido comparada con un “malviaje” alucinógeno, pero realmente no es necesario meterse algo para entenderle, al olvidarse de la sutileza, Jodorowsky consigue darles bastante claridad a sus múltiples mensajes.

Fe de erratas.

NesP.
Como ya lo había mencionado, estuve leyendo a Jodorowsky, medio libro explica una terapia surrealista llamada Psicomagia (la persona que trató de explicarla en Wikipedia, no se basó en publicaciones de Jodorowsky, quien creó esta terapia). Ahora estoy leyendo The End of Faith de Sam Harris, (aún no me llega The God Delusion). De Jodorowsky a Sam Harris y desde un punto de vista que va de lo artístico/poético a lo científico/positivista, el punto focal es un concepto que entendemos (o mejor dicho, no entendemos) como fe. Para que la fe exista se requieren dos cosas, la primera es que no haya algún fundamento lógico que la respalde, la segunda es que exista algún elemento externo en el que se vea inspirada. Jodorowsky habla por ejemplo de una fe en el psicomago, si el consultante no lo cree capaz de ayudarle difícilmente obtendrá un resultado. El catolicismo habla de fe en muchos seres superiores (un dios, varias vírgenes y cientos de santos; y se dicen monoteístas…), de fe en los rituales en torno a ellos. Conocemos cientos de ejemplos de la fe católica, yo mismo les puedo decir que algún día tuve fe en el dios católico y obtuve resultados innegables, ¿milagrosamente?, por supuesto que no, lo que me atrae de la fe no es algún tipo de conexión con un ente espiritual, sino lo que internamente tenemos, que no comprendemos y que provoca que funcione. Les voy a platicar algunos ejemplos psicomágicos:

Un hombre se siente avergonzado de su sangre, ya que es un hijo incestuoso después de que su abuelo, que además es su padre, violó a su mamá. Jodorowsky le propone bañarse con dos litros de sangre de vaca, vestirse con un buen traje estando aún empapado en sangre, salir a la calle y asumir una posición de orgullo ante las miradas. El hombre que realizó el ejercicio escribió agradecido a Jodorowsky, diciendo que perdió la vergüenza por su pasado.

Un hombre tenía eyaculación precoz, por lo que estaba muy angustiado, tan sólo duraba veinte segundos. Jodorowsky le pidió que pusiera un cronómetro esa noche y se propusiera a romper su propio récord; que le dijera a su esposa “te haré el amor más rápido que nunca, tardaré tan solo diez segundos”. El hombre regresó al otro día agradecidísimo, no pudo romper su récord, por el contrario, cuando al terminar vio el cronómetro, se percató que estuvo teniendo sexo por media hora.

Así hay decenas de ejemplos, que por más absurdos que parezcan tienden a resultar efectivos. El tema que me ha estado rondando desde hace un mes es que si por ejemplo partiéramos de que lo que creemos que es el alma en realidad fuera el inconciente freudiano, a través de su estudio podríamos llegar a comprender los mecanismos de la fe, para desarrollar un concepto del que se habla pero que en realidad no existe, la “fe en uno mismo”, que pudiera ser confundida con “la fuerza de voluntad“, pero la verdad es que la gente que realmente tiene fe acude a ella hasta que enfrenta situaciones que sobrepasan (o creen que sobrepasan) su voluntad, mi hipótesis es que con una “autofé” extenderíamos la frontera que hasta ahora es delimitada por los paradigmas y daría pie a la eliminación de creencias obsoletas como las del catolicismo y charlatanería creativa como la de Jodorowsky. ¿Creen que tiene fundamento lógico bañarse en sangre de vaca?, ¿que un eyaculador precoz deba forzarse a terminar cada vez más rápido?; ¿que repetir un mantra (rezar el rosario por ejemplo) pueda mejorar mi vida?; no son este tipo de actos los que tienen la fuerza de solucionar o mejorar una condición, es la fe en dichos actos.

Evolución: Hoy es 13 de noviembre de 2008 y puedo decir que cambio de opinión de algunas ideas que expresé en este post. Particularmente ahora entiendo mejor cómo funciona la Psicomagia, es una terapia que a través de un guía sumamente intuitivo, o sensible, como lo entiendan mejor, se comunica en un lenguaje complejo con el inconsciente del tratado. Ahí en el inconsciente es donde se encuentra encerrado el trauma. El acto psicomágico funciona como una llave que abre el cerrojo lo que provoca que el trauma pase al consciente y se pueda racionalizar como cualquier problema cotidiano.

Ticket to fly.

Ayer fui a un rave de Paul Van Dyk, que en el ranking de “The DJ list” está en segundo lugar mundial. Pero no es exactamente el tipo de música que me gusta, en cuanto a electrónica se refiere prefiero el género “Psytrance” enfocado a ritmos más pesados y progresivos. Sin embargo, lo que me pareció muy interesante es el nivel de conexión entre el dj y el público. Personalmente, nunca antes había asistido a un rave como tal, aunque había tenido muchas referencias, lo más cercano que viví fue en un antro de mi ciudad natal donde tomaba una bebida conocida como “Ticket to fly” que era una especie de cable que me enchufaba a través del baile con la música electrónica. El día de ayer mi experiencia fue un poco más enriquecedora, la interacción entre el dj y el público fue impresionante para mi, porque primero pues hay otro dj que te está de alguna manera relajando para imprimir mayor intensidad cuando llega el principal, cuando llegó Paul comienza con algo muy comercial para oprimir el botón de start en el público que a partir de aquí nos convertimos en robots de control remoto, pero con suficiente inteligencia artificial para generar retroalimentación. Después viene un pequeño bajón de intensidad que provoca que la gente pida más y cuando finalmente sube la intensidad pues ya saben, todos comenzamos a saltar como locos y luego por alguna razón nos corta la inspiración y vuelve a dar el bajón, así durante horas que pasan rápidamente. Entre el público encuentras al dj que ahora vino a bailar y mientras lo hace actúa con mímica la generación de cada sonido, encuentras al tipo que reparte abrazos y besos a todo mundo, la chica de las luces que se mueve de manera sensual y no decides si perderte en el contorno de las luces o en sus curvas, ves a algunos cayéndose de borrachos tratando sin éxito de alcanzar la velocidad del beat y unas cuatro personas que me preguntaron si vendía píldoras. Es una imagen hasta cierto punto surrealista, la electrónica es la música que determina nuestra generación tecnológica, es inexplicable para muchos que se pueda disfrutar de algo tan repetitivo, pero se enfoca mucho a un estado de ánimo, una especie de salida a un limbo donde el pensamiento es algo secundario, tal vez alimenta nuestro deseo de ser controlados, de no preocuparnos por tomar decisiones, es muy hedonista e irracional. Es muy animal, se los recomiendo.